LOS INICIOS DE ROMA:

La historia de Roma comienza cuando un pueblo de pastores y agricultores ocupan las llanuras costeras de la región de Lacio en la península itálica desde el siglo VIII a.C.

Esta región de Lacio tenía muchas aldeas, entre todas estas destacaba una llamada: Roma, a un lado del río Tíber, pues comenzó a tener un rey y comerciar con los otros pueblos de otras aldeas cercanas como: Alba Longa (que se convertiría en rival de Roma) y con otras tribus nativas de la península itálica como umbros, samnitas, latinos, etc.

Roma inició con los asentamientos primitivos de siete aldeas ubicadas cada una en siete colinas a un lado del río Tíber. La más destacada de estas colinas era la llamada: Capitolina o Capitolio. Posteriormente estas aldeas de cada colina se fusionarían y se enfrentarían en la guerra con otro pueblo mucho más avanzado llamado: Etrusco (los etruscos) que regía la zona de Etruria ubicada en la región de norte de Italia.

El origen de los etruscos es desconocido; sin embargo algunos historiadores concuerdan que eran un pueblo proveniente de Asia Menor, posiblemente piratas que establecieron sus hogares en la península itálica entre el siglo XII y X a.C., antes que Roma fuese fundada, sometiendo a los pueblos primitivos locales y formando la región de Etruria.

Los etruscos nunca estuvieron unidos bajo el mando de un rey, fueron temibles guerreros, poseían una excelente flota de barcos, cada ciudad en Etruria era independiente; pero formaron confederaciones y los pueblos conquistados por ellos eran obligados a trabajar mientras los etruscos dedicaban esfuerzos a la guerra o al comercio con Cartago, Grecia y Egipto. Al sur de la península estaban los griegos en la región de Magna Grecia (ciudades griegas) con una ciudad que destacaba entre las demás llamada: Taras o Tarento. La isla de Sicilia estaba dividida en una parte griega y otra cartaginesa con su ciudad: Siracusa.

Roma por su lado comenzaba a desarrollarse y a comerciar con los etruscos en un principio por herramientas, cereales y ganado. Posteriormente etruscos y romanos tendrían rivalidades y se enfrentarían entre sí.

Según la leyenda atribuida siglos después por el erudito Marco Terencio Varrón, (durante la época de Julio César), Roma fue fundada específicamente en el año 753 a.C. (siglo VIII) por Rómulo. Según esta leyenda y tradición romana dos niños: Rómulo y Remo fueron abandonados a orillas del río Tíber. Fueron salvados por una loba que los adoptó y los amamantó; luego fueron rescatados por unos pastores con los que pasaron su infancia en las colinas que se convertirían en la futura Roma.

Esta leyenda fue luego alimentada con la versión griega del siglo III a.C. que fue tomada y modificada por los romanos: donde Eneas, tras la guerra de Troya, se refugió junto con otros sobrevivientes en la península itálica en la región de Lacio, su hijo Ascanio fundó la ciudad de Alba Longa, donde gobernaron sus descendientes como reyes. Uno de estos era el rey Numitor, quien tenía muchos hijos varones y una hija única llamada Rea Silvia. Numitor fue derrocado por un usurpador del trono llamado: Amulio, quien asesinó a todos los hijos de Numitor excepto a Rea Silvia a quien la convirtió en virgen vestal y por lo tanto a tener voto de castidad y no tener descendientes (las vírgenes vestales debían por obligación ser castas).

Sin embargo el dios Marte se enamoró de Rea, la sedujo y ella engendró a dos gemelos hijos de Marte: Rómulo y Remo. Amulio, temeroso por dos futuros rivales, ordenó su asesinato; pero el asesino designado los abandonó en el río Tíber en una cesta. La corriente los llevó a las orillas de la colina del Capitolio y allí fueron encontrados por una loba que los amamantó y cuidó. Posteriormente fueron encontrados por el pastor Faustulo y su esposa Acca Larentia, quienes cuidaron de los niños y les revelaron su identidad años después al crecer. Rómulo y Remo fueron a Alba Longa, mataron a Amulio en venganza y liberaron a su abuelo Numitor. Tiempo después por una disputa Rómulo mataría a Remo y fundaría Roma sobre la colina Capitolina.

