BÁRBAROS GERMANOS Y LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO:

La Edad Media y el feudalismo nacen con la disolución del Imperio Romano de Occidente, como respuesta a la inseguridad e inestabilidad por parte de las autoridades estatales (Imperio Romano) frente a las invasiones germánicas. El feudalismo tiene su antecedente de inicio con la desintegración del Imperio Romano en el año 453 d.C.

El colapso de Roma es debido en general a tres factores fundamentales:

1) La enorme extensión del imperio junto a la incapacidad del emperador de Roma y las autoridades militares romanas para controlar y defender todas las provincias del Imperio frente a amenazas y ataques.

2) Las sucesivas incursiones de los pueblos germánicos que atacaban las provincias de Roma traspasando las fronteras y luego dominando territorios ante la debilidad creciente de las legiones romanas.

3) Como factor primordial: la corrupción estatal de Roma, las luchas por el poder y desordenes internos que tuvieron a la larga graves consecuencias en la administración, debilitando enormemente el estado del orden y el derecho romano que desembocó en períodos de inestabilidad, anarquía, crisis económicas, inseguridad social y ausencia de ley.

Estos factores provocaron que los emperadores, con el paso del tiempo, cedieran territorios a los invasores bárbaros y a la vez necesitaran milicias en calidad de mercenarios entre los mismos pueblos germánicos para defender los grandes territorios y fronteras de los enemigos de Roma, por lo que contratan a nobles germánicos como defensores o como fuerzas de choque de las legiones de Roma. Estos bárbaros a su vez traen consigo familias, súbditos, siervos y guerreros destacados quienes seguían a dichos señores germánicos en calidad de caudillos, reyezuelos o jefes militares en específico. Estos guerreros germánicos en calidad de mercenarios o conquistadores de Roma serán los precursores del modelo del rey y el señor feudal.

Las sucesivas invasiones de los pueblos bárbaros estuvieron también marcadas por la búsqueda de nuevos territorios que los pueblos germánicos necesitaban para asentarse por causa de haber sido expulsados de sus regiones de origen por otros pueblos bárbaros tras una serie de conflictos o amenazas de los mismos.

Por otro lado, no se descarta que estas invasiones junto a la caída del Imperio Romano, estuvieran influenciadas por cambios climáticos, escases de cosechas, hambrunas, exceso de población y escases de tierras o una combinación de múltiples factores que desencadenaron un cambio del orden establecido por el Imperio Romano, desembocando hacia la etapa de la Edad Media y el desarrollo consecuente del feudalismo. 

Con la caída del Imperio Romano, los bárbaros retendrían, arrebatarían, se expandirían y dominarían las provincias y grandes territorios de la falleciente Roma hasta su extinción total, pero a su vez adoptando del mismo el derecho romano y el cristianismo como religión oficial. Esta situación desencadenaría en convertir a los jefes bárbaros en la “autoridad local” de una comarca como “Señor” o “Rey”, cuyo poder estaría basados en las antiguas tradiciones germánicas, su influencia se incrementaría por medio de su liderazgo junto a su capacidad militar en la guerra y su mandato estaría fundamentado en el carácter sagrado de su religión Germánica y, posteriormente, con la aceptación del cristianismo como religión oficial. Al mismo tiempo el líder germánico retendría el poder junto a sus seguidores más notables quienes se convertirían en nobles o vasallos y el resto de los clanes germánicos, los ciudadanos romanos desplazados, los sobrevivientes y pobladores locales conquistados, resignados a vivir bajo el dominio del rey o caudillo germánico, se convertirían en los siervos o súbditos.

El territorio conquistado se convertiría en el baluarte económico donde el cultivo de la tierra sería el principal medio de subsistencia y la guerra y la defensa como un deber y un derecho forjando alianza o sumisión entre los hombres poderosos (los nobles), esto estaría justificado con la adopción de la última y perdurable huella del antiguo régimen romano que adquiriría una enorme preponderancia: El Cristianismo.

Esta unión resultaría en el nacimiento de una nueva era: La Edad Media.

LA EDAD MEDIA:

La Edad Media inicia con la Caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 d.C. y su finalización con la caída y conquista de la ciudad de Constantinopla por los turcos otomanos en el año 1453 d.C., año además de la invención de la imprenta, la publicación de la Biblia de Gutenberg y el fin de la Guerra de los cien años entre los reinos de Francia e Inglaterra. Alternativamente se ha establecido por múltiples historiadores que el fin de la Edad Media coincide con el descubrimiento de América por Cristóbal Colón en el año de 1492.

Generalmente la Edad Media está dividida en los siguientes períodos:

-Alta Edad Media: Del siglo V al X. Inicia con la caída del Imperio Romano por las migraciones de los pueblos germánicos y la crisis social de Roma, el establecimiento de los reinos germano romanos, las invasiones de los vikingos, magiares y musulmanes, el inicio de la Reconquista Española, el establecimiento del Sistema Feudal y el auge y caída del imperio Carolingio.

-Plena Edad Media: Del siglo XI al XIII. Caracterizado principalmente por la expansión del sistema Feudal, el inicio de Las Cruzadas y la continuidad de la Reconquista española. Surgen las Órdenes de Caballería junto a la elevación del poder de la Iglesia, el surgimiento de la burguesía, las Universidades y las reformas gregorianas.

-Baja Edad Media: Del siglo XIV al XV. Crisis del siglo XIV y Fin de la Edad Media.

Una variante común es dividir el período medieval en Alta Edad Media y Baja Edad Media.

-Alta Edad Media: Desde el siglo V al siglo X. Llamada también temprana Edad Media.

-Baja Edad Media: Desde el siglo XI al siglo XV.

Con la caída del Imperio Romano de Occidente surge un período de inestabilidad e inseguridad. Sin una autoridad definida con el colapso de Roma, aparece la influencia religiosa de la Iglesia como representante del poder divino del Dios cristiano: Jesucristo, así como la conquista de territorios de los diferentes pueblos germánicos y la consecuente formación de nuevos reinos que entrarían en guerras y conflictos entre sí, dando paso al aparecimiento del Sistema Feudal que responde a las necesidades de protección y liderazgo frente al colapso de la época.

El nuevo orden tendría una carácter político y religioso el cual sería denominado y conocido como: El Feudalismo. Entre los primeros pasos de la Edad Media en Occidente marcan el inicio del Imperio Carolingio, con la figura del Emperador Carlomagno, hasta su disgregación, que establecería un nuevo sistema de leyes influenciado en la religión cristiana, el orden germánico, el carácter guerrero y el advenimiento del origen del rey, las clases sociales, los caballeros medievales y los vasallos. Sin embargo, como contraparte al mundo cristiano y germánico occidental, el Imperio Romano de Oriente sobrevive en la figura del Imperio Bizantino y con el tiempo desataría una rivalidad política y religiosa con los reinos de occidente.

Principales características de la Edad Media:

1) La tierra como un medio económico: la cual se convierte en la principal fuente de riqueza y sustento; lo que originaría un nuevo orden económico donde un territorio determinado pertenece a un noble o señor y al rey, en ella los campesinos cultivaban la tierra y entregan parte de la cosecha obtenida al noble o al monarca, a cambio, estos últimos protegen al campesino frente a cualquier agresión de reinos rivales, enemigos y criminales; no obstante, los campesinos estarían ligados a la tierra en condición de siervos, en múltiples casos sin ser dueños de la misma o como simples arrendatarios, siempre bajo el mandato de la nobleza. Sin embargo en la Edad Media en algunos puntos de Europa existieron agricultores como dueños de sus propios terrenos, llamadas estas parcelas: alodios, no ligados a un noble.

La industria y el comercio serían mínimos en los primeros años del Medioevo, pero con el paso del tiempo se desarrollarían por medio del nacimiento de los burgueses y los mercaderes quienes terminarían por ejercer enorme influencia en la sociedad feudal.

El territorio dominado por el rey o un noble sería llamado Feudo. Su jefe inmediato recibe el título de Señor feudal. Los habitantes del feudo (agricultores, obreros, granjeros, herreros, carpinteros, etc.) serían llamados en términos generales como: siervos y villanos.

El rey tendría autoridad sobre los residentes del reino, dando paso a un estilo de vida de subordinación basado en servidumbre por medio del vasallaje, lo que significa: los habitantes de una región se someten a la voluntad del rey y le brindan obediencia y apoyo entregando parte de las cosechas de la tierra, impuestos, mano de obra y soporte militar para la guerra como medio de defensa, etc., recibiendo a cambio de las autoridades reales protección y seguridad; convirtiendo esta situación en una dispersión piramidal del poder, dejando atrás la estructura centralizada del Imperio Romano. La iglesia daría sostén a este sistema jerárquico con el fundamento espiritual dando paso al Feudalismo.

