El Clero en el Antiguo Egipto:

Las acciones del clero egipcio estaban basadas en el culto a los dioses y el ejercicio de otras actividades relacionadas con el ámbito de la religión egipcia como: la magia, la adivinación, la astronomía, las matemáticas, la arquitectura, el baile, la escritura y la medicina.

Pese a la condición de sacerdotes, “representantes” o “intérpretes” de los dioses, los clérigos en el Antiguo Egipto eran ciudadanos egipcios considerados como «servidores de los dioses» y por lo tanto estaban obligados a cumplir los deberes en general de: seguir la liturgia de los templos, dar seguimiento a los ritos en diversas situaciones del ámbito egipcio (muerte y enterramientos, fallecimiento de un faraón, ofrendas, procesiones, festivales, etc.), cumplir ciertos deberes y reglas específicas (purificación, ayunos, períodos de abstinencia sexual o de alimentos, etc.) y, en los casos del sacerdocio oficial o de gran influencia, ejercer profesiones y cargos públicos en la administración del reino; ya que ciertos clérigos profesaban labores de sacerdocio y a su vez podían ejercer como médicos, tesoreros reales, escribas, funcionarios en los graneros del estado, guardianes de bibliotecas y templos, maestros, etc., en la gran mayoría de casos, cargos gubernamentales relacionados siempre con el ambiente religioso o en función del aparataje religioso de los templos. No todos los médicos, escribas, arquitectos o funcionarios en el Antiguo Egipto eran sacerdotes.  

El sacerdote egipcio era un servidor del dios, por lo tanto, su deber estaba en seguir la liturgia del dios en un templo con el objetivo de mantener a la deidad en calma y conseguir su favor para con el pueblo egipcio. Su centro de operatividad estaba por lo tanto en el templo de un dios y, por otro lado, en el palacio del faraón y «las casas de la vida». Estas últimas, centros de enseñanza

El sacerdote egipcio y el clero del Antiguo Egipto en general, no hacía proselitismo religioso ni daba atención a las inquietudes espirituales en la población del Nilo, pues su deber estaba en una liturgia al servicio de un dios determinado.

Los ciudadanos egipcios por lo tanto seguían la adoración de los dioses dependiendo de la liturgia, actos y reglas de los sacerdotes y la figura del faraón; este último quien era considerado como el hijo y representante del dios principal protector de Kemet (Amón, Ra, Ptah, etc.) y era considerado el primer sacerdote de los dioses, considerado a su vez como un dios viviente.

El sacerdocio en la mayor parte de la historia del Antiguo Egipto se caracterizó por una falta de coordinación y una ausencia total de una organización centralizada entre las diversas facciones o cultos de una deidad específica.

Cada deidad en el Antiguo Egipto tuvo su culto determinado y por ende su sacerdocio particular encargado de sus ritos específicos. De tal forma que cada casa sacerdotal o grupo de sacerdotes encargados de una deidad era independiente del resto de otros cultos de las otras divinidades egipcias. Cada dios, su culto y sus sacerdotes respectivos eran una entidad autónoma con respecto a otras castas sacerdotales.

Los sacerdotes de Amón, por ejemplo, eran independientes de los sacerdotes de la diosa Isis, y estos a su vez del dios Ptah, de Ra, de Sobek, etc. Cada sacerdocio era independiente y celoso de sus creencias y reglas de cada dios determinado, por lo que en la historia de Egipto nunca existió una estructura religiosa centralizada debido al politeísmo imperante en el Nilo y las preferencias de la población por el seguimiento de un dios determinado.

Claro ejemplo es el dios Ptah, dios considerado primigenio o «creador», cuyo culto tuvo gran preponderancia durante el Imperio Antiguo (y muy posiblemente en los inicios de Egipto o época Pre-dinástica) y cuyo centro de adoración estuvo en la ciudad de Menfis. Durante el Imperio Nuevo el dios Amón, junto a sus sacerdotes, se convirtió en la deidad principal del Imperio Egipcio y dios protector del faraón y su familia; pese a ello la ciudad de Menfis siguió dando preponderancia localmente al culto del dios Ptah.

El culto oficial del sacerdote egipcio.

El templo era la “casa” del dios egipcio. En la concepción de los antiguos egipcios un dios egipcio determinado tenía su morada en un mundo espiritual o Más Allá, pero mantenía una esencia divina que cohabitaba o permanecía en la tierra. Dicha esencia no debía ser contaminada por los aspectos, circunstancias o eventos terrenales; por lo que dicha esencia, representada por medio de una estatua del dios, debía estar confinada en un templo logrando estar aislada de todo aquello que pudiera profanarla o contaminarla. Tal templo, al convertirse en la morada terrenal del dios, era considerado como un lugar sagrado por los habitantes del Nilo el cuál debía ser respetado.

La idea del confinamiento de la estatua de un dios determinado en un recinto permitía, en la mente del hombre egipcio, preservar la pureza de la divinidad, y así evitar que el dios en particular se sintiera “ofendido” o “molesto” con los habitantes del Nilo. Esta búsqueda y preservación de la pureza del dios sobre la tierra conlleva una serie de reglas que el personal oficiante o sacerdotal ejecutaba en forma de rituales ante el dios.

En general tales oficios en el culto hacia un dios egipcios en específico fueron cambiantes a lo largo de la historia del Antiguo Egipto; pero por lo general consistían en cultos matinales, al medio día y otros al atardecer.

