ORIGENES DE LA PRIMERA CRUZADA:

El imperio Bizantino, con su capital en Constantinopla, llevaba siglos luchando contra los poderes islámicos representados por los turcos selyúcidas en su frontera oriental y meridional. En ese conflicto Bizancio había perdido frente al Islam territorios que antaño le habían pertenecido: Persia, Siria, Israel, Palestina y, por supuesto, la ciudad de Jerusalén, la cual estaba en manos musulmanas desde el año 638 d.C. El emperador bizantino Alejo I Comneno junto a la cristiandad ortodoxa estaban concentrados en proteger sus intereses políticos y religiosos y en su batalla contra los musulmanes necesitaban refuerzos.

Alejo I Comneno decidió por lo tanto pedir refuerzos militares en Occidente solicitando colaboración con el catolicismo romano representado por el papa.

En marzo del año 1095 el papa de la Iglesia Católica, Urbano II, inauguró el primer gran concilio de su pontificado en la ciudad de Piacenza en el norte de Italia. Los enviados del emperador Alejo asistieron a ese concilio buscando apoyo y que el papado intercediera por la cristiandad ortodoxa frente a la invasión de los turcos selyúcidas exponiendo los horrores que los musulmanes infligían a los cristianos.

La súplica de los enviados Bizantinos permitió al papado validar la ley eclesiástica que permitía a los cristianos participar en guerras de defensa contra los enemigos de la Fe. Esto implicaba la liberación de lugares sagrados cristianos. Urbano II utilizó además esta situación para formar una expedición armada bajo la tutela de la Iglesia de Occidente.

El 18 de noviembre, el papa Urbano II convocó el Concilio de Clermont, en Auvernia, donde los participantes trabajaron en reformas eclesiásticas, y el 27 de noviembre el papa pronunció un sermón frente a una multitud en la misma ciudad.

El Papa Urbano II realizó frente a los congregados el llamado a la Cruzada a través de un discurso enfatizando en el sufrimiento de los cristianos frente a los musulmanes y que hombres voluntarios se alistaran para tomar las armas y la cruz para liberar los santos lugares de la cristiandad en carácter de un peregrinaje de conquista, otorgando a la vez un nuevo sentido a los participantes en esta guerra: alcanzar la salvación y obtener el perdón de todos los pecados por medio de la batalla contra el Mundo Islámico.

El grito lanzado a la multitud en Clermont, y otros lugares de Europa desde las iglesias, fue: “Deus lo vult” «Dios lo quiere». La respuesta esperada por el Papa fue mucho mayor de lo que esperaba; ya que numerosos hombres entre la nobleza y los campesinos decidieron tomar la cruz.

Este peregrinaje armado tenía como principal objetivo liberar a Jerusalén del dominio musulmán.

El Concilio de Clermont estableció:

“Todo aquel hombre que parta por pura devoción, no para buscar fama ni riqueza, sino para liberar a la Iglesia de Dios en Jerusalén, se verá libre de toda penitencia”.

Muchas personas respondieron el llamado del Papa Urbano II y los motivos de los cruzados y acompañantes fueron religiosos. Una buena parte de la fuerza de los cruzados entre nobles, caballeros, infanzones y peregrinos asistió motivado por el fervor del espíritu religioso en la mentalidad de la época, según la cual podían alcanzar la salvación y el perdón de sus pecados a costa de la guerra hacia los enemigos del cristianismo. No obstante, entre otros participantes de esta expedición, surgieron aquellos que se unieron a la misma por la búsqueda de bienes, tesoros, nuevas tierras, gloria, fama y poder, situaciones encontradas especialmente entre los nobles y caballeros más ilustres.

Según las crónicas entre los primeros voluntarios estuvieron el obispo de Le Puy: Ademaro de Montiel, nombrado representante papal del ejército, y Raimundo de Tolosa; así como Godofredo de Bouillon y su hermano Balduino de Boulogne.

Cuando el Papa Urbano II hizo el llamado a la cruzada se fijó de inmediato una fecha de partida: el 15 de agosto de 1096, pidiendo a los cruzados que viajaran para concentrarse en Constantinopla. Con el llamado del Papa fue desatada una euforia general que llegó a todos los rincones de Europa. Las multitudes bramaban “Dios lo quiere”.

Los obispos y sacerdotes se dispersaron por pueblos y ciudades para dar a conocer la noticia. Urbano II recorrió toda Francia haciendo el llamado a la cruzada y escribió cartas a otros reyes de la cristiandad.

El cronista francés Roberto el Monje escribe en su escrito: “Historia de Jerusalén” las palabras de Urbano II en el concilio de Clermont:

«Dejad que las hazañas de vuestros antepasados os conmuevan y os inciten a realizar otras tantas, como la gloria y la grandeza de Carlomagno y su hijo Luis, y de otros reyes vuestros, que han destruido los reinos de los paganos y han llevado a ellos la Santa Iglesia. Conmoveos ante el Santo Sepulcro de nuestro Señor Jesucristo, nuestro Salvador, que está en manos de reinos impíos, así como otros santos lugares, que se ven tratados con ignominia e irreverencia. ¡Oh, los más valientes de entre los soldados y los descendientes de invencibles héroes, no lo permitáis y emulad el valor de vuestros antepasados!».

El Papa Urbano inició un recorrido de 8 meses por todo Francia, predicando la guerra santa, la liberación de Jerusalén y la defensa de la Iglesia de Oriente. Además, envió cartas a las Iglesias de Flandes, Normandía e Inglaterra y el norte de Italia. Es desconocido el número de personas que participaron en la cruzada. Se cree en el estimado de cien mil personas como voluntarios; al grado que entre bajas y deserciones el número de cruzados entre caballeros, nobles, soldados, clérigos y acompañantes, rondaba los sesenta mil cuando emprendieron el rumbo a Jerusalén desde Constantinopla.

LOS PRIMEROS MOVIMIENTOS PARA LIBERAR JERUSALÉN. LA CRUZADA POPULAR:

Aunque la cruzada estuvo conformada y dirigida por nobles, caballeros y clérigos entre voluntarios de todas las clases de la sociedad medieval europea, existieron una serie de expediciones que partieron antes de la salida de los grandes contingentes oficiales de los cruzados, conformadas por fanáticos religiosos, saqueadores y asaltantes.

Una de estas expediciones fue organizada por el predicador francés Pedro “el Ermitaño”, cuya cruzada es conocida como la “cruzada de los pobres” o “cruzada popular”. Entre sus seguidores se encontraba el caballero Walter Sans – Avoir, al que Pedro envió en vanguardia junto a otros caballeros y soldados.