2) La guerra: los reyes y nobles o grandes señores debían ejercer protección del territorio por medio de la fuerza de las armas; lo que llevaría no solo a establecer un sistema de defensa sino posteriormente a trasladar la guerra a otros reinos para hacer prevalecer sus derechos y garantías y conquistar nuevas tierras para incorporarlas a sus dominios.

La guerra durante la época medieval permitió el desarrollo de la infantería, el uso de la espada y el escudo, del arco y la flecha y otro tipo de armas, además del surgimiento de la caballería cuyo dominio estuvo a cargo principalmente de la nobleza, permitiendo el nacimiento de las órdenes militares ecuestres como una fuerza guerrera fundamental de todo el ejército.

La guerra fue no solo una necesidad para reyes y nobles de esta época como un medio para alcanzar objetivos, sino una situación que desencadenaría conflictos por la defensa de Europa y el establecimiento y formación de los distintos reinos europeos, expansión de fronteras y batallas que cambiaron el curso de la historia. La guerra en esta etapa de la humanidad sería un sello distinto de la época medieval. A su vez estuvo respaldada por la Iglesia como medida definitiva tras la diplomacia, por lo que un sinónimo de la Edad Media es: la época de la Espada y la Cruz.

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Aunque en esta etapa existieron múltiples batallas por la defensa de Europa, también acontecieron batallas de guerra entre reinos, así como campañas de guerra hacia otros territorios, luchas campales entre la nobleza e incluso contra la Iglesia misma, no exenta de conflictos internos y guerras civiles.

Destacaron la figura de Carlomagno y el establecimiento del Imperio Carolingio junto a su coronación como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en el año 800 d.C. en Roma.

Durante la época medieval surgieron batallas decisivas por la defensa y supremacía de Europa que a su vez darían un giro en la historia de Occidente como: la Batalla de Poitiers de 732 d.C. donde Carlos Martel derrotaría a las fuerza musulmanas invasoras en territorio franco, la Batalla de Lechfeld entre los húngaros y el ejército del emperador germánico Otón I El Grande en 955 d.C. y la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212 d.C. donde las fuerzas combinadas de los reinos cristianos del norte de la península ibérica derrotarían a un fuerte contingente musulmán por el dominio de la región.

La época medieval tendría a su vez una serie de invasiones sobre Europa como los magiares y musulmanes, destacando los vikingos quienes desde el siglo IX provenientes de las regiones de Escandinavia incursionarían sobre los reinos cristianos por medio de asaltos en sus barcos o drakkars atacando puertos y remontando ríos, estableciendo colonias, tomando territorios y fusionándose con los pobladores; hecho notable en las islas británicas y la Normandía francesa.

La Edad Media destacaría por conflictos de larga duración como: la Guerra de los Cien Años del siglo XIV de 1337 al siglo XV en 1453 entre Inglaterra y Francia por la posesión de los territorios acumulados por Inglaterra desde 1154 en tierras francesas y su reclamación por el rey Enrique II Plantagenet, con las batallas de: Crécy de 1346 y Azincourt en 1415 como puntos álgidos; destacaría además la Reconquista Española donde los reinos ibéricos cristianos recuperarían lenta pero progresivamente territorios en toda la península ibérica al derrotar a los musulmanes asentados en la misma en un conflicto de aproximadamente ocho siglos de duración, finalizado con la toma de Granada en 1492 por los reyes católicos y las milicias españolas.

Por otro lado, la guerra medieval sería exportada hacia fuera de Europa durante las Cruzadas, campañas militares de caballeros, ejércitos, reyes y peregrinos hacia Jerusalén, cuyo objetivo sería la liberación de los considerados Santos Lugares donde Jesucristo habría predicado su doctrina, territorio conocido como: Tierra Santa (actual Israel, Líbano, Palestina), que estaba en manos de los musulmanes. Las cruzadas fueron ocho en total, siendo las más sobresaliente la Primera de 1096 a 1099 que conseguiría el objetivo de tomar Jerusalén y la Tercera desde 1187 a 1191 donde participarían Ricardo Corazón de León rey de Inglaterra, Felipe II de Francia y Federico I Hohenstaufen o Barbaroja rey del Sacro Imperio Romano Germánico.

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Figuras notables del período medieval entre reyes, nobles, caballeros y guerreros serían: Carlomagno, Carlos Martel, Sir William Marshall, Leonor de Aquitania, Ricardo Corazón de León, San Benito de Nurcia, Rodrigo Díaz de Vivar “El Cid Campeador”, Otón I El Grande, Rollo “El Caminante”, Alfonso X “El Sabio”, Federico I Hohenstaufen, Hugo de Payens, Godofredo de Bouillon, Juana de Arco, Don Pelayo, Harald Hardrada, Guillermo “El Conquistador”, Francisco de Asís, Alfredo El Grande, etc.

3) Teocentrismo: La religión cristiana influiría enormemente el ambiente medieval, al grado de establecer leyes y normas en la población y los monarcas. Esto trajo consigo una sociedad marcada por el ámbito religioso, dominando muchos aspectos de la vida de las personas por lo que la idea de Dios debía prevalecer en toda actividad y pensamiento humano.

La iglesia, representada por el clero, con la figura del Papa y los obispos, otorgaron un sentido de esperanza y Fe en la cultura y civilización medieval, alcanzando un alto prestigio, además de un poder que inevitablemente rivalizaría con las pretensiones y objetivos de nobles y reyes a lo largo del Medioevo.

Por otro lado, reyes y nobles utilizarían el poder religioso en su favor para justificar sus acciones, especialmente de carácter bélico e influenciando el pensamiento de los individuos. Un factor fundamental es que el cristianismo reforzó la identidad cultural de Occidente. Pese a ello, la iglesia establecía un orden estricto en el campo religioso, por lo que no aceptaba un desvío del dogma y distintas ideas de pensamiento en contradicción con la Fe. Esto condujo a rechazar todo aquello que la iglesia consideraba nocivo o dañino a la Fe cristiana de la época.

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Las invasiones bárbaras habían desencadenado un desorden sobre Europa causando el fin del Imperio Romano de Occidente y en medio de las contiendas germánicas y el nacimiento de los primeros reinos, pervivió como recuerdo de Roma las iglesias y monasterios donde los monjes y sacerdotes cristianos estaban dedicados no solo a la oración sino al estudio, la educación y al trabajo.

Monjes y frailes estuvieron consagrados a ser educadores y sabios salvando la cultura del legado romano junto al concepto de la dignidad humana y la protección de los débiles por medio del dogma de Jesucristo.

La obra de la iglesia cristiana fue la de predicar el evangelio de Cristo a los pueblos bárbaros arraigados al paganismo o arrianismo, además de fijar una vía organizadora, educadora y civilizadora conservando el recuerdo de la cultura antigua.

Destacó en la Edad Media la orden de los monjes benedictinos fundada por San Benito de Nurcia en el año 529 d.C. en el convento Montecasino de Italia. Los monjes benedictinos cristianizaron a galos, francos, sajones y los pueblos del centro de Europa cuya función en sus conventos estaría dedicada a la espiritualidad cristiana alternándola con el estudio, la copia de libros y el trabajo.

Es digno de mención el florecimiento cultural de las Islas Británicas y en especial en Irlanda con la figura de San Patricio en el 442 cristianizando a sus habitantes y fundando monasterios cuyos monjes estudiosos y trabajadores cristianizaron posteriormente Inglaterra, Escocia y Escandinavia, sin olvidar la labor de San Columbano y San Galo quienes también fundaron monasterios.

En la península ibérica sobresalió la figura erudita de San Isidoro dentro de la actividad intelectual de Sevilla quien publicó diversas obras de astronomía, geografía e historia, impulsando además la asimilación de los visigodos.

4) Burgos, catedrales, monasterios y castillos:

Burgos o ciudades:

Como característica de la Edad Media una buena parte de la población europea residía en villas de mayor o menor tamaño ubicadas en áreas rurales, en campiñas, puertos frente al mar o un costado de los ríos. Estaban dominadas por un señor feudal, un clérigo o ambos. En otros casos existían villas por lo común con un líder local o ligadas a un señor, a miembros del clero e inclusive de forma independiente.

Sin embargo, existieron pueblos que tornaron en ciudades debido a que fueron creciendo en habitantes, adoptando castillos, catedrales, murallas y ampliándose con el paso del tiempo.  Es difícil precisar cuando surgieron realmente. Muchas de estas habían tenido su fundación desde los tiempos del imperio romano y otras dada su posición estratégica (golfos, bahías frente al océano, etc.) se convirtieron en importantes centros comerciales, religiosos o de defensa. Por lo general las ciudades medievales son clasificadas en términos prácticos y generales como: ciudades condales, episcopales y comerciales. Las primeras están regidas por la nobleza con un castillo como sede central, las segundas están regidas por el clero o porque cuentan únicamente con una catedral, abadía o una iglesia como su eje central, las últimas como centros de florecimiento comercial y por lo general estaban frente al mar o en las riberas de los ríos.