Tales actividades rituales hacia el dios eran desarrolladas con mucho rigor, puntualidad y solemnidad y eran conocidos en general como los oficios, los cuáles eran continuos.

Previo a todo culto o actividad ritual hacia el dios egipcio, el sacerdote debía tomar un baño ritual. Lo hacía en una alberca, por lo común, ubicada en el patio principal al interior del templo. El objetivo era presentarse limpio ante los dioses y purificar su cuerpo.

El culto matinal oficiado por el clero consistía en toda una serie de procedimientos que involucraba comúnmente a un grupo de sacerdotes y por lo general consistía en: al amanecer, con los primeros rayos del sol, un grupo de sacerdotes o un sacerdote de forma individual, según el culto pertinente, ingresaba solemnemente a la cámara principal del dios en el templo. Por lo general, esta habitación del dios estaba al final del templo y donde solo tenían el derecho de acceso el faraón y su familia (considerados de origen divino) y los sacerdotes de mayor jerarquía. Sacerdotes menores solo podían acceder a ciertas estancias menores del templo.

El resto del pueblo egipcio no podía acceder al templo y solo en algunas excepciones podían ingresar a ciertas recámaras externas, patios o a una capilla de los templos mayores.

La cámara principal del templo o sala principal del dios, llamada: sancta sanctorum, contenía el Naos. El naos era un arca o armario, por lo común de forma rectangular, con dos puertas movibles que se podían desplegar a los costados y selladas por un cerrojo o manija. El arca ocupaba el centro del salón y se encontraba ubicada sobre un pedestal. El naos u arca podía estar laminada con metal brillante u oro y además podía estar adornada con estatuillas fusionadas a su armadura, como la diosa Maat con alas, u otros ornamentos y escritos jeroglíficos. En algunas ocasiones el arca podía ser un simple armario hecho de madera o de piedra sin mayores ornamentos. En el interior del arca se encontraba resguardada la estatua del dios, la cual podía ser de madera, piedra o estar recubierta de oro.

El sacerdote principal o el jefe del templo atravesaba todas las estancias del templo hasta alcanzar la sala del dios. Al ingresar se acercaba al arca o Naos donde la estatua del dios estaba resguardada. Inmediatamente como parte del servicio se arrodillaba frente al naos. En ciertas variantes del culto el sacerdote daba una serie de vueltas alrededor del armario en señal de respeto entonando cánticos u oraciones. Posteriormente el religioso tiraba de la manecilla o cerrojo de las puertas del naos para extenderlas y dejar al descubierto la estatua del dios.

Frente a la estatua el sacerdote alzaba sus manos y emitía una oración para avisar y convencer al dios que no era el faraón pero que en ese momento actuaba en su beneplácito:

«Verdaderamente soy un profeta; el rey me ha enviado a ver al dios«.

En seguida podía presentar ofrendas como aceites perfumados y mirra o frente a la imagen del dios alzaba los brazos y entonaba una serie de himnos o plegarias considerados invocadores de la divinidad con el objetivo de “despertar” al dios que había estado “dormido” y glorificar su nombre o su divinidad. Al mismo tiempo el sacerdote presentaba ante la imagen del dios una estatuilla diminuta de la diosa Maat (quien representaba la armonía y el equilibrio del universo) como tributo. En su ayuda podía portar también la cruz Anhk u otros amuletos.

El sacerdote principal podía estar ayudado en el culto por otros sacerdotes oficiantes. En este caso un grupo de sacerdotes portadores se posicionaba frente al altar del dios tras el sacerdote principal, presentando bandejas repletas de carne, pan, fruta, ánforas de vino o cerveza, flores, etc., colocándolos sobre una mesa frente al altar o en pebeteros a los costados del naos. El objetivo de estas ofrendas era «alimentar» al dios que absorbía la esencia contenida en los alimentos.

Existen evidencia que la disposición de las ofrendas en el altar llevaba cierto orden: primero se colocaban las flores u ornamentos, luego las frutas y vegetales, posteriormente las carnes y al final el pan y pasteles.

Uno o varios sacerdotes de mayor rango pudieron ser parte del rito bendiciendo las ofrendas por medio de aspersiones de incienso, mirra o aceites perfumados como forma de purificación y perfumar la sala del dios. Al mismo tiempo pronunciaban palabras mágicas, oraciones o himnos como forma de encantamiento. Es posible que estos sacerdotes entonaran también música por medio de instrumentos musicales o estuviesen acompañados por músicos oficiantes como parte de cánticos sagrados en el rito hacia el dios.

Posteriormente la estatua era retirada del Naos y podía ser lavada o aseada por el sacerdote mayor o el resto de sacerdotes.

El ritual de “alimentar” al dios disponiendo ofrendas en su altar era realizado a medio día y al atardecer nuevamente. Al día siguiente, las ofrendas del día anterior eran retiradas y luego consumidas por los sacerdotes y sus ayudantes.

Una vez terminado el ritual, la estatua del dios era retornada al interior del naos.

En otras ocasiones la estatua del dios no podía estar a resguardo necesariamente en un naos u arca. Simplemente, en el recinto principal o sancta sanctorum, la estatua del dios estaba ubicada sobre un pedestal y su tamaño era variable.