Según sea la leyenda, los elementos históricos son difíciles de discernir, no obstante, en las fuentes, Roma aparece organizada al estilo de los etruscos a partir del siglo VIII a.C. y regida por leyes electivos de origen latino y su lengua era el latín.

Hubo en la tradición del inicio de Roma 7 reyes, de los cuales 4 fueron romanos y tres de origen etrusco:

Rómulo (754 – 715 a.C.) fue el primer rey, según la tradición creó el senado, fundó el cerco de la aldea de la colina llamada: Palatina o Capitolio (que posteriormente sería el centro político y religioso de Roma) y durante su reinado aceptó a muchos emigrantes de otras ciudades y regiones de Italia entre latinos y los sabinos; Numa Pompilio (715 – 672 a.C.) el segundo rey, organizó a los artesanos, estableció la vida religiosa y los colegios sacerdotales fundando el Templo de Las Vestales y retomó el calendario para dividirlo en doce meses; Tulio Hostilio (673-642 a.C.) destruyó la villa Alba Longa, ciudad rival de Roma, con lo que extendió el dominio de Roma quedando como la ciudad más importante de todo Lacio; Anco Marcio (641 – 617 a.C.) construyó el puente sobre el Tíber y la fundó la colonia de Ostia en la desembocadura del río con lo que Roma tuvo una salida al mar. Estos reyes tienen carácter legendario y su base real está en duda.

Fue en este período donde los pueblos de las siete colinas se unieron a Roma.

Para el siglo VII a. C. se inició el dominio de los etruscos que se extendieron por Lacio hasta Campania. La expansión bélica de los etruscos llevó a la conquista de Roma al año 600 a.C. así como todo el centro de Italia. La tradición recuerda a tres reyes etruscos de Roma: Tarquino Prisco (616-579 a.C.), Servio Tulio (578-535 a.C.) y Tarquino “el Soberbio” (534 – 509 a.C.) este último fue derrocado por los ciudadanos romanos, con los etruscos en declive, ya que era catalogado como un tirano.

Según la historia en las fuentes romanas, Tarquino el Soberbio utilizó la violencia, el asesinato y el terror para mantenerse como rey y destruyó santuarios religiosos; durante su reinado, su hijo Sexto, violó a Lucrecia, una patricia romana (quien se suicidó por la verguenza) y Lucio Juno Bruto, pariente de Lucrecia, convocó al senado para exigir justicia. El senado decidió la expulsión de Tarquino en 510 a.C.

Tarquino retornó a Roma posteriormente con el rey etrusco Lars Porsena y el ejército de la ciudad de Clusium para reclamar su trono. Roma le hizo frente, según la leyenda, únicamente con un hombre llamado: Horacio junto a dos compañeros, quienes detuvieron al ejército etrusco sobre un puente. Los historiadores han debatido estos acontecimientos, ya que los sucesos de la etapa del paso de la monarquía a la República son oscuros. Lo más probable es que Lars Porsena conquistara la ciudad para su beneficio excluyendo a Tarquino y posteriormente los reyes estruscos se identificaron como “romanos” para después luchar contra otros etruscos.

Lo que si es un hecho es que los romanos estuvieron influenciados por los etruscos en muchos aspectos y estos a su vez de los griegos, los cuales no diferenciaban mucho entre sí.

Con la independencia de los reyes etruscos, nace la etapa de la República de Roma. Los primitivos romanos decidieron no ser gobernados por un rey. En cambio, decidieron que su sistema representara a las dos clases sociales de Roma en su momento: patricios o nobles y los plebeyos o ciudadanos de Roma en general. Se formó entonces el senado de “carácter permanente” o Senex como un grupo selecto de ciudadanos que dirigiría por medio de la legislatura a Roma. El Senex estuvo conformado por patricios encargados de representar a los ciudadanos romanos y a su vez de elegir a dos hombres que dirigirían Roma en las tareas del estado. Ese cargo de líder supremo fue llamado: “cónsul” o magistrado.

Ambos cónsules serían elegidos por el senado y estarían a cargo del liderazgo del ejército en las batallas, recaudar impuestos y velar por mantener la ley y el orden. El cargo de cónsul era elegido cada año. Con el paso del tiempo los cónsules necesitaron ayuda y fueron formados otros cargos como funcionarios: los pretores (jueces), los cuestores (encargados del dinero público); los censores (a cargo de la lista de ciudadanos), etc. No obstante, los senadores obtuvieron mucha representación y los plebeyos de Roma deseaban tener participación en los asuntos de Roma, lo que permitió la formación de la Comitia Tributa regida por los plebeyos que tuvo después la participación en las decisiones de Roma formando parte como censores o cuestores.