En una clasificación más precisa de las ciudades medievales es por su arquitectura y función:

a) Burgos: ciudades militares y de carácter urbano. Contaban con un castillo como elemento central y un área urbana rodeados por una muralla. Estaban orientadas a la defensa de un castillo y su población interna.

b) Bastidas: Ciudades amuralladas (con un castillo, una iglesia o ambos como parte central) rodeadas de múltiples terrenos de cultivo. El objetivo era la defensa y a la vez contar con centros de explotación agrícola inmediatos. Fueron muy comunes en el sur de Francia.

c) Ciudades de crecimiento: ciudades formadas por la unión y crecimiento de pueblos cercanos entre sí.  

d) Románicas: poblaciones amuralladas fundadas sobre antiguos emplazamientos, ruinas o antiguas ciudades de origen romano.

e) Ciudades de nueva planta: ciudades cuya construcción estaba planificada. Comúnmente eran de carácter comercial.

Pese a esta clasificación, muchas ciudades compartían ciertos elementos y variantes comunes entre sí. Los burgos por ejemplo, eran ciudadelas cuyo objetivo era la defensa y la actividad militar y administrativa de un noble; pero podían también tornarse a ser de carácter comercial y albergar una población considerable.

Las ciudades medievales estaban rodeadas por murallas para su defensa con una o varias puertas de acceso, las cuales eran cerradas por la noche. Una ciudad medieval podía contar en su interior con un castillo, una catedral o iglesia y una plaza; esta última servía para celebrar juicios públicos, ajusticiamientos de condenados (hogueras, decapitación, ahorcamiento, escarmiento público, etc.) y desarrollar festivales locales, así como para establecer un mercado, el cual era indispensable para las actividades económicas de la población urbana como de la rural; ya que los siervos y comerciantes podían vender en este los excedentes de sus cosechas u ofrecer diferentes productos (vestimenta, herramientas, carnes, joyas, etc.) y ser un espacio para el negocio de artículos procedentes de regiones lejanas.

Otras ciudades podían contar en su interior con conventos, hospederías para peregrinos, hospitales, dependencias, molinos, etc. Las ciudades cercanas al mar o las porturarias fueron importantes debido a su condición de centros mercantes marítimos y lugares para el envío y desembarco de tropas.

Las calles dentro de las urbes podían estar asfaltadas con guijarros o adoquines; sin embargo, la mayoría de las calles de las ciudades medievales carecía de pavimento, por lo que estaban embarradas. Las calles no tenían orden y la disposición de las viviendas solía estar desorganizada, lo que ocasionaba que muchas vías y caminos de acceso en la ciudad fuesen estrechos y de recorrido irregular. Numerosas ciudades no contaban con sistemas de alcantarillado, a excepción de las de origen romano, por lo que las medidas higiénicas eran inadecuadas, entre el hacinamiento de la población, la humedad, despojos de comida y los desechos humanos (orina, heces) vertidos en la calle haciendo el ambiente insalubre y ocasionando malos olores; esto aunado a la dificultad de acceso a múltiples fuentes de agua que en ocasiones debía ser transportada desde las afueras de la ciudad en toneles; no obstante, muchas ciudades contaban con escazas fuentes o pozos de agua en su interior, el cual suplía del líquido a todos los moradores; algo importante para resistir un asedio.

Estas condiciones ocasionaban un entorno perjudicial para la salud entre plagas de roedores y alimañas como ratas, moscas y cucarachas. El hacinamiento, especialmente en las ciudades de rápido crecimiento, provocaba el desarrollo de enfermedades entre las respiratorias (resfriados, faringitis, enfermedades pulmonares obstructivas como bronquitis, etc.) y gastrointestinales (diarreas, parasitismo intestinal, infecciones bacterianas, etc.) además de permitir la exposición, propagación e incremento de enfermedades infectocontagiosas como: disentería, neumonías, sarampión, paperas, rubéola, viruela, peste negra (acaecida en el siglo XIV y debatida aún entre un brote masivo virulento de ántrax o de peste bubónica por la mordedura de pulgas contaminadas con Yersenia Pestis y viajando como vectores en el pelo de las ratas) y enfermedades ectoparasitarias (piojos, ácaros, garrapatas, etc.) como el tifus entre otras. Las casas estaban hechas de madera, por lo común solían estar adosadas entres sí, eran angostas y contaban con dos o tres pisos con el objetivo de ganar espacio. Los primeros pisos estaban reservados para almacenes, bodegas, tiendas e inclusive como graneros y establos, mientras que el segundo nivel estaba reservado para el dormitorio de los moradores. Estas condiciones eran peligrosas en caso de una débil construcción de la vivienda o en los incendios los cuáles podían expandirse con facilidad.

Las primeras ciudades medievales comenzaron a ser independientes desde el siglo X, especialmente las mercantiles. Destacaron en la Edad Media: Venecia, Génova, Pisa y Florencia como potencias comerciales. También: Palermo, Nápoles, Gante, Santiago de Compostela, León, Burgos, Milán, Londres, York, París, Brujas, Barcelona, Colonia y la ciudad del Languedoc.

El florecimiento de las ciudades medievales ocurrió entre los siglos XI y XIII permitiendo un crecimiento demográfico, la creación de distintos oficios y la formación de gremios o asociaciones de trabajadores. Generalmente las ciudades no sobrepasaban los 10,000 habitantes, con un promedio estimado hacia los 5,000 moradores entre hombres, mujeres, niños y ancianos; aunque las urbes más reconocidas podían tener hasta un aproximado de 50,000 pobladores acumulados por el paso del tiempo (décadas o siglos), el exceso de población y las migraciones. Casos excepcionales fueron Paris o Milán que pudieron albergar entre 100,000 y 200,000 habitantes.

Iglesias y Catedrales:

La religión cristiana fue predominante en la cultura y pensamiento religioso durante la Edad Media en el continente europeo, por lo que su influencia resultaría determinante en diversos aspectos de la sociedad. La presencia del cristianismo estuvo marcada a nivel europeo por la cede papal en Roma y los centros de peregrinaje (Canterbury, Camino de Santiago, etc.) y además por la presencia de sacerdotes y las iglesias; estos últimos cuya distribución era fundamental en la gran mayoría de villas y ciudades como centro local de la espiritualidad cristiana.

Muchas iglesias fueron lugares de peregrinación, especialmente por milagros atribuidos en el orden del dogma cristiano o por albergar reliquias relacionadas con la divinidad. La máxima manifestación del centro de culto cristiano fueron las iglesias, los monasterios y las catedrales, no solo como construcciones espirituales de gran esplendor sino por manifestar el arte arquitectónico a través de la ciencia de la ingeniería medieval. Las primeras iglesias entre los siglos VIII y X estuvieron inspiradas en el arte bizantino. Posteriormente surge la construcción de las catedrales con la manifestación del arte románico durante el siglo XI, como ejemplo: la Catedral de Spira en Alemania, Santiago y San Isidoro de León en España y la catedral de San Trófino de Arlés y San Pedro de Angulema en Francia.

Entre el siglo XI y XII surge el arte gótico en distintas iglesias y catedrales con un punto álgido entre los siglos XIII y XV convirtiéndose en un modelo característico del Medioevo. Catedrales ejemplares en este arte: Nuestra Señora de París, Chartres y Reims en Francia; la catedral de Gloucester y la abadía de Westminster en Inglaterra; las catedrales de León, Burgos y Toledo en España; la catedral de Milán en Italia; la catedral de Viena en Austria; las catedrales de Colonia y Estrasburgo en Alemania. 

Monasterios:

Fueron centros religiosos habitados por monjes o monjas dedicados a una vida de contemplación y espiritualidad cristiana (rezos, homilías, penitencias, etc.) en consecución del dogma cristiano. El monje tenía la misión de vivir enclaustrado en un centro privándose de una vida común y dedicando su vida al servicio de Dios.

Comúnmente existían dos tipos de monasterios exclusivos para grupos de monjes y las órdenes religiosas: los prioratos, dirigidos por el prior, siendo monasterios de menor rango; los otros eran las abadías, dirigidas por un abad.

Los monasterios tenían carácter autónomo; ya que debían contar con todo lo necesario para la propia manutención de los monjes; por lo que recibían donaciones de la Iglesia, la nobleza o el campesinado en dinero, en productos básicos y alimentos que eran almacenados en bodegas.

Muchos monasterios no solo fueron lugares de recogimiento espiritual si no que tuvieron otras funciones. En estos los monjes trabajaban la agricultura, la carpintería, la farmacopea, industria vinícola entre otras. Una actividad destacada fue el custodio, cuidado y almacenamiento de pergaminos y libros por medio de bibliotecas. Esto último hizo de los monasterios lugares de educación y enseñanza donde destacó el scriptorium o lugar del monasterio dedicado a la escritura y copia de manuscritos medievales. Muchos de los monjes en ciertos monasterios dedicados a formar y contener bibliotecas en su interiror eran escribas y copistas, por lo que su labor era copiar manuscritos y libros antiguos provenientes de diversas lenguas (hebreo, griego, arameo, etc.) al latín o lengua oficial de la iglesia en pergaminos y condensarlos en la formación de nuevos libros; de esta forma era preservado el saber de la época.

