ANTIGUO EGIPTO. EL PERÍODO HELENISTICO COMO VENTANA AL PASADO:

A partir del año 332 a.C. Alejandro Magno, el conquistador Macedonio, junto a sus ejércitos conquistaban el territorio del gran rio Nilo o “Aigyptos“, término por el que sería conocido el Antiguo Egipto por los griegos. El general griego posteriormente conquistaría otros territorios como el Imperio Aqueménida (Imperio Persa) y la India, formando un reino de gran extensión que daría paso al período Helenístico o etapa de dominio del mundo griego, que transcurrre desde la muerte de Alejandro Magno hasta el suicidio de la reina Cleopatra, en un ciclo de casi 300 años durante los cuáles Egipto permaneció bajo la hegemonía griega.

Venus de Milo

Con la conquista de los griegos finalizaba absolutamente el largo período del reino del Antiguo Egipto; aunque con una decadencia proveniente de siglos atrás, siendo un imperio que había nacido en los albores del desierto y el río Nilo con una larga trayectoria entre el desarrollo de una civilización, la creación de un pensamiento que influenció a otras culturas y una serie de conquistas que forjaron el mundo antiguo, llevándolo a convertirse en un precedente en la historia de la civilización humana.

A la muerte de Alejandro Magno, en el año 323 a.C. los generales a su servicio se disputaron el control del extenso imperio Macedonio (griego), desatando guerras y rivalidades, lo que llevó al final a una repartición del mismo en las regiones de: Macedonia, Asia Menor, Mesopotamia y Egipto. En esta última demarcación quedó como gobernante uno de los generales de Alejandro: Ptolomeo.

El general Ptolomeo gobernó el territorio de Aigyptos, convirtiéndose en su rey de facto.

Ptolomeo I Soter

Así, la tierra del Nilo con sus habitantes, claramente egipcios, pasó a ser gobernada por una realeza de origen griego; cuya continuidad estuvo marcada por los descendientes de Ptolomeo o Dinastía Ptolemaica, siendo la última representante de esta estirpe real la reina del siglo I a.C. Cleopatra, hasta su muerte en el año 30 a.C y la posterior dominación del Imperio Romano.

Escultura de Cleopatra

Otros historiadores son de la opinión que el período Helenistico del Antiguo Egipto, bajo el mando de los griegos, fue una continuidad del liderazgo real de los antiguos reyes de Egipto depositada y representada por el mundo Helénico, terminando la grandeza del reino de Egipto con la conquista de Roma.

Egipto era una tierra rica y fértil que no pasó desapercibida para ejércitos, pueblos y conquistadores del mundo antiguo. Y, para los más osados u observadores, las antiguas enseñanzas, misterios, ciencia, estructuras y contrucciones como las pirámides, asombraron su espíritu volcado a toda una serie de interrogantes hacia una civilización que tiempo atrás había realizado lo inimaginable y sin precedentes, especialmente en el entorno hostil del desierto. No es extraño que entre las siete maravillas del mundo antiguo, las pirámides fueran parte de ese grupo selecto, siendo la única estructura de las mismas que ha sobrevivido hasta la fecha.

El mismo griego Heródoto, historiador conocido, quedó asombrado por el antiguo Egipto, dedicando sus viajes al país del Nilo e interrogando a sus habitantes sobre los datos de sus antepasados, recabando todo una serie de referencias en una formulación de historias que serían publicadas más tarde. Sin embargo el idioma y el uso de los antiguos jeroglíficos en papiros e incripciones de obeliscos, tumbas y edificaciones antiguas era una barrera, así como la reticencia y olvido de los habitantes egipcios de su pasado.

Sin embargo, no toda la historia de Egipto fue recabada por Heródoto. Así como él, los reyes griegos o ptolemaicos deseaban conocer la información precisa de sus súbditos, entre las diferencias de una estirpe griega sobre una población autóctana egipcia. Surge la figura de un antiguo sacerdote egipcio de su tiempo: Manetón, a quien fue encomendada la orden de escribir en griego la historia de Egipto desde sus inicios.

La empresa dio al sacerdote Manetón la oportunidad de verificar sobre los orígenes y consecución de uno de los Imperios más grandes de la historia.

Se desconoce las fuentes que Manetón utilizó para reunir la información sobre la trayectoria y los orígenes de Egipto, no obstante, el sacerdote egipcio al plasmar sus investigaciones dio un paso importante creando la obra: Aigyptíaka o “Historia de Egipto” en lengua griega, donde dispuso la historia del país del Nilo de forma cronológica en base en las dinastías de sus gobernantes antiguos o faraones (aunque no exacta) y cuya obra fue mencionada por autores como Flavio Josefo.

El tiempo trajo consigo el descubrimiento de yacimientos arqueológicos antiguos, papiros y el hallazgo de la Piedra Rosetta, clave para comprender el antiguo idioma de los jeroglíficos egipcios, uniendo las piezas de un rompecabezas que permitió, en gran medida, saber más sobre el Antiguo Egipto, sus orígenes y su civilización.

EL NEOLÍTICO: DONDE INICIA LA HISTORIA. AGRICULTURA, GANADERÍA, COMERCIO, DIOSES Y REYES:

Al observar un mapa del antiguo Egipto descubrimos una figura oblonga con una cinta en su interior que lo atraviesa. Dicha línea irregular es el Nilo, un río que recorre desde el sur hacia el norte una superficie de aproximadamente 1,200 kilómetros de largo, entre 15 a 20 kilómetros de ancho en ciertos puntos y que desemboca en el mar Mediterráneo ramificándose previamente en varias afluentes, dando forma a un triángulo equilátero conocido como Delta del Nilo.

A los costados del río existe una franja cultivable de tierra negra que es alimentada por sus aguas, especialmente cuando crece y se desborda año con año en la estación veraniega permitiendo un proceso de irrigación natural. Tal fenómeno de irrigación, base para la agricultura y superviviencia de los pueblos, resultó beneficiosa para los primeros pobladores del Nilo.

En una etapa primitiva los primeros egipcios eran cazadores nómadas, moviéndose sin orden y viviendo de la recolección que la naturaleza les proveía.

A lo largo del tiempo habían descubierto el fuego con la subsecuente caza de animales y la pesca.

Tras un largo proceso de migraciones sucesivas, otros pueblos, a diferencia de los nómadas cazadores, llegaron al área del Nilo, asentándose en las orillas e introduciendo los primeros pasos de la agricultura.

Con el Nilo frente a los ojos de estos pobladores, evidenciaron la etapa de crecimiento e inundación que irrigaba las tierras, lo que conducía a una época de abundantes cosechas; notando a su vez que con crecidas reducidas sobrevenían etapas de carestía.

Estos pueblos sedentarios cultivaron el trigo y la cebada e introdujeron la ganadería al haber domesticado animales de granja frente a los pueblos cazadores y recolectores.

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En algún punto ambos pueblos, sedentarios y nómadas del Nilo y el desierto, fusionaran sus estilos de vida y supervivencia, mezclando la caza, pesca, el cultivo, ganadería y recolección, producto de las ventajas de la socialización de individuos y el trabajo en común. Tampoco se descarta que dicha unión sucediese por medio de la guerra, conquista y posterior asimilación.

