EUROPA Y LOS FRANCOS.

A mediados del siglo VIII ocurrió en Europa el advenimiento de una nueva dinastía en el reino de los francos, quienes desde la caída del Imperio Romano de Occidente, habían avanzado sobre el noroeste de Europa conquistando territorios y estableciendo una hegemonía germánica.

Entre estos clanes existieron reyes y a su vez, numerosos líderes que destacaron en diversos aspectos al grado de superar a los soberanos en la organización del reino, la dirección del ejército y la defensa del territorio, los cuáles serían llamados mayordomos.

La capacidad militar y de liderazgo de estos, chocaría con las pretensiones de los reyes; ya que estos temían una independencia total de los señores feudales a su hegemonía.

Los mayordomos con el paso del tiempo adquirieron mayor poder gracias a su capacidad y el prestigio de sus victorias.

Uno de estos mayordomos sería Pepino de Heristal quien realizó esfuerzos para la reunificación del reino franco, conquistando tres reinos: Austrasia, Neustria y Borgoña a su muerte en el año 714 y heredando el liderazgo a su hijo Carlos Martel quien aumentaría su prestigio al derrotar a los musulmanes en la legendaria batalla de Poitiers en el año 732 d.C. la que frenaría el avance musulmán hacia Europa desde sus asentamientos en la península ibérica y cuyos descendientes francos proseguirían en su lucha contra el avance del Islam fortaleciendo la posición de los reinos germánicos, función estando a cargo de los hijos de Carlos Martel: Pipino El Breve y Carlomán.

Además, el creciente poder de los francos permitiría establecer su dominio sobre gran parte del territorio europeo y la formación de un Imperio que establecería las bases de la cristiandad, la formación de una parte de la cultura e identidad europeas, así como la defensa del Mundo Occidental.

Este proceso histórico estuvo en la obra del nieto de Carlos Martel llamado: Carlomagno, un infatigable guerrero, rey de los francos, defensor de Europa y la cristiandad y soberano de un imperio poderoso en su momento que llevaría su nombre: El Imperio Carolingio.

Esta última situación le valdría ser coronado como Emperador o Imperator Augustus por el papa León III el 25 de diciembre del año 800 d.C. en Roma.

Carlomagno, reconocido como el Padre de Europa, es considerado el impulsor de la cultura de Occidente durante su reinado y la hegemonía del Imperio Carolingio.

Bajo su gobierno expandió el reino franco hasta transformarlo en un imperio constituido en gran parte por los territorios de Europa Occidental y Central actuales formando parte de los baluartes de Occidente, así como los fue en su ocasión el Imperio Romano.

CARLOMAGNO y EL IMPERIO CAROLINGIO.

Carlomagno, fundador del Imperio Carolingio, era el hijo primogénito de Pipino el Breve y Bertrada de León y nieto de Carlos Martel.

Tras la muerte de Carlos Martel, mayordomo del Palacio de Austrasia, sus dos hijos herederos Pipino el Breve y Carlomán, compartirían la responsabilidad de la dirección del reino, siendo apoyados por el obispo San Bonifacio, evangelizador de Germania.

No obstante, en el año 747, Carlomán se retira a la vida monástica dejando el mando del reino únicamente a Pipino.

Pipino el Breve fue el primer soberano de la dinastía Carolingia, quien llegaría al trono obteniendo la corona del reino franco siendo mayordomo, luego de un golpe de estado en el año 751 d.C. contra Childerico III, último rey de la dinastía de los merovingios en una etapa donde los reyes merovingios no tenían ya autoridad alguna y donde los mayordomos reales eran los encargados de la regencia del reino en cuestiones militares y de organización.

Pipino el Breve recibiría la legitimidad de su reinado por medio de la unción de San Bonifacio ese mismo año del 751, lo que significaba que se convertía en el soberano legítimo del reino franco con deberes militares y ostentar a su vez el derecho divino, es decir, “dirigir un reino por mandato y confianza otorgada por Dios”.