En otras variantes de culto, a un costado del arca del dios, se encontraba una litera en forma de barca sagrada, cuya función era la de transportar el naos o la estatua del dios por los sacerdotes al ser sacada del templo en procesiones rituales. Estas procesiones tenían la función de mostrar al dios ante los ojos de los ciudadanos egipcios en festivales y liturgias donde era partícipe la población que seguía el cortejo sacerdotal en medio de un desfile. La camilla donde era transportada la estatua del dios en forma de barcaza representaba el viaje del dios por el firmamento.

En la mayoría de templos, la litera o barca sagrada donde era transportada la efigie del dios, se encontraba alojada en una habitación previa al Sancta Santorum conocida como la Capilla de la Barca.

Otras formas de culto eran los funerarios hacia la divinidad de un faraón fallecido y eran ejecutados como culto en la tumba de un faraón a quien se consideraba transformado en un nuevo dios después de su muerte.

Estos cultos eran realizados de forma cotidiana, en dos ocasiones al día, en templos adaptados a las pirámides o tumbas reales del faraón. Estas tumbas contaban con cinco nichos o recámaras reales y cada una contenía un naos de piedra con una estatua del faraón en su interior.

Un grupo de sacerdotes celebrantes del culto funerario al faraón realizaba el rito al amanecer abriendo cada uno de los naos u armarios de piedra, inmediatamente el sacerdote principal oficiante realizaba frente a la estatua oraciones, la recitación de himnos y alabanzas u oraciones mágicas al “dios faraón”, luego los sacerdotes limpiaban la estatua al mismo tiempo que otro sacerdote quemaba incienso para perfumar la estancia. Posteriormente con las estatuas aseadas se procedía a presentar alimentos y vino como ofrenda. Se desconoce si estos alimentos eran para cada estatua o de forma general en una recámara columnada del recinto funerario.

Por último, el vino utilizado en la ofrenda era mezclado con agua y los sacerdotes hacían un recorrido alrededor de la pirámide del faraón en sentido de las agujas del reloj asperjando el agua sobre el muro de la construcción a forma de bendición.

Reglas sacerdotales y vestimenta.

Debido a que el sacerdote era servidor del dios, debía cumplir ciertos aspectos en su condición como parte del clero.

Las reglas que todo sacerdote debía seguir era de carácter purificador para no contaminar con su condición material el templo del dios al cuál servía. Sin embargo, estas condiciones o reglamentos podían diferir según el templo, la deidad o el nomo. Entre tales reglas generales el sacerdote o los sacerdotes encargados del rito de los templos debían bañarse en cuatro ocasiones; dos durante al día y dos durante la noche.

Obligatoriamente debían llevar la cabeza rapada para evitar las plagas de piojos. Además, debían estar circuncidados.

Entre algunas reglas alimenticias que invitaban a la pureza era que los sacerdotes no podían comer carne de res y de cerdo. No podían beber vino ni cerveza.

Por otro lado, los sacerdotes podían tener esposa y esclavas a su servicio ya que el celibato no era una condición obligatoria para el sacerdocio egipcio. No obstante, la abstinencia sexual era obligatoria durante el período del servicio del templo o como forma de purificación para el período de los rituales.

En cuanto a la vestimenta los sacerdotes usaban un atuendo de lino y calzaban sandalias de fibra de palma. Estaba prohibido para un sacerdote el uso de la lana y las sandalias de cuero. Algunas órdenes sacerdotales a su condición del clero incorporaban pieles de leopardo atadas al torso desde el hombro o sujeta a los hombros sobre la espalda.

Por otro lado, el clero debía llevar una vida mesurada; aunque no era la regla en todos los casos.

El Faraón. El primer sacerdote.

En la religión del valle del Nilo existía una sola persona que estaba capacitada para realizar los rituales necesarios para el mantenimiento del culto de los dioses del panteón egipcio. Este era el faraón. El monarca egipcio era considerado como un dios viviente o un «semi dios» por lo que era el único ser humano que se encontraba capacitado para actuar como un mediador entre el mundo divino y el mundo humano.

Paradójicamente, este “rey divino” no podía estar en todas partes a la vez; por lo que la solución desde tiempos inmemorables en la historia de Egipto fue delegar la tarea del culto diario y el de todas las ceremonias en los sacerdotes, encargándose de representar al faraón frente a los dioses.

En primeras instancias estos sacerdotes fueron designados por el faraón y pronto adquirieron los favores reales.

En esta jerarquía eclesiástica egipcia el faraón era considerado el sumo sacerdote y de él dependían el resto de la casta sacerdotal en todo el reino.

Como rey de Egipto, el faraón era garante del Maat o Equilibrio con su persona y el rito adecuado a los dioses. Es debido a esto que la iconografía egipcia, en pinturas y relieves, estuviese siempre el faraón representado como oficiante de tributos a una deidad y acompañado por esta mientras que los sacerdotes tenían un papel secundario en estas representaciones; sin embargo lo cierto es que el faraón al no poder estar en todos lados, eran los sacerdotes los garantes del culto.

El Colegio Sacerdotal. Elecciones, cargos, rangos y funciones.

El clero egipcio fue prácticamente una clase social distintiva en el Imperio Egipcio. Aunque era en múltiples casos una clase social privilegiada, lo cierto es que también contaba con jerarquías en su estructura eclesiástica, de tal forma que los rangos altos y medios contaban con muchas concesiones, mientras que los sacerdotes de menor rango apenas contaban con una pensión.