Los márgenes del Nilo fueron albergando conjunto de tribus que habían percibido sus beneficios y que además habían formado lazos de unión.

Surgen entre estos clanes las familias que cultivan la tierra, volviéndose los propietarios de una parcela que permite su subsistencia. Con los vínculos establecidos comenzaron a organizarse, formando en un inicio pequeños poblados agrícolas en diversas áreas del Nilo que paulatinamente fueron agrupándose en comunidades más vastas.

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Los pueblos que se desarrollan son los consiguen modernizar sus medios de subsistencia, garantizar su superviencia y, por supuesto, aquellos que se adaptan mejor al medio ambiente que los rodea. Los primeros pobladores de Egipto realizaron tales procesos de forma gradual por espacio de siglos.

Esta condición de los moradores del Nilo y el desierto, condujo a un cambio que permitió a los primitivos egipcios dejar atrás el aislamiento, dirigiéndose a una etapa de sedentarización de las poblaciones (asentamientos) y, consecuentemente, a la formación de nucleos urbanos (pueblos, ciudades). 

Frente a esta última situación surge la aparición de técnicas de irrigación y almacenamiento del agua que poco a poco sería perfeccionado. El Nilo prodigó en un punto un excedente de alimentos que obligó la creación de procesos de almacenamiento de los productos agrícolas (granos básicos).

Al mismo tiempo con estas etapas de desarrollo, hubo demanda de algunos bienes que algunas regiones tenían de las cuáles otras carecían. Esto originó consecuentemente el intercambio de productos, especialmente en épocas de abundancia y, poco después, el intercambio esencial de bienes, creando la base del comercio, pilar fundamental de las sociedades con una cultura avanzada.

Al mismo tiempo las tareas agrícolas se desarollaron y extendieron, el proceso de la domesticación de animales junto a las técnicas de caza y pesca mejoraron.

Los primeros asentamientos en el Nilo no fueron al azar, sino en base a la cantidad de recursos prodigados por las riveras del rio y las técnicas aplicadas para aprovechar esos recursos. El Nilo proporcionó materiales como el barro, extraído de sus orillas, permitiendo en un principio que los primeros pobladores de Egipto hicieran sus casas con paredes de caña y techos de barro. Posteriormente el progreso de estas comunidades permitió el descubrimiento del uso de otros materiales que fueron perfeccionados a manos de artistas y canteros, así mismo se produjo la creación e intercambio de herramientas y la elaboración de piezas de cerámica.

Con el barro se fabricaron ladrillos para la construcción de mejores viviendas según la necesidad del ambiente que rodeaba a los egipcios, permitiendo el hallazgo de otros materiales como el granito y el ingenio para utilizarlo en la construcción de estructuras más sofisticadas como tumbas y templos.

Esta transición de habilidad trabajando sobre materias duras y difíciles resultó gracias a la incorporación y  uso de instrumentos primitivos, aprendiendo a trabajar el cobre y las piedras, desarrollar técnicas de alfarería, tejer cestos y a fabricar otros tipo de productos de consumo como la cerveza.

Las actividades comerciales progresaron según las exigencias en el intercambio de productos, debido a la necesidad de los requerimientos de bienes útiles en el trabajo y la subsistencia. A su vez algunos de estos clanes estaban unidos por motivos en común y por el río Nilo; situación que facultó el uso de comunicaciones fluviales junto a la creación de barcazas y su posterior modernización a barcos, la formación de caravanas mercantes que atravesaban las vías de comunicación del desierto introduciendo artículos de primera necesidad y la posterior innovación de estas sociedades ahora vinculadas.

Las actividades comerciales fueron extendiéndose hasta otras regiones fuera del margen del Nilo, lo que permitió a los primeros egipcios conocer a otros pueblos lejos de sus fronteras, estableciendo relaciones que con el tiempo introdujeron otros materiales inexistentes en sus comarcas como: los metales o la madera.

Al mismo tiempo existieron habitantes que hicieron observaciones racionales del ambiente: el cielo, las estrellas, las crecidas del Nilo, la vegetación, los cambios de estación, etc; desarrollando los primeros datos de la astronomía y el establecimiento de períodos, fechas, el surgimiento de un calendario propicio que marcaba períodos de cosechas, cambios en el ambiente y la conformación de un ciclo de tiempo.

Otros por el contrario fijaron su atención en el dialecto y su sonido y, en un lapso largo pero continuo, fueron dotados de un símbolo al que posteriormente se le otorgó un significado, permitiendo articular vocablos, palabras y posteriormente ideas que fueron plasmadas (escritas) en piedra de forma rudimentaria. Aunque la idea de la escritura procediera de Mesopotamia, los egipcios la retomaron en un sistema jeroglífico propio. A diferencia de las tablillas sumerias con una escritura cuneiforme basadas en el comercio, los primeros esbozos de la escritura jeroglífica egipcia estaban basados en datos históricos.

Este sistema permitió también la creación de cálculos y medidas que adaptaron al área de la construcción, realizando asombrosas edificaciones por medio de la aplicación de los mismos como dato característico del Antiguo Egipto.

En esta vida del Nilo y el desierto, los primeros egipcios marcaron su destino, muchas veces llenos de inquietudes e incertidumbres, ya que como humanos, formaban parte de un ciclo de nacimiento, desarrollo, reproducción y muerte. Muchas dudas surgieron sobre la vida, todo lo que implicaba y poco a poco fueron desarrollando conceptos sobre la existencia más allá de la muerte, sobre el medio ambiente que los rodeaba y las manifestaciones de la naturaleza incapaces de controlar, sobre múltipes aspectos naturales que escapaban a su comprensión y a los cuales dotaron de una superioridad fuera del alcance del ser humano. No resulta extraño que los primeros egipcios fijaran su atención en el sol, un objeto celeste inalcanzable, quien otorgaba la luz del día, daba calor, permitía el crecimiento de las cosechas y tomaba posiciones en el cielo ajustándose a las crecidas del Nilo; por lo que fue considerado dador de vida. Surgen con el astro solar las primeras manifestaciones de adoración como un ente dotado de vida en un mundo de una esfera superior para los habitantes del Nilo.

En la imaginación de los egipcios, estas entidades eran incontrolables e inalcanzables, deduciendo por lo tanto que eran hombres y mujeres supremos, viviendo en otro plano de la existencia, estando por encima del hombre común. Estos seres fueron catalogados como “seres supremos” quienes tenían control sobre aspectos que escapaban a la comprensión del egipcio, contando con un poder capaz de controlar esos elementos o situaciones donde los seres humanos vivían inmersos formando parte de los diferentes aspectos de la vida diaria: cosecha, caza, salud, lucha, danza, escritura, armas, viento, caza, guerra, tormentas, enfermedad, muerte, hogar, nacimiento, parto, etc.

Los egipcios por lo tanto decidieron rendir tributo a esos aspectos de la naturaleza y la vida diaria como entidades, quienes teniendo el control de las mismas, resultaban ser poderosas para regir el destino de los hombres y mujeres. Surgió la idea que estos seres podían dar favores a los hombres logrando conseguir la estabilidad de sus vidas con el entorno hostil y para ello debía rendirseles seguimiento, tributo y adoración.