Estos alcanzaron el río Rin dirigiendo sus ataques fanáticos y sin sentido contra los judíos. Muchas de las personas que siguieron a Pedro el Ermitaño tenían prejuicios y una visión distorsionada de la cruzada que rayaba el fanatismo religioso haciendo blanco de su hostilidad a las comunidades judías a las cuales atacaban.

Los judíos eran comunidades reservadas, educadas, prósperas y con talento y estaban protegidas por el Emperador del Sacro Imperio Germánico y varios obispos de la Iglesia. No obstante, los seguidores de Pedro cometieron estallidos de crueldad contra los judíos, así como saqueos, incendios y pillajes en la población local.

El rey de Hungría: Coleman, autorizó el libre tránsito de Pedro y sus seguidores en su reino a cambio que no cometieran actos de pillaje. No obstante, la multitud de los seguidores de Pedro desataron disturbios en el reino de Hungría y tuvieron conflictos con los soldados del Imperio Bizantino en su camino a Constantinopla, donde se dedicaron a robar a la población, asaltar lujosos palacios e inclusive a atacar, torturar y asesinar a otros cristianos. Las fuerzas de Walter Sans – Avoir alcanzaron Constantinopla en julio de 1096 y el resto de fuerzas de Pedro el Ermitaño llegaron el 1 de agosto de 1096. Walter no esperó al resto de fuerzas de los cruzados y dirigió sus huestes contra los musulmanes Selyúcidas de la ciudad de Nicea (Iznik), antigua ciudad importante de Bizancio que fue arrebatada por los muslmanes convirtiéndose en la capital del Sultanato de Rüm de los selyúcidas, gobernado por el sultán: Kilij Arslán. Los musulmanes de Nicea derrotaron a los cristianos seguidores de Pedro el Ermitaño, asesinando a la gran mayoría, entre hombres, mujeres y niños; ya que estos carecían de un verdadero liderazgo y muchos de ellos no estaban preparados para la guerra, siendo verdaderamente una multitud de pobladores desarmados, guiados por caballeros pobres, de mala reputación o mercenarios, lejos de ser una fuerza militar expedicionaria.

EL EJÉRCITO DE LOS CRUZADOS:

La fuerza principal de los cruzados estaba compuesta por varios contingentes, los cuales partieron cada uno bajo su cuenta y propio riesgo desde diferentes puntos en agosto de 1096, cada uno de ellos siguiendo una ruta distinta, pero con el objetivo de llegar como primer destino a Constantinopla con el emperador Alejo disponiendo preparativos para su llegada.

Hugo de Vermendois partió del sur de Italia en la ciudad de Bari hacia Dyrrachium donde naufragó y fue rescatado por un contingente de Bizancio quienes lo escoltaron hacia Constantinopla donde llegó en noviembre de 1096.

El primer contingente estaba conformado por el ejército liderado por Godofredo de Bouillon, acompañado por sus hermanos Eustaquio, Balduino de Bolonia y Balduino de Le Bourg. Este grupo siguió la ruta sobre el Sacro Imperio Romano Germánico atravesando Hungría y los Balcanes. A la altura de Belgrado cruzaron el Danubio vía Ratisbona prosiguiendo su marcha hasta alcanzar Adrianópolis. Las tropas imperiales de Bizancio escoltaron su marcha; aunque se registraron algunos casos de pillaje. Godofredo de Bouillon y su ejército alcanzó Constantinopla el 23 de diciembre de 1096.

“The four leaders of the First Crusade.–Godfrey, Raymond, Boemund, Tancred,”

El segundo de los cuatro contingentes partió bajo el mando de Bohemundo de Otranto, normando nacido en Italia. La presencia normanda en el sur de la península itálica se debía más a aventureros y mercenarios quienes desde hacía años atrás habían confrontado al Imperio Bizantino. Bohemundo cruzó el estrecho que separa Brindisi de Avlona con su fuerza militar alcanzado la Via Egnatia y finalmente llegó a Constantinopla el 9 de abril de 1097.

El tercer contingente estaba dirigido por Raimundo IV de Tolosa, hombre a quien el Papa Urbano II había confiado el mando general de la cruzada. Le acompañaban su esposa junto a sus doncellas y Ademaro el obispo de Le Puy. Este contingente estaba conformado por caballeros y soldados como infantería así como por un nutrido grupo de peregrinos desarmados. Este contingente partió de Provenza dirigiéndose a Venecia, vía Génova; atravesaron el mar adriático Norte hasta alcanzar Durazzo. Su avance estuvo marcado por el pillaje e incidentes con las poblaciones locales y atacaron al ejército imperial de Bizancio cerca de Constantinopla. Llegaron a esta ciudad el 27 de abril de 1097.

El cuarto contingente estaba liderado por Roberto de Normandía, su cuñado Estaban de Blois y su primo Roberto II de Flandes. Este ejército partió del norte de Francia en octubre de 1096 y alcanzaron el sur de Italia en diciembre de ese mismo año por lo que decidieron pasar ahí el invierno. No obstante Roberto de Flandes partió del puerto de Bari ANTES y alcanzó Constantinopla en abril de 1097. El duque Roberto de Normandía y Esteban de Blois partieron con sus tropas del puerto de Brindisi en abril de 1097 arribando tiempo después a Durazzo donde fueron recibidos por una escolta Bizantina llegando a Constantinopla a finales de mayo de 1097.

LA CAMPAÑA DE ANATOLIA. EL SITIO DE NICEA Y LA BATALLA DE DORILEA:

En Constantinopla el emperador Alejo I Comneno insistió a los líderes cruzados hacer juramento para convertirse en sus “vasallos” y que las tierras conquistadas por los cruzados retornaran al Imperio Bizantino. Alejo I sabía de la estructura feudal de Europa occidental y aquel juramento de los cruzados era de vasallaje. Por otro lado, Alejo estaba en una situación difícil, debía confiar en los cruzados después de la desastrosa experiencia de la “Cruzada de los pobres”. Por si fuera poco, Bohemundo era antiguo enemigo suyo. Bohemundo era normando. Los normandos habían arrebatado Sicilia al Imperio Bizantino.

Muchos cruzados se mostraron reacios, especialmente Tancredo y Bohemundo, por las pretensiones de Alejo. Sin embargo, al final hicieron el juramento a cambio de recibir soporte militar y logístico del Imperio Bizantino; ya que no tenían opción, pues carecían de suministros y provisiones, no sin antes haber establecido una serie de compromisos entre ambas partes: Cruzados y Emperador. Como señaló el cronista Fulcher de Chartres: «Era fundamental establecer una buena relación con el emperador, ya que sin su ayuda y su consejo, no podíamos realizar el viaje sin penalidades, ni tampoco todos cuantos nos seguían».