La base y casa del colegio sacerdotal era el templo, el cual podía tener numerosas dependencias según el dios en cuestión a adorar. Dioses como Ra, Amón, Isis, Osiris, fueron populares y dioses principales del estado egipcio.

Dentro del templo, y en la sociedad egipcia, existían dos grupos de castas sacerdotales: los sacerdotes fijos y los sacerdotes móviles. El clero fijo tenía permanencia en el templo para los diferentes oficios y generalmente estaba conformado por los sacerdotes de alta jerarquía o Alto Clero, como «el representante del dios» que a su vez era el jefe del templo conocido también como: “El Gran Sacerdote” o “Sumo Sacerdote”. El jefe de una casta sacerdotal y el máximo sacerdote de un dios estatal (como por ejemplo: Amón) era conocido como: hem netjer tepy o «primer sirviente del dios». El resto de sacerdotes del alto clero posiblemente recibieran en términos generales el nombre de: hem netjer o hem netcher. Cada templo tenía un Sumo Sacerdote y varios miembros del Alto Clero.

El clero móvil por el contrario estaba formado por los sacerdotes de menor rango o el Bajo Clero, también conocidos como Wab (Uab o Web), era el más numeroso y eran quienes colaboraban con los oficios diarios del dios en diversas tareas. Los sacerdotes móviles trabajaban un mes en el templo, luego descansaban tres meses y volvían al siguiente mes para sus tareas eclesiásticas; de tal forma que servían cuatro meses aproximadamente al año en el templo como un: “tiempo de servicio”. Durante su descanso de tres meses se dedicaban a su familia u otras tareas que podían incluir algún oficio determinado.

Tanto el Alto clero y el Bajo clero podían estar conformados por sacerdotes dedicados al culto y los oficios de la divinidad a quien servían contando únicamente con conocimientos teológicos; pero también podían desempeñar otras profesiones como médicos, magos, arquitectos, escribas, etc. Por lo visto, muchos clérigos egipcios, tanto en el Alto como el Bajo clero, fueron personas preparadas académicamente. No obstante, tal preparación, estaba más bien reservada para los altos cargos entre el Alto Clero.

A partir del Imperio Nuevo es cuando el sacerdocio se transforma en una profesión a tiempo completo, incluyendo los sacerdotes Wab, cuya presencia sería permanente en las tareas requeridas del templo.

También existía el personal auxiliar al servicio de los sacerdotes, los cuáles realizaban simples tareas domésticas al interior del recinto o eran parte de otros servicios en el culto al dios como: mercaderes, carpinteros, pescadores, herreros, marinos, canteros, etc., como personal de diversos oficios contratados para trabajos internos o externos en el templo.

Wikimedia Commons. Sacerdote egipcio. Author: José Luiz Bernardes Ribeiro. Link: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Bronze_egyptian_priest_(6th_century_B.C.)_-_Ephesus_Museum.JPG

La elección para la vida sacerdotal era una condición heredada de padres a hijos, especialmente entre los cargos de alta jerarquía, hecho principalmente acontecido por los beneficios que un cargo eclesiástico otorgaba. Esta situación de nepotismo hizo que la clase sacerdotal contara con ciertos privilegios a lo largo de la historia del Antiguo Egipto y, por lo tanto, de obtener beneficios a costa de la administración real.

El faraón podía elegir a su vez al sacerdote principal o Primer Sacerdote del dios nacional de Egipto. Sin embargo, tal elección era más por razones políticas que por razones teológicas; ya que el clero oficial del reino, representantes del dios nacional (Amón, Ra, Horus, etc.) «interpretaba» la voluntad del dios en beneficio de la elección y obediencia de la figura del faraón. Así, la familia real concedía privilegios a los altos miembros del clero que «interpretaban convenientemente» los deseos del dios estatal en beneficio de las decisiones y proyectos del faraón. Un faraón inclusive, solo podía obtener la corona en beneplácito de la voluntad del dios nacional del reino egipcio; pero los únicos interpretes directos del dios eran los representantes directos del Alto Clero. Es por esta misma razón que la casta sacerdotal de dioses como: Ra, Horus o Amón, a lo largo de la historia del Antiguo Egipto, obtuvieron gran poder e influencia política.

Un ciudadano egipcio solamente podía ser parte de la clase del clero cuando el Colegio Sacerdotal necesitaba nuevos aspirantes, ofrecía favores entre colegas sacerdotes para el ingreso de un amigo o pariente u otorgar el ingreso de alguien competente para ocupar puestos vacantes. Esta situación, que se presentaba de forma escaza, era solo para los miembros del bajo clero y, de forma excepcional, para el Alto Clero, lo cual implicaba tener conocimientos académicos, teológicos o ambos.

El ingreso de un aspirante al bajo Clero no garantizaba una vida de beneplácito pues dentro de las labores del Alto y Bajo Clero existían diversos cargos con sus respectivas funciones y remuneraciones.

Se desconoce con exactitud la diferencia de rangos entre los miembros del Alto y Bajo Clero ya que la disposición de los cargos dependía en gran medida de la capacidad administrativa del templo, sus rentas, beneficios y, por supuesto, del dios a quien se rendía tributo. Aunque podían existir semejanzas en cuanto al culto del dios, cada liturgia de una deidad podía tener sus variantes que son desconocidas.