Los primeros cónsules fueron elegidos en el año 509 a.C. tras el derrocamiento de Tarquino el Soberbio, instaurando así el cambio de la monarquía hacia la República. El senado obtuvo mayor poder, los cónsules elegidos tenían el mismo poder y cada uno podía oponerse a la decisión del otro con el fin de evitar que uno excediera sus funciones.

No obstante, también fue establecido que en el caso de una crisis para la nueva República de Roma (de carácter militar) la ley podía retirar el mando a los dos cónsules y encomendar el cargo a un solo hombre que sería llamado: “dictador”, con ejercicio de su función de seis meses y cuya misión sería defender la República.

El mejor ejemplo de ello en la fuentes romanas fue Cincinato, un patricio y general romano nombrado dictador en 458 a.C. para defender y salvar al ejército romano y a Roma en la invasión de los escuos y volscos.

Según las fuentes el senado eligió a Cincinato ante la desesperación de la invasión y el peligro para Roma. Los enviados del senado llegaron a la pequeña granja que Cincinato poseía al otro lado del Tíber mientras araba su campo y le comunicaron la decisión. A la mañana siguiente Cincinato se presentó en el Foro, aceptó el cargo y formó un ejército improvisado de ciudadanos. Atacó con la milicia a los ecuos y los derrotó en una brillante maniobra militar. Cumplida su misión, el dictador renunció a su cargo transcurridos apenas seis días (en lugar de los 6 meses reglamentarios), rechazó los honores reintegrándose al trabajo de su granja.

Ante el hecho, Cincinato constituyó un símbolo del espíritu cívico de los romanos como el arquetipo del hombre recto, íntegro, humilde, valiente, con ausencia de la ambición personal y que responde al llamado del deber.

La República de Roma comenzó a defender su territorio de otras tribus agresoras y así a conquistar y expandir su territorio. Griegos, etruscos, romanos, umbros, samnitas dominaban la península itálica y luchaban entre sí.

LOS GALOS:

Sin embargo para el siglo V a.C. una nueva amenaza surgió desde los Alpes. Los galos (tribu celta de Francia) irrumpieron el Valle del Po atacando a los etruscos, haciéndolos retroceder y expulsarlos de varios territorios. Roma aprovechó la oportunidad de la debilidad de los etruscos y atacó la ciudad etrusca de Veyes en el año 406 a.C. El asedio duró 10 años hasta que Veyes cayó en poder de Roma en el año 396 a.C. suponiendo un duro golpe a los etruscos.

Los romanos prosiguieron sus campañas contra otros pueblos latinos a quienes derrotaron en la batalla del Lago Legio en el año 496 a.C. Esta batalla le permitió a la República de Roma el sometimiento de otros pueblos que habitaban la península como los ecuos, los hérnicos, los volscos, etc. No obstante, los galos proseguían sus ataques en la región.

El primer revés de la joven República de Roma vendría con la invasión de los galos sobre Roma en el año 390 a.C. al mando del rey galo: Brenno, quien comandaba un ejército de 30,000 guerreros galos de la tribu de los senones.

Los galos habían avanzado sobre la península itálica derrotando a los etruscos y habían tomado la ciudad de Clusium. Esta ciudad pidió entonces ayuda a Roma. La república romana mandó un ejército para negociar con los galos; pero en las negociaciones Quinto Fabio, un patricio, mató a uno de los líderes bárbaros. Los galos exigieron que la familia Fabia les fuese entregada para ajusticiarlos, pero los romanos se negaron. Los bárbaros, enfurecidos, declararon la guerra a los romanos.

Esto desembocó en la batalla de Alia (un río cercano a 17 kilómetros de Roma) en el 18 de julio de 390 a.C. donde los galos derrotaron a los romanos de forma aplastante lo que les permitió la invasión de la ciudad de Roma. Los restos del ejército romano huyeron despavoridos a Roma que, tras la derrota brutal, había quedado desprotegida.