El tiempo dio paso a la formación de variantes de cultos, oraciones, himnos y rituales para comunicarse con esas entidades a las que concedieron el título de “dioses”.

Para ganar esos favores decidieron rendir pleitesia. Si acaso tenían control sobre la vida, los egipcios los imaginaron en un sentido de sintonía a su entorno y a la medida del ser humano para explicar sus atributos.

Esta relación puede explicarse cuando los dioses egipcios tienen un sentido antropomórfico. Los dioses egipcios tienen forma humana y animal en buena parte de sus casos. Esto se explica en la teoría que los primeros moradores del Nilo, relacionaron las entidades espirituales con el medio ambiente que los rodeaba, su relación con los hombres y mujeres, sus actividades cotidianas, así como las necesidades del ser humano.

Estos dioses evolucionaron desde sus etapas primitivas para ser dotados de características en relación a la vida y el ambiente de los egipcios. No es de extrañar que en formas definitivas en el Antiguo Egipto: el dios Horus por ejemplo fue relacionado con el sol y el día, mientras que el dios Set, con la noche y el desierto. El periplo del dios Osiris que terminó siendo el dios de ultratumba. La sabiduría, conocimiento y la escritura agenciados al dios Thot. Hathor, diosa del amor. Isis, de diversos caracteres, como diosa madre, identificada como la madre tierra o “creadora” y dado su papel en la salvación de su esposo Osiris, terminó como divinidad del “bien supremo” que derrota al mal, etc.

Con el tiempo se extienden seguidores del dios y con ello un culto, al cual se le añadieron rituales, reglas y el desarrollo de conceptos que intentan explicar los vínculos del dios con el entorno; esto a cargo de individuos capaces de dilucidar los misterios de un dios y sus deseos para con los hombres, naciendo en principio la figura del chamán y posteriormente el del sacerdote como representante del culto al dios.

No obstante, estos dioses, en principio, no tenían un caracter generalizado en todas la poblaciones del Nilo. Cada tribu tenía su propia deidad a quien adoraba y rendían pleitesía dentro de sus límites de urbanización.

Un dios era diferente según la visión de los clanes dispersos en cada ciudad. De tal forma que cada deidad en particular representaba en específico a una región, un don en particular así como una influencia divina. Cada región no solo contaba con su propio dios, podía albergar otras deidades relacionadas a este dios, a su vez su visión particular de los atributos de este dios, sus propias normas y su sentido de organización logrando diferenciarse de otras regiones y clanes.

Las diferencias marcadas de la propiedad agrícola y de ganadería, la urbanización, el comercio y los dioses de cada región del Nilo, dieron origen a la imposición de fronteras o límites, resultando en la formación de pequeños reinos o feudos. En el Antiguo Egipto, desde sus orígenes, estos pequeños reinos fueron conocidos como “sepat” que significa: “tierra cultivable” y es sinónimo de zona o distrito. El sepat posteriormente durante el período helenístico es nombrado como: “nomo”, palabra griega que significa: «Ley». Una característica de estos feudos o nomos, es que en sus inicios eran pequeños reinos independientes, con reyezuelos o jefes militares como líderes locales. Contaban además con su propio dios provincial, durante la etapa Pre-dinástica (periodo previo a la instauración de los faraones egipcios) formaron milicias de defensa ante ataques externos (tribus lejanas del Nilo) y pudieron haber formado alianzas comerciales o militares con otros nomos (confederaciones) o ser tributarios de los sepat más fuertes.

Algunos habitantes en los clanes egipcios en estos sepat o nomos no lograban adaptarse al medio, otros no lograban un nivel de organización aceptable por lo que intentaban apoderarse de los medios de subsistencia del resto de regiones aledañas. Unas tribus veían con recelo el progreso de otras por su nivel de organización, su grado de bienestar o su situación geográfica ventajosa, especialmente los pueblos alejados de las fronteras del Nilo. Algunas tribus migraban e invadían un territorio ocupado buscando una mejor subsistencia.

Estas y otras situaciones originaron rivalidades que alcanzaron el grado de invasiones, expropiaciones y ataques contra la población. Además, surgían en cada comunidad etapas de carestía, pugnas internas, desastres, escaramuzas, violencia, ausencia de acuerdos, etc., que demandaron la intervención de un liderazgo capaz de imponer el orden más allá de la explicación de la intervención de los dioses, pues en etapas convulsas los sacerdotes culpaban a los hombres, y así lo entendía el hombre primitivo, que las etapas calamitosas (sequía, hambruna, guerras, etc) eran una forma de castigo ante un desagravio a los dioses. 

Estas y otras situaciones dieron lugar a que los habitantes del Nilo formaran sociedades más organizadas para mantener el orden y la defensa de sus territorios, así como asegurar las actividades comerciales vitales, surgiendo los primeros líderes capaces de organizar a los clanes frente a las condiciones adversas y formar una resistencia frente a las fuerzas hostiles.

Es posible que los primeros líderes fueran escogidos por los clanes según su capacidad de liderazgo demostrada en las calamidades, por sus habilidades guerreras o su sabiduría. Por otro lado, cabe la posibilidad que estos primeros caudillos tomaran el control de sus comunidades por la fuerza ejerciendo el papel de líderes junto a sus seguidores, organizando el trabajo, manteniendo el orden y aplicando la justicia garantizando la supervivencia del clan.

Los primeros caudillos formaron destacamentos de guerreros y protegieron sus poblaciones defendiendo los asentamientos y las fronteras a través de pequeñas escaramuzas, deteniendo a invasores y en casos más emblemáticos no se descarta que hubieran realizado las primeras campañas de guerra, expandiendo su dominio sobre otros sectores del Nilo más allá de su nomo.

No obstante, las ideas religiosas estaban presentes en la población. Es ampliamente conocido que el pueblo egipcio a lo largo de su historia era devoto de todo sentido religioso. Con el surgimento de los primeros caudillos en los primeros sepat, estos líderes compartieron su poder e influencia con los primeros chamanes o sacerdotes, quienes les otorgaron una autorización divina que les permitía mantener el control y detentar el liderazgo. Con los siglos esta autorización se convertiría en una legitimización de su poder sobre los habitantes de una región desplazando la influencia de los sacerdotes. Esto propiciaría el origen del caracter divino de los reyes (faraones) como un líder representante del nomo y del dios principal de la ciudad. 

Las migraciones de pueblos hacia las riveras del Nilo continuó por espacios de siglos. Un dato importante es que se creía que el Antiguo Egipto fue autosuficiente y estuvo aislado de otros pueblos como los Mesopotámicos; no obstante, las comunicaciones estuvieron presentes y tanto egipcios como otros pueblos del Medio Oriente mantenían cierto grado de relación. Los pueblos del Nilo fijaron su atención en el resto de culturas más allá del desierto del oriente y como estas contaban con marcadas diferencias, además de contar con otros implementos e innovaciones de los cuáles ellos carecían, por lo que se produjeron intensivos contactos culturales con el mediterraneo oriental compartiendo comercio, tecnología y una cultura material con sus vecinos.