La campaña militar dio inicio en Anatolia, actualmente Turquía, permitiendo a los cruzados conquistar por medio de la fuerza gran parte del territorio occidental a principios del año 1097.

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El 6 de mayo de 1097 Godofredo de Bouillon, Bohemundo de Otranto, Roberto de Flandes y Hugo de Vermandois sitiaron la ciudad de Nicea. El resto del ejército cruzado alcanzó la ciudad entre el 14 de mayo y principios de junio.

Apoyando a los cristianos estaba el oficial bizantino Tatikios (de origen turco al servicio de Bizancio) designado por el emperador Alejo junto a dos mil soldados bizantinos que acompañaban a los cruzados. El líder de Nicea, el sultán Kilij Arslán, se hallaba lejos combatiendo a los turcos danisméndidas, rivales de los selyúcidas, cuyo reino estaba en el oriente de Anatolia. Cada uno de los jefes de la cruzada había tomado posiciones: Godofredo y sus hermanos se dispusieron al oriente de la ciudad; Bohemundo, Roberto conde de Flandes, Roberto duque de Normandía y el conde Blois se ubicaron en el occidente y el norte de la ciudad; al centro y la zona meridional quedaron el obispo Ademaro y Raimundo conde de Tolosa.

Cuando los cruzados asediaban la ciudad, Kilij Arslán regresó e intentó romper el cerco que los cruzados mantenían, atacando las tropas de Raimundo de Tolosa ubicadas en el extremo meridional de la ciudad el 23 de mayo de 1097. Sin embargo, Raimundo y sus tropas se defendieron. Godofredo de Bouillon envió refuerzos y juntos repelieron el ataque de los musulmanes haciendo fracasar a Kilij Arslán. Nicea era una ciudad importante para la cristiandad. En el año 325, durante el Imperio Romano, en esta ciudad fue celebrado el primer concilio de la Iglesia para redactar la profesión de Fe de la Iglesia Católica o “el Credo de Nicea”. Por otro lado tal ciudad estaba ubicada en las cercanías de la frontera del Imperio Bizantino por lo que su situación estratégica era un peligro.

Los asaltos siguientes sobre la ciudad fueron muy violentos y poco a poco los sitiados iban debilitándose. No obstante, los cruzados no fueron capaces de bloquear el lago que estaba situado a un lado de la ciudad desde donde recibía provisiones por barcos.

Alejo, conociendo los sucesos del asedio, temía el saqueo de la ciudad por parte de los cruzados, así como su posible destrucción. Alejó viajó hasta la ciudad de Pelécano y mandó a uno de sus generales a ingresar en secreto al interior de Nicea y parlamentar la rendición en un acuerdo secreto con los sitiados. Los turcos negociaron aceptando los términos de la rendición. Los bizantinos en secreto tomaron por la noche Nicea.

El 19 de junio de 1097, los cruzados despertaron listos para un nuevo asedio advirtiendo con sorpresa y rabia, que los estandartes bizantinos ondeaban desde los muros de la ciudad. Después de un riguroso Alejo había usurpado la conquista de los cruzados por medio del asedio. A los cristianos no solo se les había prohibido saquear la ciudad, sino que tenían vedado su ingreso a la misma, excepto en pequeños grupos. Esto causó un gran malestar en el ejército cruzado. A pesar de esto, los cruzados prosiguieron rumbo a Jerusalén.

El 26 de junio los cruzados abandonaron Nicea para proseguir con la cruzada poniendo rumbo a Dorilea (Dorylaeum) que era la puerta de entrada a la llanura de Anatolia. En su marcha por el desierto de Anatolia el ejército cruzado fue dividido en dos secciones debido a las difíciles tareas de aprovisionamiento. Una fuerza de vanguardia avanzaba al mando de Bohemundo, Roberto de Normandía y Esteban de Blois. El grueso de las tropas cruzadas estaba a unos cuantos kilómetros de distancia a la zaga. Además, el contingente cristiano estaba todavía acompañado por Tatikios y sus tropas.

Kilij Arslán había reunido nuevas tropas tras la capitulación de Nicea y emboscó a la vanguardia de los cristianos con un ejército de 10 mil jinetes turcos y un conjunto de arqueros en el valle que conduce a Dorilea, lo cual desembocó en la famosa batalla de Dorilea el 1 de julio de 1097. El 1 de julio, al amanecer, las fuerzas capitaneadas por el mismo sultán Kilij Arslán, por medio de su caballería, atacaron por sorpresa al campamento cristiano de vanguardia. Los jinetes turcos atacaron a todo el que se les atravesara en su camino. Los cruzados respondieron difícilmente debido a la sorpresa del ataque. Las bajas turcas eran ínfimas comparadas con las de los cruzados en el inesperado ataque. Mientras que la caballería turca atacaba, el grupo de arqueros turcos disparaba sus flechas desde cientos de metros atrás del campamento cristiano. Los cruzados de vanguardia resistían rodeados ferozmente contra ambos frentes musulmanes, el de una lluvia de flechas y los jinetes sarracenos terminando rodeados.

Los cruzados del ejército en retaguardia fueron advertidos y Godofredo de Bouillon organizó un numeroso contingente de caballería que avanzó hacia el campamento cristiano bajo ataque musulmán. Godofredo de Bouillon, Ademaro de Puy y toda la caballería de cruzados atacaron a los arqueros turcos hasta acabarlos y posteriormente se unieron al resto de cruzados bajo ataque. Raimundo de Tolosa logró circundar el campo para atacar a los musulmanes de forma envolvente.

El ejército de caballería de los cruzados atacó a los jinetes turcos de forma rápida e intempestiva, causando muchas bajas entre los musulmanes, desatando una carnicería que duró todo el día, además de saquear su campamento. Kilij Arslán se batió en retirada junto al resto de su ejército derrotado.Esta victoria de Dorilea conseguida por los cruzados resultó contundente y abrió las puertas para el ejército cristiano hacia el resto de Asia Menor.

Posteriormente un contingente turco de doce mil hombres intento cerrar el paso al ejército de los cruzados en su marcha. Los cristianos lograron derrotarlos. En esa batalla murió el general Queazar que dirigía las huestes musulmanas y los pocos sobrevivientes se replegaron. Después de esta batalla los cruzados no encontraron mayor resistencia en su recorrido hasta Antioquía.

