La Edad Media – Formación de las primeras nacionalidades europeas.

La Edad Media es el período histórico del Mundo Occidental establecido entre los siglos V y XV d.C.

Su fecha de inicio está fijada con la Caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 y su término con la caída de la ciudad de Constantinopla ó Imperio Bizantino en el año 1453, año también de la invención de la imprenta, la publicación de la Biblia de Gutenberg y el fin de la Guerra de los cien años entre los reinos de Francia e Inglaterra.

Algunos historiadores fijan el final de la Edad Media con el descubrimiento de América o la llegada del hombre europeo al continente por medio de Cristóbal Colón en nombre del reino de España.

La Edad Media corresponde a un cambio cultural y de pensamiento de la Edad Antigua, específicamente un cambio del pensamiento y modificación del patrón cultural del Imperio Romano, en los ámbitos económico, político, social, militar, cultural y religioso. En el ámbito económico el paso del modelo económico de Roma por el Sistema Feudal que implicaba el servicio del vasallo al rey. En el ámbito político: el poder centralizado del Imperio Romano modificado por el poder de diversos reinos de carácter germánico en la mayor parte de Europa y con raíces de Roma en el caso del Imperio Bizantino.

En lo social: el cambio del derecho de ciudadanía romana por las clases sociales medievales que condujo a la identidad de los pobladores con su reino y su región. En lo militar: de la clásica infantería romana y las legiones a tropas conformadas por milicias, mercenarios, arqueros y caballería. Esta última destacaría principalmente en todo el período medieval.

Cultural: El establecimiento de las ideas, costumbres, creencias y pensamiento particulares en los habitantes de las regiones y reinos. En el ámbito religioso: el paso de las religiones politeístas al teocentrismo cristiano exclusivo.

Aunque el cristianismo fue aceptado en el Imperio Romano por emperadores como Constantino o Diocleciano convirtiéndose en la religión oficial del Imperio, lo cierto es que en la práctica las religiones politeístas predominaban en Roma hasta su disolución por el crecimiento y predominio del dogma cristiano previo y posterior a la caída del Imperio Romano. El cristianismo, en este caso, la Iglesia Católica Apostólica Romana, logró imponerse y ser la religión oficial y única del Medioevo en Occidente.

División de la Edad Media:

-Alta Edad Media: Del siglo V al X. Inicia con la caída del Imperio Romano por las migraciones de los pueblos germánicos y la crisis social de Roma, el establecimiento de los reinos germano romanos y el inicio de la Reconquista Española.

-Plena Edad Media: Del siglo XI al XIII. Caracterizado principalmente por la expansión del sistema Feudal, el inicio de Las Cruzadas y la continuidad de la Reconquista española. Surgen las Órdenes de Caballería junto a la elevación del poder de la Iglesia, el surgimiento de la burguesía y las Universidades.

-Baja Edad Media: Del siglo XIV al XV. Crisis del siglo XIV y Fin de la Edad Media.

La Edad Media es utilizado erróneamente como término para describir una época oscura, injusta, sucia, con una crueldad sin límites, enfocado en las tinieblas y la barbarie; con el ideario popular de una sociedad inmersa en guerras brutales, paisajes brumosos con días sombríos, castillos inexpugnables, siervos masacrados, señores feudales inmisericordes y ambiciosos, una Iglesia que regía por la fuerza la vida de todos los individuos, monjes ávidos por toneles de vino, fanatismo religioso al extremo, lobos despiadados en los bosques, ratas, enfermedades y pestes día tras día, brujas en la hoguera, caballeros corrompidos, vikingos en las costas, bandidos ocultos en la espesura al estilo de “Robin Hood” (Robin de Locksley), etc.

Sin embargo, la Edad Media tiene una visión particular entre lo negativo y positivo, donde comúnmente solo se observa desde una óptica desfavorable obviando lo favorable en un proceso del crecimiento de la humanidad, la mentalidad de las personas que vivieron durante esa época y las circunstancias que impulsaron y determinaron su desarrollo.

El término Edad Media fue otorgado a tal período en el siglo XV por los textos del humanista italiano Flavio Biondo (1392 – 1463) y los documentos del obispo Giovanni Andrea Bussi (1417 – 1475). Este clérigo describió dicho período de tiempo con el término en latín de: media tempestas, cuyo significado es: “épocas medias” en alusión a los mil años transcurridos desde la caída del Imperio Romano hasta el siglo XV como un período oscuro interpuesto entre la época de Gloria o época clásica (mundo griego, Imperio Romano o “cultura grecoromana”) y la iluminación del mundo moderno llamado: el “Renacimiento”. Este último término asignado por Giorgio Vasari (1511 – 1574) refiere un nuevo período de la humanidad que aspiraba ennoblecer al ser humano enterrando la barbarie de la época de los reyes, castillos y caballeros medievales.

Por otro lado, la Edad Media es vista en ocasiones con tópicos distorsionados, con gestas heroicas extremas y una visión romántica creando estereotipos como caballeros medievales en “busca de dragones” o vikingos usando “cascos con cuernos”, imaginario que aún persiste y que ha trascendido culturalmente.

La Edad Media no fue una época de progreso excesivo, tolerancia y un tiempo feliz para la humanidad; no obstante obtuvo ciertos adelantos como: la creación y uso de tenedores, botones y pantalones, aparatos como la brújula, lentes, molinos de agua y de viento, las gafas, el billete o papel moneda, el reloj mecánico, la imprenta, las bases para la formación de los bancos (caballeros Templarios), el nacimiento de las primeras universidades con maestros remunerados que enseñaban letras, matemáticas y catecismo a los niños, la creación de las notas musicales y la adopción de las ciencias árabes de los números, el perfeccionamiento de las armas de guerra en su momento, la utilización de la pólvora para fines bélicos creando las primeras armas de fuego, desarrollo de la arquitectura e ingeniería a través de castillos, fortalezas y catedrales (arbotantes) y su posterior evolución hacia la ingeniería modernidad, la creación de los primeros Parlamentos (Islandia/Inglaterra) en los primeros intentos por establecer los derechos y deberes de todo ciudadano.

Durante la Edad media se crean las primeras milicias enfocadas en “fuerzas especiales” por medio de órdenes de Caballería como Templarios, Hospitalarios o caballeros Teutónicos, creación de barcos de poco calado capaces de remontar ríos o costas sin puerto (drakkars vikingos) y su evolución a barcos de mayor capacidad junto a la mejora en los sistemas de navegación y la adopción del astrolabio y el cuadrante lo que permitió el establecimiento y fortalecimiento de rutas comerciales (principalmente en el Mediterráneo con el mundo árabe, Marco Polo quien cruzó Asia o el vikingo Leif Eriksson alcanzando las costas de América), las cruzadas que, a pesar de ser campañas de guerra contra el Islam, permitieron absorber algunos aspectos culturales del mundo árabe y asiático lo que permitió la expansión y absorción de ciertas ideas culturales, el surgimiento junto al desarrollo y expansión de las primeras ciudades (burgos) transformándose en centros culturales y económicos y el nacimiento de la burguesía que con el paso del tiempo desplazaría al sistema feudal.

La edad media desde un punto de vista cultural y geopolítico resultó para el mundo occidental un baluarte que protegió el destino de Occidente y su sentido de existencia.

Si los valores del mundo occidental están inequívocamente representados por: el legado del imperio Romano en el derecho y modelo de civilización, las ciencias y el arte heredados por el mundo griego y helenístico y la religiosidad hebrea en la figura de Jesucristo, un carpintero judío de Nazaret, cuya doctrina parte de la espiritualidad, los valores, la moralidad y la rectitud del pueblo judío transmitidos a Occidente, la Edad media resultó por lo tanto en la preservación del legado heredado anteriormente y su correspondiente defensa.

La Edad Media, caracterizada por la Cruz y la Espada, defendió un modelo occidental y su identidad cultural, especialmente frente al Islam, deteniendo su avance y la inevitable destrucción de la civilización de occidente. La preservación y legado de la Edad Media tampoco estuvo exento de errores humanos, en un proceso de evolución del pensamiento y comprensión de la búsqueda un mejor entendimiento y respeto entre los seres humanos en la Era Moderna.

La Caída del Imperio Romano y el surgimiento de la Edad Media:

El Imperio Romano cae en el año 476 d.C. tras una dura convivencia y lucha contra distintas facciones de pueblos bárbaros alejados de sus fronteras, quienes con el paso del tiempo realizaron incursiones sobre el imperio traspasando sus límites y aprovechando la debilidad del poder central en Roma y su progresiva decadencia.

Tras varios siglos de convivencia hostil los bárbaros del centro y el norte de Europa, no solo invadieron las provincias fronterizas del Imperio Romano; sino que absorbieron en alguna medida parte de su cultura. Roma, gloriosa en tiempos antiguos, estaba en decadencia a partir del siglo III d.C. Los pueblos germánicos, con evidentes diferencias con los romanos, contaban con una cultura propia que llegó a preservarse frente a los pueblos del sur de Europa.

Contrario a lo que se piensa, muchos de estos pueblos bárbaros ante la maquinaria bélica de los legionarios romanos, competirían con Roma en el campo militar, especialmente con el desarrollo de la caballería germánica, pieza clave de la expansión y guerra de la Edad Media, cuyo origen se encuentra en los clanes germanos.

La decadencia del Imperio Romano ocurre por diversas causas como: la incapacidad de sus últimos emperadores; el deterioro de la administración civil; las luchas por las facciones de poder dentro del imperio; altos índices de corrupción y extorsión en la población romana; la ineficacia en la financiación de las milicias de Roma; las guerras civiles; la expansión misma del territorio romano que a la larga conduciría a la incapacidad para controlar la totalidad del territorio; la difícil situación en la defensa de las fronteras sobrepasando la capacidad de las legiones; la partición del Imperio en romano de Occidente y Oriente por Teodosio en 395 d.C.; y por último, como factor decisivo, la presión de los pueblos bárbaros sobre el limes romano.

Frente a este panorama los pueblos bárbaros traspasan las fronteras de Roma por diversos motivos: variaciones del clima, pérdida de cosechas, comercio, prestar servicios como mercenarios, el asecho de sitios para cometer pillaje, así como la búsqueda de tierras donde asentarse. Esta última causa, que movilizaría oleadas de poblaciones asentadas fuera del limes de Roma buscando mejores oportunidades de supervivencia o protección, tuvo a su vez diferentes razones como: la expulsión de clanes producto de guerras tribales, la rivalidad entre reinos bárbaros, grupos germánicos proscritos, ansias de saqueo o la amenaza de otros pueblos bárbaros sobre determinadas regiones.

El colapso de las legiones dio lugar al reclutamiento de bárbaros entre las milicias romanas que escalarían posiciones dentro de la administración, así como el contrato de mercenarios bárbaros para frenar a otras invasiones de los bárbaros. Estos bárbaros mercenarios solo obedecían a su jefe o a su clan por razones de fidelidad y, contrario a lo que muchos historiadores sostienen, estos bárbaros en realidad no vestían el típico traje del soldado legionario romano y no se integraban completamente a las legiones, sino que vestían sus propias indumentarias germánicas, usaban el cabello largo como distintivo, marchaban como jinetes (caballería germánica) siguiendo a las legiones y utilizaban sus propias armas como la esphata larga germánica a diferencia del gladius romano y el uso del escudo redondo germánico en lugar del escudo rectangular romano.

Estos acontecimientos llevarían de forma gradual a la pérdida de control de ciertas regiones y provincias de Roma que acabarían siendo absorbidas por los pueblos germánicos en sus invasiones, asentándose en estas tierras y mezclándose, sometiendo o desplazando a la población local. Los emperadores serían incapaces de detener a la larga estos asentamientos que serían cedidos por la negociación o por la fuerza.

Otro factor relacionado con la presión de los bárbaros resultó ser el aumento de sus capacidades bélicas frente a las legiones de forma gradual. En el año 250 d.C. las tribus germánicas lideradas por Cniva derrotan a las legiones romanas del emperador Decio quien representaba las virtudes guerreras de Roma. En el año 378 d.C. los bárbaros derrotan a las legiones romanas de oriente en la Batalla de Adrianópolis donde el mismo emperador Valente perdió la vida. Para el año 410 d.C. los visigodos del rey Alarico saquean Roma.

Los pueblos germánicos en un principio atacarían Roma chocando con sus legiones en diferentes frentes de guerra, especialmente durante la expansión del imperio y, posteriormente, huirían hacia las regiones occidentales durante el siglo V ante la amenaza de otro pueblo conocido como: los Hunos, pueblo nómada de origen mongólico proveniente de las estepas de Asia, dirigido por su líder: Atila, cuyas conquistas le llevarían a expandir sus dominios y buscar el saqueo y conquista de Roma.

El Imperio Romano, en franca decadencia, con un ejército debilitado y pugnas por el poder entre sus dirigentes, decide hacer frente al peligro de Atila, apodado “El Azote de Dios”, como una advertencia de la inevitable destrucción de la civilización romana. Frente a la amenaza de los hunos, Roma escoge al experimentado general romano Flavio Aecio, cuyo instinto frente al avance imparable de los hunos, le hace buscar alianzas con otros pueblos bárbaros: los visigodos y francos, para enfrentarse al creciente poder de Atila y sus huestes.

En el año 451 d.C. las legiones romanas de Aecio en alianza con el ejército bárbaro visigodo y los sajones, burgundios y francos, se enfrentan en la célebre Batalla de Los Campos Cataláunicos contra una confederación de clanes bárbaros germánicos sometidos y liderados por Atila y su ejército de hunos.

Contra todo pronóstico, Aecio, los visigodos y sus aliados derrotan al mismo Atila en una difícil pero decisiva batalla, salvaguardando Roma, al menos por un tiempo, derrumbando el mito de la invencibilidad de los hunos y, paradójicamente, permitiendo al mismo Atila salir con vida del campo de batalla.

Aunque los historiadores han documentado la victoria de Roma en la Batalla de Los Campos Cataláunicos como “último baluarte de la preservación de la civilización de Occidente” alabando el liderazgo de Aecio y de las legiones romanas restando importancia al ejército bárbaro aliado, lo cierto es que el peso de la batalla y su victoria recayó en realidad a la fuerza y la tenacidad de los ejércitos visigodos quienes resistirían los ataques de Atila y organizando sus filas en medio de la batalla atacarían a los hunos rompiendo sus líneas y haciéndolos retroceder. La fortaleza y el avance de los visigodos como factores que cambiaron el curso de la Batalla de Los Campos Cataláunicos hacia una victoria, elementos ignorados o infravalorados por algunos historiadores, demostraría el peso de los pueblos bárbaros sobre Roma y su posterior hegemonía frente a la decadencia del Imperio romano lo que los llevaría a derribar sus fronteras y su posterior conquista.