El desarrollo de las primeras comunidades a lo largo del Nilo, serían las bases que darían lugar al surgimiento del Imperio Egipcio que, a lo largo de su dilatada historia de reinado de 3,500 años, con sus altos y bajos, generaría sus características fundamentales destacables: una escritura jeroglífica, su organización política, su visión social y cultural, su ejército y conquistas, sus grandes obras monumentales como las pirámides, los cultos en su particular panteón religioso y su influencia sobre otras culturas del mundo antiguo.

Hoy se conoce que las tres culturas influyentes del mundo occidental: El Imperio Romano, el Mundo Griego y el pueblo Hebreo, retomaron en mayor o menor medida ideas, conceptos y fueron influenciados en ciertos aspectos por el Antiguo Egipto.

EL EGIPTO PREDINÁSTICO. EL NILO. EL ALTO Y BAJO EGIPTO:

Las culturas que se desarrollaron a lo largo del Nilo durante el Neolítico fueron nombradas según el lugar encontrado en sus sitios arqueológicos: Cultura Tasiense por la región de Deir Tasa, la Badariense por Badari, la Maadiense por la localidad de Maadi cerca de el Cairo y la Amariense por la población de Al – Amrah.

De estas culturas, la Tasiense solo se han encontrado cerámica y se sabe que practicaban la agricultura.

La cultura badariense eran habiles artesanos. La cultura amariense criaban ganado y construían embarcaciones de junco con las que navegaban a través del Nilo.

Esta cultura amariense era también llamada Nagada, diferenciándose en Nagada I y Nagada II.

Nagada II llamada también: Gerziense por su cercanía a la localidad de Gerza, en Sakara, fue una continuación de la cultura Nagada I.

Estas culturas representan a un período previo al ascenso y el inicio del reinado de los faraones, es decir, previo al período de las dinastías faraónicas o Egipto dinástico tal y como es conocido.

El período de estas culturas por lo tanto es el período Pre-Dinástico, durante el cual los Nomos (feudos o pequeños reinos egipcios) eran independientes, tenían relación con los pueblos del Mediterráneo y con los pueblos Medio Oriente, permitiendo recibir aportaciones de instrumentos y armas de cobre, lo que implica una intensa, sino continua, relación comercial.

Los intercambios comerciales, así mismo el intercambio de tecnología y cultura material estuvieron presentes en el período Pre-Dinástico. Sin embargo, acaecieron además las migraciones de grupos humanos procedentes de Medio Oriente llevando consigo nuevas técnicas de agricultura y de urbanismo a las ya existentes en los pueblos alrededor del Nilo.

Un dato importante es que en esta etapa, especialmente en la cultura Gerziense y Nagada, puede distinguirse la aparición de diferentes oficios en la población, la habilidad de manejar instrumentos primitivos sobre materias duras (piedra, granito, etc) y el trabajo del cobre.   

Algunos nomos contaban con ciudades, templos para los dioses y palacios del rey local.

Esta situación aceleraría el proceso de una uniformidad cultural en los habitantes de los diferentes nomos del Antiguo Egipto, lo que al final conduciría a una unificación entre diversos nomos por conquistas, comercio, confederaciones o por vínculos en común; formando dos entidades territoriales definidas y delimitadas: El Alto Egipto en el sur y el Bajo Egipto o Delta del Nilo en el norte. Ambas regiones estaban comunicadas entre sí principalmente por la vía fluvial del Nilo.

Los antiguos egipcios conocían al Nilo con el término de: “Hapy” cuyo signficado es «rio». Podían utilizar como nombre alternativo del Nilo el vocablo: “Iteru”, que significa «canal». La palabra “Nilo” proviene del término griego: Neilos.

Desde la antiguedad Egipto quedó dividido por las características de su región en dos amplias zonas: El Alto y Bajo Egipto.

El Alto Egipto ubicado al sur, estaba conformado por el estrecho valle de ambos margenes del Nilo comprendido entre la ciudad de Men Nefer («Estable en Belleza») o también conocida por el término griego de: “Menfis” hasta la región de la primera catarata del Nilo en el sur, en la región actual de Asúan, frontera del reino del Antiguo Egipto en el sur llamada por su ciudad: Swenet.  El Alto Egipto era conocido por los egipcios como: Schmau o Ta-Schmau, que significa: «Tierra de la cebada».

El Bajo Egipto, dominaba la región norte e iniciaba desde los límites fronterizos de la ciudad de Menfis siguiendo hacia el norte el recorrido del Nilo el cual se ramifica en diferentes afluentes, que desembocan en el Mediterráneo, en forma de abanico o triángulo que abarcan la región. Esta región triangular es conocida como “Delta del Nilo” permitiendo que las derivaciones del rio hagan de la zona una tierra fértil. El Bajo Egipto era conocido como Ta-Mehu o «Tierra del papiro».

Entre los años 3,400 y 3,200 a.C. existió una rivalidad y luchas intensas entre los nomos por el predominio de unos sobre otros, llegando a formar las dos regiones conocidas del Bajo Egipto y del Alto Egipto.

No obstante, ambas regiones compartían el mismo lenguaje, cultura, sociedad y sistema religioso; lo que ha llevado a conjeturar que la unificación de ambas regiones para consolidar un solo imperio, el Antiguo Egipto, se debió a la ambición de los diferentes reyezuelos y caudillos en sus territorios para extender sus dominios sin descartar otros factores como los económicos, religiosos o la defensa. Al mismo tiempo el nacimiento de una élite social que permitió una mejor gestión de recursos.

El Nilo resultaría ser parte del elemento unificador entre el Bajo y el Alto Egipto; ya que era una fuente vital de agua para toda la región durante todo el año egipcio.

Los egipcios basaron la medida de su año según las estaciones. Estas estaciones estaban marcadas por las crecidas del Nilo (inundaciones) lo que a su vez señalaba el trabajo de las tierras.

Los egipcios tenían tres estaciones:

Akhet o crecida, conocida como la inundación del Nilo: cuando el rio aumentaba su cauce inundando las tierras en sus orillas; estación que duraba desde el mes actual de julio hasta mediados de noviembre. (19 de julio – 15 de noviembre).

Peret, invierno o siembra: cuando las aguas del Nilo volvían a su cuenca, permitiendo la siembra y la maduración de los cereales. Período desde noviembre hasta el mes de marzo. (15 de noviembre – 15 de marzo).

Shemu o verano: época de cosecha de la siembra. Ocurría entre los meses actuales de marzo/abril y junio. (15 de marzo – 19 de julio).

Las crecidas del rio obligaron a los egipcios desde el período pre-dinástico a la elaboración de canales y diques con el fin de contener y preservar el agua para la irrigación de las tierras, los cuales se llenaban automáticamente con las crecidas del Nilo.

La inundación dejaba también estanques paralelos de forma natural (agua retenida) en las tierras a los costados del Nilo. Esta condición era aprovechada por los agricultores para conservarlos y ampliarlos, formando diques naturales y conectando los abrevaderos formados con otras tierras a cultivar por medio de canales perpendiculares. Esto conservaba el agua por varias semanas empapando el terreno, fertilizándolo con el limo (sedimento mezcla de barro, lodo y restos vegetales) depositado en la superficie como producto traído por la corriente del Nilo haciendo de la tierra cultivable para la estación de siembra o peret cuando las aguas volvían a su cauce.

