El nacimiento de los dioses.

El mundo de la religión egipcia está representado por una relación entre los hombres y las divinidades, es decir, la relación entre el ser humano mortal y la presencia de un dios en particular, dotado o atribuido a este último un carácter divino con una influencia en la existencia, la realidad y diversas situaciones en la vida de los antiguos habitantes del Nilo.

La religión egipcia es compleja, pues abarca no solo la intermediación de sacerdotes como casta de importancia en el antiguo Egipto (con gran influencia en el gobierno en algunos períodos del antiguo Imperio del Nilo) en un aparato de culto o casta, sino la instauración de edificios, formas y rituales del cuál el pueblo egipcio era devoto.

No obstante, la religión egipcia no fue unificada o centralizada como las religiones modernas, siendo más bien una serie de cultos en forma de alabanzas y rituales hacia los dioses que tuvieron ciertas variantes en diferentes ciudades y épocas.

El surgimiento de los dioses egipcios inicia desde tiempos remotos y la instauración y formación del culto egipcio con una serie de divinidades, surge de una mezcla de totemismo inicial (adoración a objetos), la influencia de las religiones asiáticas sobre Egipto (Mesopotamia; sumeria), fenómenos de la naturaleza y, en general, la concepción del mundo tal y como los primeros pobladores del Nilo lo comprendían o interpretaban.

Este último aspecto es muy importante, ya que la creación de las ideas religiosas egipcias proviene de la enorme influencia de su entorno, es decir, de la naturaleza y las situaciones cotidianas con las que los egipcios convivían y se enfrentaban. Situaciones como: el desierto, las crecidas del Nilo, las sequías, las cosechas, los leones, los hipopótamos, los escorpiones, las tormentas de arena, las plagas, la guerra, la peste, el sol, la luna, el cielo, las estrellas, el nacimiento, la vejez, la muerte, etc.

Todos estos elementos naturales y las diversas circunstancias en la vida del ser humano fueron entendidos como “energías” que los egipcios no podían controlar. Por el contrario, estaban regidas por fuerzas invisibles superiores a las cuáles en un inicio se les temió y luego se les divinizó puesto que en la mente del hombre egipcio, así como en múltiples pueblos primitivos, tales fuerzas ejercían control sobre los elementos y diferentes aspectos de la vida del ser humano, lo que a los egipcios les llevó a suponer que tenían un poder sobrenatural que escapaba a su comprensión.

A esas “fuerzas” les dedicaron respeto, veneración y posteriormente adoración que evolucionaron a: súplicas y consideraciones que se materializaron consecuentemente como: altares, ofrendas e inclusive sacrificios (animales; humanos).

En un inicio esas fuerzas adquirieron representación por medio de los fenómenos naturales, los animales y elementos específicos personificados en especies de: Tótem u objetos sagrados como formas de adoración.

El tótem consiguió rituales con “shamanes” que ejercían oficios de intermediarios del mismo y el seguimiento de la población. Esto evolucionó con el paso de los años o siglos a la formación de un sacerdocio especializado con rituales y oficios específicos; el tótem adquirió la forma de una imagen establecida oficialmente. Esto reconocimiento buscaba una retribución para garantizar de parte de esa entidad: protección o ganar favores para diversas situaciones, especialmente las adversas, debido a que esa entidad se le atribuyó características especiales.  

Esto en general, y con el paso del tiempo, condujo a la adoración de dicha entidad y posteriormente a su representación como: un dios. En el caso del antiguo Egipto el entorno y la asimilación de la figura del ser humano, llevó a la identificación de esos seres superiores mitad humano, mitad animal, hecho conocido como: antropomorfismo: la atribución de características especiales a los animales, objetos, situaciones y fenómenos naturales en relación con las cualidades y figura del ser humano y a la vez fenómenos de la naturaleza.

Es conocido que los dioses egipcios, al menos la gran mayoría, se caracterizan por su antropomorfismo. Ejemplo: Horus, cuerpo de hombre, cabeza de halcón; Anubis, cuerpo de hombre, cabeza de perro, lobo o chacal; Thot, cuerpo de hombre y cabeza de ibis, etc.

Dioses del Antiguo Egipto:

El mundo de los dioses egipcios es complejo debido a que el panteón de la religión de los habitantes del Nilo es múltiple o politeísta.

En términos generales dos aspectos destacan en el campo religioso egipcio: múltiples dioses y un sistema religioso relacionado a éstos. Este último representado por una casta sacerdotal, ritos hacia la deidad y una cosmogonía (mitología) explícita de los numerosos dioses que les otorga poderes, cualidades, significado de su existencia, origen, etc., concibiendo así: dioses creadores o progenitores, luchas entre diferentes entidades, simbología y hechos que explican diversas eventos o sucesos y su repercusión en el mundo de los hombres mortales, culto a los muertos, etc.

La gran variedad de los numerosos dioses egipcios se explica a un proceso de unificación de las diferentes áreas del Antiguo Egipto.

En un principio la religión egipcia con sus dioses tiene su origen en tiempos remotos cuando las primeras poblaciones se asentaron a lo largo del valle del rio Nilo. Es allí donde se manifiestan las primeras formas de culto de los habitantes hacia la adoración de eventos y objetos naturales: árboles, rocas, objetos inanimados o tótems, etc.

En esta veneración hacia la naturaleza destacaron los animales o zoolatría. Las cualidades del cocodrilo, el ibis, el halcón, el león o el hipopótamo no pasaron desapercibidas para los habitantes del Nilo.

En múltiples casos los egipcios veneraron o respetaron animales que representaban a los dioses. Y en ciertos casos les dieron culto, veneración y adoración; caso emblemático el del gato, a quien consideraban sagrado, pero no el único. El carnero, el mandril, el león, el halcón también fueron admirados, respetados y asimilados a divinidades egipcias.

Esta condición de admiración hacia la naturaleza permitió crear los primeros objetos y entidades de culto. Posteriormente fueron añadidos otros elementos como las creencias, las tradiciones y la visión de los pobladores para el establecimiento de una deidad específica y su adoración. Al mismo tiempo los fenómenos de la naturaleza y las funciones, particularidades y comportamiento del ser humano, se convertirían en elementos a añadir a esas entidades.

Esta situación se convirtió en el sustrato para la consolidación de dotar a una deidad o un dios de una cualidad y así evolucionar hacia una creencia religiosa o culto al dios lo que permitía al hombre egipcio estar en contacto personal con la divinidad.

El Antiguo Egipto en sus inicios estaba dividido en numerosas comunidades en forma de pueblos y ciudades independientes a lo largo del rio Nilo. Cada comunidad tenía su propio dios o divinidad de adoración con cualidades específicas.

Sin embargo, con la unificación de las ciudades por medio de uniones libres o conquistas en el transcurso del tiempo se cree que las divinidades más importantes, aquellos dioses más significativos o los sistemas de culto más emblemáticos fueron progresivamente adquiriendo mayor relevancia en la población.

La adoración a un dios en específico también contenía la tradición local en una comarca la que difícilmente sería borrada u olvidada, en concreto, tras la conquista de una región por medio de la guerra.

Una ciudad y su ejército podrían conquistar una ciudad rival; no obstante, respetarían la cultura y el dios o los dioses locales de los conquistados, siendo tolerantes con su forma de culto o inclusive incorporando a dicho dios en su creencia: para asimilarlo a su forma religiosa. Caso emblemático por ejemplo es: el Imperio Romano quien conquistaría a los griegos e incorporaría a los dioses helénicos a su panteón.

Esta condición permitió la fusión de un dios con otros locales. Por otro lado, pudo existir una divinidad principal y su forma de culto en convivencia con una deidad local (dios secundario o menor) y su culto particular. En ambos casos, con el paso del tiempo, esta situación derivaría en una simbiosis de ambas divinidades llevando a una asimilación (sincretismo) o superposición: un dios o una deidad femenina por ejemplo se convertía en progenitor: padre o madre de otro dios; o en su consorte donde una deidad femenina se convertiría en esposa de otro dios; hecho que sería aceptado por los pobladores del Nilo.

No se descarta que en este proceso algunos dioses locales o tótems primitivos hayan perdido interés en sus formas de culto o hayan terminado por ser desplazados por una entidad con un supuesto: mayor poder, fuerza religiosa o con mayor popularidad entre los primeros pobladores egipcios.

Una asimilación, en términos generales, conduciría a la mezcla de uno, dos o más dioses locales derivando en uno solo, aumentando así sus cualidades religiosas. Hecho que explicaría múltiples atribuciones o “poderes” de un dios determinado. A esto habría que añadir un símbolo para el dios con el cual sería identificado.

El dios Ra, por ejemplo, personificaba al sol y su movimiento en el cielo acabó por representar también su recorrido en la bóveda celeste, lo que derivó en el significado de la evolución solar: del amanecer y anochecer donde el sol nace y muere respectivamente, dando origen a la interpretación posterior entre los egipcios del ciclo de la muerte y resurrección en la existencia, del cual este dios: Ra, era el mismo responsable.

El sol fue un símbolo y elemento fundamental para los egipcios y fue asociado a lo largo de la historia del Antiguo Egipto en diferentes períodos a otros dioses que surgieron a lo largo de su historia: el dios Horus, el dios Amón y el dios Atón. Estos dioses a su vez contaban con otras cualidades añadidas con el paso del tiempo.