Los galos entraron a Roma para quemarla y saquearla. Ante el terrible avance una parte de los habitantes de Roma logró refugiarse en la colina del Capitolio, desde donde lograron rechazar el ataque en el interior de la ciudad. Sin embargo, el resto de Roma fue devastada por los galos entre el saqueo y la profanación de templos.

Según las fuentes, un grupo de soldados romanos supervivientes de la Batalla de Alia, fuera de Roma, habría contactado con un grupo de senadores sobrevivientes refugiados en el Capitolio por medio de un mensajero que había logrado escalar la colina Capitolina ocultándose de los galos en la noche, mientras estos rapiñaban la ciudad.  El mensajero entregó el mensaje a los senadores, en el cual los soldados romanos supervivientes deseaban que fuese nombrado a Marco Furio Camilo, un militar romano, como “dictador” para atacar a los senones de Breno en Roma y salvar la ciudad. Los senadores aceptaron y el mensajero logró escapar del Capitolio para dar el comunicado.

Una noche, los galos encontraron un camino para trepar por la colina del Capitolio y coger a los defensores mientras dormían. Habían llegado casi a su objetivo cuando unos gansos (que estaban en el templo pues eran parte de los ritos religiosos de la diosa Juno) graznaron aterrorizados despertando a los refugiados. Un romano que había sido cónsul en dos ocasiones llamado: Marco Manlio, despertó, cogió sus armas y atacó a los galos. Acto seguido otros romanos le apoyaron para rechazarlos.

Al final, después de haber saqueado y devastado la ciudad, los galos, al no tomar el Capitolio tras seis meses de asedio, decidieron negociar. El resultado fue la retirada de los senones a cambio de que Roma les pagase mil libras de oro. Según las fuentes posteriores cuando se realizó el pago, Brenno usó pesas falsas en la balanza y, ante la protesta de los romanos, arrojó su espada para sumarla al peso exclamando: “¡Vae victis!” (¡Ay de los vencidos!), obligando a los romanos a aceptar sus condiciones.

Según contaron los romanos de posteriores generaciones: en ese momento apareció Marco Fulio Camilo, ingresando a Roma con el ejército romano formado, quien contestaría a Brenno y los galos frente a la balanza: “Non auro, sed ferro, recuperanda est patria” (No es con oro, sino con hierro, con lo que es recuperada la patria), atacando entonces a los galos dentro de Roma para derrotarlos y luego reducirlos cuando huían replegados fuera de la ciudad.

Todos estos sucesos del asedio de los galos acaecidos dentro de Roma están conjeturados como mera leyenda. Estos acontecimientos no pueden ser demostrados, ya que las fuentes romanas de este tiempo no resultan del todo fiables. Según los historiadores, es muy probable que Marco Fulio Camilo no atacara a los galos en Roma, ni emitiera su famosa frase frente a Brenno; ya que el episodio resulta demasiado trillado y demasiado conveniente, siendo un “episodio legendario” inventado por los romanos en tiempos posteriores para buscar restituir el honor de la humillación de Roma inflingida por los galos.

El suceso, con toda seguridad, resultó que los romanos fueron derrotados totalmente, la ciudad de Roma saqueada y devastada, Marco Fulio no formó ningún ejército de reserva que atacara a los galos para salvar la ciudad y con seguridad los romanos fueron obligados a pagar un fuerte tributo para que los galos se retiraran de Roma, no solo con el oro, sino con un enorme botín producto del saqueo.

Prueba de ello es que la fecha del 18 de julio fue recordada como fatídica para los romanos.

Tras la invasión de los galos a Roma deberían pasar casi 800 años para que los bárbaros Visigodos comandados por Alarico saquearan nuevamente la ciudad.

Posterior al saqueo de Roma, Marco Fulio fue nombrado dictador, los romanos reforzaron su ejército ante el fracaso de la Batalla de Alia, fueron establecidas las leyes y Roma expandió su territorio incorporando al resto de las ciudades latinas de Lacio. Las ciudades etruscas sobrevivientes reconocieron el dominio de Roma y la península quedó a merced de cuatro pueblos: Roma y los samnitas (ambos en el centro), los griegos en el sur y los galos en el norte.

Los galos decidieron invadir nuevamente Roma con un ejército menor; pero fueron derrotados (o más bien hacerlos retroceder al Valle del Po) por el ejército romano, más capacitado, en el año 367 a.C.