Las primeras bibliotecas dentro de monasterios y los scriptoriums datan del siglo VI. Destacaron en la copia y preservación de libros los monjes benedictinos, los cartujos y los cistirciences. Los principales libros y manuscritos a copiar eran de carácter religioso; no obstante, algunas bibliotecas en los monasterios resguardaban libros y manuscritos antiguos relacionados con ciencias y religiones del pasado consideradas paganas o heréticas para su época.

Muchas de las obras antiguas provenientes del Imperio Romano y del mundo griego fueron preservadas en diversos monasterios transcritas a libros por espacios de siglos gracias a los monasterios medievales; sin embargo, muchos de estos manuscritos versaban en ciencias, filosofía y temas considerados como profanos para su época por la Iglesia, por lo que su copia era muy reservada y limitada, especialmente por su procedencia de fuentes no cristianas. No se descarta que tales obras fuesen compartidas entre monasterios de diversas latitudes de Europa u olvidadas y extraviadas durante el transcurso de la Edad Media, así como destruídas por la misma Iglesia al ser consideradas contrarias a la Fe o por causas de incendios y guerras.

Destacó Aurelio Casiodoro (485-580) político y escritor latino cristiano convertido a monje quien fundó el monasterio de Vivarium (Italia), donde no solo instruyó en las reglas de una vida monástica sino que impulsó la copia y transcripción de libros versados en la fe cristiana además de incorporar los textos clásicos de la antigua Roma y Grecia como parte de la instrucción del saber de su tiempo.

Castillos:

El término castillo proviene del vocablo latín: Castellum. Los castillos fueron posiblemente el símbolo más emblemático del período medieval.

Estos surgieron como imitación y evolución del castrum romano, los cuáles eran campamentos de las legiones romanas que durante la época del Imperio Romano se transformaron en fortificaciones cuadradas o rectangulares con estructuras intrínsecas cuyos propósitos eran defensivos, albergando a una buena parte de efectivos militares y sus pertrechos.

Por lo general el castillo es definido como: una fortaleza amurallada con diversas edificaciones en su interior.

Las funciones de los castillos medievales fueron variadas a lo largo del período medieval, no obstante, en general servían como: un lugar de vivienda para los miembros de la nobleza y sus sirvientes más cercanos, un centro militar de carácter ofensivo y defensivo resguardando efectivos militares (caballería, infantería, etc.) para mantener el control de la región, como un arsenal y almacén de insumos, equipo y suministros de guerra y como el centro administrativo de un feudo, ya que en estos solían celebrarse reuniones, juicios y audiencias del rey o el señor dominante.

Entre otras funciones los castillos podían servir como centros espirituales si su interior permitía contar con una iglesia o capilla reservada para la nobleza, clérigos y el resto de sus ocupantes. Podían servir como un lugar de refugio para los diversos pobladores de la zona en caso de invasiones y asedios, especialmente si contaban con fuentes de agua interna. Podían ser centros sociales reservados para los miembros de la nobleza donde eran celebradas festividades, bodas, coronaciones, juramentos de vasallaje y eventos especiales. Situados en una frontera podían servir como custodios de la misma y al mismo tiempo como punto de partida de una invasión en territorio enemigo. Localizados en ciertas regiones resguardaban las rutas de viaje y suministros.

La función estratégica de los castillos radicaba en ser un centro de poder militar en el envío de tropas para combatir a un enemigo además de mantenerlas a resguardo, contando también con su equipamiento, preparación y entrenamiento.

El castillo por lo tanto era un símbolo de prestigio y señal de autoridad y dominio de un señor feudal en un territorio; ya que través del mismo el noble que lo gobernaba podía imponer su voluntad como vigilante y defensor de la comarca en el campo de las armas. No resulta extraño que en algunas ocasiones los castillos estuvieran rodeados en su cercanía de las viviendas de los pobladores de la región buscando así una mejor protección.

Durante los primeros siglos de la Edad Media los castillos eran simples torreones de madera rodeados por empalizadas o fosos denominados como mota feudal, remontándose en sus orígenes al siglo IX y X d.C. Con el tiempo fueron convirtiéndose en torres rodeadas por murallas y posteriormente a fortalezas con numerosas dependencias por lo que fueron reconocidos como fuertes fortificados con un mayor carácter defensivo.

Generalmente estaban construidos sobre posiciones estratégicas fácilmente defendibles como en lo alto de colinas. Algunos castillos estaban rodeados de fosos, otros por empalizadas.

Comúnmente constaban de Barbacana o puerta de acceso altamente reforzada con un puente levadizo y con un rastrillo o puerta de enrejado ambos elevados por medio de un torno. Los castillos solían tener un patio para el desarrollo de actividades de adiestramiento conocido como Patio de Armas. Alrededor de este también estaban ubicados los talleres, almacenes, herrerías, corrales, caballerizas y cocinas.

Los castillos tenían torres en sus murallas que servían para divisar al enemigo y como medio de defensa. Las murallas solían contener el adarve, o camino de ronda, que era un corredor estrecho en la cima de la muralla y ubicado en su parte interna; estructuras de forma rectangular sobre las murallas que servían de protección llamadas almenas; al interior del castillo se ubicaba una torre mayor fortificada donde estaban los aposentos del señor feudal llamada Torre del Homenaje.

Los castillos fueron la representación del poder de un señor feudal en un territorio y su sola presencia era un efecto disuasorio para sus enemigos. Si un ejército enemigo deseaba conquistar una región debía obtener ventaja tomando por asalto el castillo del señor de la comarca, de lo contrario sufriría por parte del castillo el ataque de un ejército defensor resguardado y emboscadas. En la práctica los castillos eran difíciles de conquistar por un ejército invasor, y aunque existieron casos de toma de castillos por contingentes adversarios, para lograr la conquista de la fortaleza era obligatorio el uso de máquinas de asedio (catapultas, arietes, trabucos, escaleras, fuego, zapadores, etc.) con un alto costo de vidas humanas al intentar traspasar las murallas en sangrientas luchas con los sitiados quienes a su vez hacían uso de armas y tácticas de guerra. Esta condición obligaba a utilizar la estrategia de asedios prolongados. Este último caso era común, no sin mucho esfuerzo, e implicaba ataques esporádicos rodeando y cercando el castillo con un contingente numeroso por tiempo indefinido (un período que podía durar hasta varios años) cuyo objetivo era evitar la salida y entrada de suministros (agua, alimentos, armas, etc.) provocando la inanición y desesperación de los sitiados y su posterior rendición.

Los asedios a castillos no eran norma común y solían suceder en situaciones de guerras civiles, campañas de guerra, cruzadas, invasiones a un territorio a gran escala, en los casos de la cercanía a poblaciones o fortalezas enemigas y en los castillos ubicados en una frontera.

La defensa de un castillo dependía mucho de la estrategia de sus ocupantes, su habilidad en una lucha campal, los suministros, implementos de guerra al interior, agua y provisiones, la conformación y arquitectura del castillo, además de su localización. Castillos en llanos estaban obligados a tener altos muros y estar cercados por fozos o empalizadas. Castillos en ciudades contaban con murallas de defensa alrededor de la urbe. Castillos en colinas y montañas tenían la ventaja de contar con los accidentes geográficos en su entorno (rocas, bosques, despeñaderos, etc.).

5) Ciencia, Filosofía y Universidades: Los primeros esfuerzos de preservar el conocimiento estuvieron en los monasterios hasta el surgimiento de las primeras universidades de Europa. La iglesia fue el principal baluarte del conocimiento donde diversas disciplinas científicas fueron almacenadas en libros y manuscritos que a su vez eran copiados en los scriptoriums.

Aún así, el conocimiento estuvo muy limitado para la mayor parte de la población. La pobreza de los siervos y vasallos no permitía el acceso a la educación, la cual estaba reservada para la nobleza, los reyes y, principalmente, para la mayor parte del clero. No obstante, algunos nobles destacaban por no saber leer ni escribir o carecer de algunos conocimientos de la ciencia de la época; ya que su principal prioridad radicaba en aprender y ejercer el arte de las armas durante buena parte de su vida.

Durante la Edad Media la ciencia y la filosofía estuvieron preservadas por Roma y Bizancio, mientras que los pueblos germánicos encargados de asimilarlas, cuya evolución a lo largo del Medioevo, estuvo marcada por cuatro etapas: la patrística, las enciclopédica, la didáctica y la escolástica.

La Primera etapa o Patrística estuvo dominada por la filosofía proveniente de la Iglesia Católica y representada por las ideas de San Jerónimo y San Agustín durante la época de las invasiones germánicas sobre el Imperio Romano.