Esta situación originaría un complejo sistema de dioses que derivaría en variantes de culto a lo largo de la historia del Antiguo Egipto.

El dios Ra fue venerado desde la etapa del Imperio Antiguo del reino del Antiguo Egipto, adquiriendo gran importancia hacia el año 2,500 a.C. al ser considerado el dios oficial de los faraones.

El Imperio Nuevo (1550 a.C. al 1070 a.C.) dio por el contrario importancia a Amón, dios creador y señor del universo originario de Tebas, como figura principal al grado de asimilarlo al dios Ra del cual tomaría la función religiosa solar y la figura del sol mismo como su símbolo. Seguidas a estas se encontraban las divinidades que personificaban los elementos naturales como el Nilo, el sol, la luna o el cielo. A estas continuaban otras divinidades locales o con funciones específicas como: la fertilidad, el parto, el matrimonio, el erotismo, etc.

En otro punto las diversas guerras de los pueblos y sus conquistas en un proceso de unificación no ocasionaron en algunos casos una simbiosis entre los dioses y sus cultos locales. Algunos pueblos sometidos conservaron sus deidades que terminaron por ser respetadas por los pueblos conquistadores quienes a su vez terminarían por adorar a dicha entidad. Esta situación ocasionaría el seguimiento de varios dioses y la formación respectiva de cultos a múltiples entidades no sin ciertas rivalidades.

El Culto a los dioses. Comprensión de la religiosidad egipcia.

La evolución de los conceptos e ideas religiosas del Antiguo Egipto daría paso a formas desarrolladas de culto a los dioses.La religión egipcia se caracterizó principalmente por el sincretismo de sus divinidades de tal forma que durante los siglos de existencia del Antiguo Egipto, los mitos y las creencias religiosas egipcias sufrieron modificaciones y fusiones de otros dogmas y pensamientos.Al mismo tiempo, ciertos períodos de inestabilidad propiciaron a cambios en las formas de culto de los dioses, así como la idea y concepción de los mismos por parte de los egipcios.

Las formas de culto de los dioses llevaron a un sistema religioso egipcio evolucionado el cual estaría caracterizado por:

1) Los lugares de culto o Templo sagrado.

2) Un sistema sacerdotal o casta de sacerdotes.

3) Ritos, cultos y festividades relacionados con el dios.

4) Un sistema teológico, es decir: mitos (historias; cosmogonía) relacionados con el dios que explicarían diversos hechos sobre la existencia de los hombres, los cuales buscaban explicar y justificar los acontecimientos en la vida de los seres humanos.

5) La unión entre el ciudadano egipcio y los dioses, es decir, la relación entre el ser humano y la divinidad, el cual estaría representado principalmente en la sociedad del Antiguo Egipto por medio de la figura del faraón quien encarnaba la divinidad de los dioses en una forma material. Esa unión también estaría representada por los sacerdotes, el visir (segundo al mando después del faraón) la esposa real o miembros de la familia real. El faraón, el visir, la reina y miembros de la familia real podían desempañar liturgias hacia los dioses en función de sacerdotes.

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En síntesis: los ciudadanos egipcios interactuaban a través del cultos y rituales con los dioses ya que estos ejercían control de la naturaleza y la existencia, proveyéndoles adoración y conseguir favores. Comprender la religiosidad de los egipcios pasa por entender a los dioses del país del Nilo, lo cual resulta complicado ya que el culto a sus dioses fue cambiante a lo largo de su historia.

La religión egipcia es compleja en términos generales debido a diversos aspectos: un complicado panteón de dioses con múltiples divinidades: Ra, Sobek, Anubis, Bastet, Atón, Amón, Min, Tueris, Sekmet, Nut, etc.

Estas divinidades fueron cambiantes en cuanto atributos y comportamiento según sus mitos; ya que existen diversas versiones en cuanto a sus cualidades y hechos. La diosa leona Bastet por ejemplo resulta con doble personalidad, benéfica y maléfica. El dios Horus podía diversificarse: Horus niño, Horus el Viejo, Horus victorioso, Horus en el horizonte, etc.

Seth, dios identificado con el desierto abrasador y la furia de las tormentas de arena, acabó por ser un dios identificado con el mal (relacionado con el dios Baal de los hicsos); pero en los mitos egipcios era Seth el dios que ayudaba a Ra a cuidar de su barca cuando el dios solar se transportaba en ella en su viaje a través del cielo.

Algunos dioses podían contener los mismos atributos que otros. Caso ejemplar es el de la diosa Hathor y la diosa Isis; ambas catalogadas como madres primigenias y cada una con los atributos de ser diosa del amor y el matrimonio al mismo tiempo; caso ejemplar también con la fusión o sincretismo de Amón y Ra; Amón dios de lo oculto o creador, padre de todo; Ra dios del sol y lo visible; dando como resultado el dios Amón-Ra.

Sincretismo, modificaciones mitológicas, cultos cambiantes, entidades egipcias diversificadas, etc., deben considerarse en cuanto al estudio de los dioses egipcios.

Con estas ideas algunos egiptólogos e historiadores defienden la teoría no de un politeísmo marcado, sino de un sincretismo de forma variada y hasta un henoteísmo evidente como en la figura de Amón-Ra, puesto que los dioses egipcios contaban con múltiples atributos similares.

Cada dios estuvo en su pasado circunscrito en un área determinada del Antiguo Egipto, convirtiéndose en el patrono de una ciudad o pueblo, solo que cada dios en particular evolucionó de forma distinta según las comarcas, el poder de los reyes de turno, la manipulación del clero y la preferencia o alineación de los habitantes hacia un dios en específico. Otros dioses tuvieron períodos de auge siendo dios «nacionales» y no locales (región, pueblos, ciudades, etc.), pero fueron decayendo por espacios de siglos o períodos del Antiguo Egipto y fueron sustituídos con el advenimiento de otro dios con un clero evidentemente preponderante. El dios sustituído desaparecería, podría conservar su culto vigente circunscrito en un territorio con unos cuantos cientos de seguidores o fusionarse con otro dios. El dios suplente por el contrario tomaría tributos del dios sustituido y ganaría popularidad entre los devotos.

Sobek, dios cocodrilo, alcanzó auge en cuanto a su culto durante el Período Medio del Antiguo Egipto, con sus templos en el oasis de Al-Fayum en el delta del Nilo, hábitat natural del reptil.

Sobek, tenía por ejemplo los atributos de controlar las aguas del Nilo al igual que Apis asociado a las crecidas del Nilo. Sobek, estaba relacionado (curiosamente) a la fertilidad, igual que el dios Min, igual que la diosa Hathor, la diosa Heket y la diosa Isis. Sobek también contaba con la cualidad del poder de la fuerza del sol igual que Ra.

El dios Amón y el faraón. Los dioses y el manejo de la política egipcia.

El Faraón en el Antiguo Egipto era el regente del reino, cuyos poderes abarcaban el orden político, militar y civil convirtiéndose en legislador de sus dominios, general de los ejércitos de su Imperio y juez de sus súbditos. Sin embargo, el respaldo de su autoridad no solo venía de su consanguinidad o ser descendiente directo de la realeza (algo muy importante para el gobierno egipcio de la época al grado que los matrimonios de reyes y reinas del Antiguo Egipto eran entre hermanos o parientes cercanos para preservar “la pureza de la sangre real”) sino del papel religioso.

El faraón tenía una legitimidad al ser considerado depositario de una emanación divina otorgada por los dioses egipcios además de ser visto por la sociedad egipcia como una encarnación de la divinidad; ya que la autoridad del faraón venía acompañada con la explicación teológica que él era descendiente directo de los dioses.

Estas situaciones estaban respaldadas por el clero egipcio quienes interpretaban y justificaban el mandato de los dioses frente a la sociedad egipcia.

El faraón por lo tanto era visto como una especie de dios viviente lo que respaldaría su legislatura y regencia como un “mandato de origen divino” y por consecuencia los hombres y mujeres debían obedecer sus órdenes.

El faraón era visto con veneración pues era una “entidad divina viviente” que además podía acercarse y comunicarse con los dioses. Esta función era primordial ya que así conseguía el beneplácito de los dioses, el pueblo egipcio a través del faraón obtenía estabilidad y prosperidad.

Sin embargo, en la práctica, evidentemente, la estabilidad y prosperidad del Imperio egipcio no estaba sujeta al capricho de un dios sino a diversos factores como: el buen liderazgo del faraón, su habilidad política, la defensa militar y campañas de guerra del reino, seguridad económica, orden social, cumplimiento de las leyes, una digna administración, etc. Si existía un buen orden, los ciudadanos egipcios atribuían el hecho a un beneplácito de los dioses por medio del faraón. Épocas de inestabilidad eran atribuidos a un descontento de los dioses para con los hombres.

La religión por lo tanto tuvo un papel significativo en la influencia de las clases gobernantes sobre sus súbditos. En este aspecto, el clero egipcio obtuvo mucho poder y predominio, inclusive sobre el mismo faraón. Si un faraón deseaba reinar, debía otorgar beneficios al clero.