En su camino los cruzados fueron recibidos con las puertas abiertas por algunas ciudades griegas cristianas bajo el dominio turco. Posteriormente los cruzados atacaron la ciudad de Cesárea de Capadocia, liberando a los residentes armenios del yugo musulmán.Tras esta victoria los cruzados se dirigieron hacia Antioquía. donde el grueso de las tropas llegó el 20 de octubre del 1097.

La marcha a través de Asia Menor fue muy penosa para los cristianos. Estos recorrían el desierto, montañas y los llanos a mediados del verano. Tenían muy poca agua y comida lo que desembocó en la muerte de muchos hombres y animales durante la marcha. Los cristianos de Asia Menor en ocasiones les regalaban comida o dinero; sin embargo, en algunas ocasiones, los cruzados se dedicaron al saqueo. En ese punto, los líderes de la cruzada se disputaban el liderazgo absoluto. Solamente Ademar de Le Puy era reconocido como líder espiritual.

En un hecho sorprendente al momento que los cruzados atravesaban el paso principal de la cordillera del Tauro en Asia Menor conocido como: las Puertas Cilicias, Balduino de Boulogne se separó del resto del cuerpo de los cruzados, dirigiéndose hacia las tierras armenias del este alcanzando la ciudad de Edesa. Esta ciudad estaba dominada por cristianos armenios al mando de su rey Thoros de Edesa. Este había enviado a Balduino una petición de auxilio contra los selyúcidas. Balduino consiguió llegar a Edesa y acercarse al rey Thoros y logró ser adoptado como su heredero. Thoros no contaba con el favor de los ciudadanos de Edesa; ya que estos eran armenios y Thoros cristiano ortodoxo. Al final, Thoros fue asesinado en un levantamiento en 1098 y Balduino se convirtió en el nuevo rey, creando el condado de Edesa, siendo el primer estado cruzado de la región.

EL SITIO DE ANTIOQUÍA:

El grupo principal había avanzado hacia el noreste y luego atravesó los Montes Tauros. Pasaron por Cesárea para virar al sur hacia Antioquía. El 20 de octubre de 1097 el ejército de cruzados llegó al río Orontes, sobre el Puente de Hierro, a 25 kilómetros de Antioquía. Las filas cristianas debían atravesar ese punto que estaba protegido por una fortificación enemiga cuyo objetivo era cortar el camino a los cruzados. Roberto de Normandía atacó con un grupo de cruzados el bastión rechazando vigorosamente al enemigo, obteniendo la victoria y permitiendo el paso por el puente de los cruzados, apoderándose de ambas orillas. Al día siguiente llegaron a Antioquía.

Antioquía era una ciudad amplia con un inmenso perímetro de murallas robustas con torres vigías que databan de la época del Imperio Romano. La mitad de su entorno estaba sobre montañas donde se ubicaba una ciudadela fortificada, mientras que la otra parte estaba sobre llanuras. Su gobernante en aquel tiempo era Yaghi – Siyan. La ciudad era importante ya que fue en ella donde el apóstol Pedro recibió el título del primer pastor de la naciente iglesia de Cristo.Debido a las dimensiones inaccesibles de la ciudad y el difícil terreno, los cruzados decidieron asfixiarla poniendo sitio a la ciudad. La estrategia duraría 8 meses. Durante ese tiempo harían ataques a las murallas y tendrían enfrentamientos con las fuerzas sitiadas; ya que estos hacían salidas desde la ciudad para atacar a los cristianos.

La Gesta francorum o “Gesta de los francos” (conocida como: De gesta francorum et aliorum hierosolimitanorum o “De la gesta de los francos y los otros peregrinos de Jerusalén”) es una crónica de la Primera Cruzada escrita en latín hacia 1100–1101 por un autor anónimo que participó en la misma. Esta gesta refiere sobre el sitio de Antioquía: «Nosotros (los cruzados) establecimos un estricto bloqueo en las tres grandes puertas de la ciudad; pero no pudimos asediarla desde otro lado por una montaña, alta y escarpada, posicionada en nuestro camino».

Para el 25 de diciembre de 1097 el hambre se había extendido entre los cruzados sitiadores. Bohemundo atacó villas y pueblos cercanos en busca de víveres. Muchos cruzados murieron por inanición y según las fuentes, entre los peregrinos, surgió el canibalismo. Yaghi – Siyan sabía sobre las victorias de los cruzados en Anatolia y pidió ayuda al gobernador de Damasco: Duqaq, para detener al ejército cristiano mientras lanzaba las milicias de la ciudad contra los cruzados. Estos últimos se defendían valerosamente. El 31 de enero de 1098 Duqaq de Damasco atacó a los cruzados en un intento por ayudar a Antioquía, pero el ejército de Bohemundo logró rechazarlo y derrotarlo.

Durante el tiempo del asedio surgieron las divisiones entre los cristianos, especialmente entre Raimundo de Tolosa y Bohemundo. Cada uno quería conquistar la ciudad para ellos. Las deserciones comenzaron a surgir entre los cruzados. Para febrero de 1098 Tatikos decidió regresar a Constantinopla con su ejército en busca de provisiones y apoyo. Según otras fuentes, para reunirse con el ejército bizantino e iniciar otras campañas en Anatolia para expandir los territorios ya conquistados por los cruzados para Bizancio.

La situación era agravante, tanto para los cruzados como para Antioquía. Yaghi – Siyan pidió ayuda a Radwan, gobernador de Alepo. Radwan decidió también atacar a los cruzados que sitiaban Antioquía con un poderoso ejército de apoyo.Bohemundo, conociendo el peligro de las fuerzas de Radwan, salió a su encuentro cruzando el Puente de Hierro del Orontes y avanzó por el camino hacia Alepo para enfrentarse con el ejército de Radwan.

En una embestida sorpresiva junto a la férrea y valerosa disciplina de la caballería cristiana, Bohemundo y los cruzados, lograron derrotar a Ridwan y a su ejército numéricamente superior, obteniendo una victoria sorprendente. Esta acción permitió a los cruzados proseguir el sitio de la ciudad sin la presión de otros ataques.

Al mismo tiempo mientras las fuerzas cruzadas luchaban contra Radwan, Yaghi – Siyan organizó una partida contra el campamento de los cruzados, pero estos se enfrentaron al sorpresivo ataque del contingente de Antioquía y también lo derrotaron.

El 4 de marzo de 1098 una flota inglesa, dirigida por Edgar Atheling, depuesto rey de Inglaterra, arribó al río Orontes sobre el Puerto de San Simeón con provisiones y herramientas que los cruzados utilizaron para construir un fuerte frente a la puerta de Antioquía llamada: “Puerta del Puente”. En los siguientes meses los cruzados tenían tomadas las principales puertas de acceso de la ciudad.