La Segunda etapa o Enciclopédica, aparecen las obras enciclopédicas de carácter científico y filosófico de: Marciano Capella, San Isidoro de Sevilla, Casiodoro y de Boecio desde el siglo V al siglo VII.

La etapa Didáctica ocurre bajo la obra de Carlomagno, durante el siglo VIII al siglo XI, donde es asimilada por la iglesia la enseñanza a los pueblos germánicos.

La última etapa o Escolástica: establece el fundamento de la filosofía donde la Fe está de acuerdo con la razón, como una disciplina teológica que buscaba comprender la revelación divina, representado por el arzobispo Anselmo de Canterbury, así como Roger Bacon, Raimundo Lulio, Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino y Duns Escoto quienes también promueven un estudio de las leyes naturales. Este período inicia en el siglo XII hasta el siglo XV.

La iglesia concibe en esta etapa la enseñanza general por medio de escuelas parroquiales y la catequesis que habían sido impulsadas siglos atrás por Carlomagno, Otón El Grande y Alfredo El Grande. También surgen las escuelas monásticas y escuelas especializadas conocidas como escuelas catedralicias. Estas enseñarían el trivium o conjunto de materias que abarcarían: la Gramática, la Retórica y Dialéctica; además de el quadrivium o conjunto de materias de: Aritmética, Geometría, Astronomía y Música. El grupo de materias sería conocido como: las 7 artes liberales o trivium et quadrivium.

Cuando la burguesía estuvo plenamente desarrollada necesitó de una educación superior y especializada, por lo que formaron escuelas municipales o burguesas debido al impulso intelectual de las últimas etapas de la Edad Media o “Las Universidades”.

Las Universidades famosas de la Edad Media fueron: París, Nápoles, Cambridge, Valladolid, Colonia, Sevilla, Lisboa, Heidelberg, Bolonia, Oxford, Salamanca y Viena.

6) Comercio: Durante los primeros siglos de la Edad Media el comercio en Europa estuvo basado por una parte en el trueque de mercancías y una economía rural local. Este movimiento ocurría entre reinos vecinos y con mayor énfasis entre ciudades y regiones aledañas.

El movimiento mercantil tuvo mayor presencia en los puertos de regiones costeras, especialmente en el mar Mediterráneo, dominado en un principio por Bizancio y los musulmanes.

Las primeras ciudades italianas adquirieron relevancia en el comercio marítimo y hacia el resto de Europa.

A partir del siglo XI surgieron nuevas rutas comerciales tanto marítimas como terrestres conectando las ciudades italianas con otras urbes que enriquecieron rápidamente, especialmente en el Rin, la zona del Báltico, la península ibérica y Francia. Ciudades como Marsella y Barcelona destacaron junto a Venecia y Pisa.

La época de las Cruzadas permitió la apertura de rutas comerciales, el surgimiento de grandes compañías mercantiles italianas, además de incorporar a Europa, producto del intercambio con oriente, nuevas materias primas.

Las Clases sociales durante la Edad Media.

Durante la Edad Media surgieron tres tipos de clases sociales o jerarquías: la Nobleza, El Clero y los villanos y siervos. La nobleza, el clero y los villanos eran conocidos como los hombres libres ya que no tenían limitantes en cuanto a la pertenencia obligatoria de una porción de tierra.

a) La Nobleza:

La nobleza estuvo conformada en general por dos estratos fundamentales: Alta Nobleza y Baja Nobleza.

-Alta Nobleza: conformada exclusivamente por los reyes y reinas, así como los nobles y sus esposas. Estos últimos eran considerados “señores feudales”, encargados por el rey de vigilar, trabajar y salvaguardar un territorio concedido por el mismo, además de proteger a los habitantes del lugar, ejercer justicia, respetar los mandamientos de la iglesia y apoyar al rey en la guerra aportando armas, caballeros, infantería (soldados), provisiones y pertrechos.

-Baja Nobleza: conformada por los barones, los caballeros, hidalgos e infanzones.

Los barones eran nobles armados al servicio de un señor feudal, administrando un territorio dentro del feudo en colaboración como subordinados de los miembros de la alta nobleza. Los barones en general fueron ayudados a su vez por otros nobles como sus subordinados, los cuáles eran: los Duques, Condes y Marqueses. Su contraparte femenina, como sus esposas, eran: las baronesas, duquesas, condesas y marquesas, las cuáles podían y debían dirigir la administración de las tierras en caso que sus esposos estuvieran ausentes por causa de campañas de guerra.

Los duques estaban a cargo de un ducado. Los condes, a cargo del condado. Ambos eran títulos nobiliarios otorgados por el rey o el señor feudal como recompensa o una misión: el ducado era exclusivo para miembros de la alta nobleza, el condado para miembros de la baja nobleza.

Los marqueses eran los encargados de la vigilancia inmediata de las fronteras de un reino, conocidas como “marcas”, dominando y administrando así un territorio o feudo. Condes, duques y marqueses contaban también con un grupo de caballeros y soldados a su servicio.

Pese a esta definición, los títulos nobiliarios podían cambiar en cuanto a su geografía, el reino, la disposición del rey y la nobleza, estatus social, etc., sin perder su principal misión: el carácter militar de defensa, el dominio territorial y el apoyo al señor feudal y al rey con caballeros, infantería y tropas auxiliares. Posteriormente surgieron otros títulos como el vizconde o el archiduque.

Los caballeros eran jinetes que defendían al rey, a un señor feudal o a un barón, conde, duque o marqués, a quien prestaban juramento de fidelidad y cuyo papel resultaría fundamental en la defensa de los reinos. Por lo general los caballeros eran los príncipes, hijos y parientes de los miembros de la alta nobleza como también de la baja nobleza.

Por último, estaban los hidalgos e infanzones: los primeros eran caballeros medievales de escasos o nulos recursos (tierras, dinero, bienes, propiedades, etc.) así como advenedizos que habían escalado posición como guerreros; los segundos eran los descendientes de un rey, un noble o de los hijos de estos, que no le sucedían al monarca en el trono o no eran herederos directos de un noble, tanto de forma legítima (hijos reconocidos, segundo o tercer hijo, hijos de una segunda o tercera esposa, etc.) como de forma ilegítima (hijos nacidos de una concubina); pero que habían sido beneficiados con una educación y adiestramiento en el ejercicio de las armas.

En la práctica hidalgos e infanzones eran poco diferenciados y tomados como sinónimos; ya que marchaban a la guerra al servicio del rey o un señor feudal en calidad de caballeros o ponían su espada al servicio de un duque o un conde e inclusive podían convertirse en mercenarios.

Muy importante es determinar: aunque el rey ejercía un papel de dominio sobre los nobles, y estos sobre los barones, duques, condes, marqueses y caballeros, en la práctica muchos señores feudales exigían garantías a los reyes, de tal forma que estos se veían obligados a conceder tierras y recompensas para evitar descontentos o sublevaciones. Existieron casos donde los señores feudales llegaron a ser igual o más poderosos que el mismo rey ya fuera por medio de las armas o por ejercer una mejor administración de su territorio.

b) El Clero:

A esta clase pertenecían los miembros eclesiásticos que practicaban un servicio religioso dentro de la Iglesia Católica Romana durante la Edad Media. La cabeza era el Papa, seguido por los cardenales, arzobispos, obispos, abades, sacerdotes, monjes y monjas, etc., dirigiendo una abadía, iglesia o recluidos en monasterios dedicados a las actividades religiosas frente a la población. Su principal misión era ejercer el dogma cristiano (bautismo, casamiento, brindar misa, etc.), ser guías espirituales de los individuos, convertirse en intermediarios entre Jesucristo, Dios, la iglesia y los hombres para permitir la salvación de las almas a través de la doctrina de Jesucristo, mediadores de la nobleza y sus conflictos y garantizar la preponderancia del dogma cristiano.

Su división estaba entre: el Alto y el Bajo clero. En general al alto clero pertenecían: el Papa (quien presidía sobre el alto y bajo clero en general), los cardenales, obispos, abades y abadesas (mujeres que dirigían monasterios femeninos u órdenes de monjas). El bajo clero estaba conformado por sacerdotes, monjes, monjas.

Una división alternativa era del clero secular y regular. El primero estaba conformado por el Papa, los obispos, cardenales y sacerdotes quienes tenían asignado dirigir una parroquia, catedral o ermita brindando y ejerciendo los ritos religiosos. El clero regular estaba conformado por los religiosos recluidos en los monasterios: los monjes y monjas; además de los abades y abadesas, estos últimos encargados de dirigir tales monasterios, dedicados por lo general a una vida de rezo y privaciones en consecución del dogma cristiano.

Aunque durante la Edad Media, el clero tuvo el papel de enseñar, predicar y vigilar la actividad religiosa y misionera del dogma cristiano, en ciertas ocasiones miembros del clero, como obispos y sacerdotes, desempeñaron poderes administrativos de un feudo, llegando a rivalizar con miembros de la alta nobleza.