La supuesta divinidad del faraón era un hecho materializado por la simbología de su figura, su atuendo, su itinerario y por sus labores como un sacerdote cuya función radicaba en presidir cultos, oraciones, festivales y desfiles en honor a los dioses en los templos y frente a la población egipcia, siempre junto a la participación y guía de los miembros del clero. Por lo tanto, para los ciudadanos egipcios, el faraón era un dios.

Durante gran parte de la historia del Imperio egipcio el faraón fue asimilado como el dios Ra, el Sol, es decir, una encarnación o hijo viviente del Dios Ra.

A partir del Imperio Nuevo o XVIII Dinastía fue establecido el culto al dios Amón desde Tebas expandiéndose hacia el resto del Imperio egipcio, convirtiéndose en el principal dios de culto en todo Egipto con un considerable número de sacerdotes y templos asociados a lo largo y ancho del reino, desplazando a otros templos y cleros de otros dioses lo que provocó cierta oposición o recelo en otros cultos.

Se desconoce si este dios Amón (el clero en la práctica) fue un rival del dios Ra o si fue una variante de un dios local de Tebas similar a Ra. Pese a ello se sabe que este dios surgió con gran influencia tras la invasión del pueblo de los hicsos a Egipto.

Los orígenes de Amón siempre han sido oscuros y algunos historiadores creen que en tiempos remotos era una divinidad menor, posiblemente tebana, que con los siglos ganó seguidores, consiguió preponderancia y desplazó a otros dioses o se fusionó, arrebató o retomó el culto de estos.

Los hicsos invadieron Egipto en el siglo XVII a.C. derrotando y desplazando a los faraones en turno para dominar Egipto desde el valle del Delta del Nilo con su capital establecida en la ciudad de Avaris. Los hicsos dominarían Egipto durante 100 años aproximadamente.

Hacia el siglo XVI a.C. los reyes egipcios de la Dinastía XVII reiniciarían desde Tebas la reconquista de Egipto con un nuevo ejército, una clase noble y una población egipcia de su lado, recuperando el dominio de todo el reino, derrotando a los hicsos y expulsándolos de la tierra de Kemet.

Este acontecimiento dio pie al nacimiento o surgimiento e influencia del dios Amón y su clero respectivo, que obtendrían enorme predominio en los siglos venideros.

Lo cierto es que Amón fue asociado al Sol y fusionado o visto como el dios Ra y por lo tanto ligado al faraón, originando la supremacía de Amón en todo Egipto donde este dios (el clero de Amón prácticamente) ejerció su influencia.

Los faraones de esta dinastía aprovecharon obtener, justificar y legitimar su derecho al trono al utilizar el dogma del dios Amón frente al pueblo egipcio al respaldar al clero de este dios.

En general: el faraón designaba a su sucesor (siempre y cuando fuese de sangre real: hijo varón nacido obligatoriamente de la reina o una esposa real) y éste era respaldado en una ceremonia junto al clero de Amón, o el dios estatal principal según el caso, quien legitimaba su derecho al trono en nombre de Amón.

Un faraón no podía legitimar su derecho al trono si no era por “mandato divino” del dios supremo; lo cual significaba que eran los sacerdotes del clero superior del dios estatal quienes daban su beneplácito para otorgar el derecho religioso al rey egipcio.  

Los faraones, la familia real y los nobles egipcios, dispensaron muchas prebendas y favores al clero de Amón para garantizar su derecho al trono y obtener privilegios. El clero respaldaba las acciones del faraón, la realeza y los gobernantes locales, interpretándolos y estableciéndolos como un mandato u orden divina del dios estatal en particular.

La población egipcia, devota de la religión y temerosa de un dios, veía y entendía (al menos una buena parte de los habitantes) tal proceder como un mandato del dios mostrando su beneplácito hacia la voluntad del faraón y los dictámenes de los sacerdotes.

La importancia del manejo y/o manipulación de la religión en un dios egipcio, como el caso de Amón, y en su momento dioses como: Ra, Horus, Osiris, Ptah, etc., a lo largo de la historia del Antiguo Egipto, resultó ser muy importante por los faraones y sacerdotes. La hábil manipulación del dogma de un dios gracias a las interpretaciones del clero garantizaba el derecho al trono del faraón, justificaba su proceder y decisiones, le mostraba como un “ente divino” o “hijo viviente del dios” para ser respetado y temido logrando conservar el orden y así el dominio del reino a través del aspecto religioso, situación que llevaría a establecer cultos “oficiales” o el seguimiento de un dios predominante.

La figura y culto de un dios era por lo tanto muy importante para múltiples intereses durante la existencia del reino egipcio. No solo en un aspecto político, sino en el ámbito social.

No resulta extraño que los faraones fuesen deificados en templos y en monumentos como dioses o en figuras y relieves junto al dios estatal (Amón, Ra, Horus, Seth, etc.) para magnificar su figura, resaltar su supuesta “divinidad” y justificar ante la población que su posición de rey era un mandato divino de los dioses.

Lejos de la mirada de la población del Nilo, la realidad era que la corte del faraón entre el clero, la nobleza, lo altos cargos militares, los más importantes escribas, gobernadores (nomarcas), consejeros y la familia real formaban diferentes grupos con sus propios intereses, que a su vez rivalizaban entre sí con luchas políticas y conspiraciones buscando obtener influencias y ejercer su poder para conseguir beneficios del faraón o de la administración en curso.

Aunque para los ciudadanos egipcios el faraón era visto y considerado como un dios, en la práctica el rey egipcio no era más que un hombre con virtudes y defectos y en la corte faraónica no resulta extraño que existiese un sin número de intrigas palaciegas. En algunos casos en la historia del Antiguo Egipto estas conspiraciones llegaron al grado de asesinar al mismo faraón.

Si existía un dios estatal a seguir fijado como el dios primordial en el reino de Kemet para legitimar el trono del faraón, como el caso del dios Amón, existían otros cultos a otros dioses que la sociedad egipcia rendía seguimiento.

Se tiene conocimiento que muchos de estos dioses tuvieron sus propios templos en el Antiguo Egipto, lo que significa que contaban con un aparataje religioso, un clero que establecía su dogma y con ello, evidentemente, un número de seguidores como fieles devotos. Un dios y su clero debían su existencia en gran medida a los ciudadanos acólitos y las prebendas (presupuesto) del gobierno del faraón. No se descarta que muchos de estos dioses tuvieran, al igual que dioses oficiales como: Ra o Amón, varios templos a lo largo del reino.

Cultos de dioses como Thot, dios de los escribas y la ciencia; Hathor, diosa del amor; Sobek, dios cocodrilo; Anubis, dios de la momificación; Osiris, dios del mundo bajo o dios de los muertos y el culto a la diosa Isis, madre primigenia o “Creadora”, tuvieron alta estima y preponderancia en la sociedad egipcia a lo largo de su historia.

No resulta extraño que los egipcios asistieran a diversas celebraciones o actos litúrgicos de más de un dios, y que sus plegarias, cánticos y oraciones estuvieran dirigidas a una cantidad de seres divinos, rindiendo culto, seguimiento y devoción a una gran variedad de dioses según sus disposiciones. Este politeísmo marcado tendría su origen en los primeros años del nacimiento del reino de Egipto, cuando acontecieron las primeras conquistas de los pueblos y ciudades por otros pueblos del Nilo hasta conseguir la unificación total; especialmente con la unión del Alto y Bajo Egipto, donde el dios particular de cada pueblo o ciudad fue fusionado con un dios principal o dicho dios conservó su culto como identidad de los habitantes de la ciudad siendo respetado por los conquistadores.

Este último caso podría adaptarse al del dios egipcio: Ptah, “dios de la magia” y dios de los arquitectos y “dios sanador” entre sus múltiples atribuciones, cuyo culto permaneció vigente por largo tiempo en la ciudad de Menfis (Ineb-Hedy) donde tenía varios templos de adoración.En la cosmogonía egipcia: Ptah fue el dios creador de los demás dioses. Aunque con el inicio de la época del Nuevo Imperio Egipcio se preponderó la adoración a Amón y se proseguía el seguimiento del dios Ra por ciertos sectores, el dios Ptah seguía manteniendo preponderancia en Menfis y algunas otras ciudades de Egipto.

Se sospecha que el culto a Ptah estuvo generalizado en el bajo Egipto desde los primeros albores de la civilización egipcia; pero con la conquista de este por el Alto Egipto, el dios Ptah quedó relegado solo a Menfis y unas cuantas ciudades y en su lugar sobrevinieron otros dioses de mayor preponderancia ya fuese para los gobernantes o la población.

El culto al dios. Los ritos en los templos.

En el transcurso de tres milenios la religión egipcia sufrió modificaciones sin dejar atrás el politeísmo definido de sus concepciones dogmáticas. Un dios determinado terminaba fusionado con otro como el caso del dios Ra y el dios Amón, más por cuestiones políticas que religiosas. Otros cultos hacia diferentes dioses pervivieron durante mucho tiempo entre dioses locales y dioses estatales. Y aunque no fuesen dioses protectores de las dinastías eran considerados en alta estima por los faraones, las clases altas y la población egipcia en general pues sus atributos eran parte de la vida común de los egipcios.

Digno de mención es el papel importante de dioses como: Horus, Sobek, Hathor, Anubis, Hapi o Isis. Esta última diosa, de carácter multifacética, posiblemente haya sido entre todos los cultos egipcios antiguos, el que perduró por más tiempo en la historia del Egipto Antiguo; inclusive la diosa Isis fue asimilada por el Imperio Romano y perduró con la llegada del cristianismo. Cada dios tenía su centro de adoración el cual era el templo, lugar considerado como su casa u hogar habitando bajo la forma de una estatua.