Atila volvería a atacar el imperio al año siguiente, 452 d.C. En esta ocasión no serían las legiones de Roma y visigodas quienes detendrían su avance, sino la iglesia cristiana representada por el Papa León I. El emperador Valentiniano III, quien tenía su sede en Rávena, huye a refugiarse en Roma; de tal forma que el Papa sale al encuentro de Atila y sostiene una reunión privada con el líder de los hunos para suplicarle que desistiera de su intento de subyugar al imperio romano tomando su capital. Atila desiste de atacar Roma y se retira con su ejército tras la entrevista con el Papa León I, lo que pasó a ser descrito por muchos como un milagro. Sin embargo, el repliegue de los hunos acaeció por causa que la iglesia cristiana ofreció un enorme tributo a Atila a cambio de su retirada y al mismo tiempo al hecho que una epidemia había hecho su presencia en la milicia de los hunos.

Atila fallecería en 453 d.C. Sus sucesores luchan por el poder y los pueblos germánicos aprovechan la situación para quitarse el yugo de los hunos y enfrentarse a ellos en la Batalla de Nedao en 454 d.C. Los bárbaros ostrogodos derrotan arrolladoramente a los ejércitos asiáticos de los hunos minimizando grandemente su poder. Los pocos hunos sobrevivientes huyen al Mar Negro.

En el año 455, los vándalos de Genserico saquean Roma, pero el papa León I conseguiría que se respetara la vida de sus habitantes y que la ciudad no fuera incendiada. Estos acontecimientos del siglo V d.C. demostrarían el creciente poder bélico y político de los bárbaros y la influencia de la Iglesia de Roma en detrimento de las autoridades del Imperio Romano y el origen del poder en los futuros señores feudales y la Iglesia durante la Edad media.

Odoacro, rey de los bárbaros hérulos, depondría al último emperador romano Rómulo Augusto en el año 476. En el año 486 ocurre la Batalla de Soissons donde los francos destruyen al reino de Siagro último reducto del Imperio Romano. En el año 493 d.C. Teodorico el Grande, rey de los Ostrogodos, asesina a Odoacro, convirtiéndose en el rey de Italia.

La Edad Media nace con la decadencia de la institucionalidad del Imperio Romano; la caída de Roma por la invasión y destrucción de los pueblos bárbaros germánicos; la conquista, establecimiento y expansión de tierras que habían pertenecido al Imperio por los bárbaros; la subsecuente formación de nuevos reinos con la desaparición de la autoridad romana a excepción del Imperio Romano de Oriente; el establecimiento lento pero continuo del sistema feudal germánico en la naciente sociedad medieval y la adopción del cristianismo como religión oficial del mundo Occidental representado por la Iglesia Católica Romana, siendo esta el único baluarte sobreviviente del Imperio Romano tras su caída y hasta la fecha.

Hacia la Formación de los reinos europeos: Inglaterra, España y Francia:

INGLATERRA:

El Imperio Romano había dominado la Isla de Gran Bretaña, excepto Caledonia (nombre romano de Escocia), desde el emperador Claudio hasta el emperador Domiciano. Bajo la presión de los bárbaros y la decadencia de Roma durante el siglo V, el Imperio Romano retira sus legiones de la isla dejando a los bretones independientes; sin embargo, los caledonios descienden sobre el territorio de Bretaña en sucesivas invasiones. Los bretones en inicio fueron incapaces de hacer frente a la invasión de los caledonios y no contaban con la ayuda del Imperio Romano. A partir del siglo IV y V d.C. las tribus continentales de los sajones, frisones, jutos y anglios, provenientes de la actual Dinamarca y norte de Alemania, descienden sobre Roma y cruzando el océano alcanzan los territorios de Gran Bretaña estableciéndose en algunas comarcas como Dover y cerca del río Támesis.

La isla es acosada por las diferentes luchas y oleadas de bárbaros procedentes del norte de Europa. Surge la figura mítica de Arthur (Artús/Arturo/Rey Arturo) identificado posiblemente como el líder celto-romano: Ambrosio Aureliano, jefe de los bretones, para hacer frente a la invasión de los sajones en la Batalla del Monte Badon entre 490 y 517 d.C. y quien defendería la isla frente a los bárbaros por cierto período de tiempo. Pese a la resistencia bretona, los sajones logran dominar gran parte de la isla. Algunos bretones se retiraron al oeste de la isla o reino de Gales y otros a la región francesa de Armórica (Bretaña Francesa).

Heptarquía Anglosajona, los vikingos y el Danelaw.

Con el dominio sajón se establecen con el tiempo 7 reinos o Heptarquía Anglosajona, conformada por los reinos de Kent, Sussex, Essex, Wessex, Northumbria, Anglia del Este o Estanglia y Mercia.

Los siete reinos formados prosiguieron sus luchas contra los vencidos y entre sí. Estos pueblos se convirtieron al cristianismo por causa del monje San Agustín y sus misioneros. Una parte de los anglos y sajones persistió en la religión pagana. Por un tiempo el rey Egberto (827 – 836) logró dominar a los reinos bajo un solo mando.

Posteriormente surgen las invasiones de los vikingos sobre Inglaterra: en Dorset 789 d.C., y el monasterio de Lindisfarne 793 d.C., incluyendo Escocia e Irlanda con previos asentamientos en las islas Orcadas. En 841 los vikingos fundan Dublín en Irlanda. En un principio las incursiones vikingas tenían por objetivo el saqueo; no obstante, debido a la debilidad y conflictos entre los diferentes reinos anglosajones, los piratas escandinavos aprovecharon la circunstancia para establecer bases, luego pequeñas colonias y desencadenar con el tiempo diferentes invasiones como la del Gran Ejército Pagano 866 d.C. y la del Gran Ejército de Verano 871 d.C. cuyos objetivos fueron no solo el botín sino conseguir nuevas tierras y establecer nuevos dominios y tomando media Inglaterra, territorio que pasaría a ser llamado: Danelaw fundado desde finales del siglo IX.

Los reyes de la Heptarquía anglosajona hicieron frente con escasos resultados al nuevo invasor escandinavo; no obstante solo el rey Alfredo El Grande lograría salvar media Inglaterra uniendo bajo su corona los reinos de Wessex y parte de Mercia tras duras batallas contra los nórdicos. En 878 d.C. ocurre la Batalla de Ethandun o Edington, donde los sajones se enfrentan a los nórdicos derrotándolos. Su dirigente, el vikingo Guthrum “El Viejo” tomaría el bautismo cristiano solo en apariencia. Para el año 884 Guthrum ataca de nuevo Wessex siendo derrotado por las fuerzas de Alfredo, obligando a los vikingos a firmar un tratado de paz.

Para el año 927 los reinos anglosajones son unificados bajo Athelstan “El Glorioso” convirtiéndose en el primer rey de Inglaterra oficialmente. Athelstan consiguió victorias militares sobre Gales y Cornualles y derrotó a los vikingos en York en 928. Posteriormente se desarrolla la batalla de Brunanburh en 937 donde los ejércitos de Athelstan derrotan a los vikingos en coalición con Constantino II de Escocia, Owen del reino de Strathclyde y Olaf III Guthfrithson, monarca del reino vikingo de Dublín (Irlanda).

Para finales del siglo X solo existen dos reinos en Inglaterra: El Danelaw de los escandinavos y el reino anglosajón conformado por Wessex y Mercia.

En 991 prosiguen las incursiones escandinavas sobre Inglaterra. El rey Olav Tryggvason, conocido como Olaf I de Noruega, bisnieto del primer rey de Noruega Harald I de Noruega (Harald Cabellera Hermosa), lanza una flota inmensa sobre Inglaterra tomando territorios. El rey de turno Etelredo II “El Malaconsejado” llega a un acuerdo con Olaf y este se retira a Noruega. Posteriormente surgen los vikingos daneses sobre Inglaterra obligando a Etelredo a pagarles el danegeld (tributo).  A partir del año 1003 el rey Svend I Forkbeard, “Barba Partida”, de Dinamarca invade Inglaterra en sucesivas campañas de guerra y conquista el reino británico en 1013. Muere al año siguiente en 1014. El rey anglosajón Edmundo II Ironside o Costado de Hierro le sucede brevemente en el trono luchando contra los invasores vikingos.

En 1016 ocurre la Batalla de Assandon donde los vikingos dirigidos por Canuto El Grande derrotan a la fuerzas de Edmundo II Ironside conquistando Inglaterra. Edmundo II fallece ese mismo año. Canuto el Grande se convierte en rey de Inglaterra entre 1017 y 1035. Canuto conquistó posteriormente Noruega y partes del sur de Suecia formando así el llamado Imperio del Mar del Norte o Imperio Anglo – Escandinavo. Bajo su reinado en Inglaterra se forma una aristocracia sajona y normanda.

Le sucede a Canuto su hijo Canuto Hardeknut y la muerte de este la corona pasó a manos de los antiguos anglosajones con Eduardo “el Confesor”, séptimo hijo de Etelredo II el Malaconsejado. Eduardo el Confesor fue coronado en la catedral de Winchester.

Gales. Eduardo El Confesor y Harold Godwinson:

Con la salida del Imperio Romano de Gran Bretaña en el año 79 a.C. varios asentamientos de carácter celta fueron desarrollados en la península de la región oeste de la isla británica, el cual sería conocido posteriormente como región o reino Gales (Wales en inglés; Cymru en galés). La llegada del cristianismo, el establecimiento de diferentes reinos en Gran Bretaña, así como la invasión de los anglosajones, produjo una división de lenguas y culturas, entre los que destacaron los reinos galeses diferenciándose de los ingleses y escoceses y a su vez manteniéndose como independientes.

Con la caída del Imperio Romano y el inicio de la Edad Media la región de Gales dio paso a la formación de diferentes reinos galeses los cuáles luchaban contra los ingleses y a su vez entre sí sin unidad permanente entre sus diversos reyes. El reino de Mercia, desde los tiempos de la heptarquía anglosajona, presionaría al reino de Gales.

Durante el siglo XI a.C. Gruffydd ap Llywelyn, monarca del reino galés de Gwynedd, establecería la conquista del resto de los reinos galeses y luego extendería sus dominios sobre regiones occidentales de Inglaterra a partir del año 1055 d.C. Pese a ello, nunca existió una unidad definitiva bajo su mandato en todo Gales.

Gran Bretaña desde el siglo XI estaba bajo las dinastías de los antiguos sajones (pueblos que pusieron fin al Imperio Romano y someterían a los británicos) y la de los normandos (noruegos y daneses sentados en Inglaterra desde las invasiones vikingas) enfrentadas entre sí. Eduardo el Confesor promovió la unión entre ambos grupos, así como la inmigración de francos y de escandinavos hacia su reino, los cuales alcanzaron cargos episcopales y en la corte inglesa. Bajo su reinado hubo un crecimiento de las ciudades y un aumento del comercio; no obstante, mantuvo bajo vigilancia a los condes sajones que no aceptaban su supremacía y cedió parte de la gestión del reino al conde Godwin, quien había acumulado gran poder desde el reinado de Canuto. La hija mayor de Godwin, Edith, estaba casada con Eduardo El Confesor. Al mismo tiempo Eduardo entregaría títulos a los hijos de Godwin, hermanos de su esposa: Tostig Godwinson, conde de Northumbria y Harald Godwinson, conde de Wessex.

Inglaterra unificada haría la guerra al rey Gruffydd de Gales, ya que desde el año 1050 a.C. durante su reinado, Eduardo “el Confesor” mostraría una política agresiva contra Gales.

Gruffydd establecería lazos con el conde Aelfgard de Mercia como aliado. Este último estaba en enemistad con el reino inglés ya que había sido despojado de sus dominios ingleses. Edith, hija de Aelfgard, se casaría con Gruffydd. El rey galés y Aelfgard formarían una alianza en 1055 a.C. frente a un ejército formado y liderado por el conde Harold Godwinson. El rey galés derrotaría con sus ejércitos a los ingleses; por lo que estos últimos reconocerían a Gruffydd como rey de Gales estableciendo lazos de amistad y vasallaje con Eduardo “el Confesor” y retornarían a Aelfgard sus territorios en Mercia.

En el año 1062 Aelfgard fallecería y la política de Eduardo cambiaría ordenando a Harold atacar a Gruffydd en Gales. Este último lograría escapar de las milicias inglesas mientras que su ejército y su flota serían destruidos. En 1063 Harold y su hermano: Tostig Godwinson, conde de Northumbria, comandarían las fuerzas inglesas para atacar Gales desde el sur y el norte respectivamente dominando la región por completo. Gruffydd huiría y sería asesinado ese mismo año por los hombres de su escolta personal. Harold Godwinson tomaría por esposa a Edith, viuda de Gruffydd. El reino de Gales se fragmentaría nuevamente en sus reinos originales llevando a luchas y divisiones internas entre los diferentes reinos que lo conformaban. No obstante, Eduardo el Confesor impondría el vasallaje a la mayoría de los reinos galeses.

Harold Godwinson, o Haroldo II, era para ese momento la mano derecha de Eduardo El Confesor. Harold tenía además dominios sobre Anglia Oriental. Godwin, al morir en 1050 a.C., había heredado sus territorios de Wessex a su hijo Harold. Harold había acumulado mucho poder y por su influencia se opondría a los nobles de origen normando en la corte inglesa. Su hermano Tostig Godwinson, sería impopular entre la nobleza local de Northumbria por lo que fue depuesto de su cargo debido a su política de ataque contra nobles adversarios y el asesinato de varios de estos. Harold Godwinson apoyó a la nobleza enemistándolo con su hermano Tostig quien fue repudiado y declarado proscrito. Este último atacó Inglaterra con un ejército improvisado desde Flandes sin obtener resultados y sin apoyo, por lo que buscó refugió en Escocia.

Los Normandos. Stamford Brigde y la Batalla de Hasting.

Eduardo el Confesor fallecería en enero de 1066 sin descendencia. El Witan, o Witenagemot, asamblea de nobles o sabios encargados de aconsejar y asesorar al rey, cuya presencia estuvo desde el siglo VII al XI en Inglaterra, escoge a Harold Godwinson como sucesor de Eduardo El Confesor desde enero de 1066 d.C.

Guillermo I de Inglaterra, descendiente de vikingos, era en primera instancia duque de Normandía (Francia) desde 1035 d.C. y primo de Eduardo El Confesor. Guillermo era hijo del Roberto I, duque de Normandía y de su concubina Arlette de Falaise.

Ante el deceso de Eduardo El Confesor, Guillermo reclamó el trono de Inglaterra argumentando que su primo Eduardo se lo había prometido en el pasado en 1051, por lo que ante la coronación de Harold Godwinson decide realizar una intervención militar sobre Inglaterra para tomar la corona. Al mismo tiempo Tostig Godwinson en el exilio establece diálogo con el rey nórdico Harald Hardrada “El Despiadado”, llamado también Harlad III de Noruega, ofreciéndole la mitad del reino de Inglaterra derrocando a su hermano Harold Godwinson. Harald Hardrada acepta y desembarca con sus tropas en el norte de Inglaterra.

