ORÍGENES:

El origen de las justas y torneos medievales es un misterio. Se piensa que esta actividad exclusiva de caballería nació en el siglo X d.C. donde se tienen las primeras referencias de torneos en Europa y para el siglo IX y XII d.C. era popular en los círculos de caballería.

Muy posiblemente esta actividad nació en reuniones y fiestas de caballerescos quienes buscaban una forma de mantener activas sus destrezas guerreras cuando no ejercían su oficio de guerrear o como una forma para resolver sus disputas.

Posiblemente su origen seguro esté en los entrenamientos militares que los antiguos jinetes de los clanes germánicos ejecutaban a manera de batalla simulada según refieren cronistas romanos como Tácito, Virgilio y Suetonio, que tras la caída del Imperio Romano y durante el transcurso de los primeros siglos de la Edad Media fueron extendiéndose y ganando popularidad, especialmente entre los germanos, para el nacimiento de la caballería.

Otro origen probable fue junto a los nórdicos y los godos (ostrogodos y visigodos) quienes tenían por costumbre el duelo entre dos adversarios para resolver disputas, por ejemplo: en caso de probar la inocencia entre un acusador y un acusado. Con el tiempo pasara dicha tradición a ser absorbida y adaptada al estilo de la caballería.

FINES Y OBJETIVOS:

Aunque se desconoce cuando y donde se estableció originalmente, lo que sí es seguro es que los torneos medievales sirvieron como una forma de preparación para la guerra entre los caballeros. Además servía como ejercicio físico y como una evolución y entrenamiento de las actividades marciales de los caballeros en el adiestramiento de espadas, lanzas, escudos y saber montar un caballo.

Posteriormente vino a convertirse en un deporte que ganó gran popularidad entre los siglos XII y XV d.C. Por otro lado también sirvió como una forma de demostrar valor en el ámbito de la caballería, conseguir fama, la admiración de una dama de la corte, conseguir dinero o una combinación de todas y, por supuesto, como forma de duelo y de juicio para restituir y resolver el honor, un agravio y las ofensas entre nobles y disputas internas de los reinos.

Cuando las justas estuvieron arraigadas en la caballería medieval, se creía en algunos casos que en un combate, Dios ayudaría al inocente o al que fuera justo y por lo tanto el ganador de un duelo era el que tenía la razón pues Dios había actuado de su parte.

LAS JUSTAS Y LOS TORNEOS:

Las primeras fases del desarrollo de los torneos y justas nacieron con: el Meleé. El cual consistía en una lucha entre muchos caballeros cuyo objetivo era luchar entre todos para desmontar del caballo al oponente más cercano. El último caballero que quedaba montado sobre su caballo era el vencedor. Este espectáculo tenía sus reglas que el caballero participante debía respetar y estaba regido por jueces.

Posteriormente vinieron las justas y los torneos. Las justas consistían en la lucha de dos contendientes que corrían uno hacia al otro en sus caballos separados por una barda para chocar sus lanzas. El objetivo era golpear al adversario en el escudo, el pecho, los hombros o la cabeza para desmontarlo de su caballo.

En ocasiones en las justas, como duelo, se medía el encuentro por medio de puntos. Generalmente se ganaban puntos por golpear el centro del escudo del contrincante, romper la lanza del adversario, golpear el yelmo del oponente o se ganaba por completo al derribarlo del caballo; sin embargo, había variantes donde el caballero caía de su montura y debía seguir peleando con su adversario.

Las justas fueron populares a partir del siglo XII d.C. El torneo por el contrario consistía en una batalla de múltiples caballeros, montados a caballo o a pie, quienes se enfrentaban formando equipos rivales que combatían uno contra otro. El objetivo era derrotar al equipo contrario desmontando al caballero de su montura, cuando se combatía desde el caballo en grupos montados o cuando era derribado al suelo, cuando se combatía en grupos a pie. El equipo con menos caballeros derribados era el vencedor.

Existían además variantes en las justas y torneos donde podían combatirse en una verdadera batalla, aún con el caballero desmontado de su caballo, luchando todavía a pie, para ser derribado, o herido en el peor de los casos, obligándolo admitir su derrota.

Por otro lado en la Meleé o en los torneos se podía capturar a los caballeros vencidos y se pedía rescate por ellos, especialmente si estos eran nobles, mientras que sus armas y caballos pasaban a manos del vencedor. Otras variantes de los torneos era probar habilidad con el estafermo, (un muñeco montado sobre un mástil giratorio con un escudo y una maza el cual al golpear el escudo giraba inmediatamente golpeando con su maza), así como el juego ecuestre de la sortija que consistía en que el caballero corría con lanza en ristre para que la punta atravesara un anillo colgado para demostrar habilidad.

EL LUGAR Y LA CELEBRACIÓN DE LAS JUSTAS Y TORNEOS:

Las justas y los torneos eran desarrollados fuera de los castillos. También en algún prado amplio, entre los pueblos o inclusive dentro de las ciudades. Las justas y torneos se realizaban en público, frente a los reyes, los grandes señores y las damas de la corte.

Las justas eran realizadas en un recinto amplio y cerrado con barreras bajas de madera. Una parte de esta estructura tenía galerías con estrados para el rey, la reina, la nobleza, jueces, personas principales, etc. Fuera de este recinto estaban las tiendas de los caballeros participantes y los jueces.

Eran realizados durante una ocasión especial que involucraba las fiestas de la nobleza y de los reyes, esto implicaba bodas, coronaciones y bautizos. Se sabe de ocasiones donde se realizaron torneos para dar la bienvenida a un noble o rey. En ocasiones las justas y torneos eran desarrollados como una forma de celebración de conquistas o triunfos de guerra; también por el establecimiento de acuerdos de paz entre los reinos o formación de alianzas.