Al templo solo tenían el derecho de acceso los sacerdotes de alto rango y la gran mayoría de cultos y ceremonias eran desarrollados en su interior. El templo egipcio clásico de un dios contaba con un camino flanqueado de esfinges al frente. La fachada, con formas de dos pilonos, permitía el ingreso al recinto. Tras la fachada proseguía un amplio patio de columnas y tras este una sala conocida como Hipóstila. La sala hipóstila conducía a una nueva recámara o capilla donde estaba ubicada una litera en forma de barca, la cual servía para montar la estatua del dios y sacarlo del templo en el caso de realizar procesiones frente al pueblo egipcio. Esta capilla o “Capilla de la barca” comunicaba a una recámara cerrada al final y al fondo del templo, conocida como: sancta sanctorum o el cuarto sagrado del dios. En esta última sala estaba ubicada la estatua del dios en específico y solo tenían acceso el faraón y los sacerdotes de alto rango.

La estatua del dios posiblemente estaba fabricada de oro, bronce o algún material similar. No se descarta posiblemente que los cultos locales en ciudades poco pobladas o pueblos los templos fuesen pequeños o a manera de simples santuarios y tuviesen figuras del dios hechas de madera. Se desconoce cómo eran con exactitud los actos litúrgicos hacia el dios en específico; pero por lo general consistían en un ritual realizado cada día por la mañana, al amanecer, donde el dios era “despertado”.

Cada mañana, comúnmente al despuntar los primeros rayos del sol, el sacerdote, o varios clérigos según el rito del dios, tomaba un baño en una alberca dentro del templo, ubicada en el patio del recinto y considerada sagrada, para tomar un baño y así limpiar y purificar su cuerpo ante el ritual hacia la entidad divina.

Luego del baño ritual se vestía con ropa limpia para avanzar hacia la recámara donde habita el dios. Dentro de la habitación del dios se posicionaban frente a la estatua para realizar cánticos, himnos u oraciones que consideraba sagradas. Esta acción tenía por objetivo despertar al dios que había estado dormido durante la noche. Posteriormente se disponían ofrendas frente a la estatua junto a pebeteros con vapores de incienso para perfumar el ambiente de la recámara.

Las ofrendas eran variadas; pero por lo común eran alimentos que los egipcios consumían incluido el vino. En algunos casos la estatua era lavada, pulida o maquillada con disposición de perfumes. El sacerdote o los sacerdotes encargados del rito posiblemente utilizaban ayudantes.

También es posible que los sacerdotes recitaran frente a la estatua del dios “frases mágicas” o de “encantamiento” buscando beneficios o milagros del dios. Muchos sacerdotes eran médicos y la medicina egipcia tenía un carácter relacionado con la creencia de la magia por los antiguos egipcios. El ritual de “alimentar” al dios disponiendo ofrendas en su altar era realizado a medio día y al atardecer nuevamente.

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Al día siguiente, las ofrendas del día anterior eran retiradas. Este accionar demuestra que los egipcios creían que los dioses mantenían actitudes similares a las de los mortales (comían, bebían, dormían, cazaban, luchaban, contraían matrimonio, etc.) situación respaldada por los mitos de los dioses con diversas historias de los mismos que van desde la creación del mundo y el heroísmo hasta relatos salpicados de extravagancias o bufonadas.

En otras ocasiones existían estatuas más pequeñas del dios en cuestión, el cual era dispuesta al interior de un “naos”. Este artilugio era un armario de piedra con puertas de madera laminadas con metales preciosos y fusionadas por medio de un cerrojo. El naos ocupaba el centro del sancta sanctorum y solía estar sobre un pedestal.

El sacerdote encargado del rito se arrodillaba frente al naos, luego daba una serie de vueltas alrededor del armario en señal de respeto y abría las puertas del naos para visualizar la estatua a la que presentaba ofrendas como aceites perfumados y mirra. Al mismo tiempo el sacerdote presentaba ante la estatua una estatuilla diminuta de la diosa Maat (quien representaba la armonía y el equilibrio del universo). El naos podía estar adaptado también a una litera en forma de barca.

Posteriormente retiraba la estatua del dios del armario colocándola en un altar. El sacerdote o sus ayudantes limpiaban el interior del naos. Inmediatamente el sacerdote prodigaba un abrazo a la estatua del dios, luego la perfumaba, limpiaba, vestía, maquillaba, etc., y al final devolvía la estatua al interior del armario.Seguidamente colocaba frente a la estatua al interior del armario las ofrendas en el altar las cuales podían estar dispuestas en bandejas. El sacerdote lanzaba oraciones y peticiones al dios para que aceptara las ofrendas. El clérigo podía utilizar amuletos en sus plegarias hacia el dios sosteniendo entre sus manos la figura del Ankh o “cruz egipcia”.

Los templos eran además el lugar de residencia de los sacerdotes que vivían en sus cámaras o celdas, además de contener otras dependencias como: cocinas, talleres, alacenas, almacenes, graneros, albercas sagradas, etc.

Caso especial y emblemático es el templo de Karnak, conocido como Ipet Sut por los egipcios, el cual fue el centro religioso más venerado por la población egipcia durante siglos y conformado por un complejo de diferentes templos de dioses como: Amón-Ra, Montu y Mut. Los cultos al dios principal eran privados, solo vedados al faraón que actuaba como sacerdote. Sin embargo, el faraón no podía estar en todos los rincones y ciudades del reino, por lo que en otros santuarios del dios a lo largo del Imperio Egipcio, el culto era realizado por los sacerdotes de mayor rango. Algunos cultos podían realizarse no solo en espacios cerrados o cámaras destinadas al dios, sino en espacios abiertos del templo frente al rio Nilo o un santuario específico.

Otras formas de culto al dios dentro del templo permitían al ingreso de los pobladores solamente a ciertas recámaras especiales o pequeñas capillas, puertas de los santuarios, patios o altares con la estatua del dios para que fuera adorado y comunicarse con él con himnos, oraciones y alabanzas de forma directa. Sin embargo, la cámara principal del templo donde habitaba el dios estaba vedada para los habitantes del Nilo, excepto para el faraón y su familia y el sacerdote o los sacerdotes de mayor jerarquía.

Existieron también capillas separadas de los templos, posiblemente pequeñas construcciones de una simple recámara donde habitaba una estatua de un dios en específico y donde los pobladores podían rendirle tributo y ofrendas personales. Se sabe que fueron populares entre la población egipcia y muy abundantes en pueblos, plazas y ciudades, de tal forma que los habitantes podían rendirle tributo, dejar ofrendas y hacer peticiones al dios.

Muchas de estas capillas eran santuarios ubicados en lugares estratégicos que simbolizaban una comarca relacionada con un dios en particular convirtiéndose en lugares propicios para el culto accesible de la población. Por otro lado, no se descarta que existiesen estatuas de piedra relacionadas con un dios específico ubicadas a la intemperie, sin capillas o templos, que sirvieran de centros de adoración para los habitantes en general cuyo objetivo sería el rezo y la ofrenda pública. Este tipo de adoracion pública o accesible a los habitantes tuvo su auge durante la etapa del Imperio Medio y el Imperio Nuevo. Plausiblemente bajo el benéplacito de los monarcas y el alto clero para no contrariar la fe de sus ciuddanos frente a deidades nacionales ligadas a la realeza convenientemente, un factor potencial para el desarrollo del politeísmo. Estos cultos particulares eran dirigidos seguramente por sacerdotes locales o por los mismos pobladores.

Otra variante de culto importante era la “fiesta del dios”, cuyo objetivo era mostrar la estatua del dios a los pobladores y que estos fueran partícipes del rito al mismo. Este culto consistía en una procesión, por lo común donde la estatua del dios era colocada en la litera en forma de barca o “barca sagrada”, retirada del templo y trasladada a otro recinto religioso, formando un desfile encabezado por el faraón y la familia real, los sacerdotes de mayor jerarquía o ambos, seguidos por guardias, nobles y el resto de la población.

Estas procesiones eran realizadas, al menos las más reconocidas o de carácter estatal, por tierra a un costado del Nilo, otras en barcos a través del rio. En este último caso la estatua del dios era dispuesta sobre una barca “real” o “barca sagrada” para navegar por el río, seguida por otras donde viajaban una comitiva especial de sacerdotes o nobles, así como las barcas de los pobladores dando forma a una hilera de suntuosos cruceros a través del Nilo.

El objetivo de las procesiones por tierra o por el rio Nilo era común: trasladar la estatua del dios de un templo a otro o hacia un santuario para que el dios fuese visto y venerado por los habitantes en su recorrido.Esta situación daba lugar a que los egipcios pudieran lanzar alabanzas y oraciones al mismo.Muchas de estas procesiones iban acompañadas de salmos y cánticos litúrgicos por los sacerdotes, mientras que otras eran seguidas de músicos que entonaban melodías o canciones con sus instrumentos junto a mujeres danzantes; estas últimas eran mujeres seleccionadas por su belleza y encanto que bailaban típicamente desnudas en las procesiones, templos y ceremonias en honor al dios. Estas mujeres danzantes eran seleccionadas por los sacerdotes o sacerdotisas (mujeres pertenecientes al clero de la diosa Hathor por ejemplo) y se sabe que su danza era de oficio ritual, ejerciendo de bailarinas para el dios o la diosa como el trabajo principal de su vida.