Pipino El Breve fallecería en el año 768 d.C. y dividiría en herencia el reino entre sus dos hijos: Carlomagno y Carlomán. Desde un principio ambos herederos mantuvieron tensas relaciones, las cuales estuvieron a punto de desencadenar una guerra.

Sin embargo, Carlomán fallecería en el año 771, por lo que su hermano Carlomagno se convertiría en heredero del reino de su hermano ampliando sus territorios y dando continuidad a la dinastía carolingia iniciada por su padre y su abuelo.

Carlomagno sería el único rey de vastas regiones a partir del 771 d.C., siendo recordado por su actividad guerrera en múltiples frentes europeos a lo largo de su vida, así como ser un gran estratega, hombre culto, defensor del cristianismo, desarrollar una actividad que preservó gran parte de la cultura occidental y por establecer un equilibrio entre la iglesia y el poder del Emperador durante los primeros siglos de la Edad Media.

Al ser rey, las campañas de expansión de su reino, le llevarían a conquistar múltiples territorios en diversos frentes de batalla y campañas militares, alcanzando un estado de dominio en gran parte del continente europeo, por lo que sería coronado en la navidad del año 800 por el papa León III como el Emperador que rige sobre “el Nuevo Imperio Romano” o Imperio Carolingio.

Esta situación establecería el Imperio Carolingio a partir del año 800 d.C., con la coronación de Carlomagno como emperador, fecha establecida por algunos historiadores como el inicio del Imperio de Carlomagno, hecho que permitiría la restauración del antiguo Imperio Romano de Occidente, la legitimización de la etnia germánica sobre Europa tras la conquista de los bárbaros de la antigua Roma, la defensa de la cultura, el arte y las ciencias de su momento y la protección del cristianismo y la cultura de Occidente.

El Imperio Carolingio se caracterizaría de tal forma por ser un vasto territorio en la Europa de la Alta Edad Media conseguido por Carlomagno tras largos años de guerras y campañas militares sucesivas sobre diferentes reinos, llegando a consolidar su poder e influencia en un período de máxima expansión de un territorio que abarcaba los Pirineos al suroeste junto a la Marca Hispánica, el resto de la actual Francia, alcanzando la mayor parte de Alemania y Europa central hacia el este, Sajonia al norte y el norte de la actual Italia hacia el sur.

El imperio carolingio conseguiría establecer gran parte de la identidad y unificación europea, además de frenar los intentos de expansión del mundo musulmán sobre Europa y defender en muchos aspectos el legado del mundo Occidental y la civilización cristiana, además de establecer las bases para la formación del Sacro Imperio Romano Germánico.

No obstante, el Imperio Carolingio alcanzaría una decadencia real con el fallecimiento de Carlomagno en el año 814 en Aquisgrán y el reinado de sus sucesores, llegando a su fin con la partición del territorio entre sus descendientes por medio del Tratado de Verdún en el año 843 d.C. y la formación de los reinos de Francia al oeste y el Imperio Germánico al Este.

ANTECEDENTES DEL IMPERIO CAROLINGIO.

Las primeras tribus germánicas habían conquistado el Imperio Romano en decadencia. Entre estas tribus germánicas estaban los visigodos en la región sudoeste de la actual Francia y en España, los burgundios en la región sudeste, alamanes en la parte del Rhin y los galoromanos, descendientes de galos romanizados bajo el Imperio de Roma y último reducto del Imperio Romano en Europa tras su caída.

Los bárbaros germánicos de la tribu de los francos ingresaron al territorio de Francia actual y dominaron a las tribus asentadas. Previamente para el año 440 los francos habían extendido sus dominios hacia el Canal de la Mancha, actual Bélgica, a través de su líder Meroveo (448 – 458) quien había luchado contra Atila en la Batalla de los Campos Cataláunicos y considerado por algunos historiadores como el fundador de la dinastía Merovingia.