Los caballeros en estos eventos podían usar varios tipos de armas junto con armaduras para el jinete y el caballo. Generalmente eran usados las lanzas, escudos, espadas, mazas o dagas. Especialmente si la justa o los torneos llevaran implícito la lucha en tres o cuatro asaltos como variante o un combate a duelo a muerte.

Un primer asalto podría ser realizado a caballo, el segundo asalto a pie con lanzas, el tercero con espadas y el último con dagas. El duelo de la justa y el torneo eran en general un deporte o afición que requería contar con una buena cantidad de dinero para costear las armaduras, las armas y todo su debido mantenimiento, especialmente un buen caballo. El animal utilizado era el llamado: Destrier, o caballo de guerra. Un caballo grande y fuerte. Debido a ello, casi siempre eran los caballeros, los grandes señores y parte de la realeza quienes practicaran tal actividad.

LOS IDEALES DE LA CABALLERÍA Y LOS TORNEOS:

Los ideales de la caballería debían ser reflejados en los torneos medievales. Aunque en la práctica todo era distinto.Estos implicaban el valor y el coraje físico y mental que todo caballero debía tener y demostrarse en el campo da batalla o por medio de una justa de caballería.

Sin embargo un caballero podía ganarse la fama de valiente y a la vez piadoso, generoso y cortés por medio de las justas caballerescas, servicial con los desvalidos, devoto seguidor de Cristo y poner su espada al servicio del rey.

Todo esto en el ámbito de caballería hizo nacer el lema: “Mi Dios, mi rey y mi dama” que también estuvo reflejado en los torneos medievales que buscaban arreglar mediante el combate las disputas entre los caballeros y las luchas por el amor de una dama, también el orgullo de un reino cuando dos caballeros de cada región se enfrentaban y el prestigio que como caballero a través de una justa podía alcanzar al demostrar sus habilidades y destrezas guerreras.

Un caballero era cortes y cumplía el código de caballería cuando al combatir en un duelo de justa escogía a una dama de la corte o nobleza que era espectadora. En muchas ocasiones el caballero escogía a la dama previo a la justa frente al rey, la reina, los nobles y la animada concurrencia. La dama daba su honor al regalar su bufanda o pañuelo al caballero para que lo usara en la justa, generalmente atado al hombro o el brazo como prenda que simbolizaba que el caballero luchaba por una dama. Esta costumbre era usual además entre el caballero y su dama (novia o esposa) cuando él marchaba a la guerra.

Si el caballero luchaba bien recibía su recompensa: un beso de la dama como señal de triunfo. Resulta pintoresco; pero el mundo de la caballería estaba regido por el “amor cortes” donde un caballero realizaba proezas para ganar el respeto y admiración por una dama de la corte, fuera casada o no, para que esta lo recompensara con un cargo de honor o con dinero por haber luchado y conseguido la victoria.

Un rey o una reina también podían escoger al mejor caballero de las justas como su “campeón” para que frente al reto de un duelo entre nobles o reinos pudiera defender los colores de su patria y el honor del rey o reina a quien mostraba fidelidad; ya que a través de una justa podía resolverse disputas.

LA POSICIÓN DE LA IGLESIA, LOS REYES Y LA NOBLEZA:

La Iglesia y algunos reyes no miraban con buenos ojos las justas y torneos. Ejemplos de prohibiciones de este deporte de caballería fueron emitidas por la Iglesia en 1131, 1139 y 1179 sin muchos efectos.

Y en 1228 el Papa Gregorio IX promulgó una bula contra las justas sin obtener éxito pues los caballeros continuaban con esta práctica.

Para 1316 el papado renunció a prohibirlos en definitiva; ya que los caballeros hacían caso omiso a las prohibiciones.

En 1338 el rey francés Felipe IV de Francia los prohibió temporalmente en la guerra contra Inglaterra.

El rey Alfonso XI de Castilla y León fue entusiasta de los torneos viéndolos como una práctica útil para la guerra.

Reyes como Ricardo Corazón de León concedieron ciertos permisos para que los torneos fueran realizados con un pago por impuesto y en lugares específicos y vigilados.

El motivo principal era el hecho que en múltiples casos las justas o torneos terminaban en verdaderas batallas o peleas en que los caballeros ajustaban sus cuentas lejos del ideal de caballería (posiblemente era lo usual) y principalmente por las numerosas lesiones y muertes que ocurrían en estos eventos dejando a los ejércitos de los reyes sin caballeros frente a un enemigo.

Esta fue una de las principales causas por las que el Papa Urbano hizo el llamado a la cruzada de 1096, aprovechando el llamado de auxilio del Imperio Bizantino frente al Islam, pues así los caballeros y nobles dejaban de luchar entre sí por un ideal común o benigno. La medida en la práctica tuvo poco efecto.

Las justas y torneos eran populares inclusive entre los pobladores quienes asistían a los torneos como espectadores, especialmente si un caballero representaba a un bando específico como una ciudad o un reino.

Tampoco gustaba a la Iglesia que las justas y torneos fueran seguidos de festejos antes, durante y después de los combates; pues en estos abundaba el vino o la cerveza, los bailes y la lujuria lo que trastornaba el orden y la disciplina de los caballeros e inclusive de la población local convirtiéndose en verdaderos festivales.

Al final las justas y torneos quedaron como parte de una reseña importante de la sociedad medieval.

Bibliografía:

-Prestwich, Michael. Caballero. Manual del Guerrero Medieval. Ediciones Akal. 2001.

-Gravett, Christopher. Knights at Tournament. Osprey Direct, USA. Estados Unidos. 2002.

-Hunt, Norman Bancroft. Living in the Middle Age. New York. Estados Unidos. 2009.