Yaghi-Siyan logró emboscar a la partida de cruzados que traían la madera y otros materiales desde el puerto de San Simeón. Llegaron noticias al campamento cruzado que Raimundo de Tolosa y Bohemundo de Tarento habían muerto en esa batalla produciendo una gran confusión. Yaghi-Siyan aprovechó la confusión en el campamento para atacar al ejército. Godofredo de Bouillon salió a su encuentro derrotando nuevamente a Yaghi-Siyan. Bohemundo y Raimundo volvieron al campamento habiendo derrotado a las fuerzas enemigas que los habían emboscado.

Para este tiempo de la cruzada, Balduino de Bolognia consolidaba su poder en Edesa Y una comitiva fatimita de Egipto había llegado al campamento de los cruzados. Los Fatimitas de Egipto buscaban llegar a un acuerdo satisfactorio para ambos bandos, cristianos y egipcios, sin la necesidad de luchar, estableciendo al final una alianza entre cristianos y musulmanes fatimíes para luchar contra los musulmanes selyúcidas. Yaghi – Siyan, soberano de Antioquía se mostró desesperado por la situación, los contingentes de ayuda de los turcos habían fracasado, así como los ataques de sus tropas. Pidió ayuda a Kerbogha, soberano de Mosul. Kerbogha era vasallo del sultán selyúcida de Bagdad. Kerbogha decidió ayudar a Antioquía y reunió un enorme ejército que sitió en primera instancia la ciudad de Edesa entre el 4 y 25 marzo de 1098.

El sitio de Edesa por parte del inmenso ejército de Kerbogah resultó en un aviso de advertencia para los cruzados. Inesperadamente un general responsable de la vigilancia de una de las torres de Antioquía decidió entregar la ciudad a Bohemundo de Tarento dejando asaltar la torre bajo su encargo permitiendo el ingreso de las fuerzas cristianas durante el sitio. Las fuentes varían sobre el traidor señalando, entre la minoría armenia en el interior de Antioquía, a un hombre llamado: Firuz (Firoo). Otras fuentes señalan a un soldado persa como desertor. Firuz se quejaba de los ultrajes de los musulmanes y como éstos irrespetaban a los cristianos armenios de Antioquía.

La noche del 2 de junio de 1098 una fuerza de élite de cruzados entró en Antioquía escalando en secreto la torre que vigilaba el traidor. El comando de cruzados ingresó a la ciudad y abrió las puertas a las fuerzas de cruzados que aguardaban fuera de las murallas listos al ataque. Las fuerzas de los cristianos ingresaron y la ciudad sucumbió ante la masacre. Los cruzados mataron a casi todos sus habitantes antes que Kerbogha llegara en auxilio a la ciudad.

Sin embargo, Yaghi – Siyan huyó de Antioquía con su guardia personal y su hijo Shams al Dawla quedó defendiendo la ciudad con su guarnición en la parte alta de Antioquía, la ciudadela, que resistió aprisionada. Yaghi – Siyan en su huída se cayó de su caballo, su escolta lo abandonó y fue encontrado por un leñador armenio quien le cortó la cabeza y se la envió como obsequio a Bohemundo.

Los cruzados habían tomado la mayor parte de la ciudad y el perímetro vacío dentro de las murallas. 7 de junio la fuerzas de Kerbogha que rondaban los 200,000 efectivos, llegaron a las puertas de Antioquía. Para esta fecha las fuerzas de los cruzados estaban diezmadas y sin provisiones y el hambre causaba estragos. Muchos habían muerto por inanición o las heridas infligidas en batalla y hubo múltiples deserciones, incluyendo nobles. Esteban de Blois que no había tomado parte de la conquista de Antioquía huyó. El 20 de junio fue al encuentro con Alejo en Filomelium y dijo al emperador Bizantino que todo estaba perdido. Alejo no envió ayuda a los cruzados en Antioquía. Se estima que las fuerzas cruzadas producto de todas estas calamidades rondaban los 30 mil efectivos.

Kerbogha puso asedio a la ciudad de Antioquía estableciendo su campamento a 500 metros fuera de las murallas. Ahora los efectivos cruzados era los sitiados. Kerbogha inició los ataques, sin embargo, no pudo tomar la ciudad debido a que los cruzados lograron impedir su ingreso por medio de largos, sangrientos y desesperados combates a lo largo de 10 días.Las fuerzas cruzadas, no obstante, estaban al borde de la desesperación; ya que estaban reducidos en número.

LA LANZA SAGRADA:

En medio de la desesperación frente a las numerosas e impresionantes fuerzas de Kerbogah, los cruzados encontraron inspiración y alivio en la religión. El 11 de junio un peregrino llamado Pedro Bartolomé declaró que San Andrés le había revelado en sueños que la Lanza Sagrada, la misma que según los evangelios el soldado romano Longinos utilizara para perforar el costado de Jesucristo en la cruz en el monte Calvario, estaba enterrada en la antigua iglesia de San Pedro en Antioquía.

El legado pontificio Ademaro de Le Puy se mostró escéptico. No obstante, un sacerdote llamado Estaban de Valence posteriormente declaró que Jesucristo le había predicho la victoria de los cruzados. El fervor religioso se apoderó de los cruzados y una multitud excavó el área de la iglesia de San Pedro según indicaciones de Pedro Bartolomé y el día 14 de junio de 1098 encontraron la Lanza Sangrada.

Las crónicas registran además que con el descubrimiento de la lanza un meteorito cayó en el campamento de Kerbogha. Estos acontecimientos subieron los ánimos de los cruzados. El 20 de junio los cruzados eligieron como comandante en jefe a Bohemundo.

El 28 de junio Bohemundo ordenó el ataque. Las fuerzas de los cruzados salieron al ataque por la puerta de Antioquía llevando consigo y por delante la Lanza Sagrada.

El ejército de caballería de los cruzados formó cuatro divisiones que al salir por la puerta de Antioquía formaron rápida y asombrosamente filas y atacaron al ejército enemigo derrotándolo en una carga de caballería contundente de batalla. Según las crónicas el milagro sucedió por causa de la Lanza Sagrada de Jesucristo en favor de los cristianos.

No obstante, esta victoria, según los historiadores, se debió realmente a que Kerbogha había dispersado sus fuerzas, a la astucia en batalla del liderazgo de Bohemundo y sus caballeros, la velocidad de su ataque, la fuerza de la caballería cristiana y la inspiración de los cruzados por causa de la reliquia sagrada encontrada por Pedro Bartolomé.

Después que los cruzados derrotaran a Kerbogha y su ejército, los turcos no hicieron intentos de detener al ejército de cristianos. El camino a Jerusalén estaba despejado. Sin embargo, las fuerzas de los cruzados, necesitaban reponer fuerzas y provisiones.