GUERRAS SAMNITAS:

Posteriormente surgieron las guerras samnitas entre el 343 y 290 a.C. Los samnitas eran un pueblo montañés de los Apeninos dedicados a la agricultura, al pastoreo y al saqueo hostigando las tierras de Campania y las costas del mar de Tirreno, obligando a romanos, etruscos y latinos a defenderse de ellos.

La primera guerra Samnita ocurrió entre los años 343 y 341 a.C., donde los Samnitas asedian la ciudad de Capua. Los habitantes de esta ciudad piden ayuda a Roma a condición de someterse a la República. Roma declara la guerra a los samnitas y tras los enfrentamientos sucesivos los sambitas aceptan que Capua pase a manos romanas.

La segunda guerra Samnita ocurre entre los años de: 327 a 304 a.C. Los Samnitas asedian la ciudad de Nápoles y Roma prestó ayuda a esta ciudad. En su avance contra los pueblos montañeses, el ejército romano es atrapado y cercado en un acantilado llamado “Horcas Caudinas” por los samnitas, quienes permiten la retirada de los romanos tras varios días asediados en condiciones humillantes: entregando sus armas, despojándose de sus uniformes y pasando cada soldado romano por debajo de una lanza horizontal dispuesta sobre otras dos clavadas en perpendicular en el suelo, lo que obligaba a inclinarse como signo de sumisión a los samnitas.

No obstante, en el año 310 a.C. acaeció la Batalla del Lago Vadimo entre Roma y los etruscos, aliados de los samnitas. Roma vence en esta ocasión a los etruscos arrebatándoles territorio y disminuyendo su poder. Los etruscos tras esta batalla no volvieron a recuperar su gloria. Ese mismo año 310 los romanos toman la ciudad de Bovaiamom, capital de los samnitas. Roma somete la región de Campania en el año 304 a.C.

El avance romano parace imparable. Los samnitas formaron coalición con umbros, etruscos y los galos senones del norte de Italia contra Roma. La tercera guerra samnita ocurre entre el 298 y 290 a.C. teniendo como punto de inflexión la sangrienta Batalla de Sentinum o Sentino en el año 295 a.C. desarrollada en la región de Etruria entre cuatro legiones de Roma y una fuerza de galos y samnitas.

El ejército de Roma estaba dirigido por los cónsules Publio Decio y Quinto Fabio Máximo Ruliano. En la contienda ambos bandos, la coalición de samnitas y galos se enfrentaron a los romanos en la llanura de Sentino. Publio y Fabio contaban cada quien con grupos de infantería y caballería.

La coalición atacó a las fuerzas de Roma con una furiosa embestida que los legionarios de Fabio lograron resistir, formando dos líneas que colisionaron entre sí. Los jinetes galos atacaron entonces a las fuerzas romanas. Decio, dirigiendo a sus jinetes se lanzó con la caballería para rechazar los ataques de los jinetes galos. Ambas caballerías colisionaron en tres ocasiones. En el último choque la caballería de Decio hizo retroceder a los jinetes galos, alejándose de su infantería, refugiándose en su campamento. La caballería romana persiguió a los galos, pero una vez en el campamento fueron emboscados y vencidos.

Al mismo tiempo la infantería de la coalición reanudó esfuerzos destrozando las filas de la infantería de Decio obligándolos a huir. Decio intentó detener a los que huían y según las crónicas espoleó su caballo para atacar en solitario a los galos. Estos mataron a Decio. La infantería romana, al ver muerto a su líder, desisten de huir y deciden atacar a los galos. Estos últimos forman un muro de escudos que resiste el ataque de la infantería del difunto Decio.

Fabio decide entonces lanzar una carga general de su infantería de reserva contra la coalición para apoyar a los soldados de Decio y atacar también con su caballería los flancos del ejército enemigo. Los samnitas y el resto de la infantería de la coalición cedieron huyendo del campo de batalla a excepción de los galos. Fabio decide entonces rodear con la caballería la retaguardia de los galos mientras estos luchaban contra la infantería romana al frente, logrando derrotarlos causándoles muchas bajas. Posteriormente los romanos persiguieron a los samnitas derrotándolos.

Con esta batalla decisiva la República de Roma controló la mayor parte de la península itálica.