El 20 de septiembre de 1066 se desarrolla la batalla de Fulford en Northumbria entre las fuerzas nórdicas de Harald Hardrada y Tostig contra los condes de Edwin de Mercia y Morcar de Northumbria. Los vikingos derrotan a las fuerzas inglesas obligando al nuevo rey Harold Godwinson a formar un ejército y poner marcha rumbo al norte.

El 25 de septiembre de 1066 las fuerzas de Harold Godwinson alcanzan la región de Stamford Bridge sorprendiendo a las fuerzas de Harald Hardrada en su campamento a un lado del puente del río Derwent. Harald envía a un contingente para hacer frente al ejército de Harold Godwinson y ganar tiempo formando sus filas. El contingente es aniquilado, por lo que, según los registros de la Crónica Anglosajona y las mismas fuentes vikingas, Harald envía a un enorme guerrero Berserker a cortar el paso en el puente al ejército de Harold. El gigante guerrero impide el paso del contingente de Harold por espacio de dos horas, tiempo suficiente para que Harald Hardrada organizara sus tropas. El guerrero es eliminado por un soldado anglosajón que hiere al berserker por debajo del puente. Posteriormente las fuerzas inglesas logran pasar el puente y ocurre un feroz combate donde los anglosajones derrotan a los escandinavos y Harald Hardrada muere producto de una flecha impactada en su cuello. Con la muerte de Harald Hardrada de Noruega se pone fin a las grandes invasiones vikingas con la muerte del último rey vikingo y el final de la Era Vikinga.

Guillermo, duque de Normandía, había desembarcado en el sur de Inglaterra el 28 de septiembre de 1066. Harold Godwinson avanza con su ejército desde el norte hacia el sur para hacer frente a Guillermo. El 14 de octubre de 1066 ambas fuerzas, inglesas y normandas, se enfrentan en la Batalla de Hasting. Los normandos derrotan a las fuerzas inglesas. El rey Harold Godwinson pierde la vida. Guillermo se convierte en el rey de Inglaterra y es coronado el 25 de diciembre de 1066 d.C.

Tras el triunfo, Guillermo pasaría a ser llamado: “Guillermo El Conquistador” y como Guillermo I de Inglaterra. Como rey persiguió a la nobleza inglesa sajona e implementó el sistema feudal en Britania.

El período de Guerra Civil.

A la muerte de Guillermo El Conquistador en 1087, le sucede su hijo Guillermo II (Guillermo Rufo) quien fue rey impopular y acusado de déspota. A su muerte en 1100 toma la corona su hermano menor e hijo de Guillermo El Conquistador, Enrique I de Inglaterra. Enrique I tomó por esposa a Matilde de Escocia. Su hermano Roberto II, hijo mayor de Guillermo el Conquistador, había participado en la Primera Cruzada desde 1096 d.C. siendo duque de Normandía y convirtiéndose en uno de los principales líderes de la cruzada. A la muerte de Guillermo Rufo, Roberto II decide reclamar el trono inglés retornando de Tierra Santa para invadir Britania; no consigue apoyo de los ingleses y llega a un acuerdo con su hermano Enrique I renunciando su pretensión al trono. Sin embargo, su ducado en Normandía incurre en el desorden. Enrique I de Inglaterra invade Normandía en 1105 y 1106, derrota a su hermano Roberto II la batalla de Tinchebray encarcelándolo hasta su muerte en 1134 e incorporando el ducado de Normandía al trono inglés, lo que llevó a tensiones entre Inglaterra y el rey francés Luis VI de Francia.

Enrique I tuvo un único hijo varón: Guillermo Adelin, como heredero, pero este se ahogó en un naufragio 1120. Declaró a su hija Matilde heredera de la Corona quien tomó por esposo a Godofredo V conde de Anjou de Francia. Su relación con la pareja resultó tensa originando un conflicto en la frontera del condado de Anjou. Enrique I murió en 1135.

Su hija Matilde no fue sucesora al trono, sino su sobrino Esteban de Blois quien se apoderó del trono con ayuda de su hermano Enrique de Blois, obispo de Winchester, situación que llevó a un período de guerra civil entre Inglaterra y Normandía conocido como: “la Anarquía”.

Esteban de Blois tomó posesión del trono inglés en 1135 cuya regencia estuvo marcada por la guerra civil contra su prima Matilde. Inglaterra sufrió ataques de Godofredo V de Anjou esposo de Matilde, del rey David I de Escocia, quien había sido miembro de la corte de Enrique I y apoyaba la causa de Matilde y los galeses. Matilde invadió Inglaterra en 1139 d.C. con la ayuda de su medio hermano Roberto de Gloucester tomando control del suroeste de la isla y parte del Támesis. A pesar de ello no logró deponer a Estaban de Blois.

En 1141, en la Batalla de Lincoln, estaban de Blois es capturado y apresado por el bando de Matilde. Tiempo después, Roberto de Gloucester, fue hecho prisionero dando paso a un intercambio de cautivos. Godofredo V de Anjou, esposo de Matilde, conquistó Normandía. La guerra causaba para su momento gran devastación en Inglaterra y para 1148 Matilde regresa a Normandía dejando la campaña de guerra en Inglaterra a su hijo Enrique II Plantagenet.

Enrique II Plantagenet fue nombrado Duque de Normandía y heredó el condado de Anjou en 1151. Se casó con Leonor de Aquitania. Luego de la expedición militar que hizo Enrique a Inglaterra en 1153 organiza una expedición contra Esteban de Blois, llegando a establecer el Tratado de Wallingford, que estableció a Enrique II Plantagenet como heredero de Esteban a su muerte. Esteban de Blois muere al año siguiente.

Los Plantagenet. Enrique II. Thomas Becket e Irlanda.

Tras una larga guerra civil de sucesión, sube al trono de Inglaterra Enrique II Plantagenet, o Enrique II de Inglaterra, dando origen a la dinastía Plantagenet, manteniendo una guerra con el rey francés Luis VII, por causa de los terrirtorios ingleses en Francia y el vínculo del vasallaje que implicaba. Este conflicto entre las casa Plantagenet y los Capetos se prolongaría con el tiempo. Enrique expandiría el dominio de Inglaterra y ejercería su control sobre sus posesiones en el centro y el sur del suelo francés así como en Irlanda.

Los celtas llegaron a la isla de Irlanda alrededor de 1600 a.C. Previamente las tribus de la isla formaban pequeños reinos llamados Tuatha. Los romanos llamaron a la isla Hibernia y a sus habitantes scotos, los cuáles colonizarían Escocia. Aunque Irlanda no fue incorporada al Imperio Romano con la conquista romana de Britania durante el siglo I d.C. bajo el dominio del emperador Claudio, se cree que hubo intensos intercambios comerciales entre Roma y la isla.

Tanto Escocia como Irlanda fueron los últimos baluartes de la cultura celta frente al imperio Romano en su dominio sobre Britania y se desconocen los sucesos históricos exactos durante este período dentro de la isla. Entre el siglo IV y V d.C. el misionero católico San Patricio, frente a la fuerte oposición de los druidas, introduciría el cristianismo en Irlanda y con ello la transformación de la sociedad celta junto a una extensa obra misionera cristiana.

Sin embargo, entre los siglos IX y X, ocurre en la isla una intensa invasión de los vikingos quienes terminan asentándose y formando poblaciones como Dublín cerca del 841 d.C. junto al establecimiento de diversos reinos, lo que desencadenaría rivalidades y batallas por la supremacía entre clanes irlandeses y los asentamientos nórdicos como: la Batalla de Confey (917), la Batalla de Tara (980), la Batalla de Glenmama (999) y la Batalla de Clontarf (1014).

Los vikingos terminaron por mezclarse con las poblaciones de irlandeses; sin embargo, las rivalidades entre los múltiples reinos prosiguieron, cuyos clanes estuvieron divididos en cuatro provincias: Leinster, Munster, Úlster y Connacht y a su vez en diversos reinos con grupos de dinastías aliados y enfrentados entre sí.

Durante el siglo XII entre las rivalidades de los reyes de Irlanda el rey Muirchertach Mac Lochlainn tomó por aliado el rey Dermot MacMurrough de Leinster. Mac Lochlainn enfrentado a múltiples opositores aliados sería asesinado en 1166 d.C. por el rey Rory O’Connor. Dermot MacMurrough quedaba en desventaja y el nuevo rey Ruaidrí Ua Conchobair, sustituto de MacLochlainn, desterraría a Dermot MacMurrough de Irlanda. Dermot huyó de la isla ese mismo año de 1166 buscando refugio en Gales. Desde ahí pidió ayuda al rey Enrique II de Inglaterra para recuperar su reino.

Los primeros contingentes en invadir Irlanda desde Inglaterra llegarían de la mano de los normandos asentados en Gales.

En 1171 Enrique II desembarcaría en Irlanda, en la región de la ciudad de Waterford, con una gran flota de guerra, siendo proclamada la ciudad junto a Dublín: “ciudades reales”. Enrique II otorgaría en primera instancia a uno de sus hijos: Juan “Sin Tierra”, el dominio de la isla; por lo que Irlanda pasaba a ser parte del reino de Inglaterra. A partir de este punto Inglaterra ejercería su dominio sobre la Irlanda por espacio de ocho siglos.

Durante el reinado de Enrique II surge la figura del arzobispo de Canterbury: Thomás Becket, antiguo canciller y amigo de Enrique. El rey deseaba el sometimiento de la iglesia católica a lo que Becket se oponía. Enrique II estableció: Los Estatutos de Clarendón, los cuáles exiguían el sometiendo de los eclesiásticos al poder real y el abandono de la subordinación a la iglesia de Roma. Thomas Becket se opuso al tratado imponiendo la excomunión a Enrique II. El rey quiso juzgarlo por desacato a la autoridad real, por lo que el Becket huyó a Francia bajo la protección del rey Luis VII. El papa Alejandro III envió una delegación a Inglaterra para mediar la situación prefiriendo ser condescendiente con el reino de Enrique II. No obstante, ambas partes, el rey y el arzobispado, mantenían posiciones que eran irreconciliables ante las exigencias de Thomas Becket, entre las cuales destacaba que Enrique devolviera las poseciones a la Iglesia arrebatadas durante el conflicto y las sanciones contra la nobleza por parte de la iglesia. Según las crónicas, Enrique, exasperado, diría: «¿Nadie será capaz de librarme de este sacerdote turbulento?» por lo que cuatro caballeros anglonormandos de su séquito tomarían la frase como una orden y asesinarían a Thomas Becket en la iglesia de Canterbury en 1170. La crónica señala que Thomas Becket no opuso resistencia frente a sus asesinos y cuya última frase sería: «Muero gustoso en nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia Católica». Thomas Becket sería canonizado en 1173. Enrique II haría penitencia pública en la tumba de Becket en 1174.

Ricardo Corazón de León. Juan “Sin Tierra” y la Carta Magna.

Enrique II de Inglaterra había tomado por esposa a Leonor de Aquitania en 1152. Con ella tuvo ocho hijos entre los cuales estaban Enrique “El Joven”, Godofredo Plantagenet, Ricardo “Corazón de León” y Juan; este último sería conocido como “Juan sin Tierra”. Los hijos de Enrique se sublevaron en varias ocasiones contra su padre por los derechos al trono y los derechos de tierras. Durante estas rebeliones muere Enrique El Joven. Posteriormente Ricardo Corazón de León se convierte en aliado del rey Felipe II de Francia y juntos atacan a Enrique II a quien derrotan en batalla el 4 de julio de 1189 en Ballans.  

Ricardo Corazón de León

A la muerte de Enrique II, toma el control Ricardo Corazón de León de la corona de Inglaterra convirtiéndose en rey, además de ser conde de Anjou y duque de Normandía. En ese tiempo llegan noticias a Europa de la Batalla de Hattin acaecida el 4 de julio 1187, donde Saladino derrota a los ejércitos francos y cruzados en Tierra Santa (asentados tras la conquista de Jerusalén y la formación de los reinos cristianos de Tierra Santa tras la Primera Cruzada) y la posterior caída de Jerusalén en manos musulmanas el 2 de octubre de 1187.

Ricardo Corazón de León ante el acontecimiento, decide tomar la Cruz para convertirse en cruzado y liderar una Cruzada para liberar Jerusalén del dominio musulmán y enfrentarse a Saladino. Para su empresa gastó todo su dinero, subió los impuestos y vendió tierras y derechos, reunió un ejército capacitado y disciplinado y marchó a liberar Jerusalén en 1190 d.C. iniciando la Tercera Cruzada. A esta campaña se unirían el rey Felipe II de Francia y el rey Federico I de Hohenstaufen (Friedich Rotbard) del Sacro Imperio Romano Germánico.

En la cruzada Ricardo conquista la isla de Chipre en 1191. Ese mismo año llega a la ciudad de Acre en Tierra Santa siendo asediada por los ejércitos de Saladino. Presta ayuda a Guido de Lusignan, rey destronado de Jerusalén. Derrota posteriormente a los musulmanes en Acre liberando la ciudad del asedio. Mantiene desavenencias con Felipe II quien habiendo llegado a Tierra Santa se retira. Friedrich, emperador del Imperio Germánico, fallece ahogado en un río de Anatolia (hoy Turquía) en su viaje en la Tercera Cruzada por lo que su numeroso ejército germano suspende la incursión y retorna a Europa. Esta situación deja solo a Ricardo frente a Saladino.

Posteriormente Ricardo ejecuta a más de 2,000 prisioneros musulmanes tras el asedio de Acre. Marcha a Jerusalén con su ejército apoyado por un contingente de caballeros Templarios y Hospitalarios. Vence a las fuerzas de Saladino en la Batalla de Arsuf, (actual Israel) el 7 de septiembre de 1191. Viéndose en desventaja, con escasos recursos y provisiones y con problemas en sus territorios en Europa, ya que Felipe II de Francia tomaba ventajas sobre sus dominios, decide suspender la cruzada. Las fuerzas de Saladino realizan un último intento por atacar a los cruzados y toman la ciudad costera de Ascalón. Ricardo decide retomar la ciudad y con un escaso número de soldados recupera Ascalón y derrota nuevamente a Saladino.

No obstante, pese a sus esfuerzos y victorias, Ricardo estaba en desventaja, lejos de su línea de suministros y con problemas en sus reinos de Europa. Ricardo llega a un acuerdo con Saladino el 2 de septiembre de 1192, obteniendo el libre acceso de los cristianos a Jerusalén y una tregua de tres años.

En su regreso a Europa es apresado por el duque Leopoldo V de Austria quien lo presenta al emperador Enrique VI de Alemania, sucesor de Friedrich Hohenstaufen ahogado en la Tercera Cruzada. El emperador lo mantiene cautivo. Su madre, Leonor de Aquitania, reúne dinero por su rescate ante Enrique VI. Ricardo fue liberado en 1194.

A su regreso de la cruzada somete a su hermano Juan, conocido como: Juan I de Inglaterra o por Juan “sin Tierra” quien se había apoderado de su trono.