A la muerte de Meroveo, le sucede su hijo Childerico (458 – 481) y a este su hijo Clodoveo. Con Clodoveo los francos dominan al resto de tribus en una serie de campañas militares. En el año 486 d.C. los francos derrotan a los galoromanos en la Batalla de Soissons, destruyendo así el reino de Siagro siendo este el último reducto del Imperio Romano de Occidente y terminando con todo vestigio de la dominación del antiguo Imperio Romano.

Clodoveo posteriormente toma como esposa a Clotilde de origen belga quien profesaba la religión católica y batió a los alamanes en la decisiva batalla de Tolbiac en el año 496 d.C. Según la tradición, los francos estaban en desventaja y a punto de ser derrotados, cuando Clodoveo rogó al Dios cristiano de su esposa Clotilde por un milagro para que le fuera concedida la victoria frente a los alamanes, con el juramento de volverse cristiano y abandonar a los dioses paganos germánicos.

Los francos, admirablemente, derrotarían a los alamanes, lo que les permitió apoderarse de la región de París. El clero católico, ya en gran parte diseminado entre la sociedad bárbara, aceptó la conversión de Clodoveo con alegría y auxiliaron sus sucesivas conquistas.

Clodoveo fallecería en el año 511 y su reino fue repartido entre sus cuatro hijos, división que provocaría una ausencia de autoridad territorial. A su hijo Thierry le tocó la parte de Austrasia, a su hijo Clotario I reinó sobre Neustria; Childiberto dominó la región de París y el último de sus hijos Clodomiro sobre Orleáns.

Cada uno de estos hijos como reyes conquistaron otras regiones incorporándolas a sus territorios, peleando entre sí y dando como resultado dos regiones dominantes: Austrasia y Neustria. Las guerras prosiguieron originando la decadencia de los merovingios, con el poder real pasando a manos de otros nobles y jefes del ejército llamados “mayordomos de palacio”.

Clotario II (613 – 628), último de los reyes merovingios, aceptaría las demandas de los nobles quienes habían adquirido mayor poder.

Posteriormente, reyes y nobles se enfrentaron en guerras sucesivas lo que terminó en la supremacía de los mayordomos reales de los que triunfó: Pepino de Heristal tras la Batalla de Testry en el año 687 d.C. abatiendo a la dinastía merovingia y tomando la corona del reino.

Pepino de Heristal venció a otros pueblos como los sajones, alamanes y frisones que se rebelaron contra su dominio. Pepino tuvo un hijo llamado: Carlos Martel, quien tomó las riendas del reino al morir su padre y vencería nuevamente a los reinos bárbaros sublevados.

Wikimedia Commons. Author: Benjamín Núñez González Link: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Carlos_Martel,_741.jpg

Carlos Martel y la Batalla de Poitiers.

El reino establecido por los francos se redujo a una lucha fratricida por causa del dominio de la corona. Los principales estados fueron: Austrasia al noreste; Neustria al noroeste; Borgoña, al Sureste; y Aquitania al Suroeste.

Clodoveo, rey de Francia, fallece en el año 511 d.C. Sus hijos, como principales herederos, fueron Clotario III, Teoderico III y de Childerico II que reinaron en Austrasia y Neustria en años posteriores sobreviniendo rivalidades. Conocidos los herederos como “Reyes Holgazanes” porque no se preocupaban por los asuntos del reino o a causa de su incompetencia en asuntos del estado, dejaban como regentes a los mayordomos reales, los cuáles durante el período merovingio, eran intendentes encargados de servir al rey en asuntos militares y de consejo y, con el paso del tiempo, adquirieron mucho poder e influencia al grado de recaer en ellos la responsabilidad del reino.

En el siglo VII el mayordomo de Austrasia: Pepino II de Heristal, venció al mayordomo de Neustria e hizo la mayordomía hereditaria sobre sus descendientes. Su hijo: Carlos Martel, sucedió a su padre y sería el precursor del dominio del poder de los mayordomos.

Durante el reinado de Carlos Martel surgió la amenaza de los árabes sobre Galia y Europa en sus razias al continente europeo desde Iberia.