Bohemundo de Tarento, tras la retirada de los ejércitos bizantinos que les habían acompañado en la expedición y sin la ayuda recibida por Bizancio durante el sitio de Antioquía, alegó la deserción por parte del Imperio Bizantino argumentando que dicho movimiento invalidaba todos los juramentos que habían hecho los cruzados frente a Alejo I Comneno.

Bohemundo se convirtió en soberano de la ciudad de Antioquía, naciendo así el segundo estado cruzado en Tierra Santa. Los cruzados pospusieron el camino hacia Jerusalén hacia el 1 de noviembre de 1098 debido a una serie de discusiones que no tardaron en hacer surgir diferencias entre los mismos. Había diferencias entre Raimundo de Tolosa y Bohemundo de Tarento.

Para septiembre de 1098 Alejo desertó, situación que puso a los bizantinos en contra de los cruzados y las diferencias entre Raimundo y Bohemundo fueron incrementadas en noviembre del mismo año.En aquel tiempo una plaga se desató entre los cruzados (posiblemente Tifus). Muchos peregrinos murieron, entre ellos, el legado papal Ademaro de Le Puy. Los cruzados se encontraron con menos caballos y menos provisiones.

En diciembre de ese año, los cruzados atacaron la ciudad de Maarat (Marrah) tras un asedio, donde exterminaron a la población. Las fuentes refieren que los cruzados al no tener alimentos, se dedicaron a actos de canibalismo, comiendo los cuerpos de los que habían perecido bajo la espada.

Las diferencias entre los nobles de la cruzada proseguían y los caballeros de menor rango así como los cruzados y acompañantes se impacientaron. Estos últimos amenazaron con continuar la ruta hacia Jerusalén dejando atrás a los líderes de la cruzada para resolver sus disputas. Bohemundo de Tarento quedó en Antioquía como gobernador. El ejército de la cruzada quería cumplir sus votos de alcanzar y liberar Jerusalén. A principios de enero del año 1099 la marcha hacia la Ciudad Santa fue reanudada.

CONQUISTA DE JERUSALÉN:

Desde Antioquía los cruzados marcharon hacia Jerusalén. La ciudad en aquel momento se encontraba dominada por un ejército fatimí, que la había conquistado desde 1098, ya que era disputada entre los fatimíes de Egipto y los turcos de Siria. Tras la derrota de Kerbogha por los cruzados, el mapa político de la región había cambiado entre los poderes musulmanes. Los fatimíes del Cairo querían recuperar su antigua provincia desde Israel hasta Beirut, pues hacía poco que los turcos le habían arrebatado aquellas tierras.

Los cruzados tomaron el camino de las ciudades de la costa. Conquistaron el puerto de Tortosa lo que les permitió tener un punto de apoyo para tener una línea de suministros y comunicaciones. Conquistaron diversas plazas árabes, entre ellas la que se convertiría en el castillo de los Caballeros Hospitalarios o Krak des Chevaliers. Trípoli y otras ciudades pagaron un tributo a los cruzados para que no pusieran sitio a su ciudad, deseosas de mantener su independencia y de facilitar que los cruzados atacaran a los turcos. En su avance hacia el sur por la costa del mar Mediterráneo los cruzados no encontraron mucha resistencia. Ante el avance de los cruzados, la ciudad de Belén mandó un mensaje al ejército cristiano para que liberara la ciudad de las manos de los turcos. Un destacamento de cruzados liberó la ciudad.

Llegaron a Acre y luego hasta el puerto de la ciudad de Arsuf a ochenta kilómetros de Jerusalén. El 7 de julio de 1099 los cruzados alcanzaron la ciudad de Jerusalén.

Los cruzados iniciaron el despliegue de sus tropas para someter a la Santa Ciudad a un largo asedio. Cuando los cruzados alcanzaron las murallas de Jerusalén, del ejército inicial solo quedaban aproximadamente doce mil hombres, de estos entre dos mil y mil quinientos eran soldados de caballería. La conquista sería difícil. Jerusalén tenía defensas formidables y era una ciudad abastecida de agua, víveres y muchas reservas. Las fuentes de agua de los alrededores de Jerusalén fueron envenenadas por los sitiados.

Roberto de Flandes, Roberto de Normandía y Godofredo de Bouillon cercaron el sector norte de la ciudad. Raimundo de Tolosa estableció su cerco desde el sur de Jerusalén. El primer ataque sucedió cinco días después de la llegada de los cruzados. Los defensores repelieron el asalto el primer asalto. Durante el ataque inicial los cruzados sufrieron un gran número de bajas por causa de la falta de comida y agua en los alrededores de Jerusalén. Los cruzados emprendieron diversos ataques contra las murallas de la ciudad, pero todos fueron repelidos por los sitiados.

Según relatan las crónicas de la época, la moral del ejército cruzado fue mejorada cuando un sacerdote llamado Pedro Desiderio aseguró haber tenido una visión divina, en la cual se le brindaba instrucciones que consistían que los cruzados debían marchar descalzos en procesión alrededor de las murallas de la ciudad en siete ocasiones, siguiendo el ejemplo bíblico de la caída de Jericó por el asedio de los israelitas, posterior a lo cual la ciudad de Jerusalén caería en nueve días. El 8 de julio los cruzados realizaron esa procesión.

Posteriormente una flota de barcos genoveses e ingleses arribó al puerto de Jaffa. Esta flota estaba dirigida por Guillermo Embriaco. Aquellos cruzados se dirigían en expedición militar para atacar Ascalón, pero un ejército fatimí de Egipto los obligó a marchar hacia Jerusalén, que se encontraba sitiada por los cruzados. Los marineros aportaron conocimientos técnicos y suministros militares desmantelando buena parte de los barcos, de tal forma que los cruzados lograron construir dos torres de asalto, escalas y piezas de artillería.

El segundo ataque masivo de la ciudad se desarrolló el 13 de julio de 1099 tras la puesta del sol. Dos frentes fueron formados que atacaron simultáneamente liderados cada uno por las torres de asalto, las cuales al avanzar hacia las murallas de la ciudad desataron la sorpresa y la preocupación de la guarnición defensora. Una torre de asedio avanzó hacia el sector norte de Jerusalén y la otra atacó desde el sur de la ciudad.