El resto de la población seguía el desfile tras la litera del dios alzando cánticos y rezos a la estatua del dios, así como realizar ofrendas a su paso. La música, el canto y el baile fueron parte activas de los cultos a los dioses. Aunque existan referencias que eran ejercidos en festivales o fiestas del dios; es posible que fuesen realizados al interior de los templos por sacerdotes y sacerdotisas con funciones específicas, muy posiblemente más como un ejercicio ritual que como una actividad para agradar al dios.

No se descarta que las procesiones y eventos litúrgicos fuesen hechas únicamente en días festivos en las principales ciudades del reino, sino también en poblaciones locales y pequeñas aldeas lideradas por el sacerdote o el clero a cargo en honor al dios estatal o el dios patrono de la región.

Existieron además las fiestas litúrgicas entre los egipcios que conmemoraban eventos especiales en honor a los dioses. Estas generalmente eran realizadas anualmente y celebradas por la gran mayoría de la población y coincidían con el cambio de las estaciones, la llegada del año nuevo egipcio, la temporada de crecimiento del Nilo, además de la fiesta «sed» donde el faraón “renovaba sus fuerzas”, el festival de la fiesta de Opet (ciudad de Ipet en antiguo egipcio) o conocida como: heb nefer en Ipet, la gran fiesta del dios Osiris en la ciudad de Abydos que servía de peregrinación para miles de ciudadanos egipcios; la fiesta de la diosa Hathor en Denderah a la orilla del Nilo; la fiesta de la diosa leona Bastet; la fiesta de «Acción de Gracias» donde se sacrificaba a un toro, etc.

La coronación de un nuevo faraón era muy importante y era considerada como fiesta nacional la cual conllevaba actos litúrgicos en el templo del dios estatal y el resto del reino. Las fiestas de los dioses no estatales o aquellos que no eran “de la realeza”, pero siempre de gran importancia para los egipcios, eran llevadas a cabos en los templos por medio de los cultos similares ya mencionados.

No se descarta que existieran otras formas de rituales especiales ejecutados en tales festividades frente a la estatua del dios al interior de los templos o de carácter público que nos son desconocidas al no contar con fuentes específicas. Durante las fiestas los pobladores participaban realmente a su manera siguiendo las procesiones y rituales que ofrecían los sacerdotes egipcios de manera solemne frente al pueblo; posterior al culto generalizado la población se dedicaba al agasajo por medio de carnavales, bebida abundante (cerveza) y realizar tributos con ofrendas y bailes en honor al dios.

Con seguridad, muchos de estos días festivos terminaban en bacanales y celebraciones desenfrenadas entre algunos sectores de la población alcanzando el desenfreno y el desorden público. Las fiestas podían durar uno o varios días y en ocasiones hasta una semana o más. Es necesario comprender que estos cultos no fueron siempre precisos y pudieron sufrir cambios por parte de la población o el clero con rituales exclusivos para cada divinidad que nos son desconocidos debido a la escasez de las fuentes fidedignas.

No todos los rituales eran necesariamente realizados en los templos, sino frente a la población o en lugares específicos como especies de santuarios, posiblemente transportando estatuas o animales consagrados al dios en “barcas sagradas” o literas que podían desfilar en las calles y plazas de las ciudades para ser colocadas en otros lugares y servir al mismo tiempo de altares.

Otros rituales podrían consistir en la participación del faraón, la familia real, el visir o los sacerdotes del alto o bajo clero locales, liderando actividades más parecidas a actos ceremoniales que actos litúrgicos como consagraciones a un dios. Se tiene conocimiento que el faraón inauguraba el rito del dios Min, un dios asociado a la fertilidad y la producción agrícola. Los egipcios creían que el dios Min germinaba las semillas de la siembra, por lo tanto, era un dios relacionado con la fertilidad ya que “germinaba” la tierra. En este acto ritual hacia el dios Min, el faraón frente a los pobladores cortaba una gavilla de trigo en un campo de siembra. Este acto del rey simbolizaba una bendición del dios Min por medio del faraón, o el sacerdote encargado del ritual, para la propiciación “mágica” de una buena siembra y conseguir así una abundante cosecha. Al mismo tiempo se asociaba al dios Min con la fertilidad de la tierra.

Los rituales de carácter mágico estuvieron presentes entre los egipcios. La magia o su nombre egipcio antiguo: heka, estaba ligada al sacerdocio y consistía en efectos visuales, engaños, trucos y la predicción de los eventos de la naturaleza como los cambios de estación o crecidas del Nilo, etc., frente a la población. Esto con el objetivo de mostrar el supuesto poder de los dioses y garantizar obediencia entre la ciudadanía devota. Sin embargo la magia en el Antiguo Egipto estuvo muy ligada al concepto de la escritura jeroglífica.

Los sacerdotes ejercían actividades mágicas las cuales consistían en la lectura de “encantamientos” y “hechizos” para conseguir ciertos objetivos. En este punto destacaban los sacerdotes ligados al dios Thot (dios de los escribas, la escritura, la magia, la sabiduría y la ciencia), quienes resguardaban en templos o bibliotecas papiros con fórmulas mágicas u oraciones par determinadas situaciones: curaciones, ritos de sanación, resolución de problemas, protección contra los males, exorcismos, peticiones a un dios, etc. No es descartado que prodigios ocurridos en los templos, como el movimiento de la cabeza de una estatua de un dios en el templo o que a través de esta emergiera una voz frente a los numerosos fieles, haya sido producto de un truco orquestado del sacerdocio manipulando la efigie a su conveniencia.

Muchos de estos rituales o «magia» involucraban encantamientos o “fórmulas del dios” para inducir a que la entidad actuara en beneficio de una persona o resolver una situación adversa, por lo general situaciones negativas. Al parecer estos actos o rituales mágicos involucraban a que el sacerdote vistiera una máscara ceremonial del dios (Anubis, Seth, Thot, etc.) para simular el papel de una divinidad o imitarlo en una función determinada, creyendo así que se conseguiría el poder del dios. Estos rituales al parecer utilizaban incienso o especies de sahumerios para alejar malos espíritus o tal vez como forma de purificación de un lugar, así como la portación de amuletos como la cruz Ankh (que protegía a su portador) y recitar oraciones especiales.

Posiblemente estos ritos estuvieron más involucrados en rituales de curación de enfermedades realizados en templos, capillas y palacios, ejecutados por sacerdotes especializados o médicos conocidos por el término egipcio de “sunu” quienes junto a ensalmos y oraciones utilizaban pociones en forma de medicamentos con instrumental médico de la época.

Aunque la medicina egipcia era renombrada en el mundo antiguo, nunca estuvo alejada del carácter de las creencias mágicas. Los egipcios creían que las enfermedades estaban causadas por malos espíritus y para ello no solo se servían de los medicamentos, consejos y prácticas de los médicos sino también de rituales de exorcismos ejecutados por el galeno mismo o los sacerdotes. Los médicos egipcios estaban altamente preparados para su época. Estos sabían ejecutar la ciencia médica, sabían asimismo leer y escribir jeroglíficos siendo por lo tanto escribas, sabían fabricar pociones (farmacopea) y tener conocimiento de ritos para aliviar la situación del enfermo. Estos rituales o encantamientos no estaban alejados de solicitar el auxilio de los dioses.

Las máscaras rituales fueron utilizadas además en ritos mortuorios. Es ampliamente conocido el ritual de “la apertura de la boca y los ojos” realizado por un sacerdote y el cual tenía formas variadas de proceder; pero en términos generales el ritual consistía en colocar el amuleto de la cruz Ankh en la boca y los ojos del cadáver previo a su embalsamamiento o momificación, así como en otras partes del cuerpo (cabeza, brazos, piernas, pecho, etc.), a la vez que el clérigo emitía una serie de oraciones con el objetivo de otorgar al difunto la capacidad de hablar y ver en el más allá y permitir que otras partes del cuerpo funcionaran en la otra vida. Este tipo de rituales estaban identificados con el dios Anubis (y posiblemente con otros dioses) y el sacerdote vestía una máscara ceremonial del dios (cabeza de perro o lobo egipcio relacionado con el dios). También este tipo de rituales estuvieron relacionados con los talleres de momificación de los muertos. Máscaras o vestimentas rituales en alusión a un dios pudieron ser utilizadas en otro tipo de ritos; aunque no hay constancia de ello.Existieron otros tipos de rituales hacia los dioses egipcios de los cuáles no hay certezas, sino solo vagos registros.

Los templos solares.

Otro tipo de importante centro religioso construido por los antiguos egipcios fue el Templo Solar, el cual tuvo auge durante el Imperio Antiguo y estaban consagrados a cultos y ritos al sol.

Generalmente estaban construidos en espacios abiertos y a diferencia del Templo mistérico o clásico egipcio, donde la estatua del dios estaba oculta a los habitantes con rituales privados en su interior, el Templo Solar permitía la celebración de rituales con toda la población para adorar al Sol; de ahí que estas construcciones estaban erigidas en honor a la deidad solar.