Los árabes habían invadido la región de Hispania en 711 d.C. sometiéndola y denominándola Al Ándalus. Esta situación les permitiría avanzar con el tiempo hacia el noreste, atravesando los pirineos y tomando la región de Septimania, en la actual Francia. Al mismo tiempo desarrollaban ataques sobre diferentes regiones y pueblos cristianos en búsqueda de botín, esclavos o el sometimiento de sus habitantes. En el año 725 llegan a Borgoña en sus incursiones. Para el año 732 el gobernador en curso, Al Gafiqui de Al Ándalus, invade Francia y pone dirección de su campaña hacia la ciudad de Tours en busca de riquezas. Estos acontecimientos causaron alarma en los principales centros de Europa ante el imparable avance musulmán.

Carlos Martel decide enfrentarse a las fuerzas de Al Gafiqui para detener el contingente musulmán y defender su reino, originando una batalla por la defensa de los territorios europeos en un punto entre Tours y Poitiers el 10 de octubre de 732 d.C. batalla que sería conocida como la Batalla de Poitiers.

En esta batalla las fuerzas de Carlos Martel derrotaron a los invasores islámicos, en la que el mismo Al Gafiqui moriría.

La Batalla de Poitiers ha sido catalogada como una de las Batallas decisivas para el Mundo Occidental al frenar la invasión árabe sobre Francia.

No obstante, en años recientes, la batalla ha sido desestimada o infravalorada por algunos historiadores, catalogándola erróneamente como una victoria importante pero “no decisiva” de los cristianos frente al poder islámico; ya que pese a la victoria de Carlos Martel, los ataques musulmanes prosiguieron sobre el sur de Francia.

Sin embargo, la batalla de Poitiers resultó decisiva para el baluarte Occidental; ya que por un lado abrió a el camino para la consolidación del poder de Carlos Martel y el de su hijo Pepino el Breve, quien a su vez lo heredaría a Carlomagno y la consecuente formación del Imperio Carolingio; por otro lado, la Batalla de Poitiers demostraría la capacidad bélica y estratégica de los cristianos frente al creciente poder del Islam, siendo el inicio de las primeras incursiones de los reinos cristianos sobre los dominios musulmanes para su eventual recuperación.  

Posteriormente los reinos cristianos realizaron ataques hacia los asentamientos musulmanes en suelo francés en los años 736 y 737 para eliminar las bases islámicas instaladas.

El hijo de Carlos Martel, Pipino el Breve, proseguiría su lucha contra los árabes.

A su muerte en el año 741 d.C. Carlos Martel deja como herederos a sus hijos Carlomán y Pepino el Breve, quienes serían precursores del inicio de una nueva etapa en Europa hacia la formación del Imperio Carolingio.

Pepino el Breve depondría al último rey merovingio Childerico III, se consolidaría luego como rey de los francos y acabaría con los restos del poder musulmán en Francia para el año 759, iniciando la dinastía Carolingia y tomando bajo su mandato los reinos de Austrasia, Neustria, Borgoña y Aquitania.

Los hijos de Pepino el Breve fueron: Carlomán y Carlos, quienes a la muerte de Pepino en el año 768, les sería repartido el reino entre ambos. Carlomán enfermaría y fallecería en 771 y Carlos, llamado posteriormente Carlomagno, confirmaría su autoridad sobre toda Francia.

Carlomagno. “Padre de Europa”.

Carlomagno, Rey de los franceses y considerado actualmente como el Padre Unificador de Europa y emperador de Occidente.

Es recordado por ser un rey de carácter guerrero infatigable y un gran hombre de estado organizando a la mayor parte de Europa Occidental bajo un solo reino en un período de continuas luchas medievales.

Su fecha de nacimiento es desconocida, considerada en estimaciones del 1 al 15 de abril entre los años 742 y 748 d.C.

Su nombre era Karl. Tomado además como Carolus Magnus o Carlomagno.