Durante toda la noche y los dos días sucesivos se desarrolló una continua y cruenta batalla entre los cruzados y los defensores de Jerusalén. Los proyectiles de las catapultas de ambos ejércitos lanzaban todo tipo de materiales sobre el terreno entre los contingentes cristianos y musulmanes. Una incesante lluvia de flechas incendiarias arrojadas por los arqueros desde ambos bandos dominaba el cielo cayendo al campo de batalla. Miles de guerreros gritaban y avanzaban hacia los muros de la ciudad. Fuego líquido y piedras eran lanzadas por los defensores desde las murallas sobre los cruzados que intentaban escalarlas. Máquinas de asedio intentaban derribar los muros de las puertas de Jerusalén. Las llamas y el humo se alzaban en varios puntos del terreno de combate, dentro de Jerusalén y desde lo alto de los muros entre cientos de guerreros muertos. Al mismo tiempo, soldados cruzados y peregrinos, entre los que había ancianos y mujeres, cavaban fosos alrededor de los muros de la ciudad para poder derribarlas.

En la mañana del 15 de julio de 1099 la torre del sector norte, comandada por Godofredo de Bouillon, logró acercarse lo suficiente a la muralla y bajo una lluvia de piedras y flechas, logró bajar la plataforma que servía de puente justo en la esquina noreste de la ciudad. Los cruzados de la torre avanzaron al frente sobre la plataforma abriendo una brecha entre las almenas derrotando a los defensores del sector de la muralla, permitiendo el ingreso de un fuerte contingente de cruzados que luchó ferozmente contra los fatimíes del adarve.

Dos caballeros procedentes de Tournai, Letaldo y Engelberto, fueron los primeros en acceder a la ciudad, seguidos por Godofredo, su hermano Eustaquio, Tancredo y sus soldados. Inmediatamente los cruzados ingresaron por ese punto a la ciudad de Jerusalén en gran cantidad de efectivos quienes marcharon a las puertas de la ciudad para abrirlas al resto de tropas cristianas. La torre de Raimundo había quedado frenada por una zanja; pero los guardias defensores se rindieron a Raimundo.

A lo largo de esa misma tarde, la noche y la mañana del día siguiente, 16 de julio de 1099, los cruzados desencadenaron una terrible matanza de hombres, mujeres y niños, tanto musulmanes, judíos y los escasos cristianos de oriente que habían permanecido en la ciudad. ​Muchos musulmanes buscaron refugio en la mezquita de Al-Aqsa. Los judíos que vivían en Jerusalén se refugiaron en las sinagogas cercanas al Muro de los Lamentos. Solo unos cuantos cruzados se apiadaron de las vidas de los habitantes intentando protegerlos y frenar la matanza. El resto dedicó el ingreso a la ciudad al pillaje y al asesinato de sus habitantes.

La Gesta Francorum, relata: «…la carnicería fue tan grande que nuestros hombres andaban con la sangre a la altura de sus tobillos… ».​ Tancredo había reclamado el control del Templo de Jerusalén ofreciendo su protección a algunos de los musulmanes refugiados en su interior. Sin embargo, fueron incapaces de frenar su muerte a manos de sus compañeros cruzados. Jefes cruzados, como Gastón de Bearn, trataron de proteger a los civiles refugiados en el Templo así como a judíos, musulmanes y cristianos, dándoles sus estandartes, pero fue en vano; ya que el odio de los cruzados acabó con las vidas de aquellos habitantes.

Según las crónicas solo una parte de la guarnición logró sobrevivir protegidos por el conde Raimundo de Tolosa. La Gesta Francorum refiere que algunas personas lograron escapar a la toma de Jerusalén con vida entre hombres y mujeres manteniéndolos como cautivos. Su autor escribió: «Cuando los paganos habían sido vencidos, nuestros hombres capturaron a muchos, tanto mujeres como hombres, y o bien les daban muerte o los mantenían cautivos».

La Gesta Francorum refiere además: «Nuestros jefes también ordenaron que todos los sarracenos muertos fuesen enviados fuera de la ciudad debido al hedor, puesto que toda la ciudad estaba llena de cadáveres; y por ello los sarracenos vivos arrastraron a los muertos hasta las salidas de las murallas y los colocaron en piras, como si fuesen casas. Nunca nadie pudo ver u oír de una matanza como esa de paganos, puesto que las piras funerarias se alzaban como pirámides, y nadie sabe su número salvo el mismo Dios».

Aunque los cristianos habían conquistado Jerusalén, la matanza realizada tras el asedio estuvo alejado de una victoria honrosa, así como alejada de la piedad y misericordia que el mismo Jesucristo había enseñado. El papa Urbano II había fallecido dos semanas antes de la caída de la Santa Ciudad en manos cristianas. Muchos obispos y clérigos mostraron su consternación y horror ante la masacre. A través de la Siria musulmana llegaron las noticias del terrible acontecimiento. Posteriormente algunos cruzados se avergonzaron por la carnicería que había sellado su victoria.

FIN DE LA CRUZADA. LA BATALLA DE ASCALÓN:

Tras la conquista de Jerusalén los cruzados ofrecieron a Raimundo de Tolosa el título de rey de Jerusalén, pero este lo rechazó. Después ofrecieron a Godofredo de Bouillon el reinado de la ciudad. Godofredo aceptó gobernar Jerusalén; pero rechazó ser coronado como rey, diciendo que: «no llevaría una corona de oro en el lugar en el que Cristo había portado una corona de espinas». Godofredo por lo tanto aceptó el título de: Advocatus Sancti Sepulchri o “Protector del Santo Sepulcro” el 22 de julio de 1099.

Arnulfo de Chocques, fue nombrado Patriarca de Jerusalén el 1 de agosto de 1099. Posteriormente Arnulfo descubrió en Jerusalén el 5 de agosto la reliquia de La Vera Cruz o “Verdadera Cruz”,  conocida también como la Santa Cruz, en la que, según la tradición cristiana fue crucificado Jesucristo.

La última acción de la Primera Cruzada se desarrolló con la Batalla de Ascalón.

Aunque los fatimitas musulmanes habían firmado una alianza con los cristianos frente a los musulmanes selyúcidas y estaban dispuestos a ceder el control de Siria a los cristianos, se negaban a entregar Israel, algo que resultaba inaceptable para los ejércitos cristianos ya que su objetivo final era asegurar la Santa Ciudad de Jerusalén y en ella la Iglesia del Santo Sepulcro donde Cristo había resucitado. Los fatimitas habían perdido Jerusalén el 16 de julio de 1099 frente al contingente de los cruzados, por lo que inmediatamente armaron un ejército para recuperar la ciudad.

El 10 de agosto de 1099 Godofredo de Bouillon lideró la marcha de los cruzados hacia Ascalón, a un día de marcha de Jerusalén. Roberto II de Flandes y Arnulfo de Chocques acompañaron a Godofredo en la vanguardia, y Raimundo IV de Tolosa y Roberto II de Normandía se quedaron en la retaguardia.