Algunos Papas a lo largo de la historia medieval, así como algunos obispos y cardenales, contaron con ejércitos particulares, el dominio de una ciudad y dueños de las tierras y rentas de un feudo en concreto. Muchos miembros del alto clero o clero secular eran miembros o parientes de la Alta Nobleza.

El clero en general representó en el Medioevo, desde el punto de vista religioso del cristianismo de la sociedad de la época, el poder de Dios sobre la tierra cuya máxima autoridad era el Papa en Roma. Esta situación ocasionaría roces o diferencias con los reyes y emperadores; ya que uno de los principales aspectos del poder religioso de la iglesia frente a la sociedad era que el dogma de la Iglesia no podía ser discutido o refutado. Tal situación podía conducir a los nobles y siervos al castigo, a la amonestación o a la excomunión si la Iglesia Católica o el Papa lo autorizaba.

c) Siervos y villanos:

Los habitantes de un territorio feudal eran conocidos como: “Siervos”, quienes trabajaban la tierra en una función agrícola o podían ofrecer sus servicios para obtener su sustento y entregar una parte del mismo (dinero o impuestos; cosechas) al señor feudal (rey, noble, barón, etc.). A su vez debían obediencia a su señor inmediato, fidelidad y estar dispuestos a ser reclutados para ir a la guerra en calidad de “tropas de choque” o primera línea de defensa incorporados a la infantería; esta última situación dependía en algunas ocasiones del período de la Edad Media, las circunstancias, la región, la disposición o necesidad del noble o las leyes del reino.

A cambio de sus servicios obligatorios, el señor feudal otorgaba protección a los siervos de amenazas bélicas externas y de criminalidad, además de administrar justicia en general y la protección de la Iglesia.

Los campesinos o siervos trabajaban sus propias tierras si acaso eran dueños o alquilaban la misma y también trabajaban la tierra de su señor; en algunos casos estaban obligados a pagar impuestos.

Con el paso del tiempo, los siervos fueron diferenciándose en campesinos y los hombres libres que habitaron ciudades o pueblos. Los campesinos trabajaban la tierra y estaban ligados a ella obedeciendo al señor feudal y considerándose como parte de la propiedad o feudo. Si un señor feudal concedía la tierra a otro señor feudal, los habitantes o campesinos en la misma pasaban a ser parte del nuevo señor; por lo tanto, su situación era condicionada a estar ligados a la tierra; por lo que podían ser vendidos, donados o liberados por un noble. Los siervos por lo tanto no eran hombres libres.

El conjunto de siervos atados a la tierra que cultivaban para un rey o señor feudal era conocido como: Gleba. Esta situación generaría en algunos períodos durante la Edad Media condiciones de vida en los siervos tan precarias que rayaban la esclavitud, debido a las condiciones deplorables del trabajo agrícola además el trato recibido por el señor feudal quien podía cometer abusos de autoridad o poder, aunado a periodos de carestía, hambrunas, epidemias, variaciones climáticas adversas, altos impuestos, etc. Este estado de vida ocasionó deserciones en los siervos de la tierra, las cuáles eran habituales, buscando refugio en otros feudos al amparo de otro señor, huyendo hacia otras regiones y reinos o convirtiéndose en forajidos.

Los villanos eran por lo general hombres que no trabajaban la tierra, es decir, eran hombres libres de una población o reino que ejercían diferentes actividades u oficios como carpinteros, canteros, albañiles, pescadores, leñadores, físicos (médicos), herreros, molineros, sastres, panaderos, etc. Sin embargo, excepcionalmente también existieron campesinos libres que tenían sus propias tierras y solo debían una parte de sus cosechas al señor feudal como impuesto.

La mayoría de los hombres libres del grueso de la población habitaban principalmente las villas y las ciudades (burgos) y los alrededores de estas, siendo llamados villanos y burgueses respectivamente. Estos últimos, al habitar las ciudades con un crecimiento poblacional y desarrollo incrementado con el paso del tiempo, estarían encargados de ofrecer sus servicios a los nobles, al clero o a otros habitantes de las villas y ciudades por una paga o salario, y posteriormente, a dedicarse a otras actividades como el comercio, dando origen a una nueva clase social formada por artesanos y mercaderes independientes de la nobleza, que se transformarían en los “burgueses”, o la clase alta propiamente dicha, que hacia el final de la Edad Media desplazarían a los señores feudales.

Los burgueses serían muy importantes ya que no estaban sometidos al vasallaje, en cambio pagaban impuestos al rey o un señor feudal lo cual era indispensable para sufragar gastos de guerra; a cambio obtuvieron de los reyes ciertos privilegios como mayores libertades y capacidades de organización permitiendo liberarse y superar a los mismos señores feudales con el tiempo. A pesar de ostentar la condición de “hombres libres” no ligados a la tierra y libres del vasallaje, estos debían obediencia al rey y a los nobles, así como respeto a los caballeros y el clero.

Muchos villanos o burgueses no mercaderes podían formar parte de la milicia del rey o de un noble para buscar trabajo o fortuna. En otras circunstancias ser reclutados por la fuerza para la defensa de una ciudad. Esto último era conocido como: Leva, hecho acontecido en buena parte de la Edad Media. La Leva consistía en el reclutamiento de gente para el servicio militar, o una serie de trabajos obligatorios para el señor feudal, entre hombres libres, siervos y en especial entre malhechores, forajidos y vagabundos para nutrir las filas del ejército, situación ocurrida principalmente en tiempos de guerra o campañas bélicas. Esto permitía a muchos convertirse en soldados y conformar la infantería de los ejércitos feudales. La infantería durante la Edad Media llegaría a especializarse evolucionando en arqueros, lanceros, piqueros y posteriormente en arcabuceros, acabando por desplazar a la caballería.

Otras condiciones sociales consideradas como parte de los “hombres libres” del Medioevo fueron los juglares, trovadores, saltimbanquis y bufones que ofrecían sus servicios de entretenimiento en fiestas, carnavales, espectáculos públicos, festejos en castillos para reyes y nobles, así como en justas y torneos medievales. Estos tendrían un papel importante en la sociedad medieval ya que serían los responsables de divulgar oralmente y en fragmentos, por medio del canto y la música, los cantares de gesta, los cuáles eran leyendas y narraciones escritas que exaltaban a héroes contemporáneos (caballeros y reyes principalmente), paladines de la antiguedad (antigua Grecia y Roma) y adalides de leyenda como: El rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, Sigfrido (Siegfried) y El Cantar de Los Nibelungos, El Poema de Mio Cid (hazañas de Rodrigo Díaz de Vivir “El Cid Campeador”), Beowulf y el Cantar de Roldán entre algunos.

La división de clase sociales medievales radicaba en las funciones que cada estrato practicaba según una función: la nobleza peleaba, los sacerdotes oraban, los siervos trabajaban la tierra. La existencia de las clases sociales tenía además una base ideológica y religiosa que explicaba dicha división como un orden establecido por Dios y no podía ser modificado por lo que cada función según estrato social era una designación de origen divino.

Aunque por lo común se ha expuesto que la pertenencia a un grupo de la escala social medieval era estricta sin la oportunidad de poder escalar socialmente, lo cierto es que en algunas ocasiones siervos u hombres libres entre villanos podían cambiar su situación social; aunque no exenta de dificultades; convirtiéndose en soldados de infantería, mercenarios o inclusive tomando los hábitos para ser monjes. Hombres libres adinerados podían convertirse en caballeros pasando a formar parte de la baja nobleza. Siervos con habilidades marciales podían llegar a ser parte de una guardia de un noble de forma permanente.

El Feudalismo:

El feudalismo es un sistema político, económico, social y religioso predominante durante la mayor parte de la Edad Media el cual consistía en que un rey o Emperador concedía a los altos jefes militares o nobles una posesión de tierra determinada (grandes territorios o comarcas) como recompensa a sus servicios prestados o por su fidelidad demostrada, y estos a su vez estaban comprometidos a servirle obligatoriamente, en términos generales: ejerciendo justicia, protegiendo el territorio y el reino, trabajando la tierra otorgando así una parte al rey (cosechas, recolección de impuestos, etc.) y prestando servicio y apoyo militar al monarca por medio de soldados y caballeros con motivos de una campaña de guerra o como medio de defensa para el reino. Esto implicaba un contrato entre un Rey y el individuo que recibía la tierra, en el cual este último se comprometía por juramento a ser fiel y servir al monarca y a la iglesia.

La tierra entregada no solo era una forma de recompensa, sino un medio de servicio donde el señor feudal debía ejercer justicia en nombre del rey y en nombre de Dios (Cristiandad), proteger a los súbditos y la iglesia, sacar ganancia de la tierra (ganado, cosechas, etc.) y formar un ejército al servicio del monarca.