Casi toda su vida estuvo en campaña de guerra anexando los ducados bávaros (Hungría) al reino franco, combatió a los Lombardos (Italia) conquistando sus territorios y entre sus más célebres campañas están sus luchas contra los sajones (norte de Alemania) que habitaban la parte sur del río Rhin liderados por el caudillo germano Widukind; un período histórico denominado en conjunto como: Las Guerras Sajonas, las cuales consistieron en una serie de campañas militares que durarían más de tres décadas hasta el sometimiento de los pueblos paganos de la región de Sajonia.

Es digno de mención la obra organizadora de Carlomagno como hombre de gran liderazgo, capaz y hábil, así como el ser un gran estadista y combatiente.

Consolidó su poder frente a los nobles a los cuáles concedía deberes y privilegios. Se convirtió en protector de la Iglesia católica de Roma, sin someterse plenamente a ella, consiguiendo el apoyo del Papado. Esto le valdría ser coronado por el Papa León III como Emperador Augusto el 25 de diciembre del año 800 d.C y por lo tanto defensor de la Cristiandad.

Dividió el Imperio en provincias regidas por condes a cargo del poder civil, judicial y militar, mientras que las provincias fronterizas estaban regidas por duques y marqueses, dando lugar al establecimiento de las provincias de: condados, ducados y marcas.

Estos a su vez estaban vigilados por los inspectores imperiales (missi dominici) encargados de visitar las provincias e informar al emperador sobre la conducta de sus funcionarios, permitiendo así el principio de leyes y órdenes en el mundo germánico.

Carlomagno creó además escuelas e iglesias, permitiendo el ingreso en ellas de todos los estratos sociales sin distinción de género o clase social. Destaca la Escuela Palatina para la preparación de sacerdotes y funcionarios, regida por maestros de otros reinos como el inglés Alcuino de York, el español Teodulfo, Pedro de Pisa y Pablo Diácono de Italia, el irlandés Clemente y el alemán Eginardo, este último, secretario y biógrafo personal de Carlomagno.

Carlomagno no cesó de combatir durante gran parte de su reinado, situación que ha llevado a considerarlo como un “rey guerrero”.

La actividad militar de Carlomagno y sus éxitos se debieron en gran medida a la fidelidad de la aristocracia, el beneplácito de la Iglesia Católica en su momento, la composición del ejército y sus capacidades de estratega militar como general de su ejército. Esto último le ha permitido ser considerado como uno de los mejores generales militares de la Edad Media y la historia.

Con respecto a la nobleza Carlomagno siempre brindaba los beneficios obtenidos de sus campañas en forma de botín, tierras, cargos y dones; ya que con la subsecuente dominación de los territorios conquistados su reinado conseguía recursos para recompensar a la aristocracia que le había apoyado.

Dentro de la sociedad germánica, a la cual pertenecía Carlomagno y que predominaba en Europa tras la caída del Imperio Romano de Occidente junto al nuevo poder religioso asentado en el cristianismo, una de las principales funciones de un monarca era el liderar sus ejércitos y dirigirlos a la guerra, en este sentido, para la defensa del reino en caso de agresiones y, además, la conquista de nuevos territorios con el objetivo de expandir fronteras, conseguir botín, tierras, riquezas y recursos naturales, obtener nuevos súbditos y con ello la expansión de la actividad misionera católica.

Carlomagno fue coronado como rey de los francos en el año 751 d.C. lo cual resultaba importante para su dominio, ya que la unción como rey del territorio franco adquiría una dimensión sagrada que lo convertía en defensor de la Fe Cristiana.

Tal condición sería un punto de legitimización para conducir campañas de guerra en contra de aquellos a quienes Carlomagno consideraba sus enemigos o una amenaza para el reino franco y la cristiandad los cuales debían ser sometidos o vencidos.

La multiplicación y conquista de nuevos territorios traía consigo múltiples conflictos violentos contra la población local y el enfrentamiento hacia otros pueblos. Un ejemplo de esto es la conquista de Sajonia por Carlomagno lo que llevaría a mantener hostilidades contra eslavos y daneses.