Gracias a esta medida de inundación y almacenaje de agua en ocasiones hubo un excendente de cosechas permitiendo la construcción de graneros para el almacenaje y conservación de alimentos.

Los primeros sistemas de irrigación del Nilo fueron simples zanjas cavadas en el terreno.

Sin embargo las inundaciones del Nilo eran irregulares. En múltiples casos el desbordamiento del Nilo durante la estación de Akhet era excesiva en cuanto al caudal y nivel del agua. En otros períodos las crecidas durante la temporada de Akhet eran escazas o nulas.

Inundaciones en exceso llevaban al encharcamiento del agua lo que provocaba pérdida de terrenos de cultivo. Períodos de sequías llevaban a la falta de irrigación conduciendo a la escasez de alimentos.

Esto puso en marcha programas de irrigación basados en el control del agua por medio de compuertas y canales.

No obstante esta sistematización de la irrigación del Antiguo Egipto a gran escala por parte del Estado se produjo hasta el período Intermedio (2154 – 2052 a.C.). Con el tiempo fueron introducidas otras técnicas alternativas de irrigación como el shaduf (palanca con un recipiente a un lado y contrapeso en el otro extremo), la carreta tirada por bueyes o saqiya y finalmente el «tornillo de arquímides».

De forma semejante a los trabajos de canalización, existían estanques y pantanos de grandes dimensiones aledañas al Nilo, esto permitía desarrollar otras actividades en función de: la caza, la pesca y domesticación de animales; labores que se mantuvieron a lo largo del Antiguo Egipto, generando otras fuentes de sostén alimenticio.

DONDE INICIA LA DINASTÍA: EL REY ESCORPIÓN:

El Antiguo Egipto inicia con el ascenso de los reyes o faraones. La palabra faraón proviene del vocablo egipcio antiguo per aa, cuyo significado era “casa grande”, en alusión al palacio donde vivía el rey de Egipto y que era reconocido como sinónimo del monarca. Posteriormente la palabra fue evolucionado derivando al latín tardío: pharaō, similar al vocablo hebreo pharaoh. El término “Faraón”, por lo tanto, es un vocablo equivalente a rey de introducción tardía a partir de la dinastía XXI.

A lo largo de la historia de la monarquía egipcia, desde sus inicios, los habitantes del Nilo llamaban a su rey (faraón) no solo con el epíteto de per aa, sino además con el nombre de: Nesu, cuyo significado es sinónimo de: rey o monarca. También el rey egipcio podía ser nombrado como: Neb, palabra equivalente a: “señor”; así como “ḥm” transliterado a: “heme” o “hemef” como significado de: “majestad”.

La palabra Egipto proviene el vocablo griego Aigyptos dado durante la conquista de Alejandro Magno y el período Helenístico. Los antiguos egipcios no llamaban a su tierra “Egipto”, sino Kemet. Palabra que significa “Tierra Negra” en alusión a la tierra fértil en los márgenes del Nilo y a su vez diferenciar la región cultivable de la zona desértica. A la región árida o desierto lo nombraban: “deshret”.

Los egipcios se llamaban así mismos como: “remet-en-kemet” cuyo significado es «habitante de la tierra negra», «poblador de la tierra negra» o «pueblo de la tierra negra».

La historia de Egipto inicia con el ascenso de los primeros faraones que dan inicio a una serie de reyes emparentados. Dicha secuencia heredada de padre a hijo, por lo común, es conocida como: Dinastía.

Según la historia recabada por Manetón y las datos y descubrimientos arqueológicos, el primer rey que unificó al Alto y Bajo Egipto fue Menes, nombre de variante griega para el egipcio de: Mena.

Previo a la unificación de ambas regiones del Nilo, se teoriza que Mena (Menes) dominaba todo el Alto Egipto o zona sur.

El Bajo y Alto Egipto estaban en guerras constantes desde largo tiempo. El Bajo Egipto unificado frente al Alto Egipto tenía su capital en la ciudad egipcia de Per-Uadyet, cuyo nombre griego fue: Buto.

El Alto egipto tenía su capital en Nejen o Hieracómpolis en griego antiguo.

La unificación de las dos regiones ocurrió aproximadamente entre el 3,100 y 3050 a.C. durante el período de Nagada II, con la conquista del Bajo Egipto por Mena, siendo este rey el que inicia las dinastías de Egipto.

En las inscripciones antiguas se ha encontrado el nombre de un rey llamado: Nármer como unificador del Alto y Bajo Egipto, a quien según se ha identificado con el mismo Mena (Menes). Narmer y Mena podrían ser por lo tanto el mismo rey unificador, hecho posible debido a que los reyes egipcios o Nesu adoptaban otros nombres cuando subían al trono. Existe cierto concenso que Mena y Narmer son el mismo monarca.

La prueba (teórica) de la autoridad regia de Nármer estaría en la célebre: «Paleta de Nármer».

Esta es una placa esculpida con bajorelieves encontrada en las excavaciones del templo de Horus en Hieracómpolis en 1898, formada de esquisto verde, de 64 cms de alto y 45 cms de ancho con grabados en ambas caras.

Paleta de Nármer

En el anverso de la paleta se aprecia al supuesto rey Nármer blandiendo una maza sobre sus enemigos conquistados con el dios Horus sobre unos papiros en su parte superior y enemigos abatidos en su parte inferior. Al reverso se muestran al faraón Nármer con su séquito y una fila de enemigos decapitados, dos sepopardos (animal mitológico mezcla de serpientes y leopardos) entrelazados lo que en teoría indicaría la unión del Alto y Bajo Egipto. En su parte inferior aparece un toro, que simbolizaría a Nármer, quien derriba las murallas de las ciudades rivales y aplasta a un enemigo caído.

Existen otros datos que aportarían a la existencia de un conjunto de reyes del Alto Egipto que fueron sucediéndose en el trono (si acaso estuvieron enfrentados entre sí o guerrearon contra el Bajo Egipto durante su reinado) hasta llegar a Nármer quien sería el último rey representante de tal estirpe. Estos reyes dominaron ciertos nomos o regiones del Alto Egipto por espacios de años o siglos. Su distinción es denominada: Dinatía 0 (Dinastía cero) como un conjunto de reyes predinásticos que habitaron la ciudad de Nejen (Hieracómpolis).

Estos reyes predinásticos iniciarían su dinastía con un rey a quien se ha titulado como Rey Escorpión, seguido de otros reyes como: Hat, Horus Hedyu, Horus Iri, Horus Hut, Horus Ka, Horus Niniet, Horus Cocodrilo, Horus Escorpión o mejor conocido como Escorpión II para diferenciarlo del primer Rey Escorpión. El Rey Escorpión II sería sucedido inmediatamente por: Nármer u Horus Nármer.