Cerca de la población de Ramla se unieron a las fuerzas de los cruzados Tancredo de Hauteville y Eustaquio III de Bolonia, el hermano de Godofredo, quienes habían estado en campaña para capturar Nablus.

A la cabeza del ejército el patriarca Arnulfo portaba la reliquia de la Vera Cruz, mientras que Raimundo de Aguilers portaba la reliquia de la Lanza Sagrada descubierta tras la conquista de Antioquía, conformando una fuerza de 1200 caballeros y 9000 infantes.

Las fuerzas egipcias estaban lideradas por el visir Al Afdal Shahanshah. Los efectivos rondaban los 20,000. Habían trasladado las máquinas de asedio a la ciudad de Ascalón por medio de una flota desde donde partirían para atacar Jerusalén. Al-Afdal acampó en la llanura de Al-Majdal, un territorio en las afueras de Ascalón, preparándose para continuar la marcha hacia Jerusalén.

A la mañana del 12 de agosto, los exploradores cruzados localizaron la ubicación del campamento fatimita. El ejército cruzado se preparó para el ataque tomando posiciones lanzando una carga de caballería e infantería. Durante la marcha se habían organizado en nueve divisiones: Godofredo lideraba el ala izquierda, Raimundo la derecha, y Tancredo, Eustaquio, Roberto de Normandía y Gastón IV de Bearn formaban el centro. Había dos divisiones más pequeñas con una división de infantes que marchaba a la cabeza de cada una de ellas. Los fatimitas fueron sorprendidos. Las dos principales líneas de batalla se aproximaron entre la lluvia de flechas hasta que comenzó la colisión y la lucha cuerpo a cuerpo con las lanzas y espadas. Los egipcios atacaron el centro de la línea cruzada. La vanguardia fatimita realizó un giro sobre el terreno para rodear a los cruzados y atacar su retaguardia en una maniobra envolvente. No obstante, Godofredo rechazó el ataque.

A pesar de la superioridad numérica de los fatimitas los cruzados empujaron a las fuerzas musulmanas haciéndolas retroceder. El pánico se extendió entre las tropas de Al-Afdal y comenzaron a huir hacia la seguridad que les proporcionaba la ciudad fortificada rompiendo sus filas. Muchos musulmanes en desbandada fueron perseguidos batidos por las lanzas, espadas y flechas, mientras que muchos otros morían aplastados en las aglomeraciones que se formaron a las puertas y murallas de Ascalón.

Al-Afdal huyó dejando atrás su campamento y sus tesoros, que fueron capturados por Roberto y Tancredo. Los cruzados pasaron la noche en el campamento abandonado, preparando un nuevo ataque contra los fatimitas, pero a la mañana siguiente los sobrevivientes decidieron retirarse a Egipto. Al-Afdal había huido en barco. Las pérdidas cruzadas son desconocidas, pero los egipcios perdieron entre 10.000 a 12.000 hombres. Los cruzados saquearon el campamento del ejército vencido. Posteriormente regresaron a Jerusalén el 13 de agosto.

Tiempo después Godofredo como Raimundo reclamaron Ascalón entrando en disputa lo que permitió a la ciudad permanecer libre de la intervención de los cruzados bajo el control de Egipto. Sería conquistada por los cruzados hasta el año 1153.

Después de la batalla de Ascalón casi todos los cruzados regresaron a sus hogares en Europa al haber cumplido con éxito su voto de peregrinación. Sólo unos cuantos cientos de caballeros quedaron en Jerusalén, algunos tomando tierras, otros formando parte de los nuevos reinos formados y gradualmente, con el paso de los años siguientes, estuvieron siendo reforzados por la llegada de nuevos cruzados inspirados por el éxito de la Primera Cruzada.

De vuelta en Europa occidental, los que habían logrado sobrevivir hasta alcanzar Jerusalén, fueron recibidos como héroes.

Con la conquista de Jerusalén, miles de europeos se convirtieron en peregrinos e iniciaron viajes hacia la Santa Ciudad y la Iglesia del Santo Sepulcro

La primera cruzada tuvo éxito en la formación de los llamados Estados Cruzados: El Condado de Edesa, el Principado de Antioquía, el Reino de Jerusalén y el Condado de Trípoli. También creó aliados a lo largo de la ruta de peregrinación como el Reino armenio de Cilicia.

La Primera Cruzada, permitió a los reinos de Europa estrechar relaciones con otras culturas, adquirir conocimientos científicos a través de las mismas, destacando el perfeccionamiento en el arte de la guerra, y establecer lazos comerciales de los cuales las ciudades cristianas del Mediterráneo tomaron ventaja.

La Primera Cruzada marcó un punto histórico entre los ejércitos cruzados, la guerra motivada por la religión y la cultura de Europa; ya que una fuerza expedicionaria militar europea, contra todo pronóstico, había derrotado a fuerzas islámicas muy superiores dentro de sus propios reinos, encontrándose los contingentes cristianos lejos de centros de abastecimientos y conquistado ciudades y poblaciones en territorios hostiles con una geografía y clima difíciles, aunque con un alto precio.

Algunos historiadores han subestimado la hazaña de la Primera Cruzada alegando que los cruzados alcanzaron sus objetivos gracias al apoyo del Imperio Bizantino, la desunión del mundo musulmán (fatimitas y selyúcidas) en el momento de la cruzada y la erráticas decisiones militares de los generales islámicos que lucharon contra los cruzados. La verdad está mas allá de estos alegatos: Bizancio, al final, terminó por restar mucho apoyo a los cruzados. Aunque el mundo islámico estaba en franca desunión, muchos de estos reconocían al ejército cristiano como una amenaza sobre sus intereses, a la cual, al final, los bandos y reinos musulmanes terminaron atacando con grandes contingentes. Las decisiones militares de los líderes musulmanes no fueron absolutamente desacertadas; pues en múltiples casos los cruzados estaban superados en número de efectivos y en evidente desventaja sobre territorios que desconocían con pocos pertrechos y lejos de una línea de suministros. Los musulmanes plantaron valor frente a las fuerzas cristianas y contaban con alta experiencia en el arte de la guerra. Sin embargo el coraje, la fuerza y el excelente liderazgo de los cruzados fue clave para sus victorias ante fuerzas eminentemente superiores.

La Primera Cruzada dejó una marca en la historia de una civilización ya que permitió que Jerusalén, la ciudad santa para el mundo judío, musulmán y cristiano, estuviera ligada a Europa y a la cristiandad por espacio de 88 años durante la Edad Media.

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