Para el año 768, Carlomagno era un jefe militar experimentado en la guerra. Al menos se sospecha que a la edad de 25 años Carlomagno sumaba una experiencia militar destacada.

Las campañas militares eran organizadas por Carlomagno en una asamblea general con la nobleza y el clero celebrada en la primavera.

La formación del ejército estaba a cargo de los señores feudales que apoyaban a Carlomagno. El ejército, por lo tanto, estaba conformado por los nobles y eclesiásticos que dominaban cierto territorio, los cuáles debían aportar un contingente de soldados experimentados y sus pertrechos como vasallos del rey. Los prelados no participaban en las batallas; aunque podían acompañar al grueso del ejército para el apoyo religioso.

Al mismo tiempo se llamaba a la leva o lantweri, es decir, el llamado a todos los hombres libres para empuñar un arma y participar en la defensa del reino.

El reclutamiento obligatorio podía hacerse desde un llamado a todos los habitantes del reino; aunque en la práctica era realizada en los territorios en el camino de la incursión o en las zonas cercanas donde estaba el conflicto u objetivo a atacar.

En términos generales a todos los participantes de la campaña se les denominaba partants o participantes para diferenciarlos de los aidants o colaboradores. Los primeros eran aquellos hombres libres y nobles en general que podían sufragarse el equipo militar para la campaña, lo cual incluía espada o lanza y escudo, así como arcos y flecha, casco, loriga u otro aditamento; mientras que los segundos eran aquellos que apoyaban al ejército de diversas formas, como equipar en conjunto a un grupo de soldados en apoyo económico o formando parte del contingente de avituallamiento: comida, bebida, forraje, transporte de equipo, etc.

Los aspectos destacados en la actividad guerrera de Carlomagno fueron su capacidad de dirigir su ejército durante la batalla, la estrategia de guerra en la campaña, la capacidad militar de su contingente y la logística.

La logística incluía la financiación y el equipamiento de todo un arsenal e implementos de guerra que los soldados utilizarían, además de víveres para la infantería a ser transportados en carromatos de bueyes y la capacidad de utilización de los mismos, incluyendo el forraje de los caballos, tiendas de campaña, herramientas, etc., que acompañaban al ejército entre siervos y colaboradores. A esto habría que añadir el tiempo y la estación del año adecuados para la ejecución de la incursión.

La construcción del Imperio de Carlomagno o Imperio Carolingio exigió décadas de campañas de guerra en diversos frentes contra diversos adversarios, dirigidos hacia los cuatro puntos cardinales de las fronteras de su reino.

Hacia el oeste: contra bretones, vascones, aquitanos y musulmanes. Hacia el este: bávaros, ávaros y pueblos eslavos. Hacia el sur: lombardos y bizantinos. Al norte: contra frisones, daneses, sajones y escandinavos (vikingos).

ARMAS DE LOS FRANCOS:

Comúnmente el ejército de los francos durante el Imperio Carolingio estaba conformado por la infantería, arqueros y la caballería pesada.

El equipo de estos últimos consistía en la lanza, el escudo, la espada, el casco, la loriga, el caballo.

Las lanzas de la caballería eran largas y pesadas y eran utilizadas para las acometidas en conjunto de la caballería sobre el ejército enemigo. No eran utilizadas para ser arrojadas.

Los escudos estaban fabricados de madera y tenían una conformación redondeada, con bordes de metal y podían medir hasta los 80 cms de circunferencia.

La espada era muy importante la cual podía medir entre 90 cms y 100 cms, y era de doble filo. Debido a su alto precio era un arma exclusiva de los nobles y caballeros. Esto incluía el caballo ya que solo los miembros de la nobleza o los hombres libres adinerados podían costearse uno.

Lo mismo ocurría con la loriga, llamada brunia, la cual consistía en una pieza de cuero cubierta de escamas metálicas con la que los combatientes cubrían su torso o el cuerpo según su tamaño y podía tener un valor similar o mayor que la espada.

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