GRECIA CONTRA ROMA:

Un nuevo conflicto surgiría que haría enfrentar a la República de Roma con Grecia. Las ciudades griegas del sur de la península itálica, Magna Grecia, estaban en decadencia. Una de estas, llamada Thurii o Tarento, estaba en conflicto con los lucanos (un pueblo belicoso del sur de Italia). Tarento pidió ayuda a Roma en su lucha contra los lucanos. Roma, en respuesta, atacó a los lucanos y conquistó entonces muchas ciudades como Locri, Rhegio y Crotona. Roma envió sus barcos a la costa de la ciudad de Tarento. Los griegos interpretaron el hecho como una provocación y atacaron a la flota romana. Roma exigió una compensación que fue negada por Tarento, por lo que Roma le declaró la guerra.

A pesar del curso de los acontecimientos, la realidad es que Tarento y las ciudades griegas veían como una amenaza el creciente poder de Roma en los últimos tiempos con sus conquistas y su reforzado ejército y decidieron pedir ayuda a Pirro, rey de la región de Epiro en los Balcanes (hoy en día Albania y Grecia), quien era un ambicioso monarca con sed de gloria. Pirro aceptó y desembarcó en Italia en el año 280 a.C. al mando de 25.000 hombres y 20 elefantes enfrentándose contra los romanos en la batalla de Heraclea (280 a.C.), donde el ejército helenístico derrotó a Roma. El choque de los elefantes fue el efecto decisivo. La legión de Roma nunca había luchado antes contra dichos mamíferos.

Pirro ofreció luego un acuerdo de paz que Roma rechazó. Pirro decidió atacar a Roma y en su camino esperó que las ciudades romanas le apoyaran; pero ningún aliado de Roma le prestó apoyo. Ciudades como Capua y Nápoles le cerraron las puertas.

Los romanos volvieron a enfrentarse al ejército de Pirro en una segunda ocasión en la Batalla de Ausculum en 279 a.C. En esta batalla Pirro derrotó de nuevo a los romanos a costa de perder gran parte de sus fuerzas. Según las fuentes antiguas el mismo Pirro, al ver el estado de la batalla con grandes pérdidas de sus huestes, exclamó: “Otra victoria como esta y volveré solo a casa”. Dicha frase creó el término: “Victoria Pírrica” y vino a significar el lograr una victoria a costa de un gran precio o una victoria con “sabor a derrota” pues no se consiguen beneficios o logros y se obtienen desventajas o situaciones adversas.

Tras la batalla de Ausculum Pirro comprendió su situación: sus fuerzas y pertrechos en Italia eran escasos y decide ofrecer un tratado de paz con Roma. La República rechaza la propuesta.

En el año 278 a.C. Pirro decidió abandonar Italia para ayudar a las colonias griegas de Sicilia que estaban siendo atacadas por la poderosa ciudad de Cartago. La República de Roma aprovechó la situación ofreciendo una alianza con Cartago.

Pirro atacó a los cartagineses en Sicilia sin grandes resultados. Decidió retornar a Italia y enfrentó a los romanos en la Batalla de Beneventum o Benevento en 275 a.C. En esta ocasión las legiones de Roma atacaron a los elefantes con flechas que tenían cera ardiendo en sus puntas, lo que provocaba dolor en los elefantes haciéndoles perder el control. Según las fuentes no hubo claro vencedor; sin embargo Pirro perdió a gran número de sus tropas lo que le obligó a retornar a Grecia dejando a los romanos como vencedores tras una guerra de desgaste.

Pirro murió en el año 272 a.C. y ese mismo año Tarento se rindió a Roma.Las colonias griegas de Magna Grecia pasaron a ser conquistadas por la República y extendiendo su dominio en toda la península itálica.

El último reducto contrario a Roma fue la ciudad etrusca de Volsinii que fue conquistada por el ejército romano en el año 264 a.C. La República de Roma se convirtió entonces en una potencia y a su vez reconocida por Grecia y Egipto.

Bibliografía:

-Cornell, Tim. Matthews, John. La Civilización Romana. Ediciones Folio. 2007.

-Campbell, Bryan. Historia de Roma. Desde los orígenes hasta la caída del Imperio. España. 2011.

-Lane Fox, Robin. El Mundo Clásico. La Epopeya de Grecia y Roma. España, 2007.