Comúnmente eran santuarios que tenían una estructura general en primera instancia de un templo de pequeñas dimensiones ubicado en un bajo nivel, en algunas ocasiones frente al rio Nilo (sirviendo de puerto), en el desierto o desde un perímetro de las afueras de la ciudad. De este recinto o “Templo Bajo” salía un pasadizo estrecho y cerrado, de longitud variada, en forma de rampa que alcanzaba la parte principal de la edificación o “Templo Alto” ubicado en un nivel superior separado del resto. Este último era un templo abierto con murallas de forma rectangular, con un espacioso patio al interior donde se ubicaba por lo general un altar y una base con un obelisco.

Wikimedia Commons. Templo Solar. Autor: R.F.Morgan. Link: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Userkaf_Sun_temple_rendered_Mk2.jpg

Historiadores y arqueólogos creen que la punta del obelisco en estos templos era una pirámide dorada o de algún material reflectante del sol que simulaba la piedra Ben Ben ó piedra primigenia. En la mitología egipcia, el Ben Ben es una piedra de forma piramidal que emergió del Nun u océano primigenio del caos (lugar del surgimiento de la vida o los primeros dioses), de la cual emanaba la luz del sol y de donde nacería el Dios Sol o el dios Atum quien engendraría al resto de los dioses. En otras versiones del mito el sol emergió del Nun y saltó al cielo apoyándose en la piedra piramidal Ben Ben.

El más característico de estos templos de carácter solar fue el de la ciudad de Iunu ó Heliopólis. El objetivo del templo solar es representar ritualmente el poder del sol, específicamente el del dios Ra, según el clero sacerdotal de la ciudad de Heliópolis bajo el reinado del faraón Userkaf de la dinastía V hacia el año 2500 a.C., además de permitir el acceso a la población para que participara del rito al dios Ra venerando al sol como su símbolo.

Los pobladores ingresaban a través del templo menor y el pasadizo al espacioso patio y presenciaban el ritual correspondiente donde los sacerdotes estaban ubicados frente al altar. Es posible que ahí fuesen dispuestas ofrendas (comida, frutas, bebidas, flores, etc.) o se quemara incienso en grandes festividades en honor al sol. Por otra parte, se cree que las personas podían ingresar de forma libre a este lugar para realizar rituales accesibles a toda la población con sacrificios y la realización de cultos personalizados, individual o en grupo, dirigidos al dios Ra sin el apoyo de los sacerdotes.

Se cree que la piedra Ben Ben en lo alto en la punta del obelisco habría hecho impulsar la mirada de los pobladores al cielo y contemplar los reflejos del sol a través de ella o contemplar al sol mismo. Otros templos solares como el del faraón Niuserre (2453-2422 a.C.) se inspiraron en el de Heliópolis.

Junto a estos templos estaba ubicada una efigie de una “barca sagrada” hecha de piedra o una fosa donde estaba enterrada una embarcación real que recordaba la función de ayuda al Sol o Ra a viajar a través del firmamento.

La Barca Solar. El Mito y culto de la muerte, inmortalidad y resurrección.

La barca era un elemento litúrgico en la religión del Antiguo Egipto. Para la concepción religiosa de los habitantes del Nilo, el sol era el dios Ra y viajaba en una barca a través del cielo durante el día en un periplo que iniciaba al amanecer; sin embargo, al atardecer, el sol o el dios Ra desaparecía junto a su barca tras el horizonte para entrar al inframundo o reino de los muertos, llamado Duat, dando inicio a la noche y luchar contra una serpiente llamada: Apofis, quien amenazaba con destruir el mundo conocido desde ultratumba. En esta lucha Ra salía vencedor. El sol o el dios Ra al derrotar a la serpiente emergía victorioso en el horizonte en un nuevo amanecer e iniciando un nuevo día. Este ciclo del sol o lucha entre Ra, su viaje en el cielo y en el Duat era continuo. La barca utilizada por Ra en su viaje diurno era llamada: Mandjet o “la Barca de los Millones de años”. El nombre de la barca nocturna donde Ra viajaba a través del inframundo era llamada: Mensenktet.

Así mismo este ciclo del astro solar (día y noche) representó como simbología para la religión egipcia el concepto del nacimiento y la muerte por medio del fenómeno del amanecer y el anochecer, marcado por el desplazamiento del disco solar, donde el día era la vida y la noche la muerte, lo que influenciaría los ritos egipcios del enterramiento de los muertos.

Debido a que este ciclo del sol era continuo día tras día como un fenómeno manifestado desde tiempos remotos, los egipcios comprendieron que era un movimiento estelar eterno, asumiendo de tal forma que el dios Ra era inmortal resucitando victorioso con cada amanecer tras viajar en el mundo de los muertos utilizando una barca para su viaje en el cielo y el inframundo. La barca sagrada en la religión egipcia era una alegoría a la canoa como el medio de transporte más común y utilizado por los egipcios (desde el rey, los nobles y el resto de ciudadanos) para viajar por el Nilo.

Durante el rito de las procesiones en Kemet las estatuas de los dioses viajaban montadas en literas en forma de barcaza como un acto simbólico religioso que imitaba al viaje del dios Ra o el sol en el cielo.Este acto reflejaría como símbolo: “la inmortalidad del dios” en su viaje en una canoa y como símbolo del “viaje místico” de los dioses a través del cielo y el Duat o inframundo.

Generalmente las tumbas egipcias (sepulcros) eran construidas en la ribera occidental del Nilo, lugar donde el sol “muere” con el atardecer. Los ritos de los muertos eran realizados comúnmente transportando el cuerpo del difunto en una canoa navegando por el Nilo, por lo general, desde el lado este hacia el lado occidental del rio como lugar del enterramiento, imitando el viaje del alma, al igual que Ra, desde el lugar donde nace el sol hasta el lugar donde se oculta en el horizonte e ingresando al inframundo. A su vez este acto conseguiría la inmortalidad del alma del fallecido al imitar el viaje del dios solar.

En otros mitos egipcios, el viaje en barca de Ra a través del cielo estaba vigilado por el resto de los dioses. Cada hora de las 12 horas correspondientes del día representaba a un dios que custodiaba y auxiliaba al dios Ra en su recorrido: Horus, Geb, la diosa Nut, el dios Geb, la diosa Isis, Bastet, Hathor, etc.

El culto a los dioses a través de los animales.

No es extraño que los egipcios adoraran a sus dioses a través de ciertos animales debido a la relación de estos con el ambiente donde los egipcios vivían y las cualidades que representaban según los atributos a los dioses que los habitantes del Nilo veían en sus respectivas entidades divinas. El halcón, el toro, el escarabajo, el hipopótamo, el ibis, los gatos, etc., fueron animales que servían de emblemas a los dioses. Para los egipcios estos animales eran la reencarnación de un dios; pues en estos el dios colocaba una partícula de su divinidad.

En otras circunstancias se debía a que las historias (mitológicas) de los dioses, estos mismos habían tomado la forma de un animal en específico, lo que pasaba a ser un complemento del dios. En ocasiones se considera que el mismo dios tomaba la forma del animal para manifestarse.

El escarabajo fue un símbolo egipcio por excelencia considerado como imagen sagrada. Los egipcios lo llevaban como amuleto en el cuello, en sortijas, pulseras, etc. La imagen del escarabajo era esculpida en monumentos y edificios y era depositado como joya en una especie de talismán en el pecho de los difuntos. El escarabajo representaba al dios Ptah, considerado el creador del mundo y los astros, específicamente el sol.

La relación radicaba en el comportamiento del escarabajo en la naturaleza: el insecto coge una pequeña masa de limo del Nilo o de estiércol, luego la moldea, deposita sus huevos en ella, amasa la partícula y luego hace rodarla hasta dar forma a una esfera. Esta esfera era un circulo similar al sol. La mentalidad del egipcio le hizo comprender que aquel insecto buscaba imitar la forma del sol como la creación del dios Ptah, conteniendo una energía vital en su interior, condición que le hizo ser un insecto venerado y considerado con un poder proveniente del dios.

Por otro lado, el escarabajo nace de la podredumbre de la bola de estiércol, haciendo relacionar al insecto con la “resurrección” y por lo tanto su relación como amuleto en los difuntos y símbolo en el culto a los muertos.

El buey Apis era venerado como relación al dios Osiris, pues este dios según las historias egipcias había tomado la forma de este animal. Los egipcios rendían culto a un buey o un toro escogido como representación de Osiris. Los sacerdotes del templo de Osiris buscaban a un toro sagrado con diferentes símbolos en su cuerpo que indicaran que era escogido por el dios como: una marca blanca en la frente, una marca en forma de media luna en su costado, signos en su lengua, etc. Cuando el toro era escogido se consideraba como “morada” de Osiris.

Posteriormente era llevado a un cerco o establo del templo donde era alimentado y adorado por los sacerdotes y los pobladores, realizando ofrendas depositadas como guirnaldas entre sus cuernos. En otras ocasiones dicho toro encabezaba desfiles en la ciudad. Al mismo tiempo los sacerdotes observaban el comportamiento y los movimientos del toro para interpretarlos como presagios. Al fallacer el toro era embalsamado y enterrado, guardando luto por el animal durante 60 días. Luego era escogido otro toro sagrado y al encontrarlo se realizaba una nueva festividad.