Ricardo Corazón de León muere en el año: 1199 d.C. por una flecha impactada en su cuello. La corona pasó a Arturo I de Bretaña, hijo de su hermano Godofredo Plantagenet. No obstante Juan sin Tierra ocupó el trono. Arturo heredó el condado de Bretaña. Se desconoce el destino exacto de Arturo; no obstante, se sabe que fue apresado por Juan sin Tierra quien posteriormente lo asesinó.

Siendo Juan sin Tierra rey, estableció una conducta tiránica contra el clero, los nobles y los siervos. Esteban Langton, arzobispo de Canterbury, realizó una sublevación junto con los nobles obligando a Juan sin Tierra a firmar la “Carta Magna” el año 1215 d.C. que confirmaba los derechos de los nobles, el clero y las ciudades con una disminución del poder del rey e imponiendo límites a la autoridad real.

Posteriormente Juan sin Tierra organizó un ejército mercenario para vengar la firma del tratado, desatando una guerra civil en el reino llamada: “La primera guerra de los Barones” (1215-1217) con los nobles liderados por Robert Fitzwalter y respaldados por el ejército francés bajo el mando del príncipe Luis VIII El León de Francia contra el rey Juan I de Inglaterra.

Los nobles proponen la corona al príncipe Luis VIII, hijo del rey Felipe Augusto de Francia; sin embargo, Juan sin Tierra fallece. Parte de la nobleza nombra a Enrique III, hijo de Juan sin Tierra, de tan solo 9 años como rey, confirmando nuevamente la Carta Magna. La firma de la Carta Magna representó el derecho de la libertad y los deberes del reino establecidos para los nobles, el clero, las clases sociales y el deber de la nación. El tratado fue firmado entre los nobles y el representante del rey el legendario caballero: William Marshal (Guillermo el Mariscal), debido a que el rey era muy joven. William Marshal fue elegido como protector del Rey.

No obstante Luis VIII El León, príncipe de Francia, ataca Inglaterra debido a que contaba con apoyo de ciertos nobles y poblaciones. William Marshal organiza a la nobleza leal al reino de Inglaterra, forma un contingente y derrota al ejército de Luis VIII en la Batalla de Lincoln en 1217 d.C. Ese mismo año Luis VIII de Francia renuncia a su derecho al trono inglés.

Enrique III o Enrique III de Inglaterra prometió acatar la carta Magna en 1225 d.C. Gobernó Inglaterra desde 1230 d.C.

Enrique III tomó por esposa a Leonor de Provenza. Intentó recuperar territorios en Francia en 1242 pero fracasó. Su gobierno fue impopular.

Los nobles descontentos se sublevan contra el rey teniendo como jefe a Simón de Monfort conde de Leicester, desatando “la segunda guerra de los Barones” (1264–1267), una nueva guerra civil que enfrentó a nobles rebeldes, encabezados por Simón de Montfort, contra el rey Enrique III de Inglaterra y su hijo el príncipe Eduardo I de Inglaterra “El Zanquilargo” o “Piernas Largas”. Monfort y su ejército derrotaron a las tropas del rey Enrique, en la Batalla de Lewes en 1264, haciendo prisioneros al rey, a su hermano Ricardo y al Príncipe Eduardo, logrando apoderarse del poder del reino y obligando al monarca legítimo a formar un Parlamento en Oxford. Muchos nobles que habían seguido a Simón de Monfort se muestran contrarios a sus reformas posteriormente.

Eduardo I, hijo mayor de Enrique III, escapa a Francia retornando con un ejército de apoyo derrotando y matando a Montfort en la Batalla de Evesham en 1265. Enrique III muere en 1272 y deja a Eduardo I como su sucesor cuando este retornaba de su participación en la Novena Cruzada.

Eduardo I de Inglaterra y las Guerras contra Escocia. William Wallace. Robert Bruce y la Batalla de Bannockburn.

Eduardo I pasa gran parte de su reinado haciendo reformas a la administración real y los asuntos militares. Sometió Gales y atacó Escocia, hizo una guerra con Francia, aliado de Escocia, después de que el rey francés Felipe IV confiscara el Ducado de Aquitania, que estaba unido a Inglaterra. Eduardo recuperó el ducado, pero se enfrentó a una oposición tanto laica como eclesiástica por causa de los impuestos. Estableció el Parlamento como una institución permanente. Tuvo una conducta despiadada contra Escocia y emitió el Edicto de Expulsión de los judíos en 1290, el cual consistía en la expulsión de los hebreos de Inglaterra. Este edicto permanecería vigente por más de 350 años hasta que fuera abolido por Oliver Cromwell en 1657 d.C.

Inglaterra mantuvo una serie de guerras contra Escocia con el objetivo de incorporar el país a su reino, mientras que Escocia por lograr su independencia de Inglaterra.

La guerra comienza con el saqueo de las tropas de Eduardo I de Inglaterra en la ciudad de BerwicK en marzo de 1296 y posteriormente derrota a los escoceses en la batalla de Dunbar.

El soldado William Wallace y otros nobles escoceses realizan revueltas en 1297 d.C. contra los ingleses. Eduardo I envía tropas a Escocia obligando a los nobles a capitular. Pero William Wallace realiza reiteradas campañas junto a Andrew de Moray. La primera victoria escocesa sobre los ingleses se produce en la Batalla de Stirling Bridge o La Batalla de Puente de Stirling el 11 de septiembre de 1297 d.C. Los escoceses atacan el norte de Inglaterra posteriormente y William Wallace es nombrado: Guardián de Escocia en marzo de 1298. Eduardo I planificó una nueva invasión para detener a William Wallace y a sus seguidores, logrando derrotar una vez más a los escoceses en la batalla de Falkirk el 22 de julio de 1298 donde el ejército inglés del rey Eduardo I derrotó a las fuerzas escocesas al mando de William Wallace. Pese a la victoria Eduardo I no consigue someter la totalidad de Escocia y la reputación militar de William Wallace queda alterada renunciando a su cargo de Guardián de Escocia.

William Wallace fue sucedido como Guardián de Escocia por Robert Bruce y John Comyn en 1299. Ambos guardaban rivalidades. William Lamberton, obispo de Saint Andrews, sirvió de mediador entre ambos ya que había apoyado a Wallace y la causa de independencia de Escocia.

Para 1300 Inglaterra firma una tregua con Escocia. Pero para 1304 reanudan los ataques, los ingleses atacan el Castillo de Stirling, única fortaleza escocesa no conquistada, y consiguen capturarla. Los nobles escoceses se someten al domino inglés. En 1305 William Wallace es capturado por los ingleses, posteriormente torturado y ejecutado.

En 1306 Robert Bruce pretendiente al trono asesina a John Comyn y en marzo de ese mismo año el obispo Lamberton corona a Bruce como rey de Escocia. Lamberton sería encarcelado por traición a Eduardo I de Inglaterra; aunque posteriormente sería liberado por mediación de la Iglesia.  Robert Bruce permaneció oculto por un tiempo y en 1307 reunió a un ejército para continuar una serie de ataques contra los ingleses, a los cuales consiguió derrotar en la Batalla de la Colina de Loudoun hasta la muerte de Eduardo I de Inglaterra ese mismo año.

Con la muerte de Eduardo I en 1307 d.C. deja la corona a su hijo Eduardo II en una guerra en curso con Escocia junto a problemas financieros y políticos.

A Eduardo I le sucede Eduardo II en el trono en 1307 d.C. En 1308 se casó con Isabel, hija del rey Felipe IV de Francia y mantuvo una relación de amistad Piers Gaveston a quien los nobles aborrecían y terminaron por ejecutar en 1312 liderados por Tomás Plantagenet, conde de Leicester y Lancaster a quien Eduardo II ejecutaría posteriormente.

Eduardo II avanzó hacia Escocia con su ejército para un acuerdo de paz con Robert Bruce. Al no llegar a un acuerdo los ejércitos se enfrentan y Roberto I Bruce y los escoceses derrotan a los ingleses el 23 y 24 de junio de 1314 en la batalla de Bannockburn. Los ingleses retroceden y Escocia consigue su independencia. Se ha teorizado que la victoria de la batalla ocurrió con la participación de una caballería de la Orden de Los Caballeros Templarios exiliados a favor de los escoceses.

Batalla de Bannockburn

Eduardo II firmó la paz con Escocia. Las tensiones contra la nobleza prosiguieron. Su esposa Isabel, “la Loba de Francia”, se refugió en Francia y se alió con Roger Mortimer, noble inglés exiliado. Este invadió Inglaterra en 1326 con un ejército reclutado derrotando a Eduardo II quien huyó a Gales. Ahí fue capturado y posteriormente forzado a abdicar en enero de 1327, tomando la corona su hijo Eduardo III. Eduardo II murió en el castillo de Berkeley el 21 de septiembre de 1327.

Eduardo III Plantagenet reforzó la autoridad real desde 1327, desarrolló el Parlamento y convirtió a Inglaterra en potencia militar Europea; aunque tenía problemas en someter Escocia a quien los ingleses consideraban estado vasallo. En 1328, los ingleses reconocieron a Roberto Bruce como rey de Escocia en el Tratado de Edimburgo-Northampton.

Durante su reinado en 1328, fallece Carlos IV rey de Francia y hermano de su madre Isabel sin dejar descendencia.

Eduardo III afirmaría tener derecho al trono francés debido a que su madre Isabel “la Loba de Francia” era hermana de los últimos reyes de la dinastía Plantagenet de Francia en sus hermanos: Luis X, Juan I, Felipe V, y el recién fallecido Carlos IV.  Sin embargo, obtuvo la corona francesa Felipe VI de Valois, primo de Isabel, acontecimiento que excluía a Eduardo III al trono de Francia por vía materna y junto a causas económicas, feudales y sociales desataría “la Guerra de los Cien años” entre Francia e Inglaterra.

ESPAÑA Y LA RECONQUISTA:

Tras la caída del Imperio Romano los pueblos bárbaros de los vándalos, suevos y alanos migraron hacia las regiones de la península ibérica, estableciéndose en un inicio en Galicia.

Para el año 414, los visigodos al mando de Ataúlfo descienden sobre la península Ibérica derrotando a los alanos, suevos y vándalos, convirtiéndose en rey del nuevo reino visigodo. Su hijo Walia prosiguió la conquista de la península.

Los visigodos posteriormente se unieron a los romanos y francos para hacer frente a la invasión de los hunos liderados por Atila. El romano Aecio, el rey franco Meroveo y el rey visigodo Teodoredo lideraron los ejércitos para hacer frente a los hunos, derrotándolos en la Batalla de Los Campos Cataláunicos donde Teodoredo perdió la vida. Sucesor del rey visigodo fue Terismundo quien fue asesinado, tomando la corona Teodorico extendiendo el imperio sobre la península ibérica y el sur de Francia, desatando rivalidades con los francos.

Para el año 587 la dinastía visigoda con Recaredo como rey, ordenó el Concilio III de Toledo donde se estableció el catolicismo como religión oficial del reino. Sus sucesores administraron el estado, fundaron iglesias y establecieron nuevos concilios para establecer leyes. La forma de gobierno visigodo resultaba ser en una monarquía electiva por los nobles en la que había intervención del clero católico y los concilios de carácter eclesiástico terminaron siendo asambleas para emitir resoluciones del reino.

La decadencia del reino visigodo de España inicia con Witiza como rey quien es destronado por Don Rodrigo, último rey de los visigodos. Este suceso ocasiona rivalidades y dos bandos en conflicto entre las familias nobles por la reclamación de la corona. Al mismo tiempo existían duras condiciones entre los siervos y una animadversión de etnias; ya que la península ibérica era un crisol de antiguos descendientes celtas, fenicios, romanos, bárbaros como los suevos, alanos, vándalos y otros pueblos, entre estos, una amplia población judía quienes sufrían maltratos e injusticias por parte del reino.

Estas condiciones ocasionaron que el bando de los enemigos del rey Rodrigo clamaran ayuda a Muza, gobernador musulmán de África, con el objetivo de establecer la corona al bando de Witiza. Los árabes, quienes ya se habían expandido por medio oriente y el norte de África formando un sólido imperio, advirtieron la decadencia de los visigodos en la península ibérica por lo que Muza envió al general Tarik con un numeroso destacamento árabe en el año 711 d.C. El rey Rodrigo se enfrentó a los árabes en la Batalla de Guadalete donde la realeza visigótica perdió la batalla frente a los musulmanes. Posteriormente Muza y Tarik en lugar de establecer la corona visigoda al bando de Witiza, avanzaron hacia el norte conquistando ciudades y toda la península, sometiendo a la población cristiana y exigiéndoles tributos y conversiones, estableciendo de tal forma con el tiempo el Emirato de Córdoba, en sus orígenes, un principado dependiente del Califato de Damasco, otorgando a la región una influencia de Oriente y estableciendo una dinastía de gobernadores y emires.

Para el año 718 y 719 los árabes avanzan hacia la Galia meridional conquistando regiones y fortalezas.

El plan de conquista musulmán sobre el norte de Europa sería frenado por Carlos Martel y su ejército en la Batalla de Poitiers en 732 d.C. donde los francos derrotan a los invasores árabes.

En ese tiempo surge un grupo de antiguos nobles visigodos que estaban asentados en las regiones montañosas del norte de la península, formando una encarnizada resistencia contra el dominio musulmán dirigidos por el noble Don Pelayo.

Don Pelayo reúne a un ejército y derrota a los musulmanes en la Batalla de Covadonga en el año 718 d.C. (otros historiadores señalan entre 718 y el 722) dando inicio al reino de Asturias, Don Pelayo como su rey y la lucha por la reconquista de los territorios cristianos, etapa de la península ibérica reconocida como la Reconquista Española, término debatido actualmente y considerado como una “Restauración”, definido como un período de lucha continua de los españoles contra los musulmanes para recuperar los territorios arrebatados a los antiguos visigodos, siendo una etapa hispánica progresiva aunque lenta y en ocasiones discontinua, comprendida entre la Batalla de Covadonga hasta la Conquista de Granada en 1492 por los reyes católicos Fernando e Isabel y el dominio cristiano sobre toda la península originando los reinos de España y Portugal.

Los reyes sucesivos tras Pelayo, como Alfonso I y Alfonso II, expanden las fronteras de los territorios cristianos hasta el rio Duero.

El reino de Asturias tuvo su capital en Oviedo con el rey Alfonso II. Portugal inicia como condado fundado por Vímara Pérez, vasallo del Alfonso II el Magno, en el año 806 para el reino de Asturias. Vímara arrebata territorios del valle del Duero a los musulmanes, reconquistando la ciudad de Portu Cale (Oporto). Posteriormente para el año 856 d.C. el rey de turno Ordoño I repuebla la ciudad de León. Tras los dominios conseguidos por luchas contra los árabes, estos quedarían asegurados con el hijo de Ordoño I: Alfonso III el Magno, rey de Asturias entre el 866 – 910.

Ordoño II (914 – 924) hijo de Alfonso III, traslada su corte a León, estableciéndola como la nueva capital expandiendo el reino de Asturias, batalló contra Abderramán III las tierras de Castilla La Vieja y formando el condado de Castilla.