Los dioses estatales como Amón durante el reino Nuevo del Antiguo Egipto, gozaron de gran preponderancia y recibían grandes beneficios del poder real, por lo que sus dependencias, necesidades y beneficios eran enormes. Templos de dioses locales (como el dios Ptah) estuvieron bajo el favor de la administración del Nomo local.

En el caso del dios Amón: el «Primer sirviente de Amón» estaba encargado del culto principal y de la administración del templo en general, lo cual incluía supervisar al trabajo del templo, controlar las propiedades del reciento y tener el control de las tierras a lo largo del reino. El resto de sacerdotes podían encargarse de la jefatura y organización de las procesiones, la alimentación, la presentación de ofrendas y de la organización de la recolección de ofrendas, la tesorería, etc., en general, altos cargos administrativos del templo.

Comúnmente el «Segundo sirviente del dios» supervisaba los trabajos en los campos y los talleres además de controlar las embarcaciones en el Nilo con productos destinados al templo.

El «Tercer sirviente del dios», así como el «Cuarto sirviente» en templos mayores, tenían funciones desconocidas; pero probablemente podían encargarse de la recepción de tributos, tesorería, oficiar festivales locales, dirigir actividades de sustitución del Segundo y Primer sirviente del dios, etc.

Estos altos cargos estaban siempre ayudados y acompañados de escribas, criados y personal auxiliar del templo, además de contar con escoltas personales designados por el faraón o soldados del jefe del ejército local.

Templos de dioses de ciudades pequeñas pudieron contar con solo un «Primer sirviente del dios», y tal vez con dos miembros del alto clero y varios sacerdotes menores.

Templos pequeños o capillas al aire libre en poblados pequeños pudieron estar dirigidos por sacerdotes del bajo clero.

Los sacerdotes wab o móviles, Bajo Clero, estaban reducidos a trabajos más simples como de limpieza del templo, portadores de la barca sagrada en las procesiones, ordenar utensilios, resguardo de implementos, mensajeros de los miembros del alto clero, trabajar como escribas del alto clero, etc. Los wab tenían prohibido el ingreso a ciertas estancias sagradas del templo, principalmente al Sancta Sanctorum. Entre otras funciones los wab estaban encargados de los rituales de enterramiento del difunto, especialmente entre los pobladores egipcios en general y los ciudadanos más humildes que los altos clérigos no querrían visitar. Es posible que algunos sacerdotes wab estuvieran capacitados y autorizados para realizar ritos específicos, posiblemente cultos simples en comarcas pequeñas con dioses en capillas al aire libre o templos pequeños. Tampoco se descarta que fuesen enviados a otras comarcas lejanas del Imperio Egipcio en misiones comerciales o diplomáticas en calidad de simples emisarios.

Dentro de estos wab se encontrarían sacerdotes encargados de la lectura de manuscritos durante el culto llamados sem, cuya función pudo ser también la de escribas.

El bajo clero o los wab trabajaban en grupo en diversas áreas asignadas. Estos grupos eran denominados como Sau u «Observador» (Observante de una labor determinada) y eran por lo general en número de cuatro.  Cada Sau rendía cuentas a un supervisor, quien era un encargado perteneciente al alto clero.

El Templo. Base del sacerdocio egipcio.

Los templos egipcios ejercieron un papel económico, administrativo y cultural en el Antiguo Egipto.

Los templos en el Antiguo Egipto fueron riquísimos ya que contaban con el beneplácito del faraón quien otorgaba una remuneración de las arcas del estado destinada a los sacerdotes y los recursos necesarios del templo.

Por otro lado, los templos recibían donaciones monetarias de los nobles y personajes de la realeza.

Así mismo, los templos contaban con tierras propias que arrendaban además de varios tipos de propiedades de las cuáles sacaban ingresos para su mantenimiento. Estas tierras y propiedades estaban exentos de impuestos lo que aumentaba su rentabilidad.

No era poco común que algunos sacerdotes de alto y mediano rango sacaran provecho personal de esta situación utilizando el desvío de fondos y apoderándose de una parte de las rentas sobornando o amenazando a escribas y funcionarios. Esta situación acontecía en los templos grandes donde existía una mayor organización y mayor cantidad de personal.

Los templos menores o santuarios locales apenas contaban con una docena de sacerdotes y pesar de esta situación no se descarta que algunos de estos clérigos de menor rango vivieran a beneplácito o con ciertas ventajas a través de las pocas rentas del mismo.

Los templos del Antiguo Egipto fueron centros religiosos cuya función era servir de morada a un dios determinado. Comúnmente su estructura era de forma rectangular con diversas recámaras.

No obstante, existieron templos mayores y también grandes complejos religiosos como el templo de Karnak o Luxor cuyas funciones no eran solamente religiosas.

Estos templos desempeñaron diversas tareas. Las funciones religiosas demandaban una organización particular por lo que tuvieron una diversa cantidad de personal religioso realizando diferentes trabajos: encargado de las ofrendas florales, jefe de camareros, supervisor de los graneros, jefe de los almacenes del templo, supervisor del ganado, encargado de las finanzas, etc. Si un templo contaba con tierras cultivables debía necesitar la ayuda de escribas y clérigos encargados de las tareas para supervisar la siembra, la cosecha, contratar a personal para las labores agrícolas, organizar los graneros y almacenaje de granos, sacar las rentas de la cosecha, etc.