El sistema feudal estaba basado en tres aspectos fundamentales: El rey, la tierra y el vasallo. La base del sistema feudal era el Vasallaje o juramento de obediencia y fidelidad.

Durante la Edad Media la soberanía o el dominio de un reino emanaba de la posesión y dirigencia de la tierra y del autoabastecimiento y explotación de la misma (cosechas, ganado, bosques, recursos naturales, comercio, etc.).

La crisis del imperio romano llevó a una mayor necesidad de dinero, así como un deseo de aumentar la productividad de la tierra. Durante la crisis del Imperio Romano, las provincias de Roma aumentaron los impuestos junto a una elevación de precios desatando inflación, lo que condujo a una crisis en la ciudades y poblaciones romanas.

Al mismo tiempo sobrevino el dominio de los pueblos bárbaros, quienes desplazan o desaparecen a las autoridades romanas inmersas en la corrupción, provocando el dominio y la independencia de las comarcas, conduciendo a un hábitat rural de autoabastecimiento de un territorio. Los jefes bárbaros se convierten en los nuevos dirigentes de las tierras conquistadas.

Los orígenes del feudalismo están presentes con la instauración del Imperio carolingio en gran parte del territorio europeo y principalmente con la desintegración del mismo a la muerte de Carlomagno (814 d.C.), provocando una descentralización del poder central que estuvo a manos de un Emperador.

Contribuyó al desarrollo del feudalismo además de la caída del Imperio Romano y auge y ocaso del Imperio Carolingio: las invasiones de los vikingos, magiares y musulmanes sobre Europa durante el siglo IX d.C. que obligan a la creación de medidas defensivas como: el fortalecimiento militar y administrativo de los nobles locales y la unión de estos en defensa común de sus territorios para la seguridad de sus súbditos o vasallos. Estas condicionantes permitieron la expansión y dominio de una aristocracia guerrera. El régimen feudal nace por lo tanto en la necesidad de un líder que protegiera a los habitantes de un territorio.

La nueva aristocracia guerrera había tenido sus orígenes en los antiguos pueblos bárbaros y como tal seguían la tradición de un antiguo caudillo o líder militar que en términos generales dominaría a otros pueblos y tomaría a los jefes de estos como sus comandantes y allegados quienes conquistarían las provincias romanas tomando posesión de la tierra como su principal fuente de ingresos y símbolo de su dominio.

Las conquistas y expansiones de territorio propiciaron que los nacientes reyes requirieran de la ayuda de generales a su servicio y como garantía precisara del antiguo enlace germánico del honor en la palabra dada o juramento que llevaba implícito la fidelidad hacia un líder que otorgara recompensas por los servicios prestados. Las recompensas no solo se limitaban al oro y el botín, sino con el valioso dominio de la tierra dedicada a las actividades agrícolas y de ganadería para la supervivencia de un clan en crecimiento.

Las conquistas de territorios por los pueblos germánicos sobre Roma, su desarrollo, el crecimiento poblacional, la necesidad de una mejor administración, la defensa y la incorporación del cristianismo romano en sustitución de las religiones ancestrales germánicas contribuyó al nacimiento del feudalismo ya que la nueva religión adoptada respaldaba el derecho divino de Dios por medio de la realeza.

Aunque en un principio los bárbaros germánicos ostentaban la religión germánica pagana o el arrianismo; adoptaron el cristianismo con el paso del tiempo. La evangelización del cristianismo sobre las castas guerreras germánicas se debió más en principio a buscar el respaldo de los reyes para garantizar la seguridad de la Iglesia que de un verdadero proselitismo religioso. Este último estaría sería practicado sobre la población cuando los reyes y nobles habían adoptado el cristianismo como religión oficial.

Esta relación entre líderes militares o la realeza y religiosos daría origen a las clases sociales de la nobleza y el clero, obteniendo garantías entre los mismos.

La expansión de los pueblos bárbaros con la evangelización de la nueva religión de Cristo sería fundamental para la formación de los reinos en la Edad Media. Esto conlleva la conquista de territorios y su administración entre los principales líderes, vistos no solo como una recompensa sino como una necesidad para la manutención de la naciente sociedad medieval.

El nombre dado al territorio entregado a estos señores era el feudo.

El feudo era una porción extensa de tierra que un rey descendiente de la antigua estirpe germánica, y posteriormente o un noble de alto rango, entregaba a un miembro reconocido en el ámbito militar, quien sería conocido como el vasallo, en recompensa por sus servicios prestados y el deber cumplido y que a su vez juraba fidelidad de servicio a su rey.

Al recibir el feudo en calidad de recompensa o premio, el vasallo debía administrarlo para conseguir beneficios y dar una parte de estos al rey o a su señor (cosechas, impuestos, etc.), además de guardar fidelidad al señor feudal, lo que implicaba apoyarlo política y militarmente cuando fuese requerido. Este apoyo de carácter político y militar era conocido como el: auxilium.

El vasallo generalmente era un caudillo al servicio de los primeros soberanos germánicos y con la instauración de los primeros siglos de la Edad Media (V, VI, VII y VIII d.C.) se convirtieron en nobles, caballeros de alto rango o clérigos, quienes prometían fidelidad al señor del territorio, el señor feudal, y estar bajo sus órdenes y mandato. El término vasallo proviene del latín vassus.

La entrega del feudo llevaba implícito una relación de servicio o contrato de fidelidad entre el rey y el vasallo.

La relación de fidelidad de carácter administrativo, político y militar entre un señor feudal y el vasallo era conocido como: Vasallaje.

El vasallaje implicaba que el vasallo debía lealtad y obediencia a su señor feudal y auxiliarlo cada vez que lo requería. El vasallo acompañaba a su señor en la guerra, en campañas militares, brindaba apoyo logístico, pertrechos, tropas, provisiones, etc.

Cuando un vasallo recibía el feudo por parte del rey u otro señor feudal realizaba un juramento de fidelidad hacia su señor benefactor. Este juramento era el Juramento de Vasallaje y consistía en una ceremonia con testigos (la nobleza, miembros del clero y siervos) que implicaba dos partes: el homenaje y la investidura. Por lo común se hacía frente a una Biblia, crucifijos, altares, tronos o reliquias sagradas.

El Juramento de Vasallaje era realizado comúnmente en el castillo del señor feudal. El vasallo, quien recibiría el feudo, realizaba al acto de homenaje, el cuál consistía en colocarse de rodillas frente al señor feudal o el rey declarando su fidelidad, obediencia, ayuda militar, consejo y compromisos a seguir. El señor feudal aceptaba la petición tomando y cerrando sus manos en las del vasallo en señal de aceptación y le otorgaba un beso en cada mejilla como aceptación del compromiso.

Inmediatamente procedía a la Investidura, la cual consistía en la entrega de un objeto simbólico al vasallo por parte del rey o señor que representaba al feudo entregado. Estos objetos eran por lo común de dos tipos: “símbolos de acción” y “símbolos de objeto”. En el caso del primero significaba un acto de concesión que procedía del señor feudal y podía ser: un cetro, un anillo de oro, un guante, un cuchillo, un arma, etc. El segundo significaba el feudo concedido y podía tratarse de: un pequeño saco de grano, un cofre con puñado de la tierra del feudo, césped, un estandarte de la casa real del señor feudal, etc. Comúnmente la Investidura implicaba “la colada” o golpes de la punta de una espada en los hombros del vasallo arrodillado frente al monarca o señor feudal, similar a una investidura de caballería. En el caso de los clérigos por investidura recibían comúnmente un báculo, un cayado o un crucifijo. 

Con este trato el rey se convertía en señor y el que recibía la tierra (generalmente parte de la nobleza) en el vasallo.

El vasallo o nuevo señor feudal era un hombre libre dependiente del rey u otro señor feudal a quien debía obediencia. Ser vasallo, o el vasallaje en general, implicaba derechos y deberes al recibir tierra (feudo) por lo que estaba obligado a usar los recursos del feudo para prestar servicio a su señor y a su vez el autoabastecimiento del vasallo para el mantenimiento de su feudo.

Desde mediados del siglo VIII y IX era utilizado la palabra beneficium como el término para designar el favor que el vasallo recibía de su señor. Al mismo tiempo la obligación del vasallo hacia su señor inmediato por el beneficium recibido era conocido como: consilium atque auxilium, vocablo que significaba: prestar consejo y ayuda al señor feudal.

En la Edad Media el Vasallaje era una norma implícita para el sostenimiento y función del reino y estaba reservado para los hombres libres dentro de la escala social: miembros de la nobleza como reyes, nobles, caballeros, etc., el alto clero y los habitantes de las ciudades como burgueses y mercaderes.

Sin embargo, aunque el feudalismo implicaba el Vasallaje entre un hombre de alto rango al servicio de otro hombre de mayor rango para la administración de un territorio, no todos los hombres sometidos a ser vasallos recibían tierras como beneficium.