Hacia el este surge el reino de Navarra (Pamplona) junto a algunos condados pirenaicos como el de Barcelona.

Hacia el año 1002 d.C., castellanos, leoneses y navarros derrotan al ejército musulmán de Almanzor en la batalla de Calatañazor.

Sancho III el Mayor, rey de Navarra, reúne bajo su corona el condado de Castilla y el reino de León. Muere en 1035 d.C.

Al – Ándalus. El Emirato de Córdoba.

Tras la conquista musulmana a partir del 711 de la península ibérica, esta se convierte en un territorio dependiente del Califato de Damasco. Los árabes llamaron a la península ibérica como: Al – Ándalus, establecen su capital en Córdoba y sus gobernantes reciben el título de Emir, es decir: gobernador y comandante dependiente del Califa (emperador y guía espiritual) de Damasco. El califato de Damasco (Siria) en su momento estaba regido por el linaje (familia) de los Omeya. En el año 750 d.C. los abasíes, descendientes de Abbás, tío del profeta Mahoma (profeta precursor del Islam), derrocan al califato Omeya en Damasco tras una serie de revueltas, ordenan el asesinato de toda la familia Omeya y establecen el nuevo Califato Abasí con su capital en Bagdad (Irán). Abderramán I, príncipe Omeya sobreviviente, logra escapar del nuevo califato Abasí llegando a Al – Ándalus donde se proclama Emir y conquista ciudades musulmanas en la península que estaban en guerra entre sí, entre estas Córdoba, declarándose para 773 como el Emirato de Córdoba, reino independientemente político del Califato Abasí en Bagdad.

Las disputas al interior del Emirato de Córdoba prosiguen debilitando su influencia que es aprovechada por los cristianos del norte de la península para expandir sus territorios. En el año 912 llega al trono del Emirato Abderramán III quien en un intento de evitar los conflictos internos se proclama califa en el año 929 y transforma el Emirato andalusí de Córdoba en el Califato de Córdoba.

Las revueltas prosiguen desatando una guerra civil entre 1009 y 1031, etapa donde reinaron nueve califas de la dinastía Omeya, lo que conduciría al colapso del Califato de Córdoba y su posterior disgregación en múltiples y diferentes reinos conocidos como “taifas” con el derrocamiento del último califa Omeya Hisham III en 1031 d.C. Las taifas estuvieron gobernadas por aristócratas o caudillos dando lugar a dinastías locales. Muchas taifas hicieron la guerra entre sí lo que permitió que unas absorbieran a otras con un apogeo durante el siglo XI.

Castilla, León y Galicia. El Cid Campeador.

Fernando I (1016 – 1065) conde de Castilla, se convierte en rey de León en 1037; realizó una enérgica actividad guerrera en la Reconquista, sometiendo varios territorios musulmanes de las taifas y expandiendo las fronteras de los dominios cristianos hasta el rio Tajo.

Fernando I, muere en el año 1065 d.C. y divide sus reinos entre sus hijos: al primogénito, Sancho (Sancho II de Castilla “El Fuerte”) le correspondió el condado de Castilla tornándose en reino, a Alfonso (Alfonso VI de León “El Bravo”) le correspondió el Reino de León; García (García II de Galicia) recibe el creado Reino de Galicia; a sus hijas Urraca y a Elvira les correspondieron las ciudades de Zamora y Toro.

Durante el período del siglo XI surgen conflictos entre los hijos de Fernando I. Alfonso VI y Sancho II forjan una tregua y arrebatan el reino de Galicia a su hermano García quien acaba en el exilio. Posteriormente ambos se enfrentan en Golpejera en 1072 d.C. Sancho logra la victoria. Alfonso huye exiliándose en el territorio musulmán de Toledo, desde donde surge posteriormente en la ciudad de Zamora apoyado por su hermana Urraca y la nobleza leonesa contra las huestes de Sancho. Sancho II sitia la ciudad con su ejército y muere durante el sitio dejando a Alfonso VI como único sucesor.

Es en este tiempo del siglo XI donde surge la legendaria figura del Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador, desarrollando una lucha dentro del turbulento escenario de los diversos reinos cristianos sirviendo primero como caballero al rey Sancho El Fuerte y luego a su hermano Alfonso VI siendo desterrado por este último. El Cid Campeador se vería obligado a servir como mercenario junto a un grupo de fieles seguidores en territorios musulmanes, consiguiendo victorias en diversos frentes de batalla lo que acarrearía admiración, temor y respeto en su figura, tanto por cristianos como por musulmanes. El Cid terminaría conquistando Valencia en el año 1094 que estaba bajo dominio de los almorávides. Ese mismo año en octubre de 1094 el Cid y su ejército derrotan a los almorávides en el Batalla de Cuarte cuando los musulmanes intentaban recuperar Valencia tras un asedio. El Cid Campeador derrotaría nuevamente a los musulmanes almorávides en la Batalla de Bairén en enero de 1097 en colaboración con el rey Pedro I de Aragón.

Rodrigo Díaz de Vivar fallece en Valencia en junio de 1099. Su esposa Jimena heredaba la ciudad que sería abandonada por su familia y sus habitantes ante la presión de los almorávides quienes recuperan Valencia en 1102.

Alfonso VI conquistaría posteriormente la ciudad de Toledo en el año 1085.

Alfonso I, el Batallador (1104 – 1134) rey de Aragón, conquista Zaragoza en el año 1118 d.C.

Durante el siglo XII sobreviene la amenaza del Imperio de los Almohades, un grupo bereber que surge en Marruecos y expande sus conquistas hacia el norte de África y el sur de España en las siguientes décadas, haciendo la guerra tanto a cristianos como a las taifas musulmanas en la península ibérica. Derrotan al rey en turno: Alfonso VIII en la Batalla de Alarcos en 1195 d.C. En 1211 los musulmanes asaltan y conquistan el castillo de Salvatierra regido por la Orden de Caballeros de Calatrava, lo que le permitía expandir sus fronteras hacia el norte.

1212 d.C. La Batalla de las Navas de Tolosa y el predominio cristiano:

Alfonso VIII percibe el avance almohade por lo que hace un llamado a los reinos de la península para enfrentarse al poder musulmán, así como realizar una petición al Papa Inocencio III para considerar una cruzada en favor de apoyo de los reinos de Europa en un intento por frenar el avance de los almohades.

El 16 de julio del año 1212 d.C. acontece la Batalla de Las Navas de Tolosa, donde las fuerzas cristianas se enfrentaron a las fuerzas almohades quienes superan en número a los cristianos dirigidos por su propio califa Muhammad an-Nasir.

En esta batalla combatieron los ejércitos de Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII el Fuerte de Navarra junto a contingente de voluntarios del reino de León, de Portugal, cruzados de Francia, así como la participación de Caballeros Templarios, Caballeros Hospitalarios, Orden de Santiago y Orden de Calatrava.

Los cristianos en franca desventaja numérica derrotan a las fuerzas musulmanas obteniendo la victoria en una batalla decisiva por el control definitivo de la península.

La victoria de los cristianos en Las Navas de Tolosa resultó en un importante acontecimiento para el avance cristiano y la continuidad de la recuperación de territorios de España. La batalla no expulsó en definitiva a los árabes asentados en la península ibérica, lo que tardaría casi tres siglos posteriormente, sin embargo, dio como resultado la hegemonía de los reinos cristianos en la península con una expansión en las siguientes décadas, el declive progresivo de las taifas musulmanas y la decadencia del Imperio Almohade producto de la batalla.

Esta situación dio lugar al establecimiento con el tiempo de 5 grandes reinos: El reino de Portugal, el reino de Castilla, el reino de Aragón, el reino de Navarra y el emirato de Granada, este último como reducto musulmán fundado en 1238 d.C.

Sefarad.

Durante el siglo XII y XIII las comunidades judías de la península Ibérica habían obtenido un crecimiento demográfico; además de contar un mayor peso en la sociedad medieval hispana, sin bien con algunas limitaciones o restricciones, habían conseguido un respaldo de las autoridades cristianas, ocupando de forma considerable cargos importantes como funcionarios y fiscales de la corte, siendo algunas comunidades judías muy prósperas y autónomas con gran trascendencia en los reinos de Aragón, el reino de Castilla y las juderías de Toledo y Gerona. Este acontecimiento estuvo acompañado de migraciones de judíos hacia España desde África y otras partes de Europa. Muchos de estos judíos eran intelectuales y sabios lo que permitió desarrollar una ciencia y un período de esplendor del saber entre los sabios judíos, musulmanes y cristianos y una época de tolerancia religiosa como no vista en otras partes de Europa o el mundo árabe.

La península ibérica se había convertido en un lugar de refugio para los judíos a lo largo de los siglos desde la destrucción del segundo templo de Jerusalén por los romanos en el año 70 d.C. llegando a significar para muchos judíos en una verdadera patria a la cual denominaron: Sefarad.

Durante el período de Al – Ándalus, bajo el dominio musulmán, los judíos fueron prósperos comerciantes, agricultores, hábiles artesanos y excelentes médicos, diplomáticos, funcionarios y delegados de las cortes musulmanas. Muestra de ello fue el hebreo: Hasday ibn Shaprut como uno de los principales consejeros, médico y diplomático de Abderramán III.

Se tiene conocimiento que desde el siglo X había presencia de comunidades judías en Galicia, León, Burgos y en Cataluña. Las comunidades judías en los reinos cristianos eran llamadas: Aljamas, gozando de protección, prosperidad y derecho de profesar su religión y autonomía judicial.

Alfonso VI, rey de Castilla y León, contaba en su corte con consejeros judíos como el médico y Rabí Yoseh Ferruziel.

Durante el siglo XII muchos judíos migraron desde los territorios Andalusíes hacia los reinos cristianos debido a la intolerancia de los almohades durante su invasión a la península ibérica a partir de 1147. La mayor parte de ellos se refugió en el reino de Castilla donde fueron recibidos por Alfonso VII aconsejado por su tesorero y funcionario hebreo Yehuda ibn Ezra.

Durante el período sefardí en España surgen también figuras destacadas como: el erudito rabino Moshé ben Shem Tob de León, conocido como Moisés de León, a quien se ha atribuido la redacción o compilación de: “el Zohar”, obra filosófica perteneciente a la Cábala judía con gran repercusión en la influencia del pensamiento judío. También durante el siglo XII surge la figura de Moisés ben Maimón o Maimónides, sabio talmudista, rabino, médico, astrónomo y filósofo sefardí quien por sus conocimientos se convertiría en un referente para los filósofos y científicos islámicos.

No obstante, a pesar de la labor, aporte y prosperidad de los sefardíes adaptados a la cultura hispánica, sufrieron injustamente persecuciones y conversiones forzadas.   

Pedro I “El Cruel” y La Guerra de los Cien Años en suelo ibérico:

Jaime I de Aragón (1213 – 1376) conquista Valencia y las Islas Baleares y Fernando III (1217 – 1252) el Santo tomó Córdoba en 1236 y Sevilla en 1248. Pedro III de Aragón inicia una expansión del reino elevándolo a una potencia en el mar Mediterráneo tomando Sicilia en 1282 d.C.

Para finales del siglo XIII ocurre una serie de conflictos internos entre los diferentes reinos por la sucesión de la corona, que desataría en los años siguientes guerras civiles acaecidas principalmente en el reino de Navarra y Castilla. Para el siglo XIV, entre 1351 y 1369 se produce un conflicto en el reino de Castilla por la sucesión de la corona a la muerte del rey Alfonso XI, entre dos de sus hijos: Pedro I, llamado El Cruel por sus rivales y apodado como El Justiciero por el pueblo llano, contra su hermanastro Enrique II de Castilla conocido también como Enrique de Trastámara, el cual producto de las hostilidades termina huyendo hacia Francia.  Al mismo tiempo Pedro I declara la guerra al reino de Aragón lo que ocasiona la expansión del conflicto:  Enrique de Trastámara vuelve, reúne un ejército y combate al lado del rey de Aragón, Pedro IV el Ceremonioso, contra el reino de Castilla dirigido por Pedro I El Cruel.

Pedro I pide ayuda al rey Eduardo III de Inglaterra. En su auxilio llega Eduardo de Woodstock, “El Príncipe Negro”, hijo de Eduardo III del reino británico, instalándose en Castilla con su ejército a cambio de dinero y tierras hispánicas por su ayuda para luchar contra Enrique Trastámara. Este último es apoyado ampliamente por la nobleza de Castilla y compañías libres francesas liderados por el legendario caballero Beltrán Duguesclín, lo que conlleva a proseguir el conflicto de la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia en suelo español.

Para el 3 de abril de 1367 d.C. ocurre la Batalla de Nájera (Batalla de Navarrete) entre Pedro I El Cruel apoyado por navarros, Eduardo de Woodstock y sus fuerzas inglesas contra Enrique de Trastámara, apoyado este por fuerzas aragonesas y las compañías francesas junto a Beltrán Duguesclín. Estos últimos son derrotados y Enrique de Trastámara huye a Francia.

Por desavenencias Eduardo de Woodstock rompe el trato con Pedro I, dejándolo solo contra el reino de Aragón. Posteriormente en el año 1369 se desarrolla la Batalla de Montiel entre Enrique II de Castilla apoyado por franceses y Pedro I. Este último pierde la vida y Enrique de Trastámara es proclamado rey de Castilla.

Guerras Fernandinas. Conflictos con Inglaterra, Portugal y Aragón.

Durante su reinado, Enrique II de Castilla estuvo involucrado en la Guerras Fernandinas, una serie de conflictos contra el reino de Portugal liderados por el rey Fernando I, quien pretendía el trono por ser descendiente del rey Sancho IV. Enrique II de Trastámara derrotó al rey Fernando de Portugal en una batalla, obligándole de tal forma a renunciar a sus pretensiones a la corona de Castilla. Posteriormente Enrique II entró en conflicto con Juan de Gante, duque de Lancaster, esposo de Constanza de Castilla, esta última, hija del difunto Pedro I El Cruel. Juan de Gante envió a tropas al continente para hacerse con la corona, pero fueron detenidas.

En el proceso de la Guerra de los Cien Años, Enrique II de Trastámara apoyó al rey de Francia Carlos V, en su guerra contra el rey Eduardo III de Inglaterra, enviando la flota de Castilla en 1372 al asedio de La Rochelle, ciudad francesa en las costas atlánticas, desarrollándose la Batalla de La Rochelle (La Rochela) donde la escuadra inglesa fue derrotada por las fuerzas navales franco-castellanas con la consecuente captura de la ciudad. La flota castellana realizó además un saqueo de la costa sur de Inglaterra. Enrique II muere en 1379 d.C. y le sucede su hijo Juan I de Castilla.