Estos templos debieron contar con escribas y tesoreros encargados del control de las donaciones y el resguardo del dinero, secretarios y personal encargado del control de sus finanzas lo cual implicaba en la participación de los sacerdotes como regidores y administradores.

Los templos egipcios, por lo tanto, fueron verdaderos enclaves no solo contando con un poder o influencia religiosa, sino como centros administrativos y de enseñanza, además de tener enorme influencia en el estado egipcio y en las políticas del faraón y la familia real; hecho especialmente acontecido a partir del Imperio Nuevo.

Durante el reinado de Ramsés III, en la XX dinastía, el personal del templo religioso de Karnak (consagrado a Amón y múltiples dioses en diferentes capillas) se componía de más de 80,000 trabajadores entre sacerdotes y personal contratado, quienes se encargaban tanto de atender los rituales del dios Amón como toda su heredad, la cual ocupaba más de 1.400 kilómetros cuadrados de tierras, donde eran criadas cerca de 400,000 cabezas de ganado además de contar con cultivos, estando repartidos en un total de 65 poblados. Una flota mercante de 85 embarcaciones se encargaba del transporte de materiales al templo a través del Nilo, trayendo consigo diversos productos desde diferentes puntos de Egipto y desde tierras lejanas para cubrir las necesidades del templo.

El nivel de organización del Templo de Amón en Karnak, conllevó a que no solo existiera el «Primer sirviente de Amón», sino el «Segundo sirviente de Amón» como subjefe al mando del Templo; luego el Tercer sirviente y el Cuarto, etc.; dando como resultado una jerarquía eclesiástica con diferentes funciones las cuáles dependían de las innumerables necesidades del culto y organización del recinto; por lo tanto, existieron diferentes funciones entre los sacerdotes de Alta Jerarquía.

Los sacerdotes y las Casas de la Vida. Entre la ciencia y la religión.

La Casa de la Vida, Per Anhk o Per Anj en antiguo egipcio, era una institución de enseñanza en el reino egipcio similar a una universidad moderna, donde se transmitían conocimientos de medicina, astronomía, matemáticas, teología, arquitectura y lenguas extranjeras.

Era un lugar reservado para las clases sociales dominantes: hijos de la nobleza, hijos de los militares de renombre, vástagos de altos cargos administrativos, los hijos del mismo faraón (habidos con la reina u herederos y sus concubinas) y los hijos de los sacerdotes, etc. No se descarta que los hijos de clases sociales inferiores pudieran acceder a la educación de las Casas de la Vida; aunque con ciertas excepciones.

Como centro de enseñanza superior sus maestros eran, por lo general, escribas y sacerdotes capacitados en diversas áreas de la ciencia.

Los templos religiosos egipcios contaron con sus Casas de la Vida al interior de su recinto; especialmente los templos de mayor influencia y tradición; a pesar que pudieron existir Casas de la Vida no ligadas al sacerdocio con una enseñanza laica.

Muchas de las Casas de la Vida, especialmente las de los templos, estuvieron asociadas al dios Ra y a Osiris y, a parte de la enseñanza a los alumnos, se caracterizaron por ser fuente importante de la transmisión de conocimientos al contener bibliotecas en su interior (rollos de papiro), que resguardaban información sobre matemáticas, medicina, arquitectura, magia, etc. Estas bibliotecas y el almacenaje de rollos implicaron la labor de la escritura y creación de numerosos pliegos con la colaboración de numerosos escribas dedicados a la copia y elaboración de diversas obras versadas en diversos temas; además de su conservación y cuidado.

Parte importante es que los templos fueron la fuente de la creación de la teología egipcia, situación que implicaba la elaboración de los mitos egipcios de los dioses, el culto egipcio y su justificación frente a los ciudadanos egipcios.

Los sacerdotes encargados de esta situación fueron miembros del Alto Clero que adecuaron y crearon los mitos egipcios dotándolos de sentido para el ciudadano egipcio, razón por la cual se encuentran diversos mitos o variantes de las historias de un mismo dios, desarrolladas en períodos de tiempo distintos en el antiguo Egipto.

Mujeres sacerdotisas.

Aunque en el Antiguo Egipto fueron los hombres quienes oficiaron el trabajo sacerdotal en los templos, existen evidencias que desde el Imperio Antiguo existió una rama femenina unida a la casta sacerdotal.

Estas eran sacerdotisas en términos generales llamadas: hemet.

Se desconoce con exactitud el papel de las mujeres sacerdotes en las labores egipcias antiguas dentro de los servicios en los templos, no obstante, se tiene conocimiento que algunas de estas mujeres fueron sacerdotisas relevantes con cargos de responsabilidad y de poder.

Comúnmente estas mujeres sacerdotes estuvieron vinculadas con los cultos a las diosas: Hathor, Neith, Pajet y Bastet; así como también a divinidades masculinas como: Min, Thot y Anubis.

Algunas de estas mujeres sirvieron como sacerdotisas de cultos funerarios. En este caso eran llamadas: hemet-ka en relación a sus contrapartes masculinas.