El dios egipcio Hor, llamado Horus por los griegos (asimilado con Apolo), era conocido en el periodo predinástico, estando vinculado a la realeza de los monarcas del Alto Egipto, siendo su centro de culto la ciudad de Hieracómpolis, capital del Alto Egipto. Desde el Imperio Antiguo, consolidada la conquista del Bajo Egipto por el Alto Egipto, el dogma del dios Horus del Alto Egipto continuaría con el nuevo rey egipcio de ambas regiones unificadas, convirtiéndose al amparo de la religión egipcia en la manifestación del dios Horus en la tierra (Horus encarnado); pero al morir este rey se convertirá en Osiris, formando parte al mismo tiempo del dios creador Ra.

Las teorías apuntan a que el “Rey Escorpión II”, penúltimo Nesu del listado de reyes predinásticos, se trataría del mismo Nármer (Mena; Menes para los griegos), mientras que otras teorías señalan que este “Rey Escorpión II” resultó ser el monarca que unificó al Alto Egipto bajo su mando, siendo Nármer (Mena) su sucesor, quien acabaría consolidando la empresa conquistando el Bajo Egipto (eliminando focos de resistencia, anexionando más territorios, castigando a los rebeldes, etc) y se ceñiría la corona del Alto y Bajo Egipto. Siendo por lo tanto dos reyes distintos.

Podría postularse como teoría alternativa, y la más documentada, que el “Rey Escorpión II”, Narmer y Mena (Menes) fueron tres reyes distintos quienes en diferentes períodos de tiempo, desde sus bases en el Alto Egitpo, conquistaron el Bajo Egipto en un largo proceso de batallas y escaramuzas a lo largo de Kemet, dentro del cual, el “Rey Escorpión”, hubo de iniciar la conquista (si acaso no conquistó los nomos del Alto Egipto en primer término bajo su mando), sus sucesores hasta el Rey Escorpión II prosiguieron la lucha, Narmer dio continuidad y Mena la finalizó consiguiendo el control de todo Kemet. Estos tres últimos reyes, no estarían necesariamente emparentados. Mena sería el último monarca de una lista de regentes en obtener el trono y la corona de ambas tierras.

Manetón en su crónica señala a Mena como el Nesu egipcio que obtuvo el control total de todo Egipto, reuniendo al Alto y al Bajo Egipto bajo su administración y coronado como rey de todo Kemet a partir del año 3,100 a.C. o 3,050 a.C. por lo que sus antecesores: El Rey Escorpión II y Nármer, formarían parte del Período predinástico.

La coronación de Mena, oficialmente aceptada por historiadores, arqueólogos y la historia oficial de Egipto, marca el nacimiento de la primera dinastía egipcia, a su vez señala el final del Período Predinástico (prehistoria egipcia) y marca el comienzo del Período Dinástico.

Este período Dinástico del Antiguo Egipto o Imperio Egipcio tal y como lo conocemos tendría una duración de 3,000 años. Estaría dividido por tres etapas de larga duración que tendrían como medida de marcación las diferentes dinastías de sus respectivos reyes separadas a su vez por períodos o fases de declives del poder del faraón conocidos como períodos intermedios.

Las dos primeras dinastías del Imperio Antiguo, es decir, la dinastía I (Mena y sus sucesores) y la dinastía II, han sido separadas del Imperio Antiguo y son generalmente llamadas: proto dinásticas.

IMPERIO ANTIGUO: LOS LOGROS DEL PERÍODO PROTODINASTICO:

Pocos detalles son conocidos de las dos primeras dinastías del Imperio Antiguo de Egipto a través de la lista de Manetón, evidencias arqueológicas que señalan a ambas dinastías procedentes de tumbas y cenatofios de Abydos y Saqqara, el papiro de Turín, etc. No obstante no existen textos literarios de ese lapso de tiempo.

Se postula que Mena reinó durante aproximadamente 70 años y su continuidad estuvo marcada por su descendencia. Las dos primeras dinastías, conocidas como proto dinásticas, tenían la características que sus reyes eran originarios de la región egipcia de Cheni, nombrada por lo griegos como Thinis o This, conocida actualmente como Tinis, por lo que ambas dinastías han sido denominadas como: “dinastías tinitas”.

Los soberanos de estas dos primeras dinastías forjaron las bases del Imperio Egipcio cuya continuidad estuvo marcada por sus sucesores.

Mena, sus descendientes y el resto de monarcas crearon una administración capaz de mantener unido al valle del Nilo, junto a un gobierno estable en su mayor parte, capaz de imponer su autoridad exaltando la figura del rey sobre el resto de pobladores.

Los nuevos monarcas iniciados por Mena, establecieron la figura de un rey divinizado representante elegido de los dioses; con esta condición lograron la devoción de sus súbditos y ser considerados dioses entre los hombres. Esto último indica que durante el período predinástico y principalmente durante el protodinástico los sacerdotes habían ganado gran notoriedad. o por defecto influencia entre los habitantes del Nilo, por lo que la labor del naciente clero egipcio era respaldado por gran parte de la población y su beneplácito sobre el rey sería la confirmación (excusa) de la divinidad en la figura del faraón y una justificación a su devoción; lo que en la práctica se traduciría como beneficios y favores del monarca hacia el clero al magnificar su figura ante la población.

La función de los sacerdotes en la religión egipcia fue influyente y en ciertos períodos de la historia del Imperio Egipcio decisiva para legitimizar la figura, acciones y decisiones del rey como “elegido por los dioses” o “por voluntad de los dioses”. En la actualidad no se pone en duda que en muchas ocasiones el Imperio egipcio el poder estuvo compartido entre el rey, las milicias y, por supuesto, los sacerdotes o por defecto el faraón debía rendir grandes conseciones al clero para legitimizar su reino.

En este período proto-dinástico es establecido el lujo y la ostentación de las figuras de los monarcas, lo que acrecentaría su carácter ante el pueblo egipcio y la seguridad de magnificencia.

Un dato muy importante es que la prosperidad de los habitantes del Nilo aumentó durante el período protodinástico; lo que conllevó a ver la razón en ello a la administración egipcia de los reyes, interpretado como la guía del mando del faraón que llevaba la prosperidad a los habitantes egipcios.

Los logros de esta fase proto-dinástica se debieron en parte al papel de la monarquía naciente, inclusive en tiempos de inestabilidad.

Ambas dinastías contribuyeron a la creación de egipcios nobles y privilegiados así como la formación de una corte real y la diversificación de los trabajos en la sociedad egipcia que se acentúa en la formación de nuevas milicias, las bases de las clase sociales y la aparición de artistas y artesanos. Estos últimos trabajarían el cobre reflejado en las armas de este metal. También la alfarería tuvo gran notoriedad. Existen tumbas de este período donde se han encontrado cuencos, vasijas, vasos y jarras de cobre.

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Otras artesanías presentes de este período fueron los enseres domésticos de marfil y madera.

La arquitectura fue desarrollada, especialmente en edificios sepulcrales. Tableros de madera y vigas de cubierta fueron empleados en estas construcciones lo que revela el contacto de Egipto con el Líbano de forma habitual, desde donde importaban la madera.

El comercio entre Fenicia y Mesopotamia fue relativamente contínuo, permitiendo el ingreso de tecnologías.

Según los indicios, es en esta fase donde la escritura egipcia alcanza su término con signos silábicos que corresponden a sonidos, es decir, los jeroglíficos.

Aunque la administración de estos reinos por sus reyes fue admirable, no estuvieron exentos de revueltas por lo que el desarrollo de las milicias en el campo militar fue evidente.