Por medio de Heródoto se conocen ciertas formas de culto a los dioses y animales; aunque sus descripciones corresponden a épocas tardías del Antiguo Egipto. Cocodrilos y gatos eran símbolos divinos.

Según Heródoto, quien recorrió Egipto y describió parte de su cultura, los sacerdotes consagrados al dios Sobek criaban, cuidaban y alimentaban cocodrilos en templos cercanos a pantanos y lagos como Moeris: «Les alimentaban con harina y carnes de los sacrificios, y les cuidaban muy bien durante toda su vida. Al morir les embalsamaban y los enterraban en féretros sagrados.»

Según ciertas fuentes, describen que los egipcios alimentaban a estos reptiles en señal de ofrendas en los templos o lugares de culto cerca del Nilo. Ciertos casos mencionan que algunos cocodrilos de los templos estaban domesticados por los sacerdotes, lo que permitía a las personas tocarlos sin inconvenientes. Esto explicaría que entre los sacerdotes habría expertos domesticadores que sabrían enfrentarse y manipular a estas bestias y que por el contrario más de un sacerdote fuese víctima de la ferocidad de estos reptiles. No obstante, si un cocodrilo mataba a una persona, situación muy común debido a lo peligroso de estos animales y que acontecía en los pantanos y márgenes del Nilo, el egipcio muerto por la bestia era enterrado en una “tumba sagrada” por los sacerdotes en el mismo sitio donde había encontrado la muerte en las fauces del reptil. Sus parientes no podían tocar el cadáver; ya que por lo visto era considerado como una ofrenda al dios Sobek.

Se han encontrado cuerpos momificados de cocodrilos en sitios que podrían haber sido centros de culto al dios Sobek como en Arsinoe o Cocodrinópolis donde estos animales habitaban y eran alimentados. No existen otras fuentes que verifiquen si los egipcios veneraban de diversas formas a otros animales bajo aspectos rituales o culto a los dioses.

Es posible que los egipcios tomaran a estos animales como formas para acercarse a un dios en específico, e incorporarlos a cultos o ritos con el objetivo de establecer unión con un dios en particular, situación que posiblemente quede confirmada por las descripciones de Heródoto en sus viajes por el Antiguo Egipto quien habla incluso de rituales extravagantes de carácter sexual relacionados al dios carnero: Knum de los egipcios.

Según Heródoto: «En aquel nomo (Mendes) sucedió en mis días la monstruosidad de juntarse en público un carnero con una mujer; bestialidad sabida por todos y aplaudida.»

Este hecho, de ser verídico y no prejuicios de Heródoto, hace referencia a una especie de ritual donde una mujer mantenía relaciones sexuales con un carnero frente al resto de pobladores como espectadores en un festival religioso; algo que escandalizó a Heródoto en un acto de zoofilia y que ocurriese durante la fiesta del dios Knum (dios con cuerpo de hombre y cabeza de carnero); un festival donde se honraba en público al dios carnero creador del “huevo primordial” de donde surgió la luz del sol y que dio vida al mundo. Knum era un dios equiparado y sincretizado con Ra y Amón.

Es posible que Heródoto haya hecho referencia a un culto a un culto ceremonial donde estaba involucrada una mujer sacerdotisa.

El objetivo de este tipo de cultos extravagantes posiblemente tenían como objetivo el establecer un vínculo entre el dios y los seres humanos al tener contacto con un animal que en la mente del ciudadano egipcio contaba con una energía proveniente del dios y, por lo tanto, era su representante sagrado. Estos tipos de ritos, aunque no necesariamente fueran del tipo carnal en ciertos casos, pero sin descartar a la vez su involucramiento y existencia, probablemente fueron ceremoniales y de carácter simbólico buscando aumentar la fertilidad.

Wikimedia Commons. Isis de Terracota. Link: https://www.metmuseum.org/art/collection/search/544919

Existen referencias de un ritual popular durante la época grecoromana en Egipto, protagonizado por las mujeres quienes visitaban un santuario del dios Apis donde habitaba un toro sagrado. En este ritual las mujeres se posicionaban frente al animal y levantaban sus faldas mostrando su sexo al toro considerado encarnación del dios Apis; este acto ritual tenía el fin de favorecer la fertilidad, portando al tiempo estatuillas de la diosa Isis grecoromanizada (período helénico-románico en Egipto) con el gesto de alzar su falda y mostrar su pubis o desnudez entera.

Si algunos dioses egipcios ostentaron atribuciones relacionados con la fertilidad o tenían rasgos identificados con la sexualidad, esta tenía por objetivo alentar la procreación estando evidentemente vinculados con el erotismo; aunque no hay pruebas o fuentes que indiquen exactamente cultos de orden lascivo. Dioses como Min estuvieron relacionados con la virilidad masculina y diosas como Anuket a la lujuria. Diosas como Hathor y una variente de su clero, representado exclusivamente por mujeres sacerdotisas, obtuvieron también el atributo del erotismo. Las danzas rituales egipcias a los dioses en procesiones, templos y festivales, realizadas en la gran mayoría de casos por mujeres en condición de desnudez, podrían haber pertenecido a un ritual festivo en un contexto de erotismo en representación o tributo de un dios o una diosa.

El involucramiento con animales en lazos de veneración estuvo presente en la religiosidad de los egipcios, caso ejemplar es el gato como animal doméstico que obtuvo gran repercusión en la sociedad del mundo egipcio a lo largo de los siglos, incluso durante el período helénico de la tierra del Nilo. El gato entre los egipcios tenía atribuciones múltiples a dioses como: Ra, Path y Osiris.

El gato era considerado en términos generales como un representante de los dioses. Esto tendría su base en que los gatos, como mascotas en los hogares egipcios, controlarían y eliminarían al interior de las casas las plagas de ratas, serpientes, escorpiones y otras alimañas dañinas, etc., muy habituales en el ambiente del Nilo; por lo que el habitante egipcio vería en él un protector de los hombres enviado por los dioses. Estos animales eran momificados junto a sus dueños; ya que se han encontrado momias de gatos en excavaciones. Es muy probable que el gato típico egipcio haya sido en realidad más bien un gato salvaje o montés semi-domesticado capaz de hacer frente a múltiples alimañas.

El Maat. La base de la religión egipcia. Ra, el dios vencedor.

Los antiguos egipcios creían que la suerte del mundo dependía de la buena o la mala voluntad de los dioses hacia los seres humanos.Para los egipcios cada uno de los diferentes dioses en su panteón tenía dominio sobre diversos aspectos de la existencia. Un dios controlaba la tierra, una diosa controlaba el cielo y los fenómenos estelares, un dios determinado desataba las tormentas, una diosa bendecía el matrimonio, un conjunto de dioses podía proporcionar la victoria en un campo de batalla, etc.

Si un dios se enfadaba, podía desarrollar calamidades en el entorno de los egipcios como señal de castigo divino. Por otro lado, la prosperidad, una buena cosecha, la buena fortuna, la buena salud, la victoria militar del reino de Egipto sobre sus enemigos, etc., eran favores provenientes de la disposición de los dioses. Esta concepción llevó a los egipcios a tratar de mantener relaciones de paz y preceptos cordiales con los dioses de muy variadas formas. Estas podían ser alabanzas y ofrendas al dios lo cual implicaba adoración, respeto y seguimiento con el fin de mantener al dios feliz y en armonía con los seres humanos quienes a cambio recibirían favores de los dioses. Sin embargo, la principal forma de mantener esa armonía en primera instancia provenía del faraón, seguido de los sacerdotes.

Los antiguos egipcios creían en dos aspectos fundamentales de su religión: el primero de ellos era: el Maat que significa: “Orden cósmico” o equilibrio esencial de la existencia. El segundo: la dualidad entre dos principios antagónicos entre el bien y el mal en una lucha constante para mantener un equilibrio. Este último aspecto era representado en situaciones como el día y la noche, el desierto y el Nilo, la vida y la muerte, etc., que a su vez tomó características definidas hacia sus dioses, en especial dos: el dios Horus y el dios Seth. Enfrentados el uno al otro en la cosmogonía egipcia, Horus terminó siendo el dios de la región fértil del Alto y Bajo Egipto mientras que Seth dios del desierto y las tormentas de arena.

El Maat era sinónimo de un equilibrio. Para los antiguos egipcios la existencia estaba en cambio constante y estaba regida por fuerzas malignas enfrentadas a las fuerzas benignas que buscaban la destrucción del Universo conocido. Para evitar la destrucción se debía mantener un equilibrio u orden cósmico entre los aspectos del bien y el mal en general. El Maat representaba el equilibrio para evitar la destrucción. La no preservación del Maat o el buen equilibrio conducía al “caos” o “desequilibrio” y con ello a la destrucción.

El faraón ejecuta la realización del Maat, es decir, el “establecimiento del orden cósmico” por medio de dos formas: una actividad ritualista con los dioses y un buen gobierno. El faraón debía rendir y realizar el culto respectivo a los dioses en los templos al ostentar el carácter divino y ser un “dios viviente” o encarnación de los dioses en su papel de sacerdote. Esto implicaba el respeto a los templos, rituales y el dogma egipcio. Por otro lado, para preservar el Maat o equilibrio, el faraón debía regir el reino de Egipto con justicia y verdad, es decir, ser un buen gobernante o rey competente. En la mentalidad del habitante del Nilo, si el faraón no cumplía con los cultos y rituales a los dioses o era en mal monarca, el reino entraba en el caos y este llevaba a la destrucción del mundo conocido. Por lo tanto, las catástrofes, las plagas, las sequías y los desastres entre tantas calamidades, eran considerados castigos divinos de los dioses, por lo que el orden o equilibrio se perdía y debía en cambio ser conservado.