Aunque comúnmente el papel de las mujeres sacerdotisas estuvo supeditado y supervisado por el papel de los hombres, se cree que algunas de ellas pudieron compartir labores en igualdad de condiciones lo que implicaba ciertas actividades de organización de templos, formas similares de ritos al de sus contrapartes masculinos y la sustitución del sacerdote cuando este no pudiera realizar el culto por diversos motivos (viajes, enfermedad, falta de tiempo por actividad laboral, etc.).

Algunas de estas mujeres sacerdotisas pudieron obtener títulos en áreas de la ciencia como la de medicina o ser escribas. Por medio de las fuentes egipcias se sabe que durante la dinastía IV del Antiguo Egipto, existió una mujer llamada: Pesheset, quien era conocida como la “Supervisora de los Médicos”.

Es posible que las mujeres estuvieron consagradas a cultos femeninos desconocidos y sus relaciones con diosas de carácter femenino; aunque sus labores no estaban dedicadas exclusivamente a deidades femeninas sino también a entidades masculinas.

Existían por ejemplo los rituales de la diosa Neith, diosa de connotaciones guerreras de origen libio adaptada al panteón egipcio desde tiempos del Imperio Antiguo, los cuales implicaba su realización en un festival en honor a esta diosa, y consistían en que las mujeres en condición de vírgenes luchaban desnudas entre sí para obtener el título de sacerdotisa de la diosa Neith.

Aunque este rito es exclusivo a la diosa Neith, podría sugerir que existían ciertas condiciones o requisitos para las mujeres sacerdotisas de formas variadas. Es posible que la virginidad como símbolo de pureza haya sido una condición indispensable para la incorporación de una aspirante al clero femenino. La virginidad en las sacerdotisas pudo haber sido una condición imprescindible como garantía de purificación y dedicación exclusiva al sacerdocio y el trabajo del templo. Habría que recordar en este punto, como ejemplo, a las vírgenes vestales de Roma y su labor en el templo de la diosa Vesta y el cuidado del fuego sagrado en el interior del mismo.

Tal estado de virginidad en la mujer y su relación con la pureza podía observarse en otros rituales celebrados por el clero egipcio como el Rito de la crecida del Nilo, considerado como la fuente de vida y de riqueza (por su riego sobre las cosechas aledañas al rio en su época de crecimiento después de una sequía), donde un cortejo de mujeres bailaba, oficiado por sacerdotes, arrojando como víctima propiciatoria a las aguas del Nilo a una mujer que cumpliera dos requisitos indispensables: que fuese hermosa y que fuese virgen. Es posible que este rito haya sido únicamente simbólico e introducido hacia el Período Helénico en Egipto. Tal ritual tenía como objetivo consumar su matrimonio con el dios del rio.

En contraposición a una pureza virginal femenina, entre otras formas de rituales, Heródoto, historiador y geógrafo griego, hace mención en sus viajes por Egipto como fue testigo del rito del culto al dios egipcio Khnum o dios carnero, en el cual una sacerdotisa mantenía relaciones carnales con un carnero en forma ritual frente a una multitud de espectadores egipcios como parte de los festivales celebrados en honor a este dios. El origen de este rito muy posiblemente estuvo relacionado como un elemento propiciador de la fertilidad en la sociedad egipcia. El elemento propiciador de la fertilidad estuvo marcado en diferentes culturas especialmente en la egipcia con distintas ceremonias de las cuales las mujeres sacerdotisas fueron parte ejecutoras. Las sacerdotisas de la diosa Isis efectuaban un rito donde lloraban, gemían, e inclusive, podían autoinflingirse castigos como una forma de dolor para que los dioses pudieran generar la crecida del Nilo e inundar los campos de siembra para germinar las plantaciones.

Aunque existiesen para las mujeres ciertos rituales egipcios y con ello diversas tareas que nos son desconocidos, se sabe con certeza que buena parte del clero femenino estuvo vinculado a la labor del canto, la música y, por supuesto, a la danza en los templos, esta última conocida como ibaw, así como en los festivales dedicados al culto de ciertos dioses como Amón y la diosa Hathor.

Aun cuando existían hombres y sacerdotes que ejercían la música, el canto, e inclusive la danza, como profesión en la sociedad egipcia y en las formas de culto en los templos, por lo común, eran las mujeres sacerdotisas y sus acólitas las dedicadas en mayor medida a este arte en el Antiguo Egipto; no solo para las fiestas de la alta sociedad egipcia, sino para su ejecución en festividades egipcias y en los vínculos religiosos.

Como profesión, las mujeres dedicadas al canto y la música eran por lo general estrictamente seleccionadas, especialmente las bailarinas, no solo por sus capacidades, sino también por sus destrezas y por su belleza.

Estas mujeres cantoras, músicas y danzantes ejecutaban sus habilidades para la realeza, las fiestas de los nobles y las festividades del faraón y su familia; ya que su contratación para la sociedad del Antiguo Egipto era símbolo de una condición económica elevada, de riqueza y de poder. Muchas de estas mujeres ofrecían sus servicios a las festividades religiosas formando parte del culto a una divinidad.

En los festivales rituales del dios Amón, la estatua de este dios era transportada por sacerdotes en una barca sagrada desde el templo de Karnak hacia el templo de Luxor, seguida por una multitud de ciudadanos egipcios.