Durante el reinado de Juan I de Castilla (1379- 1390) ocurre una serie de conflictos con Portugal e Inglaterra liderados nuevamente por Fernando I de Portugal, por hacerse con el trono de Castilla. Juan I de Castilla derrota a las fuerzas de portuguesas e inglesas obligando a la firma de un tratado de paz. Fernando I de Portugal fallece en 1383 dejando a su esposa Leonor de Portugal viuda y a su única hija: Beatriz de Portugal como heredera. La corte portuguesa decide unir en matrimonio a Beatriz de Portugal con Juan I de Castilla con la condición de la permanencia de los reinos separados a pesar del lazo matrimonial, con la reina viuda Leonor, madre de Beatriz, como regente de Portugal.

Tras una serie de revueltas organizadas por la nobleza portuguesa y liderados por el maestre de Avís de Portugal, hijo bastardo de Pedro I de Portugal. Como resultado de las revueltas: la reina Leonor es destituida como regente del reino, declaran a su hija Beatriz ilegítima a la corona y se elige al maestre de Avís como nuevo rey, tomando el nombre de Juan I de Portugal. Juan I de Castilla y su esposa Beatriz, deciden intervenir en Portugal para salvaguardar el control del reino por medio de una serie de campañas.

El conflicto lleva a ambos reinos a enfrentarse el 14 de agosto de 1385 en la Batalla de Aljubarrota y el 15 de octubre de ese mismo año en la Batalla de Valverde. En ambos casos las fuerzas portuguesas derrotan a las fuerzas de castellanas.

En 1386 Inglaterra y Portugal establecen alianzas en favor de Juan de Gante y su esposa Constanza, hija de Pedro I El Cruel, y la hija de ambos: Catalina de Lancáster. El conflicto no prospera en favor de la alianza anglo-portuguesa, por lo que lleva a Inglaterra a firmar un tratado de paz con Juan I de Castilla, donde Juan de Gante y Constanza renuncian a sus pretensiones del trono de Castilla a condición que su hija Catalina de Lancáster se una en matrimonio con Enrique III, hijo del rey Juan I de Castilla y la reina Leonor de Aragón. Catalina de Lancáster y Enrique III adquieren el título de Príncipes de Asturias.

Juan I de Castilla fallece en 1930. Enrique III le sucede en la corona. Bajo su reinado combatió a los ingleses, en 1396 detuvo la invasión de Portugal al reino de Castilla, en 1402 dio inicio a la colonización de las islas Canarias y ese mismo año firmó un acuerdo de paz con el rey Juan I de Portugal cesando las tensiones. En 1406 inicia la guerra contra el emirato de Granada, último reducto musulmán en la península ibérica, derrotando el ejército cristiano a los musulmanes en la Batalla de Los Collejares. Fallece ese mismo año de 1406 Enrique III de Castilla, heredando la corona su hijo Juan II de Castilla de 2 años de edad, por lo que la regencia inicial estuvo a cargo de su madre Catalina de Lancáster y su tío el rey Fernando I de Aragón, este último hermano de su padre Enrique III.

Siendo Juan II de Castilla todavía joven, su tío el rey Fernando I de Aragón fallece en 1416 y su madre catalina de Lancáster fallece en 1418. Juan II fue comprometido en matrimonio con María de Aragón, hija de Fernando I de Aragón, ese mismo año de 1418 y proclamado su mayoría de edad en 1419 d.C.

Con la muerte de Fernando I de Aragón es sucedido en el trono por su hijo Alfonso V de Aragón, “El Magnánimo”. Sus otros hijos, hermanos de Alfonso V: Juan El Grande rey de Navarra y Enrique de Trastámara maestre de la Orden de Santiago, ambos infantes de Aragón, mantenían posesiones, rivalidades e influencias partidarias en la nobleza de Castilla debido a la regencia que tuvo su padre sobre el joven rey Juan II de Castilla.

En 1420 el noble Enrique de Trastámara de Aragón secuestra a Juan II de Castilla y lo mantiene prisionero con el objetivo de hacerse con el control de la corona y destituir a la nobleza castellana partidaria de su hermano Juan, hecho conocido como el Golpe de Tordesillas. El noble Álvaro de Luna auxilia al rey Juan II ayudándolo a escapar de su encierro y recuperando la corona. Juan II de Aragón, hermano de Enrique, envía un ejército a Castilla en apoyo del rey Juan II. Posteriormente en 1423 Enrique sería apresado por el rey Juan II de Castilla y sus bienes confiscados. En 1425 Enrique sería puesto en libertad con la devolución de sus bienes tras el tratado de Torre de Arciel entre su hermano el rey Alfonso V de Aragón y Juan II de Castilla. Enrique y Juan, infantes de Aragón, permanecen en la corte de Castilla con sus posesiones en el reino.

En 1427 una facción de la nobleza castellana leonesa influenciada por los infantes de Aragón presiona al rey Juan II para que destierre a Álvaro de Luna debido a que este deseaba reforzar la monarquía castella-leonesa. No obstante, Álvaro de Luna retorna en 1428 y el rey Juan II, influenciado por Álvaro de Luna quien se convertiría en condestable de Castilla, expulsa a los infantes de Aragón del reino de Castilla, acontecimiento que daría paso a la guerra Castellano-Aragonesa de 1429 a 1430.

Al ser declarada la guerra entre Castilla y Aragón, la nobleza castellana apoyó al rey Juan II quien forma una hueste militar. Las fuerzas castellanas tomaron posesiones de los infantes de Aragón y varias fortificaciones fronterizas del reino de Aragón. La guerra finalizaría en 1430 con la firma del tratado de: las Treguas de Majano, con la victoria de Juan II de Castilla y donde los infantes de Aragón pierden sus posesiones en el reino de Castilla, las cuales fueron repartidas entre la nobleza castellana. En 1936 sucede la Paz de Toledo (Concordia de Toledo) donde la Corona de Aragón y de Castilla sellan una paz con el acuerdo del matrimonio de Enrique IV Príncipe de Asturias (hijo de Juan II y María de Aragón) con doña Blanca, infanta de Aragón, (hija mayor de Juan II de Aragón y Blanca de Navarra).

Sin embargo, las tensiones proseguirían entre las facciones nobiliarias por el poder de la corona de Castilla, desatando la Guerra Civil Castellana entre 1437 y 1445, donde el rey Juan II de Castilla, su hijo heredero Enrique IV y el condestable Álvaro de Luna se enfrentarían al bando de los infantes de Aragón, Enrique y Juan II de Aragón.

La guerra culminaría con la batalla de Olmedo de 1445. El rey Juan II de Aragón invadió Castilla con un fuerte ejército apoyado por su hermano Alfonso V de Aragón y una hueste de Enrique Trastámara de Aragón alcanzando la villa de Olmedo. Las fuerzas castellanas dirigidas por Juan II, su hijo y el condestable Álvaro de Luna se impusieron a las huestes navarro-aragonesas derrotándolas en definitiva en la batalla. Tras el encuentro fallecería el mismo Enrique por causa de una herida.

María de Aragón, esposa de Juan II, fallecería en 1445. Juan II de Castilla toma por segunda esposa a Isabel de Portugal, quien influye posteriormente en Juan II para apresar y ejecutar al condestable Álvaro de Luna en 1447. Juan II con María de Aragón engendrarían al futuro rey: Enrique IV de Castilla. Con Isabel de Portugal engendraría a: Alfonso de Castilla “El Inocente” y a Isabel I de Castilla, esta última sería llamada posteriormente “Isabel La Católica”; ambos hermanastros de Enrique IV.

Juan II de Castilla fallece en 1454 d.C., un año posterior a la Caída de Constantinopla en Anatolia (Turquía), sucediéndole su hijo Enrique IV de Castilla “El Impotente”.

Durante el reinado de Enrique IV ocurre la crisis sucesoria por la corona.

Enrique IV previamente estuvo casado con Blanca de Navarra, hija de Blanca I de Navarra y de Juan II de Aragón y de Navarra, divorciándose de ella en 1453. Enrique IV tomaría nupcias nuevamente con Juana de Portugal, naciendo como fruto de este matrimonio: Juana de Castilla “La Beltraneja”. La nobleza castellana no la aceptó como hija biológica de Enrique IV y debido a las tensas rivalidades con la nobleza castellana dirigidos por el noble Juan Pacheco y Pedro Girón, obligan al rey a aceptar diversas medidas en el reino, siendo partidarios de la proclamación como nuevo rey a Alfonso “El Inocente” de Castilla, hermanastro de Enrique IV; por lo que Alfonso se convierte en el sucesor en destitución de Juana de Castilla como Príncipe de Asturias. La crisis persiste. En el año 1467 ocurre la Segunda Batalla de Olmedo, donde los ejércitos de Enrique IV y una coalición militar de nobles partidarios de Alfonso terminan por negociar.

Sin embargo, Alfonso El Inocente fallecería en 1468 por lo que el título de heredero a la corona pasaría a disputarse entre Juana de Portugal La Beltraneja y la hermanastra de Enrique IV, Isabel La Católica. Enrique IV muere en 1474 dando paso a la Guerra de Sucesión Castellana.

Guerra de Sucesión Castellana:

Resultó en un conflicto bélico entre los años de 1475 a 1479 por la sucesión de la Corona de Castilla entre los partidarios de Juana La Beltraneja, hija de Enrique IV, contra los partidarios de Isabel La Católica, media hermana de Enrique IV.  

El conflicto estuvo apoyado por Portugal y la Corona de Aragón. Juana estaba casada con Alfonso V de Portugal, mientras que Isabel con Fernando II de Aragón “El Católico”.

La guerra tuvo su punto álgido con la Batalla de Toro en 1476, donde las fuerzas de Portugal y parte de Castilla se enfrentan a las milicias de Aragón y parte de nobles castellanos partidarios de Isabel. Aunque el resultado de la batalla resultó incierto, posteriormente las fuerzas de Aragón o el bando de “los reyes católicos”, Fernando e Isabel, superarían a las fuerzas de Portugal leales a Juana de Castilla.

El conflicto terminaría en 1479 d.C. con el tratado de Alcazobas entre Portugal, Castilla y Aragón, donde Portugal reconoce a Isabel y Fernando reyes de Castilla. Juana perdería su derecho al trono y permanecería en Portugal hasta su fallecimiento.

El reinado de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón marca un punto de cambio entre el fin de la Edad Media para algunos historiadores. Durante su reinado ocurre la conquista del Reino de Granada por medio de una serie de campañas militares entre 1482 y 1492 emprendidas por los Reyes Católicos, finalizando con la rendición de Granada el 2 de enero de 1492, hecho que marca oficialmente la culminación de la Reconquista Española y el inicio del Imperio Español.

La consolidación del reino de España bajo los reyes católicos, Fernando e Isabel, permitiría la expansión del Imperio Español sobre el Mediterráneo y la absorción posterior del reino de Navarra.

El 12 de octubre de 1492 acaecería el Descubrimiento de América con la llegada al continente americano de una expedición española dirigida por el almirante Cristóbal Colón por mandato de los Reyes Católicos Isabel La Católica y Fernando de Aragón, acontecimiento considerado por algunos historiadores como el final de la Edad Media en Europa.

FRANCIA Y EL IMPERIO CAROLINGIO:

Las primeras tribus germánicas conquistaron el Imperio Romano en decadencia. Entre estas tribus germánicas estaban los visigodos en la región sudoeste de la actual Francia y en España, los burgundios en la región sudeste, alamanes en la parte del Rhin y los galoromanos, descendientes de galos romanizados bajo el Imperio de Roma y último reducto del Imperio Romano en Europa tras su caída. Los bárbaros germánicos de la tribu de los francos ingresaron a Francia y dominaron a las tribus asentadas. Previamente para el año 440 los francos habían extendido sus dominios hacia el Canal de la Mancha, actual Bélgica. Su líder era Meroveo (448 – 458) quien había luchado contra Atila en la Batalla de los Campos Cataláunicos y considerado por algunos historiadores el fundador de la dinastía Merovingia.

A su muerte le sucedió su hijo Childerico (458 – 481) y a este su hijo Clodoveo. Con Clodoveo los francos dominan al resto de tribus en batallas sucesivas. En el año 486 d.C. los francos derrotan a los galoromanos en la Batalla de Soissons, destruyendo así el reino de Siagro que era el último reducto del Imperio Romano de Occidente y terminando con el vestigio de la dominación del Imperio Romano sometiendo a toda la región. Clodoveo posteriormente toma como esposa a Clotilde de origen belga quien profesaba la religión católica romana. Batió a los alamanes en la decisiva batalla de Tolbiac en el año 496 d.C. Según la tradición los francos estaban en desventaja y a punto de ser derrotados cuando Clodoveo rogó al Dios cristiano de su esposa Clotilde por un milagro para que le fuera concedida la victoria frente a los alamanes, con el juramento de volverse cristiano y abandonar a los dioses paganos germánicos. Los francos derrotaron a los alamanes, se apoderaron de la región de París y el clero católico, ya en gran parte diseminado entre la sociedad bárbara, aceptó su conversión con alegría y auxiliaron sus sucesivas conquistas.

A la muerte de Clodoveo en el año 511, su reino fue repartido entre sus hijos, dividiendo el reino y provocando una ausencia de autoridad territorial. A su hijo Thierry le tocó la parte de Austrasia, a su hijo Clotario I reinó sobre Neustria; Childiberto dominó la región de París y el último de sus hijos Clodomiro sobre Orleáns.

Cada uno de estos hijos como reyes conquistaron otras regiones incorporándolas a sus territorios, pelearon entre sí posteriormente quedando como resultado dos regiones dominantes: Austrasia y Neustria, las cuales siguieron en rivalidades y guerras originando la decadencia de los merovingios y el poder real pasó a manos de otros nobles y jefes del ejército o mayordomos de palacio. Clotario II (613 – 628), último de los reyes merovingios, aceptó las demandas de los nobles.

Posteriormente reyes y nobles se enfrentaron en guerras sucesivas lo que terminó en la supremacía de los mayordomos de los que triunfó Pepino de Heristal tras la Batalla de Testry en el año 687 d.C. abatiendo a la dinastía merovingia y tomando la corona del reino.

Pepino venció a otros pueblos como los sajones, alamanes y frisones que se rebelaron contra su dominio. A su muerte su hijo Carlos Martel tomó las riendas del reino y venció nuevamente a los reinos bárbaros sublevados.

El Imperio Carolingio. Carlos Martel y la Batalla de Poitiers:

El reino establecido por los francos se redujo a una lucha fratricida por causa del dominio de la corona. Los principales estados fueron: Austrasia al noreste; Neustria al noroeste; Borgoña, al Sureste; y Aquitania al Suroeste.

Clodoveo, rey de Francia, fallece en el año 511 d.C. Sus hijos, como principales herederos, fueron Clotario III, Teoderico III y de Childerico II que reinaron en Austrasia y Neustria en años posteriores sobreviniendo rivalidades. Conocidos los herederos como “Reyes Holgazanes” porque no se preocupaban por los asuntos del reino o a causa de su incompetencia en asuntos del estado, dejaban como regentes a los mayordomos reales, los cuáles durante el período merovingio, eran intendentes encargados de servir al rey en asuntos militares y de consejo y con el paso del tiempo adquirieron mucho poder e influencia al grado de recaer en ellos la responsabilidad del reino.