Al mismo tiempo un mal gobierno del faraón y períodos de inestabilidad o anarquía eran sinónimos de alteraciones del Maat.Los sacerdotes apoyaban al establecimiento del equilibrio o Maat por medio del culto a los dioses en los templos con el fin de mantener a dichas entidades “felices” y evitar su enojo sobre los hombres. Los habitantes del Nilo también podían preservar el Maat por medio de sus buenas acciones y evitar las malas acciones. Aspectos como la justicia, la verdad, la disciplina, el honor, la lealtad, etc., eran representaciones del Maat. En cambio, el deshonor, la mentira, los delitos como el robo o el asesinato, la corrupción, etc., eran acciones que conducían al caos alterando el Maat.

Esto da pie a que todas las acciones estaban relacionadas con la existencia y la naturaleza no era ajena para la mentalidad del egipcio antiguo en relación con el universo que le rodeaba. El sol, máxima representación de los dioses, (identificado como Ra y posteriormente como Amón) recorría el cielo desde el amanecer al atardecer. Los habitantes del Nilo, desconocedores de la ciencia astronómica moderna, creyeron que el comportamiento del sol radicaba en que: nacía, moría y nuevamente renacía en un ciclo interminable frente a la noche que siempre sobrevenía.

A este fenómeno estelar se le añadió posteriormente una cosmogonía: el sol o el dios Ra al anochecer descendía al inframundo, llamado Duat, y ahí luchaba con su enemigo la serpiente Apofis o Nepai quien representaba la maldad del universo. Apofis quería destruir el Maat o equilibrio y Ra luchaba contra la serpiente Apofis en el inframundo para derrotarla y preservar el Maat. Luego de la lucha entre Ra y la serpiente maligna, Ra emergía vencedor en el horizonte como el sol del amanecer tras haber derrotado a Apofis. Sin embargo, cuando llegaba el inevitable ocaso, el sol o Ra descendía nuevamente al inframundo o Duat para luchar contra Apofis para derrotarla otra vez y preservar al Maat u orden del Universo en un ciclo constante. La preocupación del ciudadano egipcio nunca fue la creación del mundo, sino la vida después de la muerte que dependía del establecimiento del orden cósmico o Maat y para que existiese se veía reflejado en una dualidad continua donde para que el bien existiese debía existir el mal y viceversa, de tal forma que un principio dependía del otro, con la salvedad que para que uno de estos no destruyera al otro debía existir un equilibrio o Maat, lo que resultaba en ambas fuerzas en las mismas condiciones o donde el bien derrotaba al mal pero sin destruirlo. A esta cosmogonía se la añadiría la representación del Maat como una diosa, hija de Ra, cuyo símbolo era la pluma de avestruz sobre su cabeza, o simplemente la pluma de aveztruz, y ayudaría a su padre, el dios Ra, en su lucha contra Apofis. Maat como diosa representaría: la justicia, la verdad y el orden cósmico.

Culto a los muertos. Dioses que juzgan a los hombres. Mitos del más allá.

La religiosidad egipcia se distinguía por la inmortalidad del alma. Específicamente en “la vida en el más allá”.

Los egipcios creían que cada persona tenía un alma compuesta por cinco componentes esenciales de los cuáles una, llamada Ka, especie o parte esencial del alma, viajaba “al otro mundo” o reino de los muertos, el Duat, desprendiéndose del cuerpo cuando una persona fallecía. El Ka viajaba “al más allá” o Duat, mientras que el cuerpo del difunto en forma de momia o cuerpo embalsamado permanecía en la tumba. Este Ka necesitaba alimentos y bebidas para perpetuarse por lo que debía ser alimentado. Los egipcios presentaban ofrendas de alimentos en la tumba del fallecido ocasionalmente para saciar el hambre del Ka y que pudiera sobrevivir. Sin embargo, el Ka solo podía sobrevivir si el cuerpo estaba embalsamado o momificado; circunstancia especial del por qué los egipcios realizaban esta práctica con los cadáveres: la preservación del Ka.

Sin embargo, las oblaciones diarias al Ka de los muertos en sus tumbas resultaban una pesada carga para los vivos, por lo que con el paso del tiempo fueron sustituidas por herramientas, implementos y artilugios en forma de figurillas de madera o de barro simulando objetos, alimentos en recipientes o personas (en calidad de sirvientes) que el Ka del fallecido podría utilizar y hacerse servir en la otra vida. Estos implementos eran colocados junto al cuerpo momificado del muerto logrando saciar las necesidades del Ka. Este Ka solo consumía la parte espiritual de los alimentos.Con el tiempo fueron añadidos amuletos de los dioses, animales momificados (gatos; perros, monos, etc.) y papiros que tenían escritos jeroglíficos acerca de “fórmulas mágicas” que ayudarían al difunto en su viaje por el Duat.

Entre los egipcios el temor para con los fallecidos era: si los vivos no realizaban ofrendas cotidianas a los muertos o no depositaban artilugios junto a su cuerpo momificado, el Ka del difunto podría volver del más allá para atormentar a los vivos. Según el mito en versiones generales de la religión egipcia: El Ka o alma del fallecido era juzgado por el dios Osiris, dios del inframundo. En este juicio el alma del difunto se posicionaba frente al Tribunal de Osiris junto a una balanza. En un extremo de uno de los platillos de la balanza se ubicaba la pluma de avestruz de la diosa Maat como símbolo de la justicia y la verdad.

El corazón del difunto era tomado y colocado en el platillo contrario de la balanza. Según algunos mitos egipcios el dios Anubis era el encargado de extraer el corazón del pecho del difunto y colocarlo en el platillo para pesar el corazón en contraposición a la pluma de Maat. En aquel juicio estaba un jurado conformado de los dioses egipcios (Bastet, Knum, Isis, Amón, Tueris, Ra, Horus, Hathor, Seth, etc.) quienes formulaban preguntas al difunto sobre su conducta pasada. Según las respuestas del difunto el corazón aumentaba y disminuía su peso frente a la pluma de Maat. Con cada pregunta si el corazón era menos pesado que la pluma de Maat resultaba en un punto favorable, pues el difunto decía la verdad; si el corazón pesaba más que la pluma era una situación desfavorable, pues el fallecido decía mentiras que delataban su mal actuar en vida. Las preguntas eran formuladas según las obras y acciones del individuo en su existencia mortal. Una buena conducta era favorable para el difunto. Malas acciones realizadas en vida eran desfavorables, en especial: cometer delitos, asesinar sin sentido, robar, mentir, estafar, cometer adulterio, torturar, sobornar, maltratar animales, etc. Ante cada pregunta negativa, los dioses deliberaban e interrogan al enjuiciado hasta alcanzar la verdad y recabar los hechos.

El dios Thot, participe del rito del juicio, desempeñaba las funciones de secretario y era el encargado de anotar los resultados de las preguntas según la balanza en un papiro que pasaba luego al dios Osiris. Según el resultado de todas las preguntas y el interrogatorio el tribunal de los dioses deliberaba y tomaba una decisión. Si el difunto era justificado podía pasar a los Campos de Aaru o el “Paraíso” de la mitología egipcia donde su alma viviría por siempre.

Si el difunto era declarado culpable, porque sus faltas resultaban mayores que sus buenas acciones, era sentenciado a una “segunda muerte” definitiva siendo enviado a las fauces de la bestia Ammyt, un mostro mitad león, mitad hipopótamo, mitad cocodrilo encargada de eliminar a los condenados.

En otras versiones del mito, los dioses podían deliberar una reencarnación del individuo donde el alma del enjuiciado podía morar en un animal en el mundo de los vivos (un león, un perro, un ibis, un reptil, etc.) para purgar sus faltas hasta completar etapas o ciclos; el Ka del sentenciado, tras estos períodos, podía retornar al final a su cuerpo momificado para descansar en él; y luego viajar al Duat para un nuevo juicio de Osiris; por lo que para los egipcios era importante conservar el cuerpo indefinidamente a través de la momificación.

En múltiples casos las ofrendas en las tumbas representaron una variante de culto a los muertos. Hecho destacado eran las tumbas de los faraones, de la familia real, altos funcionarios, militares de renombre, alto clero y los egipcios adinerados, quienes podían contener en su tumba numerosos ajuares, múltiples herramientas, papiros de hechizos y figurillas representativas de carruajes, animales, armas, sirvientes y esclavos, etc., que les servirían en “el más allá”. Las mastabas fueron tumbas evolucionadas como futo de la importancia al mundo de los muertos para el difunto y su Ka.

Las pirámides egipcias fueron tumbas reales y su diseño y construcción eran la derivación, resultado, magnificencia y máxima expresión de un verdadero culto a los muertos, específicamente un culto hacia la persona fallecida del faraón, es decir su Ka, quien como un dios venerado podía salvar a todos sus súbditos en el reino del Antiguo Egipto desde los Campos de Aaru.

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