La estatua de Amón y el cortejo de sacerdotes y seguidores era recibido en el templo de Luxor por una multitud junto a un festival amenizado por músicos, mujeres cantoras y sacerdotisas bailarinas quienes ejecutaban danzas para Amón desnudas o semidesnudas frente a la multitud previo al ingreso y desaparición de la estatua de Amón y su barca sagrada al interior del templo.  

La Diosa Hathor, considerada la “Diosa de la Danza”, tenía varios templos dedicados a ella en el Antiguo Egipto, donde se realizaban numerosas liturgias en su honor que implicaban danzas de sus sacerdotisas; por lo que se entendería que estos bailes tenían en marcado acto ritual. Muchas de estas danzas eran de diversos tipos, desde las ceremoniales hasta las festivas, y algunas de carácter acrobático, lo cual implicaba movimientos y posturas diversas ejecutados por las bailarinas.

Al mismo tiempo estas sacerdotisas, especialmente las cantoras y las que utilizaban algún instrumento musical, utilizaban en sus ritos el sistro, un instrumento formado por una empuñadura que tenía en su parte superior una lámina curva de metal, oro o plata arqueada y cerrada, que era a su vez atravesada por varillas metálicas provistas de sonajas. El sistro era utilizado como parte de ritos musicales en honor a los cultos de la diosa Hathor y la diosa Isis. Este instrumento era conocido comúnmente como el: sehem dedicado a la liturgia de la diosa Isis. Otra variante era el sheheshet, un sistro dedicado al culto de la diosa Hathor utilizado por las sacerdotisas de sus templos y consistía en una empuñadura coronada por una especie de templete o marco que podía contener la cabeza de la diosa Hathor, razón por la cual se les ha denominado también: «los sistros hathóricos».

Exclusivos de las sacerdotisas en su manipulación, si bien los sacerdotes músicos podían utilizarlos, se desconoce el fin del uso del sistro; aunque se ha especulado que eran utilizados como sonajeros durante los ritos de las diosas Isis y Hathor realizados por las sacerdotisas para alejar el mal o los malos espíritus durante la ejecución del culto, por lo que se convirtió en parte importante de los rituales egipcios y con ello grandes atribuciones religiosas, especialmente durante el Imperio Nuevo.

Las sacerdotisas contaban también con una jerarquía. Estaban las sacerdotisas del Alto Clero quienes eran conocidas como: hemet netyer o hemet netcher y su evidente involucramiento y pertenencia estuvo asociado a las clases altas de la sociedad egipcia y como esposas de los sacerdotes del Alto clero.

El máximo exponente del alto clero femenino era la reina, esposa del faraón, quien era conocida como «la Esposa del dios». En algunos casos la reina, en sus labores religiosas, podía sustituir al faraón en diversas actividades del culto a los dioses y era la responsable de designar a una Gran Sacerdotisa o supervisora que dirigía en conjunto al clero femenino de un dios determinado. Esta supervisora, designada por la reina, era conocida como: Dua Netcher o «Divina Adoratriz». En ciertos casos, las hijas del faraón podían desempeñar también este cargo, por lo que comúnmente estuvo reservado para mujeres de la nobleza.

Existían a su vez las sacerdotisas de menor rango o del Bajo Clero llamadas: wahet. Estas estaban encargadas de labores menores como: mantenimiento del santuario, contabilidad, mensajería, etc. Aunque es posible que también fueran las que desempeñasen las labores del canto, música y el baile supervisadas por alguna sacerdotisa del Alto Clero.

Al igual que los sacerdotes, las sacerdotisas del Alto y Bajo Clero femenino debían bañarse hasta cuatro ocasiones, dos veces al día y dos por la noche. Además, debían depilarse todo el vello del cuerpo y no comer ciertos alimentos a los cuáles consideraban impuros.

A partir de la dinastía XVIII surge el término shemayet interpretado como: «cantoras» o «instrumentistas» para mujeres encargadas del sacerdocio del templo, específicamente en las labores de un culto musical y del acompañamiento a cultos de dioses, tanto masculinos como femeninos (especialmente en el caso de Amón, Hathor y Nut) en cuanto al canto, la danza y la música. El término shemayet pronto adquirió la connotación de sacerdotisa. Es posible en este contexto que hayan existido rituales y ceremonias enteramente oficiadas por medio del canto y una danza ritual, cuyo objetivo era “deleitar” al dios en el templo.

El canto, la música y el baile, por lo tanto, tuvieron fuertes connotaciones religiosas entre las sacerdotisas y en los templos. No se puede descartar además que algunas de estas artes tuvieran implicaciones en rezos y oraciones de caracter mágico hacia los dioses como parte de la magia egipcia practicada por el clero, también conocida como heka.

En cuanto a su vestimenta se desconoce con exactitud su implicación. Según las pinturas de las tumbas y templos egipcios, es posible que las sacerdotisas utilizaran trajes de lino o vestidos transparentes que revelaran su silueta femenina y las sacerdotisas o sus acólitas asignadas a la música, el canto y la danza utilizaran velos transparentes, vistieran cortos faldellines o estuviesen desnudas al momento de su danza y engalanadas con joyas o brazaletes en sus extremidades e incorporando un cinturón dorado ajustado a su cintura, en este caso, como símbolo de pertenencia al culto de un dios y su respectivo clero.

Es posible además que las hemet-ka o sacerdotisas oficiantes de los ritos mortuorios, usaran vestidos de pieles de leopardo en sus labores.

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