Mena sofocó ciertas revueltas en su reinado, obtuvo victorias contra los nubios (la existencia de destacamentos de saqueadores revela la naciente prosperidad egipcia). Su política estuvo marcada por la reconciliación y las garantías a los habitantes ambos lados del reino. Esto está reflejado en la fundación de la nueva capital del Imperio Egipcio por Mena en la ciudad de Menfis en el límite entre el Alto y Bajo Egipto.

Mena además edificó templos a los dioses y proyectos de canales de irrigación y drenaje.

Durante la Dinastía II el poder monárquico es establecido en absoluto y se crean nuevos cargos administrativos en una red de funcionarios reales en los diferentes nomos. Con esta diversificación nace la figura del Visir o mano derecha del Faraón, determinando que los antiguos egipcios ya contaban con un eviente y admirable grado de organización.

Estas hazañas, logros y políticas serían esenciales para la continuidad del Imperio Egipcio en los siglos venideros.

LA CONTINUIDAD DE LAS DINASTÍAS.

En la historia del Antiguo Egipto se desconoce en algunos casos los sucesos del cambio de una dinastía a otra.

En el caso del Egipto Protodinástico, se desconoce el tránsito de la I Dinastía a la II Dinastía.

El paso de una dinastía a otra podría ser comunmente el caso de un Nesu fallecido (muerte natural, accidental o en batalla) sin sucesores. Según los datos un rey de la primera dinastía fue muerto (“devorado”) por un hipopótamo. Según las fuentes podría tratarse del Nesu Mena. Sin embargo las referencias no están del todo claras y los datos históricos están mezclados con leyendas; a pesar de ello, no se descarta la posibilidad del hecho ejemplificado en cuestión ya que los ataques de hipopotamos a humanos son reales, especialmente con la abundancia de la fauna del Nilo durante el Imperio Egipcio Antiguo hace más de 5,000 años.

(Se tiene evidencia que los egipcios cazaban hipopótamos; lo que debió ser un deporte o actividad muy peligrosa; mucho mayor que la caza de leones o cocodrilos).

Las dinastías por lo tanto podrían incurrir del paso de una a la otra por golpes de estado, conjuras palaciegas, problemas de la heredad dinástica, desaveniencias con el poder influyente del clero, faraones incompetentes que perdían el respeto de la población (especialmente en lo relativo a la defensa de Egipto), catástrofes, hambrunas, rivalidades entre miembros de la nobleza, falta de apoyo de las milicias, etc. 

Un dato importante es que algunos funcionarios podrían haberse convertirdo en consejeros del rey, obtener poder y luego detentar contra los faraones, ejercer cierto grado de influencia y control sobre el monarca o por defecto tener grandes privilegios al grado que el monarca dependía de sus consejos.

La Dinastía III abrió su paso en la historia egipcia por grandes muestras de poder; por lo que su existencia marca el inicio oficial del: Imperio Antiguo.

LAS TUMBAS DE LOS REYES. LAS PRIMERAS MASTABAS Y LA VISIÓN RELIGIÓSA DE LA OTRA VIDA:

La arquitectura y la ingeniería fueron el arte por excelencia del Antiguo Egipto.

La pintura y la escultura estaban supeditados a tal arte, de tal forma que la mayor parte de estas tendencias fueron parte importante de templos y construcciones egipcias.

El culto a los muertos estuvo muy presente en la cultura y la religión de los egipcios por lo que buena parte de su arte estuvo relacionado con los aspectos religiosos y funerarios. Esto es evidente cuando se aprecia en la cultura egipcia los templos a los dioses y los sepulcros egipcios principalmente.

La creencias religiosas sirvieron de fundamento de la civilización egipcia lo que inspiró a la edificación de monumentos a lo largo del Nilo cuyas estructuras subsisten en buena parte.

La edificación de viviendas y estructuras inició durante el período predinástico cuando los egipcios hacían sus casas por medio de adobes (barro proveniente del Nilo).

Con el tiempo y especialmente durante el inicio de la etapa proto-dinástica y el Imperio Antiguo el adobe fue sustituído por la piedra.

Las casas egipcias durante el período predinástico hechas de forma circular en un principio, tornaron a ser construidas en el período proto-dinástico de forma cuadrangular; ya que con el uso de la piedra y la arcilla iniciaron además con los primeros templos como centro y alojamiento de un dios particular y también para los primeros sepulcros.

Las manifestaciones arquitectónicas características del período predinástico, protodinástico y las primeras etapas del período dinástico egipcio, fueron las estructuras de carácter funerario.

De estas podemos mencionar las tumbas y las mastabas (este último término proveniente del árabe “masatib” que significa “banco”).

El nombre egipcio de la mastaba era: “Per-dyet“. Una tumba de forma rectangular con muros laterales inclinados y un techo plano. Su construcción estuvo hecha con ladrillos de adobe y también de piedra.

Los primeros enterramientos predinásticos eran sepulcros simples bajo tierra. Un nicho cubierto con arena similar en cierta forma a un enterramiento provisional con excavaciones profundas probablemente revestidas interiormente con madera o esteras. Poco se sabe de su recubrimiento.

Con el paso del tiempo en la Dinastía I las tumbas reales eran antecámaras bajo la superficie capaces de albergar el cuerpo momificado del monarca o miembro de la nobleza acompañado a sus costados con diferentes utensilios (que los egipcios colocaban para que tales implementos acompañaran al difunto en la otra vida sirviendo a sus diversos propósitos: conjunto de muebles, ropas, herramientas y utensilios de uso común).

Estos primeros sepulcros evolucionaron hacia el año 3,200 a.C. a cámaras subterraneas con paredes de adobe o ladrillos de diversos tamaños con cámaras o cubiculos aledaños donde era dispuesto el ajuar del difunto. El cuerpo reposaba en un féretro de madera. La fosa probablemente era cerrada con adobe y luego cegada.

Posteriormente las cámaras fueron ampliadas en construcciones de adobe y con el tiempo hechas de paredes de ladrillos elevadas con forma rectangular que originaron la mastaba hacia el año 3,100 a.C.

El ejemplo más característico son las tumbas en la región Abydos/Abidos (Abedyu, en egipcio antiguo, capital del nomo tinita o nomo VIII del Alto Egipto), culto importante al dios Osiris, complejo que se convirtió en el lugar de enterramiento tradicional de los primeros faraones. Al borde del desierto en Abydos se encuentran las tumbas de los reyes de la Dinastía I (datadas: 3000 – 2800 a.C.) además de las tumbas de la Dinastía 0 (datadas: 3100 – 3000 a.C.).

La mastaba consistía en una construcción rectangular con techo plano y paredes inclinadas. Esta recámara servía como casa del difunto, constaba en ocasiones de una antesala (primera habitación) y de un habitáculo inaccesible o capilla sellada (comunicada con la antesala por medio de un orificio) llamado serdab (“bodega” en árabe) o per-tu.t. (per-tuat/per-tuit) “casa de la estatua” en antiguo egipto.

La capilla hermética contenía una estatua como representación del difunto.