Algunos nobles hacían juramento de fidelidad o de vasallaje y en lugar de recibir un feudo como recompensa, eran favorecidos como empleados en misiones diplomáticas, cargos de funciones políticas, judiciales o de alta administración del reino sirviendo al rey o un señor feudal, acompañadas en mayor parte del inevitable servicio militar. Muchos de estos vasallos vivían en el castillo del señor feudal o en ciudades aledañas en carácter de funcionarios reales. Por coniguiente, el beneficium en un contrato de vasallaje podía implicar un nuevo cargo en la administración real, lo que permitía a muchos nobles escalar posiciones como funcionarios en la corte y ejercer su influencia.

El beneficium era en general: el feudo, un nuevo cargo, una recompensa, etc.

El feudalismo resulta por lo tanto en un sistema de derechos y deberes en una sociedad germánica europea y cristiana, en un sistema de organización social que parte de una costumbre germánica de premiar con tierras los servicios de fidelidad prestados a los jefes guerreros.

Con el tiempo, los grandes vasallos (los nobles de alto rango) por causa de constantes guerras, la exigente defensa de un territorio, la incapacidad para administrar grandes extensiones de tierra o al no poder tener el control absoluto de una zona en específico, entregaban porciones de sus dominios a otros nobles (condes, duques, marqueses), caballeros o funcionarios bajo el contrato de Vasallaje, cuyo objetivo era también cumplir las leyes y servir a su señor, extendiéndose una cadena de mandos cuya cabeza era el rey, dando forma a una pirámide o jerarquía feudal.

Cada uno de estos nobles o vasallos, incluyendo condes, duques y marqueses, etc., tenían obligatoriamente un cuerpo militar o mesnada, en mayor o menor medida formado por otros nobles, caballeros, hidalgos, hombres libres armados e inclusive mercenarios; quienes juraban fidelidad a su señor inmediato.

Este juramento o contrato de fidelidad por vasallaje hacia un señor les implicaba seguirlo a la guerra, defender su feudo o condado y sus intereses, aún si esta situación era contra el mismo rey u otros nobles de una región aledaña o un reino diferente. Tal situación no estuvo exenta de conflictos locales y fronterizos entre otros reinos.

El manejo del feudo implicaba habilidades guerreras y de administración por parte del señor feudal, además del liderazgo, la capacidad estratégica, una buena defensa y la extensión y los recursos naturales del mismo feudo.

Este conjunto de variantes permitió a algunos señores feudales reclutar numerosos caballeros, tener a otros señores feudales a sus servicios (condes, duques, marqueses), reclutar y formar a múltiples hombres libres para la infantería, alistar arqueros, comprar mercenarios, aprovisionarse con comida, caballos, arcos y flechas, barcos, armas, implementos de guerra, etc. Estos factores en combinación de una notable administración de las tierras, una conveniente disposición de los recursos del feudo, la construcción de un castillo y con un control territorial, permitían a un señor feudal determinado tener mayor poder que otros nobles de alto rango e inclusive mayor poder que el mismo rey a quien debían obediencia. En consecuencia, no resulta extraño que en algunas ocasiones durante la etapa feudal europea, los mismos reyes debían hacer concesiones a sus vasallos de la nobleza.

Muchos señores feudales eran fuertes en sus castillos, especialmente si estos estaban estratégicamente situados y tenían la capacidad de resistir asedios prolongados tanto para una marcha ofensiva como para actividades defensivas. Estos últimos casos, de un poderío superior de algunos señores feudales, no fueron aislados en ciertos períodos de la etapa medieval.

El Contrato del Vasallaje era cesado o nulo cuando el vasallo fallecía o cuando el señor feudal sucumbía. En el primer caso el señor feudal podía restituir los mismos derechos a los miembros familiares del vasallo (hijos, esposa, etc.), siempre y cuando estos juraran fidelidad o en una situación contraria podía nombrar a un nuevo vasallo en sustitución del fallecido. En el segundo caso el vasallo, al morir su señor, buscaba restituir su contrato de fidelidad con el rey o con otro señor feudal para mantener el beneficium asignado.

Otra forma en la que el Contrato de Vasallaje quedaba abolido resultaba cuando el vasallo no cumplía con sus deberes o faltaba a la palabra dada en su juramento hacia su señor, por enriquecimiento ilícito, faltaba el respeto a la iglesia, no pagaba rentas a su señor, huía de sus obligaciones, mostraba actitudes despóticas, mantenía alianzas con enemigos del reino o no marchaba a la guerra en apoyo a su señor, situaciones que implicaban como penalidad: pérdida de sus derechos, la expulsión del reino, excomunión, escarmiento público (azotes), penitencia y/o actos de humillación frente al rey o el clero, encarcelamiento y la pena de muerte.

Para evitar estas y otras circunstancias, algunos vasallos buscaban aliarse con otros reinos y rendir homenaje a otros reyes o señores sometiéndose a estos.

En estos aspectos, el feudalismo o Régimen feudal consistió en una organización política donde el poder no residía en el rey o el emperador ni en el sistema del estado que representaba, sino que era un sistema de gobierno de control civil y militar repartido entre el rey y la nobleza del reino, que a su vez delegaba responsabilidades, derechos y deberes a otros nobles de inferior rango en determinados territorios, estableciendo relaciones de lealtad y subordinación cuyo líder principal era, teóricamente, el rey.

Este último, para ejercer su dominio, debía no solo mantener un poder militar, sino ceder privilegios a la nobleza, que a mediados y finales de la Edad Media adquirirían mayor poder y relevancia.

Aunque el contrato del Feudalismo buscaba en esencia proteger a la población, establecer la ley y el orden en nombre del rey, así como la protección a la Iglesia y la defensa del reino frente a sus enemigos, el contrato feudal sobrepasó sus límites.

Muchos señores feudales rebasaban la autoridad del rey. En otros casos existían rivalidades entre los nobles contra otros nobles o contra el mismo rey. Algunos señores feudales no ejercían justicia sobre sus súbditos y en su lugar cometían abusos de poder sobre siervos y otros nobles bajo su mando. Contrario a la creencia que el rey era dueño absoluto del reino, en la práctica, en ciertas ocasiones debía hacer consenso con los nobles y caballeros, otorgar beneficios, así como luchar en ocasiones contra estos mismos para que no le arrebataran el trono y establecer su dominio en casos de insubordinación.

Por otro lado, el régimen feudal no fue un sistema que abarcaría todos los reinos europeos o por defecto, un sistema que abarcaría todos los rincones de Europa. Si bien el feudalismo estuvo muy ligado a las monarquías europeas en cuanto al sistema de vasallaje como su base fundamental entre nobles, soldados (caballeros e infantes), clero, hombres libres y siervos que obedecían al rey, en determinados casos la población presentó cierta resistencia a la corona, especialmente la nobleza, pues dichos señores feudales llegaban a competir con la monarquía, exigiendo derechos y garantías para mantener obligaciones. Esto condujo a los monarcas a dar patrocinio a los nobles para obtener su apoyo y conservar su fidelidad que con el tiempo los debilitaría aunado al surgimiento de la burguesía.

El sistema feudal no solo presentó problemas frente a la sucesión dinástica o hereditaria, sino frente al poder de la Iglesia, a las guerras entre distintos reinos, las enfermedades y epidemias en la población, condiciones climáticas adversas, guerras internas por la sucesión de la corona, guerras civiles, etc., lo que ocasionaría en mayor o menor medida cambios en la estructura de poder.

Generalmente el poder y la riqueza se mantuvieron en la ciudades o burgos. En estas surgen la aristocracia, los comerciantes y burgueses que con el paso del tiempo serían un grupo de carácter “ciudadano” lo que equivaldría a señalar que: no eran guerreros ni individuos rurales. En la campiña por el contrario, el feudalismo chocó con propiedades individuales y tierra privadas libres del “vasallaje”; una situación que predominó en mayor porcentaje en el sur de Europa debido al legado romano imperante todavía en regiones de España, sur de Francia e Italia.

En algunos puntos de Europa como en Frisia, existieron comunidades de campesinos libres y contrarios a las relaciones vasalláticas. Algunas grandes ciudades durante la Edad Media conservaron estructuras políticas y sociales fieles a la herencia romana donde sus habitantes se consideraban ciudadanos, dedicados a los deberes laicos, religiosos, comercio y prestaciones de servicios (herreros, carpinteros, canteros, mercaderes, etc.).

Un feudalismo en “estado puro” no podía encontrarse en su totalidad en todo el orbe europeo; ya que podían existir ciertas variantes en cuanto a las funciones militares, relaciones de vasallaje, la región y la explotación de los recursos.

Con el tiempo el nacimiento y poder de los comerciantes y la Burguesía desplazaría poco a poco al Feudalismo, junto a los cambios dinásticos, las invasiones, las guerras, los viajes de exploración y contacto con otras culturas, adelantos científicos como el uso de la pólvora en cañones, arcabuces y mosquetes, etc.

Bilbiografía:

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