En el siglo VII el mayordomo de Austrasia: Pepino II de Heristal, venció al mayordomo de Neustria e hizo la mayordomía hereditaria sobre sus descendientes. Este legado recayó sobre su hijo Carlos Martel como guerrero sobresaliente. Durante el reinado de Carlos Martel surgió la amenaza de los árabes sobre Galia y Europa.

Los árabes habían invadido la región de Hispania en 711 d.C. avanzando posteriormente hacia el noreste atravesando los pirineos y tomando la región de Septimania en la actual Francia, al mismo tiempo llevaban a cabo ataques sobre diferentes regiones y pueblos cristianos. En el año 725 llegan a Borgoña en sus incursiones. Para el año 732 el gobernador Al Gafiqui de Al Ándalus (nombre dado a la península ibérica bajo dominio musulmán) invade Francia y pone dirección a la ciudad de Tours en busca de riquezas. Estos acontecimientos causaron alarma en los principales centros de Europa ante el imparable avance musulmán.

Carlos Martel decide enfrentarse a las fuerzas de Al Gafiqui para detener el avance musulmán. La batalla fue realizada en un punto entre Tours y Poitiers el 10 de octubre de 732 d.C. Las fuerzas de Carlos Martel derrotaron a los invasores islámicos. El mismo Al Gafiqui moriría en la batalla. Posteriormente se realizaron ataques hacia los asentamientos musulmanes en suelo francés en los años 736 y 737 para eliminar las bases islámicas. Pipino el Breve, hijo de Carlos Martel, acabaría con los restos del poder musulmán en Francia para el año 759 y su hijo Carlomagno pasaría a combatir en Hispania formando la Marca Hispánica frente a los musulmanes asentados en la península ibérica.

A su muerte en el año 741 d.C. dejó como herederos a sus hijos Carlomán y Pepino el Breve, quienes serían precursores del inicio de una nueva etapa en Europa del Imperio Carolingio.

El hijo de Carlos Martel, el mayordomo Pepino el Breve, depuso al último rey merovingio Childerico III, se consolidó luego como rey de los francos e inició la dinastía Carolingia tomando bajo su mandato los reinos de Austrasia, Neustria, Borgoña y Aquitania.

Sucesores de Pepino el Breve fueron sus hijos Carlomán y Carlos. A la muerte de Pepino en el año 768 el reino se repartió entre sus dos hijos. Carlomán falleció en 771 y Carlos, llamado posteriormente Carlomagno, confirmó su autoridad sobre toda Francia.

Carlomagno, “Padre de Europa”. Las Guerras Sajonas y el Tratado de Verdún.

Carlomagno, Rey de los franceses y considerado actualmente como el Padre Unificador de Europa y emperador de Occidente, nieto de Carlos Martel, es recordado por ser un rey de carácter guerrero infatigable y un gran hombre de estado organizando a la mayor parte de Europa Occidental en un solo reinado en un período de continuas luchas. Casi toda su vida estuvo en campaña de guerra anexando los ducados de bávaros (Hungría) al reino franco, combatió a los Lombardos (Italia) conquistando sus territorios y entre sus más célebres campañas están sus luchas contra los sajones (norte de Alemania) que habitan la parte sur del río Rhin liderados por el caudillo germano Widukind.

Carlomagno

Widukind resultó un líder tenaz entre la resistencia sajona frente a Carlomagno en defensa del paganismo germánico. Las guerras sajonas resultaron en un período de conflictos entre los clanes sajones y cristianos por 30 años.

No obstante, los ejércitos cristianos al final dominarían a los sajones forzándolos a la conversión, Widukind se rinde y acepta el bautismo junto a la población sajona.

Incorporando Sajonia y otras regiones tras duras y continuas luchas, Carlomagno extendió su reino. Para el año 793 Carlomagno se internó en los Pirineos en el sur (España) por medio de una serie de campañas instalando la “Marca Hispánica”, que consirtía en el establecimiento de una serie de condados con guarniciones militares de defensa que se extendían desde Pamplona (Navarra) hasta Barcelona, la cual se convirtió en refugio para los cristianos que escapaban de los árabes quienes se habían instalado en los territorios ibéricos.

Es digno de mención la obra organizadora de Carlomagno como hombre de gran liderazgo, capaz y hábil, así como de un gran estadista. Consolidó su poder frente a los nobles a los que concedió privilegios. Fue protector de la Iglesia católica de Roma sin someterse a ella consiguiendo el apoyo del Papado. Esto le valió ser coronado por el Papa León III como Emperador Augusto el 25 de diciembre del año 800 d.C.

Dividió el Imperio en provincias regidas por condes a cargo del poder civil, judicial y militar, mientras que las provincias fronterizas estaban regidas por duques y marqueses, dando lugar al establecimiento de las provincias de: condados, ducados y marcas. Estos a su vez estaban vigilados por los inspectores imperiales (missi dominici) encargados de visitar las provincias e informar al emperador sobre la conducta de sus funcionarios, permitiendo así el principio de leyes y órdenes en el mundo germánico. Carlomagno creó además escuelas e iglesias, permitiendo el ingreso en ellas de todas los estartos sociales sin distinción de género o clase social. Destaca la Escuela Palatina para la preparación de sacerdotes y funcionarios, regida por maestros de otros reinos como el inglés Alcuino de York, Teodulfo, Pedro de Pisa, Pablo Diácono, Clemente y Eginardo, este último secretario y biógrafo de Carlomagno.

Carlomagno murió en Aquisgrán en el año 814 d.C.

El imperio carolingio inicia su decadencia con la muerte del hijo y sucesor de Carlomagno: Ludovico Pío. Este carecía de las cualidades necesarias y del liderazgo mostrando cierta flaqueza. A su muerte ( ) repartió el Imperio entre sus tres hijos y nietos de Carlomagno por medio del Tratado de Verdún (843): Carlos el Calvo: recibe Francia, Luis el Germánico: Alemania y Lotario: territorios del Rhin, los Alpes e Italia.

Lotario, también conocido como Lotario I, hizo la guerra contra sus hermanos; sin embargo, Luis el Germánico y Carlos el Calvo logran derrotarlo en el año 841 d.C. Lotario fallece en el año 855 d.C. no sin antes repartir su reino en sus tres hijos: Luis “El Joven”, siendo el mayor, recibe el norte de Italia, el hijo mediano: Lotario II, hereda el norte de Lotaringia, el menor: Carlos de Provenza recibe Provenza y Borgona Transjurana.

Su segundo hijo, Lotario II, tomó la corona del reino de su padre; pero falleció en 869. Esto llevó al tratado de Mersen.

El tratado de Mersen realizado en 870 d.C. consistió en un tratado de partición del territorio de Lotaringia a la muerte del rey Lotario II, por parte de Carlos el Calvo y Luis el Germánico, tíos del fallecido rey, sin reconocer su descendencia y a su vez dejando fuera el hijo mayor de Lotario, Lotario II el “Joven” como heredero real de los territorios de su hermano. Con este tratado, Carlos el Calvo y Luis el Germánico ampliaban sus territorios dando paso al establecimiento de las fronteras de Francia (Francia occidental) y Alemania, Países Bajos, Austria y Suiza (Francia Oriental).

Carlos el Calvo (843 – 877) logró expandir su reino, conquistó Aquitania, sometió a la Bretaña francesa al casar una de sus hijas con el rey de los Bretones y consiguió el control de la región de Lorena y Lombardía. No obstante, Carlos tuvo muchos problemas con la nobleza por lo que se vio obligado a declarar los feudos hereditarios acontecimiento que limitó su poder. El papa Juan VIII le otorgó el título de Emperador. A la muerte de su hermano Luis el Germánico quiso apropiarse de la región de Lotaringia pero los hijos de Luis lo derrotaron.

La caída del Imperio Carolingio.

Por el lado de Francia occidental: Carlos el Calvo murió en 877 d.C. dejando como sucesor a su hijo Luis II de Francia apodado “el Tartamudo” quien tuvo dos descendientes con Ansgarda de Borgoña: Carlomán II y Luis III. Al mismo tiempo Luis II el Tartamudo tuvo otro hijo con Adelaida de Paris llamado: Carlos III “El Simple”, hermanastro de Carlomán II y Luis III. Luis el Tartamudo fallece en 879 sucediéndole sus hijos Carlomán y Luis al trono; pero en 882 muere Luis III por lo que Carlomán II termina reinando en solitario.

Por el lado de Francia Oriental (Germania): Luis el Germánico (843 – 876), hermano de Carlos el Calvo, obtuvo el dominio de la región de Germania compuesta por clanes sajones, alamanes, francos, turingios y bávaros. Posteriormente sometió a Bohemia junto a otras regiones tras el tratado de Mersen.

Luis el Germánico tuvo tres hijos y a su muerte en 876 d.C. repartió su reino en tres regiones: Carlomán recibió Baviera, Luis III “el Joven” la parte de Franconia, Sajonia y Turingia; por último a Carlos III “el Gordo” el resto del reino en Suabia y Recia.

Carlomán y Luis III “el Joven” hicieron la guerra contra Carlos “el Gordo” del cual este último salió victorioso tomando el control de todo el reino. Carlomán abdicaría al trono en 879 en favor de sus hermanos Carlos El Gordo y Luis el Joven. Al siguiente año 880 sucede el Tratado de Ribemont.

Para el 882 muere Luis III el Joven por lo que Carlos hereda sus dominios. En el 884 muere su primo Carlomán II de Francia Occidental, por lo que Carlos el Gordo le sucede convirtiéndose en el rey del estado Carolingio unificado. No obstante, su reinado duraría poco tiempo, ya que no logra detener las invasiones vikingas, lo que desata rebeliones durante su reino. Los nobles terminaron por destituirlo en 887 y fallece en 888, siendo el último rey de la dinastía carolingia, llevando en definitiva al final del imperio carolingio.

Rollo El Caminante y las incursiones vikingas.

Surge posteriormente la dinastía de los Capetos. Esta era una familia que venía siendo aliada a los carolingios. Los Capetos hicieron hereditario su linaje en la corona, dominaron al resto de señores feudales y obtuvieron la consagración real.

Su primer representante fue Eudes de Francia, también conocido como Odón Conde de París.

El 12 de abril de 879 los vikingos del Gran Ejército Pagano tras su devastación en Inglaterra avanzaron hacia el continente y alcanzan la desembocadura del río Escalda causando devastación en toda la región durante más de una década e invadiendo ciudades como Colonia y Aquisgrán. De nuevo París fue amenazada entre 885 y 886 con 700 naves y más de 40,000 vikingos; pero Eudes de Francia, conde de París, les hizo frente durante once meses impidiéndoles el asalto a la ciudad y obligándoles a retirarse.

Destituido Carlos el III Gordo por parte de la dinastía carolingia germánica, los nobles de Francia occidental eligen a Eudes como rey en 888 d.C. por su valor frente a los ataques vikingos sobre la región, siendo el primer monarca de la Dinastía de los Capetos.

Eudes fallece en 898 y es proclamado rey Carlos III “El Simple” hijo del fallecido Carlos II de Francia el Tartamudo.

Carlos III decide resolver el problema los “normandos” (hombres de Norte) como eran llamados los vikingos que asolan el reino en Francia. Hrolf Ganger, jefe vikingo de Noruega conocido como Rollo (Rollon) “El Caminante” por causa que era tan alto y tan pesado que ningún caballo podía cargarlo viéndose obligado a caminar en sus incursiones, es expulsado de Noruega en 874, sirve como mercenario en Inglaterra y posteriormente aborda el Sena en 896, atacando París con su ejército en vano en 910 d.C. y posteriormente ataca Chartres en 911 d.C. Carlos el Simple reconociendo que no podría sostener una resistencia contra los vikingos por mucho tiempo, decide establecer un trato con Hrolf otorgándole a él y a sus guerreros vikingos una región de Neustria con la condición de no permitir otros ataques vikingos, su bautismo al cristianismo y un matrimonio con Gisella, hija de Carlos el Simple, uniéndolo y comprometiéndolo con la realeza.La región otorgada a Hrolf sería conocida entonces como Normandía y de cuya descendencia surgiría Guillermo El Conquistador.

Carlos III tuvo un hijo con la princesa Edgiva de Wessex llamado Luis IV de Ultramar. A la muerte de Luis IV “el Niño”, último rey carolingio por la rama de Germania, Carlos III reivindica sus derechos sobre regiones de Germánicas. El germano Enrique “el Cazador de Aves”, apodado también como “El Pajarero” lo derrota en una batalla impidiendo sus reclamaciones. Roberto I de Francia, quien había participado en la defensa de París frente a los vikingos durante el 885 y 886 y hermano del anterior rey Eudes de Francia, organiza una revuelta contra Carlos III el Simple. Los nobles eligen rey a Roberto I, haciendo renunciar al trono a Carlos III en junio de 922. Carlos el Simple contraataca en 923 con un ejército, acaeciendo la batalla de Soissons. En el transcurso de la batalla muere Roberto I, pero su hijo Hugo “el Grande”, quien participaba en la batalla, derrota al ejército de Carlos. Este huye y es apresado por su vasallo Herberto II de Vermandois, hermano de la esposa de Roberto I, quien le hace prisionero encerrándole en el Castillo de Péronne donde muere en cautiverio en 929.

Muerto Roberto I en la batalla de Soissons, los nobles eligen a Raúl, duque de Borgoña, como rey en 923, siendo Raúl I de Francia. Su reino estuvo marcado por la defensa contra los invasores vikingos y húngaros. Raúl se enfrenta a Rollo El Caminante negociando una paz y cediendo territorios en 924. Posteriormente se enfrenta a los nórdicos en 925 haciéndolos retroceder; no obstante, para 926 los vikingos derrotan a Raúl y saquean la región. En 927 Rollo cede su reino a su hijo Guillermo “Espada Larga” quien en 930 rinde homenaje a Raúl. Rollo fallece en 932 d.C. En 935 Rául y su ejército derrotan a los húngaros invasores. Raúl muere en 935 d.C. tras difíciles años de reinado.

Los nobles eligen sucesor de Raúl a su hijo Luis IV de Ultramar. Tomó matrimonio con Gerberga de Sajonia, hermana del emperador alemán Otón I el Grande del Imperio Romano Germánico y tuvo ocho hijos, entre ellos Lotario quien sucedió a su padre en 954 luego de su muerte. Lotario fallece en 987 sucediéndole Luis V de Francia cuyo reinado fue breve hasta 987, sucediéndole como nuevo monarca Hugo Capeto elegido por los nobles.

La Dinastía de Los Capetos.

Hugo Capeto, en francés: Hugo Capet, se convirtió en rey de Francia a partir del 987. Hugo Capeto era parte de una poderosa familia de la nobleza, hijo de Hugo “El Grande”, quien llegó a ser un poderoso señor feudal. Hugo Capeto fue en un principio Conde de París y posteriormente rey de los Francos. Bajo su reinado se reconcilió con la Iglesia, se alió con la nobleza y buscó consolidar su poder sobre sus dominios haciendo hereditaria la corona en sus descendientes dando origen a la dinastía de los Capetos quienes gobernaron Francia desde 987 a 1328 d.C.