La antesala contaban con un pozo vertical hecho con paredes de ladrillos que comunicaba a una cámara subterránea que albergaba el cuerpo del fallecido. El acceso al pozo estaba sellado y cegado con grandes bloques de piedra. En la antesala eran colocadas las ofrendas. Algunas mastabas eran decoradas en las paredes del interior con relieves egipcios y pinturas murales.

La idea de la concepción de la mastaba estaba basada en las creencias religiosas egipcias entre el mundo de los vivos y los muertos.

Los egipcios creían que el alma del difunto o Ka emergía del cuerpo del fallecido enterrado en la cámara sepulcral subterránea de la mastaba. Luego accedía a la antesala en la cámara superior de la superficie subiendo por el pozo. El alma pasaba posteriormente a residir en la imagen instalada en el serdab y a través del orificio podía ver y participar de las ofrendas dejadas por sus familiares en la antesala.   

Este tipo de sepulcros estuvieron reservados para los reyes, ministros, altos dignatarios, militares de alto rango y nobles. El resto de la población egipcia contaba solo con sepulcros simples.

En tiempos predinásticos los egipcios enterraban a sus muertos en agujeros simples excavados en las arenas del desierto. El clima desértico, caluroso y seco, preservaba los cuerpos de la descomposición. No obstante, los saqueadores de tumbas y las alimañas del desierto que exploraban, escarbaban o estropeaban los sepulcros hicieron que los egipcios crearan formas artificiales de preservación de los cuerpos y la conservación de sus utensilios, lo que condujo a la invención de sepulcros sellados, luego a las mastabas junto con papiros con fórmulas mágicas, figurillas humanas de madera (que se convertirían en personas que trabajarían y servirían al difunto en la otra vida) y posteriormente a las técnicas de momificación altamente extendidas en la población egipcia. (Los egipcios creían que la muerte provocaba la separación del alma [el Ka] del cuerpo; pero esa separación era transitoria; ya que el alma retornaría al cuerpo por lo que había que conservarlo para que así pudiera alcanzar la otra vida de ultratumba o amenti).

No todos los egipcios podían costear un entierro adecuado o deseable, incluida la momificación o un sepulcro como la mastaba.

La mayoría de egipcios, ante un familiar o persona fallecida, envolvían el cuerpo en una piel de buey o estera de esparto y luego era depositado en un agujero excavado sobre la tierra en posición fetal y luego sellados con la tierra removida. Muchos de estos sepulcros apenas contaban con unos cuantos utensilios y un diminuto papiro con unas cuantas fórmulas mágicas. Algunos egipcios podían costearse un sepulcro modesto como un fozo cuadrado o rectangular donde alojar el cuerpo del difunto con una pequeña cámara contigua donde alojar ofrendas e implementos.

Muchas tumbas egipcias eran secretas, especialmente la de los egipcios de alta clase para evitar los saqueos.   

Las mastabas estuvieron presentes hasta la Dinastía III entre los reyes y nobles, donde existió la modificación del modelo de mastaba erigido por Imhotep en la región de Saqqara para el rey Dyeser (Zoser).

EL INICIO DEL PODER. LA FIGURA DE IMHOTEP. LA PRIMERA PIRÁMIDE DE LA HISTORIA EGIPCIA.

El Imperio Antiguo comienza con la tercera disnastía oficialmente.

El Imperio Antiguo estuvo caracterizado en como Egipto pasó a ser potencia como reino. En este período la unión entre el Bajo y Alto Egipto queda asegurada en definitiva. El estado queda organizado como una monarquía donde el Nesu tiene poderes reales absolutos por derecho divino (regencia de los dioses egipcios) delegado en sus herederos. El faraón es ayudado por la figura del visir y los jefes locales de cada nomo conocidos como los “nomarcas”.

Egipto tuvo además una evolución cultural, económica y política consolidada.

No obstante entre sus funcionarios tuvo a un delegado que pasaría a la historia como un gran consejero, médico, arquitecto, ingeniero y sabio llamado Imhotep.

Imhotep o Imutes fue un sabio egipcio quien desempeñó papeles de médico, astronomo e ingeniero y arquitecto. Actuó como sumo sacerdote y fue el principal funcionario del faraón Zoser y diseñó la pirámide escalonada de Sakara cerca de Menfis.

Abydos había perdido su lugar de función de enterramiento tradicional hacia el año 2750 a.C. Los faraones decidieron que la sede funeraria estuviese en las cercanías de Menfis.

El traslado dio inicio a una nueva tradición con la creación del complejo funerario del rey Zoser.

Zoser, conocido también como el nesu: Necherjet – Dyeser, fue el segundo faraón de la tercera dinastía del Imperio Antiguo de Egipto. Entre sus principales actividades estuvieron las expediciones militares a la península del Sinaí derrotando y conquistando a las tribus nómadas locales y por encargar a Imhotep la construcción de su sepulcro.

El conjunto funerario del rey Zoser es un excelente ejemplo de la historia arquitectónica del Antiguo Egipto.

El complejo funerario de Zoser fue construido hacia el año 2650 a.C. en la meseta rocosa de Sakara en una configuración en piedra con gran precisión considerado un edificio petreo monumental.

Wikimedia Commons. Author: MONNIER Franck. Link: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Djoser-complexe.jpg

La pirámide de Zoser consiste en una estructura que en un principio alcanzaba una altura de 70 metros de altura, con 140 metros de margo y 118 de ancho en su base. Está hecha de piedra conformada por seis enormes mastabas escalonadas, una encima de otra, la superior siendo más pequeña que la inferior de forma sucesiva. En sus inicios estab revestida con piedra caliza blanca pulida.

La pirámide se encuentraba al interior de un complejo funerario rectangular conformado por una muralla con una medición estimada de 554 metros x 277 metros. Tal muralla está hecha de piedra caliza. Medía en sus inicios 14 metros de altura.

El sepulcro funerario de Zoser (Dyeser) está ubicado en el centro de la pirámide, en el fondo de una recámara de 28 metros de profundidad y siete de anchura; se construyó de granito y fue revestida con yeso. Esta sala está sellada con varios bloques de granito que suman un peso total de 3500 kilos.

Wikimedia Commons. Author: R.F. Morgan. Link: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:001_Djoser_Iso.jpg
Wikimedia Commons. Author: R.F. Morgan. Link: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Djoser_transparenta.jpg

El recinto en su totalidad contiene una sala hipóstila (recinto con columnatas), capillas, patios, red de pasadizos, etc.

Cerca de la tumba existen figuras del faraón. En una de las efigies aparece el nombre del creador del monumental complejo: Imhotep, quien siglos posteriores sería no solo como un héroe, sino como un santo alcanzando la categoría de un dios egipcio.

El cometido del edificio es que el rey difunto Zoser utilizara el recinto como un palacio en la otra vida. Tanto la pirámide de Zoser junto al complejo funerario que le rodea, superaban en toda medida la arquitectura egipcia anterior de las Dinastías I y II, abriendo paso a la evolución de la arquitectura egipcia en un período admirable de expansión. La evolución estuvo centrada en la pirámide escalonada que sería fuente de inspiración para la creación de una pirámide de forma clásica como la pirámide «Roja» de Dahshur, la de Keops, Kefrén y Micerino.

Bibliografía:

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