Aunque los Capetos dirigieron Francia durante más de 300 años, su poder e influencia rivalizaron con la de los señores feudales, al mismo tiempo, en la búsqueda de aumentar su poder y su dominio, otorgaron favores a la nobleza y la Iglesia, en otras situaciones a tener conflictos con estos; lo que les llevaría a entrar en guerras y enfrentarse a señoríos locales.

Sucesor de Hugo Capeto fue su hijo Roberto II de Francia a partir de 996, apodado “el Piadoso”, ya que se ocupaba de cuestiones religiosas. Paradójicamente mantenía relaciones adúlteras con Rozala de Italia, Berta de Borgoña y Constanza de Arlés, lo que le valdría una amenaza de excomunión por el Papado que nunca se consolidaría ya que fue protector de la Iglesia.

Felipe I, rey de Francia (1060 – 1108) dentro de la rama de los Capetos, estuvo en conflicto con el Papa Urbano II, por lo que no apoyó la Primera Cruzada acaecida en su reinado.

Luis VII de Francia, sexto rey en la línea dinástica de los Capetos, fue rey de Francia entre 1137 a 1180. Se casó con Leonor de Aquitania. Participaría en la segunda Cruzada junto a sus caballeros y nobles en 1146 la cual acabaría en fracaso. Pese a ello, bajo su reinado, Francia se enriqueció aumentando su poder con un fortalecimiento de la industria y el comercio.

Felipe II, rey de Francia de la dinastía de los Capetos, (1180 – 1223) mantuvo rivalidades con Ricardo Corazón de León. Ambos reyes participarían en la Tercera Cruzada. Felipe II llegó a mantener alianzas con Juan sin Tierra para recuperar territorios continentales de Inglaterra en Francia.

La Cruzada Albigense.

Entre 1209 y 1244 el Papa Inocencio III hace un llamado a una cruzada contra los Albigenses o Cátaros (termino que significa: “perfecto”). Estos eran un grupo religioso originados en doctrinas procedentes de Bulgaria, Los Balcanes y Medio Oriente, asentados al final en la región de Albi, en Languedoc, sur de Francia, desde aproximadamente finales del siglo X y principios del siglo XI. Su doctrina contenía elementos del maniqueísmo, profesando una religión de carácter dual (luz y tinieblas) y la lucha entre el espíritu o alma y la materia o cuerpo, rechazando el dogma cristiano de la época.  Esta doctrina obtuvo con el paso del tiempo gran repercusión en la región del sur de Francia, cuyo núcleo estaba en Carcasona, al grado de expandirse en gran parte de la población local y la nobleza occitana, siendo apoyados por el conde Raimundo VI de Tolosa. La iglesia católica condenó el movimiento de herético al tener gran número de adeptos entre sus filas en el sur de Francia.

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En un principio la Iglesia mantuvo una actitud pasiva enviando misioneros católicos a la zona con el fin de evitar conversiones a la Fe cátara por parte de la población. Sin embargo, los misioneros lograron muy pocos resultados entre los adeptos cátaros, por lo que esta condición dio paso a la Cruzada Albigense.

La dinastía de los Capetos apoyó al Papa contra los cátaros y la región Occitana del sur de Francia donde estaban asentados. Felipe II de Francia envía a la lucha contra los cátaros a Simón de Monfort liderando un ejército de cruzados. Raimundo de Tolosa buscó aliados encontrándolo en su cuñado Pedro II de Aragón quien tenía varios feudos en el sur de Francia como vasallos.

La Cruzada inició con la toma de Carcassona, ciudad de dominio cátaro, en 1209 d.C. por las tropas de Simón de Monfort donde los cátaros fueron expulsados. En 1212 tomó Tolosa y en 1213 se desarrolla la Batalla de Muret donde Simón de Monfort y sus tropas derrotan a un ejército del conde Raimundo VI de Tolosa en coalición con Pedro II de Aragón. Este último muere en la batalla. Raimundo VI marchó al exilio en Barcelona, muchos nobles que apoyaron al movimiento cátaro son desposeídos de sus dominios y Simon de Monfort se convierte en conde de Tolosa reduciendo el movimiento cátaro en la zona.

No obstante, el Papa Inocencio III fallece en 1216 d.C. Raimundo VI de Tolosa aprovecha la situación para lanzar una ofensiva para recuperar sus territorios apoyado por la población del Languedoc haciendo retroceder a los cruzados y recuperar Tolosa en 1217. Simón de Monfort fallecería en 1218 en un asedio. Raimundo VI muere y su hijo Raimundo VII de Tolosa, retomaría el mando de su padre luchando por el dogma cátaro y los territorios del sur de Francia junto a nobles desposeídos de sus antiguos territorios debido a su apoyo a los albigenses. El rey Felipe II de Francia fallece en 1223 d.C. Su sucesor, su hijo: Luis VIII “el León” de los Capetos, retomaría la cruzada personalmente contra los Albigenses. Raimundo VII de Tolosa sería excomulgado en 1225 por el Papa Honorio III, sucesor del anterior Papa Inocencio III. El rey Luis VIII el León de Francia, derrota a los occitanos en 1226 pero fallecería de disentería ese mismo año durante la campaña. Su hijo, Luis IX de Francia, toma la corona y continúa la Cruzada contra los cátaros.

Los albigenses, pese a su contra ataque no logran recuperar Carcasona, ciudad perdida desde las primeras etapas de la Cruzada Albigense. Luis IX sitia Tolosa y Raimundo VII es obligado a capitular y someterse al rey de Francia. En 1229 d.C. se firma el tratado de París donde el condado de Tolosa se comprometía a prestar fidelidad a la corona de los Capetos, someterse a la Iglesia, abandonar la causa albigense y entregar territorios a la corona de Francia.

En 1242 Raimundo VII de Tolosa en compañía de otros nobles albigenses atacaría nuevamente el sur de Francia retomando algunas ciudades y llamando al alzamiento occitano sin obtener resultados. Los franceses cruzados resisten en Carcasona y el rey Luis IX al frente de sus ejércitos desciende sobre la región derrotando a Raimundo VII en 1243 en definitiva.

Pese a los últimos intentos del movimiento cátaro, este dogma estuvo presente en la región de forma oculta, por lo que la Iglesia crea el Santo Oficio (Inquisición) con el objetivo de perseguir la fe albigense en un principio y posteriormente a otras herejías. Cátaros sobrevivientes se retiran a diversas regiones refugiándose en castillos donde son perseguidos como último reducto de su Fe, asediados y muertos: castillo de Montsegur en 1244 y fortaleza de Quéribus en 1255. Esto daría fin a la Cruzada Albigense.

Luis IX y las últimas Cruzadas.

Luis IX de Francia fue el último rey europeo en organizar las últimas Cruzadas contra los musulmanes. Entre 1248 y 1254, guio la Séptima Cruzada desembarcando en Egipto logrando apoderarse de la ciudad de Damieta, pero su ejército cae prisionero de los musulmanes capturando a Luis IX quien se salva pagando un fuerte rescate. Posteriormente dirige la octava Cruzada en 1270, asediando la ciudad de Túnez. Pero su ejército fue atacado por una epidemia de disentería y el propio Luis IX moriría por esta causa el 25 de agosto de 1270. A su muerte le sucedió en el trono su hijo, Felipe el Atrevido.

Los Caballeros Templarios, Felipe IV, el Papa Clemente y el Papado de Aviñon.

Miembro de la dinastía de los Capetos, Felipe IV, apodado “el Hermoso”, fue el segundo hijo del rey Felipe III el Atrevido y de su primera esposa Isabel de Aragón.

El reinado de Felipe IV estuvo caracterizado por no permitir un poder superior a su corona, lo cual incluía al poder eclesiástico de Roma, especialmente contra el Papa en turno Bonifacio VIII quien mantenía su derecho del dominio de la Iglesia sobre los reyes. Felipe IV mantuvo tensas relaciones con la Iglesia por causa de querer cobrar altos impuestos a las autoridades eclesiásticas de su reino para sostener su guerra contra Inglaterra. Las tensiones entre el rey y el Papa aumentaron y Felipe IV envió una delegación encabezada por su canciller Guillermo de Nogaret y el caballero Sciarra Collonna en 1303 d.C. para arrestar al Papa en Roma y juzgarlo. El Papa fue encerrado para que dimitiera y ultrajado. La delegación francesa se retiraría y un mes posteriormente fallecería.

Su sucesor Benedicto XI, sería atacado por la familia Collonna y fallecería exiliado. El nuevo Papa sucesor sería Clemente V.

Felipe IV insistía en una actitud de venganza contra Bonifacio VIII, a pesar de encontrarse ya muerto, buscando en el Papa fallecido una condena como “Papa herético”. Miembros de la Iglesia insistían en la condena de los que participaron en el atentado contra Bonifacio del cual el rey era cómplice. Clemente V, para evitar mayores problemas entre Francia y Roma, declaró inocente a Felipe IV; pero se negó a considerar hereje a Bonifacio.

Al mismo tiempo Felipe IV cometió violaciones a los privilegios de la Iglesia juzgando a los obispos, quiénes según la ley de la Iglesia, solo podían ser juzgados por el Papa. Además, atacaría a las personas adineradas, a los judíos y a los Caballeros Templarios.

La Orden de Los Caballeros Templarios había sido fundada en 1119 d.C. en Jerusalén por Hugo de Payens tras la Primera Cruzada, cuya función era defender Tierra Santa, a los peregrinos y proteger a la cristiandad de sus enemigos, lo que los llevaría a convertirse en una Orden Militar poderosa y temida, de actuar en diversos frentes de batalla y extender sus dominios en varios reinos de Europa, llegando a acumular tierras, castillos, bienes y ser una de las instituciones más ricas e influyentes en la Edad Media, teniendo autonomía y cuya obediencia era exclusiva al Papa y no a un reino o rey en específico. Su administración contemplaba la institución de un banco moderno con rentas y préstamos, por lo que muchos reinos y nobles les confiaban el manejo de sus riquezas. Los templarios administraban el tesoro del rey de Felipe IV, además de contar con múltiples instalaciones y tierras en Francia.

El 13 de octubre de 1307 Felipe IV ordena el arresto de todos los templarios que se encontraban en territorio francés, acusándolos de herejía al renegar a Cristo y otros cargos que incluían adoración de un ídolo llamado Baphomet y actos de sodomía. Entre los arrestados estaba el Maestre de la Orden Jacques de Molay. Los templarios fueron sometidos a torturas para que confesaran sus supuestos crímenes. Muchos templarios huyeron de Francia buscando refugio en otros reinos. Entre las causas de la disolución de la Orden del Temple por Felipe IV estarían: las inmensas riquezas que los templarios poseían y que Felipe ambicionaba y con la disolución de la orden pasarían al tesoro real; por otro lado, la obediencia exclusiva de la Orden del Temple al Papa, podía ser contraproducente para los intereses de Felipe IV y poner tarde o temprano a la Orden en su contra. Se ha sugerido además que Felipe debía en calidad de préstamo enormes cantidades de dinero a los templarios y que le resultaba difícil cancelar dicha deuda. Se ha sugerido además que los Templarios se habían convertido en una orden demasiado poderosa y totalmente independiente, inclusive del papado. 

Clemente V protestó ante el acontecimiento de la captura de los templarios; pero con las confesiones obtenidas bajo tortura a los caballeros del temple, Felipe consiguió que Clemente V firmara una bula condenando a los Caballeros Templarios y disolver la orden. Se ha sugerido que en última instancia el Papa habría exonerado a los templarios; pero que siempre estuvo coaccionado y amenazado por Felipe IV. Clemente V no solo temía la influencia de Felipe, sino que buscaría evitar un cisma de grandes proporciones entre el reino de Francia y la Iglesia.

En 1309 Clemente V traslada la sede papal de Roma a la ciudad de Aviñón, producto de la inseguridad de la Iglesia en Roma. Clemente V pensaba retornar a Roma en 1311; pero debido a la presión de Felipe IV permaneció en la ciudad hasta su muerte. No obstante, los siguientes 7 pontificados permanecerían en Aviñon hasta 1377 con el último papa de Aviñón Gregorio XI quien retornaría a Roma, lo que ha dado el nombre a este período de: “Papado de Aviñón”.

Jacques de Molay moriría en la hoguera el 20 de abril de 1314. Clemente V fallecería en abril de 1314.

Jacques de Molay

En noviembre del mismo año 1314 muere Felipe IV durante una partida de caza. Felipe IV estuvo casado con Juana I de Navarra con quien tuvo 5 hijos, de los cuales fueron sucesores a la corona de Francia sus 4 hijos varones: Luis X “el Obstinado”, de 1314 a 1316, Juan I “el Póstumo” con un reinado de 5 días en 1316, Felipe V “el largo” de 1316 a 1322, Carlos IV “el Hermoso” de 1322 a 1328. Felipe IV el Hermoso tendría además una hija en: Isabel de Francia o “la Loba de Francia”, quien se casaría con el rey de Inglaterra Eduardo II. Isabel con Eduardo II de Inglaterra engendrarían a Eduardo III.

Carlos IV rey de Francia y de Navarra hasta su fallecimiento en 1328, cometería abusos de poder y mantuvo altercados con el rey Eduardo II de Inglaterra por el homenaje que el rey inglés le debía por sus posesiones continentales de los ducados de Guyena y Ponthieu. En 1327 ayudaría a su hermana Isabel la Loba de Francia a luchar contra su marido Eduardo II de Inglaterra para que abdicara el trono, tomándolo prisionero y ejecutándolo al final. Al morir Carlos IV no deja un heredero varón, y como única descendiente de Felipe IV el Hermoso queda su hija Isabel, madre del rey Eduardo III de Inglaterra y hermana de Carlos IV.

Eduardo III, rey de Inglaterra e hijo de Isabel, era por lo tanto nieto de Felipe IV el Hermoso, quien ante el fallecimiento de su tío Carlos IV reclama el trono de Francia.

La nobleza de Francia temiendo que un rey de origen inglés llegue al trono instaura la Ley Sálica dada por Clodoveo desde el siglo V d.C. la cual establecía el derecho al trono únicamente a un heredero varón excluyendo el derecho a la corona a una mujer y sus descendientes.

La nobleza de Francia elegiría como sucesor del fallecido Carlos IV a Felipe VI de Valois en 1328. Este era primo de Isabel ya que era hijo de Carlos de Valois, quien era hermano de Felipe IV el Hermoso. Con la Ley Sálica se excluía a Isabel como heredera al trono a pesar de ser hermana del fallecido Carlos IV e hija de Felipe IV el Hermoso, así como también excluía a su hijo Eduardo III como pretendiente a la corona de Francia.

La exclusión de Eduardo III rey de Inglaterra y su madre Isabel la Loba de Francia a la corona de Francia, así como otras causas económicas, feudales y sociales entre ambos reinos desencadenaría en la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra.  

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